Trabajadora Comunitaria en la Defensa de Derechos

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Patricia Alexandra Rivas Paladino

  • PR01
  • Persona
  • 1966 - Presente

Patricia Alexandra Rivas Paladino nació el 25 de noviembre de 1966 en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Aunque fue registrada legalmente con el apellido Rivas, durante gran parte de su vida eligió identificarse con el apellido materno Paladino, en relación con la conflictiva relación que mantuvo con su padre y con la falta de reconocimiento de su identidad de género. Desde temprana edad expresó una identidad femenina y durante su adolescencia comenzó a presentarse socialmente como mujer.

A los 14 años inició una relación afectiva que se extendió durante cinco años, período en el que también atravesó situaciones de violencia institucional vinculadas al contexto de persecución hacia las personas trans. Como muchas mujeres trans de su generación, Patricia fue detenida en reiteradas oportunidades bajo los edictos policiales que criminalizaban las expresiones de género disidentes.

Estas prácticas represivas formaron parte de su vida cotidiana durante décadas, especialmente en espacios públicos del conurbano bonaerense. En ese contexto fue conocida por el apodo de “La Correcaminos”, asociado a su capacidad para escapar de las razzias policiales. También fue testigo de la violencia ejercida contra otras compañeras trans, entre ellas Shirley, Vivian, Vanesa y Mónica Ramos, cuyos fallecimientos permanecen en su memoria como parte de una historia colectiva de persecución y exclusión.

Desde los 15 años participó en corsos y carnavales del conurbano bonaerense, integrando agrupaciones como Los Bambis de Tigre, Los Cometas de San Fernando y Los Príncipes de San Isidro. Estos espacios artísticos y comunitarios constituyeron ámbitos de expresión, reconocimiento y encuentro con otras personas trans. Paralelamente desarrolló distintos vínculos afectivos, entre ellos una relación de quince años con Alejandro, con quien compartió una etapa significativa de su vida.

Con el acompañamiento de Alejandro, Patricia se formó como peluquera profesional y obtuvo su diploma en 1997. A partir de esa capacitación abrió su propia peluquería, actividad que le permitió alcanzar autonomía económica y reconocimiento laboral. Tiempo después debió dejar la profesión debido a problemas de visión.
En 2012, tras la sanción de la Ley de Identidad de Género, realizó el trámite de adecuación registral y recibió su Documento Nacional de Identidad con el nombre y género reconocidos legalmente. Posteriormente desarrolló tareas vinculadas al trabajo comunitario y la defensa de derechos. Se desempeñó en el Concejo Deliberante de San Isidro, donde fue la primera mujer trans en ocupar un cargo dentro del Poder Ejecutivo municipal, y participó en iniciativas relacionadas con la salud integral trans, el cupo laboral y la reparación histórica.

Actualmente integra el colectivo Las Históricas Argentinas Sobrevivientes Autoconvocadas, desde donde participa en acciones por la memoria y la reparación de las personas travestis y trans perseguidas por el Estado. Reside en el Área Metropolitana de Buenos Aires y continúa aportando su experiencia en espacios de activismo y construcción comunitaria vinculados a la defensa de los derechos humanos.

Patricia Alexandra Rivas Paladino was born on November 25, 1966, in the Greater Buenos Aires metropolitan area. Although she was legally registered under the surname Rivas, for much of her life she chose to identify herself by her mother’s surname, Paladino, in connection with her difficult relationship with her father and his failure to recognize her gender identity. From an early age, she expressed a feminine identity, and during adolescence she began presenting herself socially as a woman.

At the age of 14, she began a romantic relationship that lasted five years. During this period, she also experienced institutional violence within a broader context of persecution against trans people. Like many trans women of her generation, Patricia was repeatedly detained under police edicts that criminalized gender expressions that challenged social norms.

These repressive practices became part of her everyday life for decades, particularly in public spaces throughout the greater Buenos Aires area. During this period, she became known by the nickname “La Correcaminos,” associated with her ability to evade police raids. She also witnessed violence against other trans women, including Shirley, Vivian, Vanesa, and Mónica Ramos, whose deaths remain part of her memory and of a collective history of persecution and exclusion.

From the age of 15, she participated in corsos and carnival celebrations throughout the greater Buenos Aires area, joining groups such as Los Bambis de Tigre, Los Cometas de San Fernando, and Los Príncipes de San Isidro. These artistic and community spaces provided opportunities for self-expression, recognition, and connection with other trans people. At the same time, she developed several romantic relationships, including a 15-year relationship with Alejandro, with whom she shared a significant period of her life.

With Alejandro’s support, Patricia trained as a professional hairstylist and received her diploma in 1997. She subsequently opened her own salon, an occupation that provided her with economic independence and professional recognition. Some years later, she had to leave the profession because of vision problems.

In 2012, following the passage of Argentina’s Gender Identity Law, she completed the legal process to amend her civil records and received a National Identity Document reflecting her legally recognized name and gender. She later became involved in community work and advocacy. She worked at the San Isidro Deliberative Council, where she became the first trans woman to hold a position within the municipal executive branch, and participated in initiatives related to comprehensive trans healthcare, employment quotas, and historical reparations.

Today, she is a member of Las Históricas Argentinas Sobrevivientes Autoconvocadas, through which she participates in efforts focused on the memory and reparations of travesti and trans people persecuted by the state. She lives in the Greater Buenos Aires metropolitan area and continues to contribute her experience to activism and community-building initiatives dedicated to the defense of human rights.