Showing 23 results

Authority record
Trabajo Sexual

Mychel Michella Aguilera

  • MMA01
  • Person
  • 10/01/1969 - Actualidad

Nació el 10/01/1969 en la ciudad de Rosario, Provincia de Santa Fe. Hija de Sara Ilaria Aguilera y Elías Francisco Pérez. Tiene 10 hermanos, uno de ellos fallecido.
Mychel Michella recuerda que el inicio de su vida fue particular porque eran tiempos donde era muy difícil considerarse una mujer trans; por ello, ella fue haciendo frente a su condición de forma muy lenta, temerosa a que sus padres se enteraran de la verdad sobre sus gustos personales. A pesar de esto, también sospechaba que aunque no les diera explicaciones, ellos conocían su situación.

Al cumplir los 6 años comenzó a escapar asiduamente de su casa, cansada del maltrato familiar; su familia la llamaba “la fugitiva”. En esos momentos vivía en la calle, en paradas de colectivos, y comía de lo que le daba la gente. Generalmente, regresaba obligada por la Policía de menores. En tres ocasiones fue llevada a hogares de niños.

A sus 12 años comenzó su transición, siempre fuera de su casa. Mychel Michela describe que ella era feliz cuando escapaba de su casa porque podía hacer lo que ella quería. Dejó muchas escuelas por defender su identidad sexual y sus derechos.

A los 13 años comenzó a prostituirse; trabajaba en el Parque Independencia de Rosario. Allí fue su primera experiencia sexual. En un principio la detenía la policía junto a sus compañeras pero al ser menor de edad llamaban a sus padres a buscarla a la comisaría; solo ocasionalmente la llevaban a la comisaría de la policía del menor y quedaba detenida. Al cumplir la mayoría de edad las condenas comenzaron a ser muy diferentes, con mucho maltrato psicológico y físico por las fuerzas policiales. No obstante, el trabajo sexual era su único ingreso de dinero para ella y para poder ayudar a su familia que era muy pobre.
A los 16 años comenzó a tomar hormonas.
Después de mucho sufrimiento, a sus 30 años conoció el amor con su pareja Dante. El tenía 20 años y vivieron juntos en una humilde casa durante 10 años donde fueron muy felices. Finalmente se separaron por una infidelidad de él.
Paralelamente a que ejerció el trabajo sexual, Mychel Michela tuvo otros trabajos como repostera, talleres manuales, cuidado de ancianos, empleada doméstica y empleada en un frigorífico; éste último en Pérez Millán, Provincia de Buenos Aires.
En el año 1993, alrededor de los 28 años comenzó a militar en el peronismo en Rosario, haciendo actividades dentro la Unidad Básica: participando de comedores, organizando el festejo del día de la niñez, etc.
Alrededor del año 2014 comenzó a militar por los derechos de las mujeres trans. Actualmente participa de la “Mesa de reparación histórica” y del grupo de “Autoconvocadas” de Rosario.
Conoció de muy joven la religión afro brasileña acompañada con amigas. Desde 2018 es “Pronta en Santos” en las tres líneas (Exú, Caboclo, Nación).
Desde el año 2024 que trabaja en el Archivo de la Memoria Trans, en las áreas de digitalización y conservación.

Carolina Alejandra Figueredo

  • CF01
  • Person
  • 29/9/1962

Carolina Alejandra Figueredo, conocida como Carola, nació el 29 de septiembre de 1962 en Adrogué. Su madre biológica falleció cuando ella nació, por lo que fue criada durante su niñez por Elsa Capella, a quien siempre consideró su verdadera madre. Desde pequeña expresó una identidad femenina: prefería jugar con niñas, escondía muñecas y rechazaba los roles masculinos impuestos. Esto generó conflictos escolares y familiares; a los 9 años su padre la llevó a psicólogos intentando “corregirla”, sin éxito. Hacia los 10 años sufrió uno de los episodios más traumáticos de su infancia, cuando su padre la amenazó con un revólver para obligarla a “ser hombre”. Tras la separación de su padre de Elsa y la llegada de una madrastra violenta, atravesó años de maltrato y abandono afectivo.

En 1976, cuando tenía 14 años, su padre la echó de la casa por no aceptar su condición sexual. Entonces se trasladó a Cipolletti, donde se reencontró con Elsa Capella y volvió a vivir con ella. Ese regreso significó su primer espacio de contención real. Allí terminó la escuela primaria —6.º y 7.º grado— en un colegio nocturno, mientras comenzaba a proyectar una vida independiente.

Desde los 17 años empezó a buscar trabajo formal en la región del Alto Valle. Trabajó en galpones de empaque de manzanas y como clasificadora de rieles en la empresa Cascada S.A.. También fue cadete en la fábrica de jugo de manzana Industria Cipolletti. En todos esos empleos fue despedida a los pocos meses por discriminación ligada a su expresión de género. A los 18 años recibió la citación al servicio militar obligatorio en el Batallón 181, Compañía Comando, de Neuquén. Tras una revisación humillante, fue declarada no apta bajo la figura de homosexualidad, una marca más de la violencia institucional de la época.

