Trabajo Sexual

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Adriana Orus

  • AO01
  • Persona
  • 1968 - presente

Adriana Orus nació el 5 de agosto de 1968 en la Ciudad de Buenos Aires, en el seno de una familia de clase media integrada por un padre médico, una madre trabajadora del sistema hospitalario y sus hermanos, en el contexto de una familia ensamblada. Cursó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio Benito Nazar durante los años de la última dictadura militar. Desde la infancia expresó una identidad de género femenina, situación que dio lugar a experiencias de hostigamiento y discriminación por parte de compañeros y docentes. Durante la adolescencia reconoció su atracción hacia otros varones y encontró en la música, el piano, la costura y el bordado espacios de expresión y desarrollo personal.
Al finalizar la escuela secundaria inició estudios de Medicina y Radiología, en consonancia con las expectativas familiares, y se formó como técnica radióloga en el Hospital María Curie. Paralelamente estudió modelaje y, al cumplir la mayoría de edad, comenzó a frecuentar espacios de sociabilidad gay de la Ciudad de Buenos Aires, donde conoció el transformismo, la Iglesia Metropolitana y una comunidad que acompañó su proceso de construcción identitaria. Hacia los 19 años decidió independizarse e iniciar su transición de género.
Durante las décadas de 1980 y 1990 atravesó reiteradas detenciones policiales, persecución y otras formas de violencia institucional vinculadas a la aplicación de los edictos policiales que criminalizaban las identidades travestis y trans. En ese contexto desarrolló distintas estrategias de subsistencia, entre ellas el trabajo como transformista, el trabajo en departamentos privados y el trabajo sexual, actividades que le permitieron sostener económicamente su transición y acceder a una mayor autonomía. En esos años conoció a Johana, una de sus primeras referentes trans, e inició tratamientos hormonales y aplicaciones de silicona, prácticas extendidas dentro de la comunidad trans de la época. También participó de los corsos de carnaval como espacios de encuentro y cuidado colectivo, mientras desarrolló una trayectoria en el diseño y confección de vestuario, elaborando sus propias creaciones y trabajando junto al diseñador José Luis Ferrando en producciones teatrales y televisivas. Asimismo, acompañó las primeras acciones colectivas por los derechos de las personas trans y participó en manifestaciones por la derogación de los edictos policiales junto a referentes del movimiento.
Tras el fallecimiento de su madre, a fines de 1999, se radicó en Moreno, donde construyó su vivienda y desarrolló un emprendimiento de costura y bordado que con el tiempo se consolidó como una pequeña empresa generadora de empleo para habitantes de la zona. Posteriormente trasladó parte de su actividad a Paraguay durante dos años, experiencia que amplió su formación en el oficio, antes de regresar de manera definitiva a la Argentina. Con la sanción de la Ley de Identidad de Género regularizó su documentación, hecho que reconoce como un hito en el acceso a derechos para las personas trans. En la actualidad continúa al frente de su taller textil, permanece vinculada a espacios comunitarios de la diversidad y comparte su vida con su pareja, un hombre trans, y la hija de él, con quienes conformó una familia.

Adriana Orus was born on August 5, 1968, in the City of Buenos Aires, into a middle-class family consisting of a physician father, a mother who worked in the hospital system, and her siblings, within the context of a blended family. She attended primary and secondary school at Colegio Benito Nazar during the years of the last military dictatorship. From childhood, she expressed a female gender identity, a situation that led to experiences of harassment and discrimination by classmates and teachers. During adolescence, she recognized her attraction to other men and found in music, the piano, sewing, and embroidery spaces for self-expression and personal development.

After completing secondary school, she began studying Medicine and Radiology, in accordance with her family's expectations, and trained as a radiology technician at Hospital María Curie. At the same time, she studied modeling and, upon reaching adulthood, began frequenting gay social spaces in the City of Buenos Aires, where she discovered transformism, the Metropolitan Community Church, and a community that supported her process of identity construction. At around the age of 19, she decided to become independent and begin her gender transition.

During the 1980s and 1990s, she experienced repeated police detentions, persecution, and other forms of institutional violence associated with the enforcement of police edicts that criminalized travesti and trans identities. In this context, she developed various survival strategies, including working as a transformist, working in private apartments, and engaging in sex work. These activities enabled her to financially sustain her transition and achieve greater autonomy. During those years, she met Johana, one of her first trans role models, and began hormone treatments and silicone injections, practices that were widespread within the trans community at the time. She also participated in carnival parades as spaces for community gathering and collective care, while developing a career in costume design and production, creating her own designs and working alongside designer José Luis Ferrando in theatrical and television productions. She also supported the first collective actions for the rights of trans people and participated in demonstrations calling for the repeal of the police edicts alongside prominent figures of the movement.

Following the death of her mother, at the end of 1999, she settled in Moreno, where she built her home and established a sewing and embroidery business that eventually became a small company providing employment for local residents. She later moved part of her activity to Paraguay for two years, an experience that broadened her professional training in the trade, before permanently returning to Argentina. With the enactment of the Gender Identity Law, she regularized her documentation, an event she recognizes as a milestone in access to rights for trans people. Today, she continues to run her textile workshop, remains connected to community spaces within the diversity movement, and shares her life with her partner, a trans man, and his daughter, with whom she has formed a family.

