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Registro de autoridad
Archivo De La Memoria Trans

Adriana Cuello

  • AC01
  • Persona
  • 10/05/1966

Adriana Cuello nació el 10 de Mayo de 1966 Famaillá, Tucumán.
Hija de una familia de 8 hermanes.

A los 11 años, en plena dictadura, se enteró que la casa donde vivía con su mamá estaba hipotecada y no tenían plata para pagarla.
Movilizada por esta necesidad económica comenzó a ejercer el trabajo sexual, con su amiga Marcela. Se fué de Tucuman a los 14 años y no volvió más. Pasó por Buenos Aires un tiempo y debido a la represión policial empozó a estudiar baile y recorrer todos los cabarets del sur del país.

Sufrió abuso de poder. Vivió muchos momentos presa y golpeada debido a los edictos policiales de la época en varias provincias.
A su amiga Marcela la asesinó la Policía en la ruta 38. Después de esta muerte migró a Buenos Aires y trabajó en la Panamericana.
Una noche, a los 17 años, mientras trabajaba como prostituta en la Autopista Panamericana les dijo a sus compañeras que se iría a donde la lleve el próximo camión que pase. El primer camión que paró se dirigía hacia Neuquén y desde entonces vive allí. En Neuquén conoció a Carolina A. Figueredo, Daniela Chavez, “La Cheli”, “La Heidi”, Katty Villagra, Jessica Sandoval, “La Negrita”, “La cocó”, Soledad Freire, Gabriela Retamal “La Tortuguita”, Marité, Laura Chandía, “La Brandy”, “La Pinky (cordobesa)”, y más.

Por problemas con proxenetas, tuvo que irse temporalmente de Neuquén, a sus 20 años. Entonces recorrió el sur de Argentina.
En 1993 volvió a Neuquén y a hoy día vive en Costa Limay: el primer complejo habitacional para personas trans del mundo creado e impulsado por Mónica Astorga, con su pareja y su perro.

Fue tía de Gala Estefanía Perea, víctima de travesticidio a los 19 años.


Adriana Cuello was born on May 10, 1966, in Famaillá, Tucumán.
She was one of eight siblings.

At age 11, during the dictatorship, she learned that the house where she lived with her mother was mortgaged and they didn't have the money to pay it off. Driven by this financial need, she began working as a sex worker with her friend Marcela.

She left Tucumán at age 14 and never returned. She suffered abuse of power and was imprisoned and beaten many times due to the police edicts of the time in several provinces.
Her friend Marcela was murdered by the police on Route 38. After Marcela's death, she migrated to Buenos Aires and worked on the Panamericana Highway.
One night, at 17, while working as a prostitute on the Panamericana Highway, she told her colleagues she would go wherever the next passing truck took her. The first truck that stopped was headed to Neuquén, and she has lived there ever since. In Neuquén, she met Carolina A. Figueredo, Daniela Chavez, “La Cheli,” “La Heidi,” Katty Villagra, Jessica Sandoval, “La Negrita,” “La Cocó,” Soledad Freire, Gabriela Retamal “La Tortuguita,” Marité, Laura Chandía, “La Brandy,” “La Pinky (from Córdoba),” and others.

Due to problems with pimps, she had to leave Neuquén temporarily at age 20. She spent some time in Buenos Aires, and due to police repression, she began studying dance and performing in cabarets throughout southern Argentina. In 1993, she returned to Neuquén and today lives with her partner and their dog in Costa Limay : the world's first housing complex for transgender people, created and promoted by Mónica Astorga,

She was the aunt of Gala Estefanía Perea, a victim of transvesticide at the age of 19.