Alrededor de los 18 años comenzó su transición. Hizo amistad con su vecina Ester Villalobo, trabajadora sexual en Cipolletti, quien le presentó a su hermana trans, una de las primeras mujeres trans que Carolina conoció. A través de ellas encontró comunidad, referencias de feminidad y apoyo para iniciar hormonización informal, práctica extendida en aquellos años. Ester también le propuso comenzar a trabajar con ella, y desde aproximadamente los 19 años Carolina ejerció el trabajo sexual en rutas y zonas urbanas de Cipolletti y Neuquén. En ese circuito conoció a compañeras como Diana Marina Magalí Muñiz, Pamela Rodríguez, Alicia “la paraguaya”, Adriana “La Tucu” Cuello, Claudia Solís y Katty Villagra, entre muchas otras.

Durante las décadas de 1980, 1990 y comienzos de 2000 vivió entre Cipolletti y Neuquén, trasladándose frecuentemente por la persecución policial contra las mujeres trans y trabajadoras sexuales. Fue detenida innumerables veces, sufrió arrestos arbitrarios y hostigamiento constante. En paralelo, trabajó en cabarets y recorrió distintas ciudades argentinas buscando mejores condiciones de subsistencia.

En 2001 fue detenida por la Policía Federal Argentina y condenada a cuatro años de prisión por venta de estupefacientes. Fue trasladada desde Neuquén a la Unidad Federal N.º 2 de Devoto y luego a otras cárceles federales. En la unidad de Ezeiza conoció a Claudia Pía Baudracco, con quien entabló una amistad duradera que más tarde influiría en su regreso a Buenos Aires.

Tras recuperar la libertad participó en la Asociación Conciencia VIDHA, donde colaboró en talleres de prevención de VIH y repartió preservativos a trabajadoras sexuales del centro de Neuquén y de la Ruta 22. También trabajó en el cuidado de personas adultas mayores. Cerca de los 50 años logró dejar el trabajo sexual y acceder por primera vez a empleos estables. En 2012, con la sanción de la Ley de Identidad de Género de Argentina, consideró que su vida cambió profundamente al obtener reconocimiento legal y mayores derechos.

En 2017 fue convocada por Diana Marina Magalí Muñiz para integrarse al Archivo de la Memoria Trans Argentina. Desde entonces trabaja en el área de conservación, aportando su experiencia vital y colaborando en la preservación de la memoria histórica colectiva de las mujeres trans argentinas que sobrevivieron a la violencia estatal y social.


Carolina Alejandra Figueredo, known as Carola, was born on September 29, 1962, in Adrogué, Argentina. Her biological mother passed away when she was born, so she was raised during childhood by Elsa Capella, whom she always considered her true mother. From an early age, she expressed a feminine identity: she preferred playing with girls, hid dolls, and rejected the masculine roles imposed on her. This led to conflicts at school and within her family; at the age of nine, her father took her to psychologists in an attempt to “correct” her, without success. Around the age of ten, she experienced one of the most traumatic episodes of her childhood, when her father threatened her with a revolver to force her to “be a man.” After her father separated from Elsa and a violent stepmother entered the household, she endured years of abuse and emotional abandonment.

In 1976, when she was fourteen, her father expelled her from the home for not accepting her sexual condition. She then moved to Cipolletti, where she reunited with Elsa Capella and went back to live with her. This return marked the first truly supportive environment of her life. There, she completed primary school—6th and 7th grades—at a night school, while beginning to imagine an independent future.

At seventeen, she began searching for formal work in the Alto Valle region. She worked in apple packing warehouses and as a rail sorter at the company Cascada S.A. She was also employed as a messenger at the apple juice factory Industria Cipolletti. In all of these jobs, she was dismissed after only a few months because of discrimination related to her gender expression. At eighteen, she received a summons for mandatory military service at Battalion 181, Command Company, in Neuquén. After a humiliating medical examination, she was declared unfit under the classification of homosexuality, another example of the institutional violence of that time.

Around the age of eighteen, she began her transition. She became friends with her neighbor Ester Villalobo, a sex worker in Cipolletti, who introduced her to her trans sister, one of the first trans women Carolina ever met. Through them, she found community, models of femininity, and support to begin informal hormone use, a widespread practice in those years. Ester also proposed that Carolina begin working with her, and from around the age of nineteen, Carolina engaged in sex work along highways and in urban areas of Cipolletti and Neuquén. In that environment, she met companions such as Diana Marina Magalí Muñiz, Pamela Rodríguez, Alicia “La Paraguaya,” Adriana “La Tucu” Cuello, Claudia Solís, and Katty Villagra, among many others.

During the 1980s, 1990s, and early 2000s, she lived between Cipolletti and Neuquén, moving frequently because of police persecution against trans women and sex workers. She was detained countless times, subjected to arbitrary arrests, and constantly harassed. At the same time, she worked in cabarets and traveled through different Argentine cities seeking better living conditions.