Alejandra Analía Carmona

  • AC02
  • Persona
  • 1956 - presente

Alejandra Analía Carmona nació el 28 de febrero de 1956. Creció en Avellaneda, provincia de Buenos Aires, en el seno de una familia trabajadora que acompañó desde temprano su identidad de género. Durante su infancia y adolescencia construyó vínculos con otras personas travestis y trans de su barrio, conformando redes de amistad y cuidado que perduraron a lo largo de su vida. En esos años encontró en los carnavales y las comparsas un espacio de encuentro, sociabilidad y expresión, donde pudo participar de desfiles y compartir experiencias con otras compañeras.
Su juventud transcurrió en un contexto de criminalización de las identidades travestis y trans. Durante la última dictadura cívico-militar y los años posteriores fue víctima de reiteradas detenciones arbitrarias, hostigamiento policial y violencia institucional, atravesando numerosas permanencias en comisarías y en la cárcel de Devoto como consecuencia de la aplicación de los edictos policiales. Estas experiencias formaron parte de las condiciones de vida impuestas a una generación de mujeres trans, que desarrolló estrategias de supervivencia y fortaleció redes comunitarias frente a la exclusión social y la persecución estatal.
A lo largo de su trayectoria desempeñó diversas actividades laborales. Se formó como cocinera y trabajó en restaurantes de la Ciudad de Buenos Aires, donde asumió puestos de responsabilidad. También ejerció el trabajo sexual durante varios años, en un contexto de exclusión sistemática del mercado laboral formal para las personas trans. Más adelante desarrolló tareas de cuidado de niñas y niños en su hogar, convirtiéndose en una referente reconocida por familias de su comunidad.
La vida afectiva y familiar ocupó un lugar central en su trayectoria. Tras un primer matrimonio, compartió diecisiete años de vida con quien considera su compañero de vida hasta el fallecimiento de este. Junto a él asumió la crianza de Cristian Javier, sobrino de su pareja, quien posteriormente quedó bajo su tutela legal. Asimismo, sostuvo vínculos de cuidado con sobrinos, sobrinas, nietas y nietos, consolidando una extensa red familiar y afectiva.
La sanción de la Ley de Identidad de Género significó para Alejandra el acceso al reconocimiento legal de su identidad, poniendo fin a años de obstáculos y situaciones de discriminación en el ejercicio de derechos. Eligió el nombre Alejandra Analía como homenaje a dos de sus sobrinas. En los últimos años recibió reconocimientos por su trayectoria y por su aporte a la comunidad trans, participando en iniciativas impulsadas por el municipio de Avellaneda dirigidas a visibilizar las experiencias de las personas trans mayores.
Actualmente se desempeña como promotora de salud en el sistema público de Avellaneda, donde acompaña a personas trans y de la diversidad sexual en el acceso a derechos y al sistema sanitario. Continúa participando de espacios comunitarios y sosteniendo los vínculos construidos durante décadas con otras mujeres trans, contribuyendo a preservar la memoria colectiva y las redes de cuidado de su comunidad.

Alejandra Analía Carmona was born on February 28, 1956. She grew up in Avellaneda, in the province of Buenos Aires, in a working-class family that supported her gender identity from an early age. During her childhood and adolescence, she formed bonds with other travesti and trans people in her neighborhood, building networks of friendship and mutual care that endured throughout her life. During those years, she found in carnivals and comparsas a space for connection, social interaction, and self-expression, where she participated in parades and shared experiences with other compañeras.

Her youth unfolded in a context in which travesti and trans identities were criminalized. During the last civic-military dictatorship and the years that followed, she was subjected to repeated arbitrary arrests, police harassment, and institutional violence. She spent numerous periods in police stations and in Devoto Prison as a result of the enforcement of police edicts. These experiences were part of the living conditions imposed on a generation of trans women, who developed survival strategies and strengthened community networks in response to social exclusion and state persecution.

Throughout her life, she engaged in a variety of occupations. She trained as a cook and worked in restaurants in the City of Buenos Aires, where she held positions of responsibility. She also engaged in sex work for several years, within a context of systematic exclusion of trans people from the formal labor market. Later, she provided childcare in her home, becoming a trusted and respected figure among families in her community.

Her emotional and family life played a central role in her life trajectory. Following a first marriage, she spent seventeen years with the person she considers to have been her life partner, remaining by his side until his death. Together, they took on the upbringing of Cristian Javier, her partner's nephew, who later came under her legal guardianship. She also maintained strong bonds of care with her nephews, nieces, granddaughters, and grandsons, consolidating an extensive network of family and emotional ties.

The enactment of the Gender Identity Law enabled Alejandra to obtain legal recognition of her identity, bringing an end to years of obstacles and discrimination in the exercise of her rights. She chose the name Alejandra Analía as a tribute to two of her nieces. In recent years, she has received recognition for her life trajectory and her contributions to the trans community, participating in initiatives promoted by the Municipality of Avellaneda aimed at making visible the experiences of older trans people.

She currently works as a community health promoter within Avellaneda's public healthcare system, supporting trans people and people from the sexual diversity community in accessing their rights and healthcare services. She continues to participate in community spaces and to maintain the relationships she has built over decades with other trans women, contributing to the preservation of collective memory and the networks of care within her community.

Andrea Brigitte Gorosito

  • AG02
  • Persona
  • 1970 - 2005

Andrea Brigitte Gorosito, conocida como “Andrea de Fiorito”, nació el 27 de septiembre de 1970 en el Hospital Evita de Lanús, en la provincia de Buenos Aires. Creció en el conurbano bonaerense, en un entorno familiar en el que estableció vínculos significativos con sus hermanos, amistades del barrio y figuras cercanas como un primo con quien mantuvo una relación de confianza. Durante su infancia desarrolló un imaginario lúdico atravesado por la representación de personajes como la Mujer Maravilla, organizaba juegos en su casa y compartía tiempo en la vereda, donde practicaba patín. Su padre tuvo un rol activo en su crianza, transmitiéndole herramientas para desenvolverse en un contexto social que exigía formas de defensa.

Realizó sus estudios primarios en la Escuela N° 44 de Lomas de Zamora e inició el nivel secundario en la Escuela Torcuato Di Tella de Avellaneda, que no llegó a completar. Hacia los 16 o 17 años comenzó a afirmar su identidad de género. En el ámbito familiar sostenía una presentación acorde a las expectativas asignadas al nacer, mientras que en el espacio público expresaba su identidad elegida. Este proceso se desarrolló en diálogo con su entorno cercano y con referencias culturales como Brigitte Bardot y Madonna. Entre 1989 y 1990 residió en Uruguay, y posteriormente vivió en Brasil entre 1992 y 1997.

Durante su juventud inició tratamientos de hormonización y, posteriormente, intervenciones corporales en un contexto de acceso limitado a la salud para personas travestis y trans. A partir de mediados de la década de 1980 se vinculó al trabajo sexual en distintas zonas del conurbano bonaerense y la Ciudad de Buenos Aires. Esta actividad se desarrolló en un marco de persecución policial sistemática, que implicó detenciones reiteradas y circulación por comisarías de la provincia, en el contexto de normativas y prácticas que criminalizaban las identidades travestis y trans.

Además del trabajo sexual, realizó otras actividades laborales, entre ellas tareas en una panadería y trabajo como feriante. En el plano afectivo, mantuvo una relación de pareja significativa durante su juventud, con quien convivió durante un período.

A lo largo de su vida sostuvo vínculos cercanos con amistades y compañeras, configurando redes de sociabilidad y cuidado propias del colectivo travesti-trans. Su circulación por distintos territorios del conurbano y la ciudad, así como sus prácticas cotidianas, dan cuenta de formas de organización comunitaria y estrategias de supervivencia en contextos de exclusión.

Andrea Brigitte Gorosito falleció el 29 de septiembre de 2005. Su trayectoria permanece presente en la memoria de su entorno cercano a través de relatos, objetos y recuerdos que continúan reconstruyendo su vida y sus vínculos.