Adriana Orus

  • AO01
  • Persona
  • 1968 - presente

Adriana Orus nació el 5 de agosto de 1968 en la Ciudad de Buenos Aires, en el seno de una familia de clase media integrada por un padre médico, una madre trabajadora del sistema hospitalario y sus hermanos, en el contexto de una familia ensamblada. Cursó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio Benito Nazar durante los años de la última dictadura militar. Desde la infancia expresó una identidad de género femenina, situación que dio lugar a experiencias de hostigamiento y discriminación por parte de compañeros y docentes. Durante la adolescencia reconoció su atracción hacia otros varones y encontró en la música, el piano, la costura y el bordado espacios de expresión y desarrollo personal.
Al finalizar la escuela secundaria inició estudios de Medicina y Radiología, en consonancia con las expectativas familiares, y se formó como técnica radióloga en el Hospital María Curie. Paralelamente estudió modelaje y, al cumplir la mayoría de edad, comenzó a frecuentar espacios de sociabilidad gay de la Ciudad de Buenos Aires, donde conoció el transformismo, la Iglesia Metropolitana y una comunidad que acompañó su proceso de construcción identitaria. Hacia los 19 años decidió independizarse e iniciar su transición de género.
Durante las décadas de 1980 y 1990 atravesó reiteradas detenciones policiales, persecución y otras formas de violencia institucional vinculadas a la aplicación de los edictos policiales que criminalizaban las identidades travestis y trans. En ese contexto desarrolló distintas estrategias de subsistencia, entre ellas el trabajo como transformista, el trabajo en departamentos privados y el trabajo sexual, actividades que le permitieron sostener económicamente su transición y acceder a una mayor autonomía. En esos años conoció a Johana, una de sus primeras referentes trans, e inició tratamientos hormonales y aplicaciones de silicona, prácticas extendidas dentro de la comunidad trans de la época. También participó de los corsos de carnaval como espacios de encuentro y cuidado colectivo, mientras desarrolló una trayectoria en el diseño y confección de vestuario, elaborando sus propias creaciones y trabajando junto al diseñador José Luis Ferrando en producciones teatrales y televisivas. Asimismo, acompañó las primeras acciones colectivas por los derechos de las personas trans y participó en manifestaciones por la derogación de los edictos policiales junto a referentes del movimiento.
Tras el fallecimiento de su madre, a fines de 1999, se radicó en Moreno, donde construyó su vivienda y desarrolló un emprendimiento de costura y bordado que con el tiempo se consolidó como una pequeña empresa generadora de empleo para habitantes de la zona. Posteriormente trasladó parte de su actividad a Paraguay durante dos años, experiencia que amplió su formación en el oficio, antes de regresar de manera definitiva a la Argentina. Con la sanción de la Ley de Identidad de Género regularizó su documentación, hecho que reconoce como un hito en el acceso a derechos para las personas trans. En la actualidad continúa al frente de su taller textil, permanece vinculada a espacios comunitarios de la diversidad y comparte su vida con su pareja, un hombre trans, y la hija de él, con quienes conformó una familia.

Adriana Orus was born on August 5, 1968, in the City of Buenos Aires, into a middle-class family consisting of a physician father, a mother who worked in the hospital system, and her siblings, within the context of a blended family. She attended primary and secondary school at Colegio Benito Nazar during the years of the last military dictatorship. From childhood, she expressed a female gender identity, a situation that led to experiences of harassment and discrimination by classmates and teachers. During adolescence, she recognized her attraction to other men and found in music, the piano, sewing, and embroidery spaces for self-expression and personal development.

After completing secondary school, she began studying Medicine and Radiology, in accordance with her family's expectations, and trained as a radiology technician at Hospital María Curie. At the same time, she studied modeling and, upon reaching adulthood, began frequenting gay social spaces in the City of Buenos Aires, where she discovered transformism, the Metropolitan Community Church, and a community that supported her process of identity construction. At around the age of 19, she decided to become independent and begin her gender transition.

During the 1980s and 1990s, she experienced repeated police detentions, persecution, and other forms of institutional violence associated with the enforcement of police edicts that criminalized travesti and trans identities. In this context, she developed various survival strategies, including working as a transformist, working in private apartments, and engaging in sex work. These activities enabled her to financially sustain her transition and achieve greater autonomy. During those years, she met Johana, one of her first trans role models, and began hormone treatments and silicone injections, practices that were widespread within the trans community at the time. She also participated in carnival parades as spaces for community gathering and collective care, while developing a career in costume design and production, creating her own designs and working alongside designer José Luis Ferrando in theatrical and television productions. She also supported the first collective actions for the rights of trans people and participated in demonstrations calling for the repeal of the police edicts alongside prominent figures of the movement.