In 2001, she was arrested by the Argentine Federal Police and sentenced to four years in prison for drug sales. She was transferred from Neuquén to Federal Unit No. 2 in Devoto and later to other federal prisons. In the prison unit in Ezeiza, she met Claudia Pía Baudracco, with whom she formed a lasting friendship that would later influence her return to Buenos Aires.

After regaining her freedom, she participated in the Asociación Conciencia VIDHA, where she collaborated in HIV prevention workshops and distributed condoms to sex workers in downtown Neuquén and along Route 22. She also worked caring for older adults. Near the age of fifty, she was able to leave sex work and gain stable employment for the first time. In 2012, with the passage of Argentina’s Gender Identity Law, she felt that her life changed profoundly through obtaining legal recognition and expanded rights.

In 2017, she was invited by Diana Marina Magalí Muñiz to join the Archivo de la Memoria Trans Argentina. Since then, she has worked in the conservation area, contributing her life experience and helping preserve the collective historical memory of Argentine trans women who survived state and social violence.

Pamela Poletti

  • PP01
  • Person
  • 1964 - presente

Pamela Poletti, también conocida como “La Pole”, “Luci”, “Rut” y “Negri”, nació el 14 de octubre de 1964 en Chivilcoy, provincia de Buenos Aires. Creció junto a sus padres, Elvio Poletti y Aurora Lucía Griguela, en un contexto familiar donde desde temprana edad expresó una identidad femenina que no coincidía con las expectativas sociales de la época. Durante su infancia jugaba con muñecas, se dejaba crecer el cabello y construía formas de expresión vinculadas a lo femenino. Ante estas manifestaciones, su familia recurrió a consultas médicas buscando explicaciones sobre sus comportamientos, en un período histórico atravesado por la patologización y la falta de reconocimiento de las identidades diversas.
Su trayectoria educativa estuvo limitada por las condiciones sociales y familiares de aquellos años. Solo pudo completar la escuela primaria y, a los 13 años, comenzó a trabajar en una tienda como consecuencia de las presiones familiares para abandonar aquello que era considerado una expresión inapropiada de su identidad. A los 17 años fue despedida de ese empleo y posteriormente inició su formación en peluquería femenina, oficio que le permitió desarrollar herramientas laborales vinculadas al cuidado y la estética.
Durante su juventud comenzó procesos de transformación corporal mediante la automedicación hormonal y, entre los 20 y 25 años, recurrió a prácticas de modificación corporal realizadas por otras mujeres trans de su generación, entre ellas la aplicación de silicona líquida. En ese período construyó vínculos con referentes históricas del movimiento travesti-trans argentino como Charo Latessa, Claudia Pía Baudracco, Julia Lagomarsino, María Belén Correa y Liza de Capital. Estas redes formaron parte de los espacios de encuentro y pertenencia de una comunidad que, durante décadas, enfrentó la exclusión de los sistemas de salud y el acceso limitado a procedimientos seguros de afirmación de género.
A diferencia de muchas otras mujeres trans de su generación, Pamela no atravesó detenciones policiales, en parte por haber permanecido en Chivilcoy y por el vínculo de su padre con la institución policial. Durante la década de 1990 participó de espacios de sociabilidad travesti y gay, especialmente en el boliche Adrenalina, donde compartió experiencias con compañeras de distintas localidades y realizó trabajo sexual de manera ocasional durante los fines de semana. Estos espacios fueron también ámbitos de encuentro, afecto y construcción comunitaria.
A lo largo de su vida tuvo distintas relaciones afectivas. Su vínculo más prolongado fue con Ricardo, con quien contrajo matrimonio y compartió catorce años y medio hasta su fallecimiento.
Actualmente reside en Chivilcoy, donde sostiene su vida cotidiana con una pensión y la jubilación de su esposo. Convive con problemas de salud derivados de la silicona infiltrada y atraviesa tratamientos médicos por VIH, diagnóstico que recibió hace catorce años, además de intervenciones quirúrgicas por cáncer de piel. Continúa vinculada a la memoria de su generación y forma parte de las historias de vida preservadas por el Archivo de la Memoria Trans, aportando su experiencia como parte del registro colectivo de las trayectorias travestis y trans en Argentina.