Andrea Brigitte Gorosito, known as “Andrea de Fiorito,” was born on September 27, 1970, at Evita Hospital in Lanús, in the province of Buenos Aires. She grew up in Greater Buenos Aires, in a family environment where she formed meaningful bonds with her siblings, neighborhood friends, and close figures such as a cousin with whom she maintained a relationship of trust. During her childhood, she developed a playful imagination shaped by her identification with characters such as Wonder Woman. She organized games at home and spent time outdoors with friends, roller-skating on the sidewalk. Her father played an active role in her upbringing, teaching her skills that would help her navigate a social environment that demanded forms of self-defense.

She attended Primary School No. 44 in Lomas de Zamora and began secondary school at Torcuato Di Tella School in Avellaneda, which she did not complete. Around the age of 16 or 17, she began to affirm her gender identity. Within her family, she maintained a presentation consistent with the expectations associated with the sex assigned to her at birth, while in public spaces she expressed her chosen identity. This process developed in dialogue with her immediate surroundings and with cultural references such as Brigitte Bardot and Madonna. Between 1989 and 1990, she lived in Uruguay, and later lived in Brazil from 1992 to 1997.

During her youth, she began hormone therapy and later underwent body modifications in a context of limited access to healthcare for travesti and trans people. From the mid-1980s onward, she became involved in sex work in different areas of Greater Buenos Aires and the City of Buenos Aires. This activity took place within a context of systematic police persecution, which involved repeated arrests and being taken to police stations throughout the province, amid regulations and practices that criminalized travesti and trans identities.

In addition to sex work, she engaged in other occupations, including working at a bakery and as a street-market vendor. In her personal life, she had a significant romantic relationship during her youth, with whom she lived for a period of time.

Throughout her life, she maintained close relationships with friends and compañeras, building networks of social connection and mutual care characteristic of the travesti-trans community. Her movement across different areas of Greater Buenos Aires and the city, as well as her everyday practices, reflects forms of community organization and survival strategies developed in contexts of exclusion.

Andrea Brigitte Gorosito died on September 29, 2005. Her life trajectory remains present in the memory of those close to her through stories, personal belongings, and memories that continue to reconstruct her life and relationships.

Andrea María Herrera

  • AH01
  • Persona
  • 1973 - presente

Andrea María Herrera nació en Quilmes, provincia de Buenos Aires, alrededor de 1973. Fue criada en Quilmes Oeste y San Francisco Solano por su tío y su esposa, quienes la adoptaron cuando era bebé debido a los problemas de alcoholismo que atravesaba su madre biológica. Creció junto a sus hermanos adoptivos en una infancia que recuerda como feliz y afectuosa, aunque desde muy pequeña comenzó a percibir que su identidad y sus deseos no coincidían con las expectativas masculinas que le imponía su entorno. Desde los siete u ocho años prefería los juegos, la ropa y las actividades asociadas a lo femenino, y ya entonces imaginaba para sí una vida como mujer.
Durante la adolescencia vivió una profunda tensión entre su identidad y la necesidad de aparentar una masculinidad que no sentía propia. A los 16 o 17 años comenzó a tomar anticonceptivos como forma de feminizar su cuerpo, guiada por otras mujeres trans y travestis de su barrio. La cercanía de la Ruta Camino General Belgrano, donde conoció a figuras fundamentales como Daniela “La Sirena”, le permitió entrar en contacto con una comunidad que le ofreció referencias, contención y herramientas para comprender quién era. Tras la muerte de su madre adoptiva, cuando tenía alrededor de veinte años, inició abiertamente su transición y poco después fue expulsada de su hogar por sus hermanos debido a su identidad de género. Durante varios años vivió en casas prestadas y compartidas mientras comenzaba a trabajar en la Ruta Camino General Belgrano, donde sería conocida durante mucho tiempo por el nombre de Brisa.
Durante más de una década trabajó en la calle y atravesó algunas de las experiencias más duras que marcaron la vida de muchas travestis y mujeres trans de su generación. Fue detenida en innumerables oportunidades bajo figuras contravencionales que criminalizaban la expresión de género, pasó por numerosas comisarías del sur del conurbano bonaerense y sufrió violencia policial, persecuciones, razzias y condiciones de detención extremadamente precarias. También enfrentó agresiones de clientes, situaciones de pobreza, consumo problemático de alcohol y otras sustancias, y conflictos dentro de la propia comunidad travesti vinculados a la disputa por los espacios de trabajo. Paralelamente, comenzó a realizar intervenciones corporales con silicona líquida industrial en rostro, pechos, caderas, glúteos y piernas, prácticas muy extendidas en aquellos años debido a la falta de acceso a tratamientos médicos seguros.
A lo largo de su juventud también trabajó durante aproximadamente dos años y medio en Mar del Plata, especialmente en la zona de la avenida Luro, experiencia que recuerda como una etapa de aprendizaje y crecimiento personal. Participó además en corsos y comparsas de localidades como José Mármol y Burzaco, espacios que recuerda como momentos excepcionales de libertad y expresión en una época marcada por la persecución policial.
Con el paso de los años decidió alejarse progresivamente de la calle. Terminó sus estudios secundarios, se formó como acompañante terapéutica y cuidadora domiciliaria, y comenzó a trabajar en geriatría. Paralelamente inició una búsqueda de reconciliación con su familia biológica. Impulsada por amigas cercanas, viajó a Alejandro Roca, provincia de Córdoba, donde conoció personalmente a su madre biológica y a sus hermanos. Aunque el reencuentro fue inicialmente difícil, con el tiempo logró construir vínculos afectivos duraderos y ser reconocida por su madre como hija.
La sanción de la Ley de Identidad de Género en 2012 representó un momento fundamental en su vida. Fue entonces cuando dejó atrás el nombre de Brisa y adoptó legalmente el nombre de Andrea María Herrera: Andrea como adaptación de su nombre de nacimiento y María en homenaje a su madre adoptiva. Además de su trayectoria personal, participó activamente en espacios de militancia junto a organizaciones como ATTA y referentes históricas como Marcela Romero y Silvana Sosa, acompañando reclamos por los derechos de las personas travestis y trans, incluida la lucha por la Ley de Identidad de Género y otras conquistas del colectivo.
En 2017 inició una relación con Gabriel, su actual compañero de vida, a quien conoció a través de redes sociales y amistades en común. Desde entonces construyen una vida compartida atravesada por el afecto y la resistencia frente a las distintas formas de discriminación que ambos experimentaron. Andrea también ocupa un lugar importante dentro de su familia ampliada: es madrina de su sobrina Milagros, un vínculo que considera uno de los recuerdos más felices y significativos de su vida.
En el presente vive en San Francisco Solano junto a sus cinco perros, alejada de la calle y dedicada al cuidado de otras personas. Se define como una mujer generosa, comprometida con su comunidad y siempre dispuesta a acompañar a las nuevas generaciones. Su historia reúne muchas de las experiencias que atravesaron las mujeres travestis y trans argentinas de su generación: la expulsión familiar, la vida en la calle, la persecución policial, la construcción de redes afectivas, la militancia por los derechos humanos y la búsqueda persistente de una vida digna y reconocida en sus propios términos.