Laura Mikaela Gallardo

  • LG01
  • Person
  • 1972 - presente

Laura Mikaela Gallardo nació el 9 de noviembre de 1972 en un pequeño pueblo de la provincia de Santa Fe. Durante su infancia y adolescencia inició un proceso de construcción de su identidad de género en un contexto social caracterizado por la falta de reconocimiento y derechos para las personas trans. A los 14 años comenzó su transición y, durante ese período, transitó distintas localidades, entre ellas la ciudad de Santa Fe, Catamarca y San Nicolás, en búsqueda de espacios donde pudiera desarrollar su vida de acuerdo con su identidad.
A los 16 años asumió el cuidado de Alejandro, un bebé que pasó a formar parte central de su trayectoria personal. Desde entonces sostuvo su crianza y acompañamiento, procurando garantizar su bienestar y educación en un contexto atravesado por dificultades económicas y sociales. Esta responsabilidad fue un eje significativo en sus decisiones personales y laborales.
Durante la década de 1990 se radicó en el conurbano bonaerense. En Berazategui contó con el acompañamiento de Marilyn, una amiga trans que la recibió y la acompañó en una nueva etapa de su vida. Como muchas mujeres trans de su generación, ante las restricciones para acceder al empleo formal recurrió al trabajo sexual como estrategia de subsistencia. En esos años atravesó situaciones de persecución policial, detenciones y violencia institucional, en un período marcado por la criminalización de las identidades trans.
En 1996 conoció a Raúl en el boliche Fénix, con quien inició una relación afectiva que continúa hasta la actualidad. Durante esos años mantuvo también un vínculo constante con Alejandro, a quien visitaba en Santa Fe y acompañaba en su desarrollo.
En octubre de 2000 decidió dejar el trabajo sexual y, junto a Raúl, se trasladó a Florencio Varela, donde inició una nueva etapa vinculada al trabajo independiente y la construcción de un proyecto de vida estable. Participó en redes comunitarias de intercambio, realizó diversas actividades laborales y desarrolló emprendimientos comerciales vinculados a la venta por catálogo, que posteriormente dieron lugar a un negocio propio de blanquería y lencería.
Laura también participó en espacios de organización social. Formó parte del Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) Aníbal Verón y estuvo presente el 26 de junio de 2002 en el Puente Pueyrredón, durante la jornada en la que fueron asesinados Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. Posteriormente completó sus estudios primarios y secundarios y continuó con procesos de formación.
En 2010 contrajo matrimonio con Raúl tras la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario. En 2012 accedió a la rectificación registral de su identidad a partir de la Ley de Identidad de Género. Desde 2014 trabaja como administrativa en la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Municipalidad de Florencio Varela y participa en la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTA), junto a referentes del movimiento trans como Marcela Romero y Claudia Pía Baudracco, desarrollando acciones vinculadas a la ampliación y defensa de derechos de las personas trans.

Wendy Helena Janaína Zalazar

  • WZ01
  • Person
  • 1969 - Presente

Wendy Helena Janaína Zalazar nació el 20 de abril de 1969 como Vicente Zalazar. Creció en la provincia de Buenos Aires en un contexto histórico atravesado por la discriminación y la persecución hacia las personas travestis y trans. Desde temprana edad reconoció una identidad de género diferente a las expectativas sociales asignadas y comenzó a expresarla durante la adolescencia. A los 17 años se incorporó a los espacios de encuentro y sociabilidad de travestis y mujeres trans del Área Metropolitana de Buenos Aires, donde construyó redes de amistad, cuidado y acompañamiento comunitario.
Durante esos años adoptó el nombre Wendy, elegido a partir del vínculo con una compañera que comenzó a llamarla de esa manera en referencia al personaje de Peter Pan. Posteriormente incorporó los nombres Helena Janaína, con los que actualmente se identifica. En su recorrido comunitario tuvo como referente fundamental a La Perica, a quien reconoce como una figura de acompañamiento y como una madre trans. Junto a ella convivió en Tigre con otras compañeras, entre ellas Ivonne y Veroniquita, compartiendo experiencias de vida y estrategias colectivas de cuidado.
A lo largo de su trayectoria ejerció el trabajo sexual en distintos puntos de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, entre ellos Panamericana, General Paz, Camino Negro, Camino de Cintura, Riccheri, Ruta 6, Juan B. Justo y el centro porteño. Como muchas mujeres trans de su generación, atravesó la criminalización de las identidades trans mediante los edictos policiales, sufriendo detenciones arbitrarias y situaciones de violencia institucional en dependencias como las comisarías de Munro, Benavídez y la División Moralidad de la Policía Federal.
Durante su juventud realizó modificaciones corporales mediante prácticas informales, habituales entre muchas personas trans de la época debido a la falta de acceso a tratamientos médicos seguros. Con el tiempo enfrentó las consecuencias físicas derivadas de esas intervenciones. Paralelamente participó en carnavales y murgas de San Miguel y otras localidades bonaerenses, espacios donde desarrolló vínculos afectivos y comunitarios, entre ellos una amistad de más de tres décadas con Marcela Navarro.
Wendy atravesó los cambios sociales y legislativos que transformaron las condiciones de vida de la comunidad trans en Argentina, entre ellos la derogación de los edictos policiales y la sanción de la Ley de Identidad de Género en 2012. A partir de esta normativa realizó la rectificación registral de su documentación y obtuvo el reconocimiento legal de su identidad.
Durante la pandemia impulsó un comedor comunitario desde su hogar y participó en redes solidarias destinadas al acompañamiento de familias y mujeres trans. También integró espacios sociales y políticos vinculados a la diversidad. El 20 de abril contrajo matrimonio con su pareja, oriunda de Mar del Plata, consolidando un proyecto afectivo compartido. Actualmente continúa participando en iniciativas vinculadas a la memoria colectiva, el reconocimiento y la preservación de las experiencias de las personas trans mayores.

Alejandra Analía Carmona

  • AC02
  • Person
  • 1956 - presente

Alejandra Analía Carmona nació el 28 de febrero de 1956. Creció en Avellaneda, provincia de Buenos Aires, en el seno de una familia trabajadora que acompañó desde temprano su identidad de género. Durante su infancia y adolescencia construyó vínculos con otras personas travestis y trans de su barrio, conformando redes de amistad y cuidado que perduraron a lo largo de su vida. En esos años encontró en los carnavales y las comparsas un espacio de encuentro, sociabilidad y expresión, donde pudo participar de desfiles y compartir experiencias con otras compañeras.
Su juventud transcurrió en un contexto de criminalización de las identidades travestis y trans. Durante la última dictadura cívico-militar y los años posteriores fue víctima de reiteradas detenciones arbitrarias, hostigamiento policial y violencia institucional, atravesando numerosas permanencias en comisarías y en la cárcel de Devoto como consecuencia de la aplicación de los edictos policiales. Estas experiencias formaron parte de las condiciones de vida impuestas a una generación de mujeres trans, que desarrolló estrategias de supervivencia y fortaleció redes comunitarias frente a la exclusión social y la persecución estatal.
A lo largo de su trayectoria desempeñó diversas actividades laborales. Se formó como cocinera y trabajó en restaurantes de la Ciudad de Buenos Aires, donde asumió puestos de responsabilidad. También ejerció el trabajo sexual durante varios años, en un contexto de exclusión sistemática del mercado laboral formal para las personas trans. Más adelante desarrolló tareas de cuidado de niñas y niños en su hogar, convirtiéndose en una referente reconocida por familias de su comunidad.
La vida afectiva y familiar ocupó un lugar central en su trayectoria. Tras un primer matrimonio, compartió diecisiete años de vida con quien considera su compañero de vida hasta el fallecimiento de este. Junto a él asumió la crianza de Cristian Javier, sobrino de su pareja, quien posteriormente quedó bajo su tutela legal. Asimismo, sostuvo vínculos de cuidado con sobrinos, sobrinas, nietas y nietos, consolidando una extensa red familiar y afectiva.
La sanción de la Ley de Identidad de Género significó para Alejandra el acceso al reconocimiento legal de su identidad, poniendo fin a años de obstáculos y situaciones de discriminación en el ejercicio de derechos. Eligió el nombre Alejandra Analía como homenaje a dos de sus sobrinas. En los últimos años recibió reconocimientos por su trayectoria y por su aporte a la comunidad trans, participando en iniciativas impulsadas por el municipio de Avellaneda dirigidas a visibilizar las experiencias de las personas trans mayores.
Actualmente se desempeña como promotora de salud en el sistema público de Avellaneda, donde acompaña a personas trans y de la diversidad sexual en el acceso a derechos y al sistema sanitario. Continúa participando de espacios comunitarios y sosteniendo los vínculos construidos durante décadas con otras mujeres trans, contribuyendo a preservar la memoria colectiva y las redes de cuidado de su comunidad.

Kouka García

  • KG01
  • Person
  • 29/05/1954 - Actualidad

Nació en Esperanza, Santa Fe, el 29/05/1954. Se exilió en la década de 1980 en París, Francia, donde continúa viviendo.
Llegó allí como trabajadora sexual y posteriormente comenzó a militar por derechos de las personas trans migrantes argentinas. Es fundadora y coordinadora en Pari-T, organización que trabaja en la prevención del VIH y enfermedades de transmisión sexual con la población de trabajadoras sexuales de los bosques. Pari-T también trabaja para capacitar a las mujeres trans para otros trabajos.

Marcela Navarro

  • MN01
  • Person
  • 09/07/1968 - Actualidad

Lara Marcela Navarro nació el 9 de Julio de 1968 en el Hospital Castex, en el partido de General San Martín, provincia de Buenos Aires. Es hija de Enrique Laurindo Navarro y Elsa Malvina Díaz, y creció en una familia numerosa de fuerte identidad peronista y activa participación política. Pasó sus primeros años en Billinghurst y luego se trasladó junto a su familia a José C. Paz, donde se establecieron definitivamente. Tiene ocho hermanos, uno de ellos desaparecido.

Desde la infancia comenzó a percibirse distinta de lo esperado para el género asignado al nacer. A los seis años ya manifestaba atracción por la ropa femenina y el deseo de vincularse principalmente con niñas. Cursó sus estudios primarios en el Instituto San Pedro, una escuela privada católica, donde sus expresiones de feminidad generaron rechazo y preocupación institucional. Fue sometida allí a tratamientos psicológicos orientados a corregir su identidad y orientación, mientras a su madre le decían que padecía una enfermedad mental. Hacia los trece años, sus padres comprendieron que esas prácticas no cambiarían su realidad y exigieron que cesaran.