Andrea María Herrera

Andrea María Herrera was born in Quilmes, in the province of Buenos Aires, around 1973. She was raised in Quilmes Oeste and San Francisco Solano by her uncle and his wife, who adopted her as a baby due to the alcoholism affecting her biological mother. She grew up alongside her adoptive siblings in a childhood she remembers as happy and affectionate, although from a very young age she began to perceive that her identity and desires did not align with the masculine expectations imposed upon her by her surroundings. From the age of seven or eight, she preferred games, clothing, and activities associated with femininity, and even then imagined herself living a life as a woman.

During adolescence, she experienced a profound tension between her identity and the need to present a masculinity that did not feel like her own. At the age of 16 or 17, she began taking birth control pills as a way of feminizing her body, guided by other trans women and travestis from her neighborhood. The proximity of Camino General Belgrano Road, where she met key figures such as Daniela “La Sirena,” brought her into contact with a community that provided her with references, support, and tools to understand who she was. Following the death of her adoptive mother, when she was around twenty years old, she openly began her transition and was soon expelled from her home by her siblings because of her gender identity. For several years, she lived in borrowed and shared homes while beginning to work along Camino General Belgrano Road, where she would be known for many years by the name Brisa.

For more than a decade, she worked on the streets and experienced some of the most difficult circumstances that marked the lives of many travestis and trans women of her generation. She was arrested countless times under offenses that criminalized gender expression, was taken to numerous police stations throughout the southern areas of Greater Buenos Aires, and experienced police violence, persecution, raids, and extremely precarious detention conditions. She also faced assaults by clients, poverty, problematic alcohol and substance use, and conflicts within the travesti community itself related to disputes over working areas. At the same time, she began undergoing body modifications using industrial liquid silicone in her face, breasts, hips, buttocks, and legs—practices that were widespread at the time due to the lack of access to safe medical treatments.

Throughout her youth, she also worked for approximately two and a half years in Mar del Plata, particularly in the area around Avenida Luro, an experience she remembers as a period of learning and personal growth. She also participated in corsos and comparsas in towns such as José Mármol and Burzaco, spaces she remembers as exceptional moments of freedom and self-expression during a period marked by police persecution.

Over the years, she gradually decided to distance herself from street-based sex work. She completed her secondary education, trained as a therapeutic companion and home caregiver, and began working in geriatric care. At the same time, she embarked on a process of reconciliation with her biological family. Encouraged by close friends, she traveled to Alejandro Roca, in the province of Córdoba, where she met her biological mother and siblings in person. Although the reunion was initially difficult, over time she was able to build lasting emotional bonds and be recognized by her mother as her daughter.

The enactment of the Gender Identity Law in 2012 represented a fundamental moment in her life. It was then that she left behind the name Brisa and legally adopted the name Andrea María Herrera: Andrea as an adaptation of her birth name, and María as a tribute to her adoptive mother. In addition to her personal trajectory, she actively participated in advocacy spaces alongside organizations such as ATTTA and historical figures including Marcela Romero and Silvana Sosa, supporting demands for the rights of travesti and trans people, including the struggle for the Gender Identity Law and other achievements of the community.

In 2017, she began a relationship with Gabriel, her current life partner, whom she met through social media and mutual friends. Since then, they have built a life together shaped by affection and resilience in the face of the different forms of discrimination they have both experienced. Andrea also holds an important place within her extended family: she is the godmother of her niece Milagros, a bond she considers one of the happiest and most meaningful memories of her life.

Today, she lives in San Francisco Solano with her five dogs, away from street-based sex work and dedicated to caring for others. She describes herself as a generous woman, committed to her community and always willing to support younger generations. Her story brings together many of the experiences shared by Argentine travestis and trans women of her generation: family rejection, life on the streets, police persecution, the building of networks of affection and mutual support, activism for human rights, and the persistent pursuit of a dignified life lived and recognized on her own terms.

Andrea Soledad Vargas

  • AV03
  • Persona
  • 1967 - presente

Andrea Vargas nació el 19 de enero de 1967 en la Maternidad Sardá, en el barrio porteño de Parque Patricios. Fue la tercera de cuatro hermanos y creció en el seno de una familia trabajadora junto a sus padres, dos hermanas y un hermano mayor. Recuerda su infancia como una etapa marcada por el afecto familiar y por una temprana expresión de su identidad de género. Desde pequeña encontró en los juegos, la ropa de su madre y las actividades compartidas con sus hermanas formas de reconocerse y expresar una identidad que contrastaba con las expectativas sociales de la época.
Durante la adolescencia comenzó a enfrentar situaciones de discriminación y dificultades para transitar los espacios educativos y sociales. En ese contexto encontró en la lectura y la música ámbitos de interés y expresión personal. Su trayectoria se desarrolló en un período en el que las identidades travestis y trans eran objeto de criminalización y persecución. Como muchas mujeres trans de su generación, fue detenida en numerosas oportunidades en aplicación de los edictos policiales, permaneciendo en comisarías durante días o semanas y sufriendo diversas formas de violencia institucional. Estas experiencias se desarrollaron en paralelo a una vida familiar que procuró preservar, evitando compartir con sus padres las situaciones de violencia que atravesaba.
Las condiciones de exclusión que afectaban a las personas trans limitaron sus posibilidades de acceso al empleo formal. A lo largo de los años trabajó en peluquerías y desempeñó distintas tareas para sostenerse económicamente. También ejerció el trabajo sexual, actividad vinculada a la falta de oportunidades laborales disponibles para gran parte de las mujeres trans de su generación.
Un punto de inflexión en su trayectoria fue el encuentro con Andrés Mateo durante un carnaval en el sur del conurbano bonaerense. Junto a él construyó una vida en común que se extendió por más de tres décadas y conformó una familia. Participó activamente en la crianza de tres hijos, asumiendo las tareas de cuidado, el acompañamiento escolar y la vida cotidiana, consolidando un vínculo afectivo que con el tiempo llevó a que la hija menor la reconociera como su madre.
Durante esos años desarrolló una trayectoria como acompañante de personas mayores, actividad que inició a partir de la experiencia de cuidado de su compañero durante una enfermedad prolongada. Desde entonces continúa desempeñándose en ese ámbito, al que considera una forma de cuidado y compromiso con otras personas. Paralelamente incorporó el tejido como una práctica creativa y de expresión personal, elaborando prendas para familiares y personas cercanas.
Tras la sanción de la Ley de Identidad de Género fortaleció su participación en espacios de memoria y organización comunitaria del colectivo trans. Colaboró en actividades de sensibilización sobre diversidad en escuelas secundarias del municipio de Ezeiza y participa en iniciativas orientadas a preservar la memoria de las personas trans mayores y a promover el acceso a derechos. Actualmente reside en Ezeiza, donde continúa desarrollando tareas de cuidado, participa en espacios comunitarios y comparte su vida con su familia, contribuyendo a la construcción de memoria colectiva y al reconocimiento de las trayectorias de las personas travestis y trans en la Argentina.