Durante la niñez y la preadolescencia atravesó sentimientos de tristeza, depresión y opresión por la condena social hacia su identidad. Buscó refugio en la espiritualidad y acudió a la Iglesia para consultar si Dios podía aceptarla tal como era, pero fue rechazada por el sacerdote del colegio, quien la expulsó y no le permitió regresar. Años más tarde, ya cerca de los dieciocho años, encontró otro camino espiritual al ser invitada por una compañera trans conocida como “Pipi” a un templo afrobrasileño en José C. Paz. Allí conoció un espacio diverso y acogedor, frecuentado por personas gays, lesbianas, travestis y afrodescendientes. Continuó participando en esa comunidad religiosa y, desde 1999, es May de Santos (Iyalorixá), desempeñándose como guía espiritual de personas allegadas a su templo.

Durante la adolescencia inició su transición con el apoyo de su madre. Ante la ausencia de información pública sobre identidades trans, buscó orientación en compañeras mayores de su barrio. En 1985, siendo muy joven, comenzó a ejercer el trabajo sexual como forma de subsistencia y búsqueda de independencia económica. Con ayuda de una compañera llamada Patricia aprendió a cuidarse, defenderse y manejar dinero. También logró ahorrar durante un tiempo para realizarse colocaciones informales de silicona, práctica común y riesgosa en aquella época ante la falta de acceso a la salud. Poco después dejó la casa familiar tras conflictos con su padre vinculados a sus horarios, la vida nocturna y su necesidad de autonomía, y pasó a convivir con otras compañeras trans.

Su juventud estuvo marcada por la persecución policial sistemática. Fue detenida por primera vez siendo menor de edad, incluso mientras hacía compras cerca de su casa. Luego sufrió reiteradas detenciones por aplicación de los edictos policiales, especialmente el artículo 92, que castigaba vestir ropa “contraria al sexo”, y el artículo 68, utilizado para criminalizar el ejercicio o la supuesta sospecha de prostitución. Muchas veces bastaba esperar un colectivo para ser arrestada. También padeció golpes, hostigamientos y largos encierros, experiencias que la marcaron profundamente y despertaron en ella una temprana conciencia política.

A pesar de ese contexto, desarrolló una fuerte disciplina económica. Ahorró dinero, compró dólares, abrió cuentas bancarias e invirtió en terrenos en José C. Paz y General Rodríguez. Construyó su propia casa y realizó pequeñas inversiones pensando en el futuro. También viajó a Uruguay y Brasil para trabajar y alejarse por períodos de la violencia local. Aunque muchas compañeras emigraron a Europa, decidió permanecer en la Argentina convencida de que la situación algún día cambiaría.

En su vida afectiva, alrededor de los veinte años conoció a Miguel, un hombre cisgénero con quien mantuvo una relación de aproximadamente quince años. Convivieron y formaron hogar, siendo además aceptada por la familia de él. Tras esa separación mantuvo otra relación extensa con una pareja llamada Juan, también de alrededor de quince años.

Hacia fines de la década de 1990 comenzó a involucrarse activamente en la militancia por los derechos de las personas trans, impulsada por la muerte y desaparición de muchas compañeras víctimas de la violencia institucional. En 1998 empezó a participar en reclamos por la derogación de los edictos policiales y por el derecho a una vida digna. Más adelante trabajó en la zona de Chacarita, en la ciudad de Buenos Aires, donde conoció a referentes históricas como Lohana Berkins y Diana Sacayán. Recuerda especialmente las recorridas territoriales de Sacayán repartiendo preservativos, convocando reuniones y promoviendo la organización comunitaria.

Desde el año 2000 milita en la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA). Ese mismo año comenzó a impulsar en José C. Paz políticas de inclusión laboral para personas trans, reclamo que más adelante logró avances con apoyo de sectores del Concejo Deliberante local. También se formó como promotora de salud junto a ATTTA y la Fundación Huésped, desempeñándose en tareas de prevención y acompañamiento comunitario.

Durante la pandemia reforzó su militancia territorial, participando en redes de asistencia alimentaria y sanitaria para compañeras en situación de vulnerabilidad. En los últimos años retomó además sus estudios secundarios en la Casa Trans, una deuda pendiente desde la adolescencia.

Desde el 15 de diciembre de 2023 trabaja en el Archivo de la Memoria Trans Argentina, espacio que considera propio y desde el cual busca preservar las historias de quienes resistieron antes que su generación. Se define orgullosa de José C. Paz, de su recorrido y de pertenecer a una generación pionera que luchó cuando aún no existían derechos reconocidos.


Marcela Navarro was born on July 9, 1968, at Hospital Castex in the district of General San Martín, Buenos Aires Province, Argentina. She is the daughter of Enrique Laurindo Navarro and Elsa Malvina Díaz, and grew up in a large family with a strong Peronist identity and active political participation. She spent her early childhood in Billinghurst and later moved with her family to José C. Paz, where they settled permanently. She has eight siblings, one of whom was disappeared.

From childhood, she began to perceive herself as different from what was expected of the gender assigned to her at birth. At six years old, she was already drawn to feminine clothing and wanted primarily to socialize with girls. She attended primary school at Instituto San Pedro, a private Catholic school, where her feminine expressions generated rejection and institutional concern. She was subjected there to psychological treatments intended to correct her identity and orientation, while her mother was told that her daughter suffered from a mental illness. Around the age of thirteen, her parents understood that these practices would not change her reality and demanded that they stop.

During childhood and early adolescence, she experienced sadness, depression, and oppression because of the social condemnation of her identity. She sought refuge in spirituality and turned to the Church, asking whether God could accept her as she was, but she was rejected by the school priest, who expelled her and did not allow her to return. Years later, around the age of eighteen, she found another spiritual path when a trans friend known as “Pipi” invited her to an Afro-Brazilian temple in José C. Paz. There she encountered a welcoming and diverse space frequented by gay, lesbian, travesti, and Afro-descendant people. She continued participating in that religious community and, since 1999, has been a May de Santos (Iyalorixá), serving as a spiritual guide to people connected to her temple.

During adolescence, she began her transition with the support of her mother. In the absence of public information about trans identities, she sought guidance from older trans women in her neighborhood. In 1985, while still very young, she began sex work as a means of survival and economic independence. With the help of a friend named Patricia, she learned how to protect herself, defend herself, and manage money. She also saved enough to undergo informal silicone injections, a common and dangerous practice at the time due to lack of access to healthcare. Soon afterward, she left the family home following conflicts with her father related to her schedule, nightlife, and desire for autonomy, and moved in with other trans women.

Her youth was marked by systematic police persecution. She was first detained while still a minor, even while shopping near her home. She later endured repeated arrests under police edicts, especially Article 92, which punished wearing clothing “contrary to one’s sex,” and Article 68, used to criminalize sex work or even the suspicion of it. At times, simply waiting for a bus was enough to be arrested. She also suffered beatings, harassment, and long periods of confinement, experiences that deeply marked her and awakened an early political consciousness.

Despite this context, she developed strong financial discipline. She saved money, bought U.S. dollars, opened bank accounts, and invested in land in José C. Paz and General Rodríguez. She built her own home and made small investments with the future in mind. She also traveled to Uruguay and Brazil to work and temporarily escape local violence. Although many of her peers emigrated to Europe, she chose to remain in Argentina, convinced that one day things would change.

In her personal life, around the age of twenty she met Miguel, a cisgender man with whom she maintained a relationship for approximately fifteen years. They lived together and built a home, and she was accepted by his family. After that separation, she had another long-term relationship with a partner named Juan, lasting around fifteen years as well.

Toward the end of the 1990s, she became actively involved in the struggle for trans rights, driven by the deaths and disappearances of many friends who were victims of institutional violence. In 1998, she began participating in campaigns to repeal the police edicts and demand the right to live with dignity. Later, while working in Chacarita in the city of Buenos Aires, she met historic activists such as Lohana Berkins and Diana Sacayán. She especially remembers Sacayán’s street outreach work distributing condoms, calling meetings, and encouraging community organization.

Since 2000, she has been active in the Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA). That same year, she began advocating in José C. Paz for employment inclusion policies for trans people, efforts that later achieved progress with the support of members of the local council. She also trained as a health promoter alongside ATTTA and Fundación Huésped, carrying out prevention and community support work.

During the pandemic, she intensified her grassroots activism, participating in food and health assistance networks for trans women in vulnerable situations. In recent years, she also resumed her secondary education at Casa Trans, fulfilling a long-standing unfinished goal from adolescence.

Since December 15, 2023, she has worked at the Archivo de la Memoria Trans Argentina, a space she considers her own and through which she seeks to preserve the stories of those who resisted before her generation. She defines herself as proud of José C. Paz, of her life journey, and of belonging to a pioneering generation that fought when rights had not yet been recognized.

Gina Vivanco

  • GV01
  • Person
  • 02/07/1958- 1991

Gina Vivanco nació el 2 de Julio de 1958 en Rosario, Santa Fe.
En su juventud vivió en la pensión Real de Rosario, donde conoció a Carmen Marcial Ibarra y se hicieron amigas. Posteriormente se estableció en Buenos Aires.
Fue trabajadora sexual. Trabajaba en Zona Sur, en el “Camino de cintura”.
Hacia 1982 vivió en Tigre con Carla Pericles.
Con su trabajo compró un terreno muy grande, en Reconquista y Paso de la Patria, en Florencio Varela, Provincia de Buenos Aires, donde también le hizo una casa a su madre. Aproximadamente en 1987 viajó a Italia donde ejerció el trabajo sexual.
En una de sus vueltas a Argentina, en 1991, murió asesinada por la Policía Bonaerense en Quilmes, provincia de Buenos Aires.