Andrea Vargas was born on January 19, 1967, at Sardá Maternity Hospital, in the Parque Patricios neighborhood of the City of Buenos Aires. She was the third of four siblings and grew up in a working-class family with her parents, two sisters, and an older brother. She remembers her childhood as a period marked by family affection and an early expression of her gender identity. From a young age, she found in games, wearing her mother's clothes, and activities shared with her sisters ways of recognizing herself and expressing an identity that contrasted with the social expectations of the time.

During adolescence, she began facing discrimination and difficulties navigating educational and social spaces. In this context, she found in reading and music areas of personal interest and self-expression. Her life trajectory unfolded during a period when travesti and trans identities were subject to criminalization and persecution. Like many trans women of her generation, she was arrested numerous times under the police edicts, spending days or weeks in police stations and experiencing various forms of institutional violence. These experiences unfolded alongside a family life that she sought to preserve, choosing not to share with her parents the situations of violence she was experiencing.

The conditions of exclusion affecting trans people limited their opportunities to access formal employment. Over the years, she worked in hair salons and performed various jobs to support herself financially. She also engaged in sex work, an activity closely linked to the lack of employment opportunities available to many trans women of her generation.

A turning point in her life trajectory was meeting Andrés Mateo during a carnival in the southern area of Greater Buenos Aires. Together, they built a life that lasted for more than three decades and formed a family. She actively participated in raising three children, taking responsibility for caregiving, supporting their education, and sharing in everyday life. Over time, this emotional bond led the youngest daughter to recognize her as her mother.

During those years, she developed a career as a caregiver for older adults, an occupation she began after caring for her partner during a prolonged illness. She has continued working in this field ever since, which she regards as a form of care and commitment to others. At the same time, she took up knitting as a creative practice and means of personal expression, making garments for family members and people close to her.

Following the enactment of the Gender Identity Law, she strengthened her participation in spaces dedicated to memory and community organizing within the trans community. She collaborated in diversity-awareness activities at secondary schools in the municipality of Ezeiza and participates in initiatives aimed at preserving the memory of older trans people and promoting access to rights. She currently lives in Ezeiza, where she continues her caregiving work, participates in community spaces, and shares her life with her family, contributing to the construction of collective memory and to the recognition of the life trajectories of travesti and trans people in Argentina.

Belén Abigaíl Saravia

  • BS01
  • Persona
  • 1968 - presente

Belén Abigail Saravia, conocida como “La Turka”, nació el 24 de diciembre de 1968 en el Hospital Penna de la Ciudad de Buenos Aires, aunque ella misma expresa dudas sobre la exactitud de esa fecha. Creció en el barrio de Pompeya, en la Villa 1-11-14, y posteriormente residió en Villa Jardín y en Hudson, donde convivió con su hermana y su cuñado. Se crió en un entorno familiar atravesado por la violencia ejercida por su padre, junto a su madre y su hermana, siendo su madre una figura de sostén que la acompañó en distintos momentos de su vida.
Desde la infancia manifestó su identidad de género, lo que derivó en experiencias tempranas de discriminación en el ámbito escolar. Durante esos años también atravesó situaciones de abuso sexual en el ámbito intrafamiliar y por parte de adultos vinculados a instituciones, sin contar con respuestas de protección adecuadas. Su madre gestionó instancias de atención psicológica, constituyendo uno de los pocos apoyos en ese período.
A los 13 años comenzó a vincularse con espacios de sociabilidad travesti/trans, como el boliche “Confusión”, en la Ciudad de Buenos Aires. En la adolescencia entabló vínculos con otras mujeres trans que influyeron en su trayectoria, en particular con “Micaela”, a quien reconoce como una referencia afectiva y de aprendizaje en la vida en la calle. A los 19 años inició tratamientos hormonales y posteriormente participó en prácticas de aplicación de silicona industrial de manera casera, en un contexto de acceso limitado a la salud, lo que derivó en consecuencias físicas que persisten en la actualidad.
Durante las décadas de 1980 y 1990 desarrolló su actividad laboral principalmente en el trabajo sexual en la vía pública, en distintas zonas de la Ciudad de Buenos Aires. En ese período fue objeto de reiteradas detenciones, violencia institucional, abusos y persecución policial, en el marco de la criminalización sistemática de las identidades travestis y trans, incluso en años posteriores al retorno democrático.
Paralelamente, participó en espacios culturales como la comparsa “Los Fantoches de San Cristóbal”, donde encontró instancias de expresión y sociabilidad. A lo largo de su vida sostuvo vínculos afectivos diversos y, en la actualidad, convive con su pareja, Jonathan, con quien comparte su vida desde hace varios años.
Con los ingresos obtenidos a lo largo de su trayectoria, logró adquirir un terreno y construir su vivienda, donde reside actualmente, contribuyendo también al sostenimiento económico de su familia de origen. En su vida adulta mantiene una vinculación con el activismo desde una perspectiva personal, valorando los avances en materia de derechos, como la Ley de Identidad de Género, y reflexionando sobre los alcances y límites de las políticas de reparación.
En la actualidad, Belén Abigail Saravia organiza su vida en torno a su hogar, su pareja y su entorno afectivo, mientras convive con dolencias físicas asociadas a intervenciones realizadas en contextos de exclusión del sistema de salud. Continúa desarrollando su vida cotidiana con el objetivo de sostener condiciones de bienestar y acompañamiento en su entorno cercano.

Belén Abigail Saravia, known as “La Turka,” was born on December 24, 1968, at Penna Hospital in the City of Buenos Aires, although she herself expresses doubts about the accuracy of this date. She grew up in the Pompeya neighborhood, in Villa 1-11-14, and later lived in Villa Jardín and Hudson, where she shared a home with her sister and brother-in-law. She was raised in a family environment marked by violence perpetrated by her father, alongside her mother and sister. Her mother was an important source of support who accompanied her through different stages of her life.

From childhood, she expressed her gender identity, which led to early experiences of discrimination at school. During those years, she also experienced sexual abuse within her family and by adults connected to institutions, without receiving adequate protection or support. Her mother arranged for her to receive psychological care, becoming one of the few sources of support available to her during that period.

At the age of 13, she began becoming involved in travesti/trans social spaces, including the nightclub “Confusión” in the City of Buenos Aires. During adolescence, she formed relationships with other trans women who influenced her life trajectory, particularly “Micaela,” whom she recognizes as an important emotional reference and as someone from whom she learned about life on the streets. At the age of 19, she began hormone treatments and later participated in the informal, home-based practice of injecting industrial silicone, in a context of limited access to healthcare. These procedures resulted in physical consequences that continue to affect her today.

During the 1980s and 1990s, she worked primarily in street-based sex work in different areas of the City of Buenos Aires. During this period, she was repeatedly detained and subjected to institutional violence, abuse, and police persecution, within a context of systematic criminalization of travesti and trans identities, including during the years following the return to democracy.

At the same time, she participated in cultural spaces such as the “Los Fantoches de San Cristóbal” comparsa, where she found opportunities for self-expression and social interaction. Throughout her life, she maintained a variety of emotional relationships and currently lives with her partner, Jonathan, with whom she has shared her life for several years.

With the income she earned throughout her working life, she was able to purchase a plot of land and build her own home, where she currently lives. She also contributed to the financial support of her family of origin. As an adult, she has maintained a personal connection to activism, valuing advances in rights, such as the Gender Identity Law, while reflecting on the scope and limitations of reparation policies.

Today, Belén Abigail Saravia's life revolves around her home, her partner, and her emotional support network, while she lives with physical conditions associated with interventions carried out in contexts of exclusion from the healthcare system. She continues her everyday life with the aim of maintaining conditions of well-being and support within her close community.

Candela Nicolosi

  • CN01
  • Persona
  • 1965 - presente

Candela Nicolosi nació el 6 de noviembre de 1965 en la provincia de Tucumán. Creció junto a su madre, Susana Rocha, y sus hermanos Mónica, Fredy, Antonio, Sergio, Gustavo y Jacqueline. Desde la adolescencia inició su proceso de construcción de identidad de género en un contexto de fuerte discriminación hacia las personas travestis y trans. A los 16 años dejó el hogar familiar, circunstancia que interrumpió en varias oportunidades su trayectoria educativa. A pesar de esas dificultades, logró completar los estudios primarios y secundarios en la adultez.
Durante su proceso de afirmación de género realizó tratamientos hormonales y accedió a intervenciones de modificación corporal. Como muchas mujeres trans de su generación, vivió durante décadas bajo un régimen de persecución y criminalización. Entre los 14 y los 40 años sufrió reiteradas detenciones y violencia institucional, en un período marcado por la aplicación de edictos policiales que restringían la libertad de las personas travestis y trans. En Tucumán ejerció el trabajo sexual en el Parque 9 de Julio, donde compartió ese espacio con otras compañeras. La violencia policial y las condiciones de exclusión que atravesaban impulsaron su traslado a la ciudad de Buenos Aires, al igual que ocurrió con muchas mujeres trans de su generación.
A lo largo de su vida sostuvo distintas actividades laborales, en su mayoría en condiciones de informalidad, entre ellas como ayudante de cocina, empleada doméstica y encargada de un motel. Su recorrido da cuenta de las dificultades que históricamente enfrentaron las personas trans para acceder al empleo registrado y a condiciones laborales estables. Posteriormente se incorporó a la Secretaría de la Mujer, Género y Diversidad, ampliando su participación en espacios vinculados a la promoción de derechos.
Su trayectoria también está marcada por la militancia. Participa activamente en la Agrupación Argentina Intersex, desde donde acompaña acciones orientadas a la defensa y ampliación de los derechos de las personas travestis, trans e intersex. Su compromiso se inscribe en un proceso colectivo de organización que impulsó importantes transformaciones en materia de reconocimiento y acceso a derechos en Argentina.
Actualmente reside en la vivienda familiar heredada de sus padres, junto a varios de sus hermanos. Continúa señalando las dificultades que enfrenta para acceder plenamente a la atención de la salud y a los tratamientos que requiere. En el ámbito personal mantiene una vida activa: practica hockey, conformó una red familiar mediante el cuidado de una joven que vive con ella desde su infancia y acompaña la llegada de un nuevo integrante de la familia. Su recorrido articula experiencias de exclusión con una sostenida participación comunitaria y militante en favor de los derechos de las personas travestis, trans e intersex.

Candela Nicolosi was born on November 6, 1965, in the province of Tucumán. She grew up with her mother, Susana Rocha, and her siblings Mónica, Fredy, Antonio, Sergio, Gustavo, and Jacqueline. During adolescence, she began her process of constructing and affirming her gender identity in a context of widespread discrimination against travesti and trans people. At the age of 16, she left her family home, a circumstance that interrupted her educational trajectory on several occasions. Despite these difficulties, she eventually completed both primary and secondary education as an adult.

As part of her gender affirmation process, she underwent hormone treatments and accessed various body-modification procedures. Like many trans women of her generation, she lived for decades under a regime of persecution and criminalization. Between the ages of 14 and 40, she experienced repeated arrests and institutional violence during a period marked by the enforcement of police edicts that restricted the freedom of travesti and trans people. In Tucumán, she engaged in sex work in Parque 9 de Julio, where she shared the space with other compañeras. Police violence and the conditions of exclusion they faced led her to move to the city of Buenos Aires, as happened to many trans women of her generation.

Throughout her life, she held various jobs, most of them under informal working conditions, including positions as a kitchen assistant, domestic worker, and motel manager. Her work history reflects the difficulties historically faced by trans people in accessing formal employment and stable working conditions. She later joined the Secretariat for Women, Gender and Diversity, expanding her involvement in spaces dedicated to the promotion and protection of rights.

Her life trajectory is also marked by activism. She actively participates in the Argentine Intersex Association, where she supports initiatives aimed at defending and expanding the rights of travesti, trans, and intersex people. Her commitment is part of a broader collective process of organization that has driven significant transformations in Argentina regarding the recognition of and access to rights.

Candela currently lives in the family home inherited from her parents, together with several of her siblings. She continues to highlight the difficulties she faces in obtaining full access to healthcare and to the treatments she requires. In her personal life, she maintains an active lifestyle: she plays hockey, has built a family network through caring for a young woman who has lived with her since childhood, and accompanies the arrival of a new member of the family. Her life trajectory brings together experiences of exclusion with sustained community involvement and activism in defense of the rights of travesti, trans, and intersex people.

Carolina Alejandra Figueredo

  • CF01
  • Persona
  • 29/9/1962

Carolina Alejandra Figueredo, conocida como Carola, nació el 29 de septiembre de 1962 en Adrogué. Su madre biológica falleció cuando ella nació, por lo que fue criada durante su niñez por Elsa Capella, a quien siempre consideró su verdadera madre. Desde pequeña expresó una identidad femenina: prefería jugar con niñas, escondía muñecas y rechazaba los roles masculinos impuestos. Esto generó conflictos escolares y familiares; a los 9 años su padre la llevó a psicólogos intentando “corregirla”, sin éxito. Hacia los 10 años sufrió uno de los episodios más traumáticos de su infancia, cuando su padre la amenazó con un revólver para obligarla a “ser hombre”. Tras la separación de su padre de Elsa y la llegada de una madrastra violenta, atravesó años de maltrato y abandono afectivo.