Andrea María Herrera

  • AH01
  • Person
  • 1973 - presente

Andrea María Herrera nació en Quilmes, provincia de Buenos Aires, alrededor de 1973. Fue criada en Quilmes Oeste y San Francisco Solano por su tío y su esposa, quienes la adoptaron cuando era bebé debido a los problemas de alcoholismo que atravesaba su madre biológica. Creció junto a sus hermanos adoptivos en una infancia que recuerda como feliz y afectuosa, aunque desde muy pequeña comenzó a percibir que su identidad y sus deseos no coincidían con las expectativas masculinas que le imponía su entorno. Desde los siete u ocho años prefería los juegos, la ropa y las actividades asociadas a lo femenino, y ya entonces imaginaba para sí una vida como mujer.
Durante la adolescencia vivió una profunda tensión entre su identidad y la necesidad de aparentar una masculinidad que no sentía propia. A los 16 o 17 años comenzó a tomar anticonceptivos como forma de feminizar su cuerpo, guiada por otras mujeres trans y travestis de su barrio. La cercanía de la Ruta Camino General Belgrano, donde conoció a figuras fundamentales como Daniela “La Sirena”, le permitió entrar en contacto con una comunidad que le ofreció referencias, contención y herramientas para comprender quién era. Tras la muerte de su madre adoptiva, cuando tenía alrededor de veinte años, inició abiertamente su transición y poco después fue expulsada de su hogar por sus hermanos debido a su identidad de género. Durante varios años vivió en casas prestadas y compartidas mientras comenzaba a trabajar en la Ruta Camino General Belgrano, donde sería conocida durante mucho tiempo por el nombre de Brisa.
Durante más de una década trabajó en la calle y atravesó algunas de las experiencias más duras que marcaron la vida de muchas travestis y mujeres trans de su generación. Fue detenida en innumerables oportunidades bajo figuras contravencionales que criminalizaban la expresión de género, pasó por numerosas comisarías del sur del conurbano bonaerense y sufrió violencia policial, persecuciones, razzias y condiciones de detención extremadamente precarias. También enfrentó agresiones de clientes, situaciones de pobreza, consumo problemático de alcohol y otras sustancias, y conflictos dentro de la propia comunidad travesti vinculados a la disputa por los espacios de trabajo. Paralelamente, comenzó a realizar intervenciones corporales con silicona líquida industrial en rostro, pechos, caderas, glúteos y piernas, prácticas muy extendidas en aquellos años debido a la falta de acceso a tratamientos médicos seguros.
A lo largo de su juventud también trabajó durante aproximadamente dos años y medio en Mar del Plata, especialmente en la zona de la avenida Luro, experiencia que recuerda como una etapa de aprendizaje y crecimiento personal. Participó además en corsos y comparsas de localidades como José Mármol y Burzaco, espacios que recuerda como momentos excepcionales de libertad y expresión en una época marcada por la persecución policial.
Con el paso de los años decidió alejarse progresivamente de la calle. Terminó sus estudios secundarios, se formó como acompañante terapéutica y cuidadora domiciliaria, y comenzó a trabajar en geriatría. Paralelamente inició una búsqueda de reconciliación con su familia biológica. Impulsada por amigas cercanas, viajó a Alejandro Roca, provincia de Córdoba, donde conoció personalmente a su madre biológica y a sus hermanos. Aunque el reencuentro fue inicialmente difícil, con el tiempo logró construir vínculos afectivos duraderos y ser reconocida por su madre como hija.
La sanción de la Ley de Identidad de Género en 2012 representó un momento fundamental en su vida. Fue entonces cuando dejó atrás el nombre de Brisa y adoptó legalmente el nombre de Andrea María Herrera: Andrea como adaptación de su nombre de nacimiento y María en homenaje a su madre adoptiva. Además de su trayectoria personal, participó activamente en espacios de militancia junto a organizaciones como ATTA y referentes históricas como Marcela Romero y Silvana Sosa, acompañando reclamos por los derechos de las personas travestis y trans, incluida la lucha por la Ley de Identidad de Género y otras conquistas del colectivo.
En 2017 inició una relación con Gabriel, su actual compañero de vida, a quien conoció a través de redes sociales y amistades en común. Desde entonces construyen una vida compartida atravesada por el afecto y la resistencia frente a las distintas formas de discriminación que ambos experimentaron. Andrea también ocupa un lugar importante dentro de su familia ampliada: es madrina de su sobrina Milagros, un vínculo que considera uno de los recuerdos más felices y significativos de su vida.
En el presente vive en San Francisco Solano junto a sus cinco perros, alejada de la calle y dedicada al cuidado de otras personas. Se define como una mujer generosa, comprometida con su comunidad y siempre dispuesta a acompañar a las nuevas generaciones. Su historia reúne muchas de las experiencias que atravesaron las mujeres travestis y trans argentinas de su generación: la expulsión familiar, la vida en la calle, la persecución policial, la construcción de redes afectivas, la militancia por los derechos humanos y la búsqueda persistente de una vida digna y reconocida en sus propios términos.

Results 1 to 10 of 23