En 1976, cuando tenía 14 años, su padre la echó de la casa por no aceptar su condición sexual. Entonces se trasladó a Cipolletti, donde se reencontró con Elsa Capella y volvió a vivir con ella. Ese regreso significó su primer espacio de contención real. Allí terminó la escuela primaria —6.º y 7.º grado— en un colegio nocturno, mientras comenzaba a proyectar una vida independiente.

Desde los 17 años empezó a buscar trabajo formal en la región del Alto Valle. Trabajó en galpones de empaque de manzanas y como clasificadora de rieles en la empresa Cascada S.A.. También fue cadete en la fábrica de jugo de manzana Industria Cipolletti. En todos esos empleos fue despedida a los pocos meses por discriminación ligada a su expresión de género. A los 18 años recibió la citación al servicio militar obligatorio en el Batallón 181, Compañía Comando, de Neuquén. Tras una revisación humillante, fue declarada no apta bajo la figura de homosexualidad, una marca más de la violencia institucional de la época.

Alrededor de los 18 años comenzó su transición. Hizo amistad con su vecina Ester Villalobo, trabajadora sexual en Cipolletti, quien le presentó a su hermana trans, una de las primeras mujeres trans que Carolina conoció. A través de ellas encontró comunidad, referencias de feminidad y apoyo para iniciar hormonización informal, práctica extendida en aquellos años. Ester también le propuso comenzar a trabajar con ella, y desde aproximadamente los 19 años Carolina ejerció el trabajo sexual en rutas y zonas urbanas de Cipolletti y Neuquén. En ese circuito conoció a compañeras como Diana Marina Magalí Muñiz, Pamela Rodríguez, Alicia “la paraguaya”, Adriana “La Tucu” Cuello, Claudia Solís y Katty Villagra, entre muchas otras.

Durante las décadas de 1980, 1990 y comienzos de 2000 vivió entre Cipolletti y Neuquén, trasladándose frecuentemente por la persecución policial contra las mujeres trans y trabajadoras sexuales. Fue detenida innumerables veces, sufrió arrestos arbitrarios y hostigamiento constante. En paralelo, trabajó en cabarets y recorrió distintas ciudades argentinas buscando mejores condiciones de subsistencia.

En 2001 fue detenida por la Policía Federal Argentina y condenada a cuatro años de prisión por venta de estupefacientes. Fue trasladada desde Neuquén a la Unidad Federal N.º 2 de Devoto y luego a otras cárceles federales. En la unidad de Ezeiza conoció a Claudia Pía Baudracco, con quien entabló una amistad duradera que más tarde influiría en su regreso a Buenos Aires.

Tras recuperar la libertad participó en la Asociación Conciencia VIDHA, donde colaboró en talleres de prevención de VIH y repartió preservativos a trabajadoras sexuales del centro de Neuquén y de la Ruta 22. También trabajó en el cuidado de personas adultas mayores. Cerca de los 50 años logró dejar el trabajo sexual y acceder por primera vez a empleos estables. En 2012, con la sanción de la Ley de Identidad de Género de Argentina, consideró que su vida cambió profundamente al obtener reconocimiento legal y mayores derechos.

En 2017 fue convocada por Diana Marina Magalí Muñiz para integrarse al Archivo de la Memoria Trans Argentina. Desde entonces trabaja en el área de conservación, aportando su experiencia vital y colaborando en la preservación de la memoria histórica colectiva de las mujeres trans argentinas que sobrevivieron a la violencia estatal y social.


Carolina Alejandra Figueredo, known as Carola, was born on September 29, 1962, in Adrogué, Argentina. Her biological mother passed away when she was born, so she was raised during childhood by Elsa Capella, whom she always considered her true mother. From an early age, she expressed a feminine identity: she preferred playing with girls, hid dolls, and rejected the masculine roles imposed on her. This led to conflicts at school and within her family; at the age of nine, her father took her to psychologists in an attempt to “correct” her, without success. Around the age of ten, she experienced one of the most traumatic episodes of her childhood, when her father threatened her with a revolver to force her to “be a man.” After her father separated from Elsa and a violent stepmother entered the household, she endured years of abuse and emotional abandonment.

In 1976, when she was fourteen, her father expelled her from the home for not accepting her sexual condition. She then moved to Cipolletti, where she reunited with Elsa Capella and went back to live with her. This return marked the first truly supportive environment of her life. There, she completed primary school—6th and 7th grades—at a night school, while beginning to imagine an independent future.

At seventeen, she began searching for formal work in the Alto Valle region. She worked in apple packing warehouses and as a rail sorter at the company Cascada S.A. She was also employed as a messenger at the apple juice factory Industria Cipolletti. In all of these jobs, she was dismissed after only a few months because of discrimination related to her gender expression. At eighteen, she received a summons for mandatory military service at Battalion 181, Command Company, in Neuquén. After a humiliating medical examination, she was declared unfit under the classification of homosexuality, another example of the institutional violence of that time.

Around the age of eighteen, she began her transition. She became friends with her neighbor Ester Villalobo, a sex worker in Cipolletti, who introduced her to her trans sister, one of the first trans women Carolina ever met. Through them, she found community, models of femininity, and support to begin informal hormone use, a widespread practice in those years. Ester also proposed that Carolina begin working with her, and from around the age of nineteen, Carolina engaged in sex work along highways and in urban areas of Cipolletti and Neuquén. In that environment, she met companions such as Diana Marina Magalí Muñiz, Pamela Rodríguez, Alicia “La Paraguaya,” Adriana “La Tucu” Cuello, Claudia Solís, and Katty Villagra, among many others.

During the 1980s, 1990s, and early 2000s, she lived between Cipolletti and Neuquén, moving frequently because of police persecution against trans women and sex workers. She was detained countless times, subjected to arbitrary arrests, and constantly harassed. At the same time, she worked in cabarets and traveled through different Argentine cities seeking better living conditions.

In 2001, she was arrested by the Argentine Federal Police and sentenced to four years in prison for drug sales. She was transferred from Neuquén to Federal Unit No. 2 in Devoto and later to other federal prisons. In the prison unit in Ezeiza, she met Claudia Pía Baudracco, with whom she formed a lasting friendship that would later influence her return to Buenos Aires.

After regaining her freedom, she participated in the Asociación Conciencia VIDHA, where she collaborated in HIV prevention workshops and distributed condoms to sex workers in downtown Neuquén and along Route 22. She also worked caring for older adults. Near the age of fifty, she was able to leave sex work and gain stable employment for the first time. In 2012, with the passage of Argentina’s Gender Identity Law, she felt that her life changed profoundly through obtaining legal recognition and expanded rights.

In 2017, she was invited by Diana Marina Magalí Muñiz to join the Archivo de la Memoria Trans Argentina. Since then, she has worked in the conservation area, contributing her life experience and helping preserve the collective historical memory of Argentine trans women who survived state and social violence.

Claudia Pía Baudracco

  • CPB01
  • Persona
  • 1970 - 2012

Nació un 22 de octubre de 1970 en La Carlota, provincia de Córdoba. Vivió su adolescencia junto a su familia en Venado Tuerto, provincia de Santa Fe y luego se mudó a Buenos Aires.
Por su identidad de género sufrió acosos y maltratos y debió exiliarse varios años, primero en Uruguay y luego en Europa.
El 25 de junio de 1993 fundó, junto a María Belén Correa y otras activistas, la Asociación de Travestis de Argentina y fue su coordinadora hasta 1995. Posteriormente la organización pasaría a llamarse Asociación Travestis Transexuales Transgéneros Argentinas (A.T.T.T.A). Con el apoyo de esta asociación, lideraría el movimiento por la derogación en 15 provincias de la Nación Argentina de los Códigos de Faltas; estos códigos criminalizaban las identidades trans. El resultado fue la derogación de estos códigos en 14 provincias.
Fue muy activa su lucha por la aprobación de la Ley de Identidad de Género, que le dio derecho a las personas trans a tener un nombre de elección y a la salud integral.
En septiembre de 2005, fue miembro fundadora e integrante de la comisión directiva de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT). En 2008, realizó actividades varias de prevención e investigación como miembro del Mecanismo Coordinador del País del Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria,6​, trabajo que realizó con la Dirección de Sida y Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) del Ministerio de Salud de la Nación.
Falleció sin poder tener acceso al reconocimiento de su identidad de género ya que la ley fue sancionada poco después de su muerte.

Claudia Pía Baudracco
She was born on October 22, 1970, in La Carlota, in the province of Córdoba. She spent her adolescence with her family in Venado Tuerto, in the province of Santa Fe, and later moved to Buenos Aires.

Because of her gender identity, she experienced harassment and mistreatment and was forced into exile for several years, first in Uruguay and later in Europe.

On June 25, 1993, together with María Belén Correa and other activists, she founded the Association of Travestis of Argentina (Asociación de Travestis de Argentina), serving as its coordinator until 1995. The organization was later renamed the Argentine Association of Travestis, Transsexuals and Transgenders (Asociación Travestis Transexuales Transgéneros Argentinas, A.T.T.T.A.). With the support of this organization, she led the movement to repeal the Misdemeanor Codes in 15 provinces of Argentina. These codes criminalized trans identities. As a result of this struggle, the codes were repealed in 14 provinces.

She was deeply involved in the campaign for the approval of the Gender Identity Law, which established the right of trans people to use their chosen name and to access comprehensive healthcare.

In September 2005, she was a founding member and served on the executive board of the Argentine Federation of Lesbians, Gays, Bisexuals and Trans People (FALGBT). In 2008, she carried out various prevention and research activities as a member of the Country Coordinating Mechanism of the Global Fund to Fight AIDS, Tuberculosis and Malaria. She carried out this work in collaboration with the Directorate of AIDS and Sexually Transmitted Diseases (STD) of the National Ministry of Health.

She died without having been able to obtain legal recognition of her gender identity, as the law was enacted shortly after her death.

Daniela Díaz

  • DD01
  • Persona
  • 1967 - presente

Daniela Catalina Díaz, conocida popularmente como “La Sirena de Quilmes”, nació alrededor de 1967 en Las Breñas, provincia del Chaco, y llegó a la provincia de Buenos Aires siendo bebé, cuando su madre Catalina se radicó en la ciudad de Quilmes. Fue la mayor de ocho hermanos y creció en un hogar humilde en la zona de La Colonia, donde su madre ocupó un lugar central como sostén afectivo y económico de la familia.
Desde temprana edad manifestó una identidad femenina y una identificación con elementos asociados al universo de las mujeres, como el cabello largo y la figura de las sirenas, que posteriormente daría origen a su nombre popular. Durante la escuela primaria conoció a Erika, otra niña trans con quien compartió experiencias y conversaciones vinculadas a sus identidades. A comienzos de la década de 1980, durante los corsos de Quilmes, tomó contacto con mujeres trans visibles de la zona sur del conurbano bonaerense, entre ellas Vanesa Meza, Débora, Marisa y Tatiana. Estos encuentros fueron significativos en su proceso de reconocimiento personal y en la construcción de redes con otras mujeres trans. Entre los 14 y 15 años inició tratamientos hormonales y comenzó a expresar públicamente su identidad femenina en un contexto atravesado por la persecución policial, la discriminación y las restricciones para el acceso al trabajo formal.
Durante su juventud participó en carnavales y corsos populares de Quilmes y Berazategui, especialmente junto a la comparsa Las Bacantes, espacios de encuentro comunitario y expresión artística. Como muchas mujeres trans de su generación, atravesó situaciones de hostigamiento y violencia institucional, al tiempo que desarrolló estrategias laborales y redes de apoyo para sostener su vida cotidiana.
A lo largo de su trayectoria realizó diversas actividades comerciales vinculadas a la venta de ropa, calzado y accesorios, estableciendo vínculos con otras personas trans dentro y fuera de Argentina. En la década de 1990 adquirió un terreno en Quilmes e inició la construcción de su vivienda, proyecto que continuó desarrollando durante los años siguientes.
En 2004 migró a Europa, donde residió en distintas ciudades de Italia y Suiza. Durante ese período trabajó, construyó redes con comunidades latinoamericanas, especialmente con compañeras peruanas y brasileñas, y reunió recursos para finalizar su casa en Argentina. También atravesó dificultades vinculadas a su situación migratoria y permaneció detenida en relación con la falta de documentación regular. Regresó a Quilmes entre 2006 y 2007, donde continuó su vida comunitaria y atravesó posteriormente tratamientos médicos vinculados a intervenciones corporales realizadas durante su juventud.
Luego de la sanción de la Ley de Identidad de Género en 2012, realizó la rectificación registral de su identidad. Para ello viajó a Las Breñas, recuperó su partida de nacimiento y eligió el nombre Daniela Catalina Díaz, incorporando el nombre de su madre como reconocimiento al vínculo que acompañó gran parte de su trayectoria.
Actualmente continúa viviendo en Quilmes, participando en espacios comunitarios y acompañando a nuevas generaciones de mujeres trans. Como “La Sirena de Quilmes”, su recorrido forma parte de la memoria colectiva trans de la zona sur bonaerense, integrando experiencias de trabajo, migración, vínculos afectivos y construcción comunitaria.

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