Following the death of her mother, at the end of 1999, she settled in Moreno, where she built her home and established a sewing and embroidery business that eventually became a small company providing employment for local residents. She later moved part of her activity to Paraguay for two years, an experience that broadened her professional training in the trade, before permanently returning to Argentina. With the enactment of the Gender Identity Law, she regularized her documentation, an event she recognizes as a milestone in access to rights for trans people. Today, she continues to run her textile workshop, remains connected to community spaces within the diversity movement, and shares her life with her partner, a trans man, and his daughter, with whom she has formed a family.

Aldana Gabriela Chocobar

  • GC01
  • Persona
  • 1963

Aldana nació el 9 de noviembre de 1963 en la provincia de Tucumán, hija de Elvira Muñoz Chocobar y Juan Pedro Chococar. Durante su infancia vivió un período que recuerda como feliz, hasta que, a los 13 años, inició su transición de género. A los 14 años decidió alejarse de su hogar familiar debido a situaciones de maltrato y a la incomprensión de sus padres, y se trasladó a la provincia de Catamarca. Allí atravesó su adolescencia alejada de su familia de origen, en un contexto que le permitió desarrollar su vida de acuerdo con su identidad.

A los 17 años se trasladó a Buenos Aires. Su llegada a la ciudad estuvo atravesada por experiencias de violencia institucional y social, incluyendo detenciones, maltrato y situaciones de abuso por parte de la policía y de distintos actores de la sociedad. En un contexto histórico caracterizado por la persecución y la criminalización de las identidades travestis y trans, recurrió al trabajo sexual como estrategia de subsistencia.

Durante las décadas siguientes sostuvo su trayectoria en ese ámbito hasta que, a los 47 años, dejó de ejercer el trabajo sexual. En ese período conoció a quien posteriormente sería su pareja, vínculo que acompañó su salida de esa actividad y el inicio de una nueva etapa de su vida. A partir de entonces pudo desarrollar otros proyectos personales y familiares.

Con el tiempo construyó su propia vivienda y puso en marcha un emprendimiento familiar, consolidando un espacio de autonomía y trabajo. En la actualidad continúa al frente de este proyecto y se reconoce plenamente realizada como mujer trans. Su trayectoria da cuenta de un recorrido atravesado por la construcción de su identidad, el alejamiento temprano de su familia de origen, las experiencias de violencia y exclusión sufridas en Buenos Aires y, posteriormente, la conformación de nuevos vínculos, proyectos y espacios de autonomía.

Aldana was born on November 9, 1963, in the province of Tucumán, the daughter of Elvira Muñoz Chocobar and Juan Pedro Chococar. She had a happy childhood until the age of 13, when she began her gender transition. At 14, she decided to leave her family home due to situations of abuse and her parents’ lack of understanding, and moved to the province of Catamarca. There, she spent her adolescence away from her biological family, in a context that allowed her to live according to her identity.

At the age of 17, she moved to Buenos Aires. Her arrival in the city was marked by experiences of institutional and social violence, including detention, mistreatment, and situations of abuse by the police and different sectors of society. In a historical context characterized by the persecution and criminalization of travesti and trans identities, she turned to sex work as a means of subsistence.

She continued working in this field for several decades until, at the age of 47, she left sex work. During this period, she met the person who would later become her partner, a relationship that supported her departure from sex work and the beginning of a new stage in her life. From then on, she was able to develop new personal and family projects.

Over time, she built her own home and established a family business, creating a space of autonomy and work. Today, she continues to run this project and considers herself fully fulfilled as a trans woman. Her trajectory reflects a life shaped by the construction of her identity, her early departure from her family of origin, experiences of violence and exclusion in Buenos Aires, and, later, the formation of new relationships, projects, and spaces of autonomy.

Alejandra Analía Carmona

  • AC02
  • Persona
  • 1956 - presente

Alejandra Analía Carmona nació el 28 de febrero de 1956. Creció en Avellaneda, provincia de Buenos Aires, en el seno de una familia trabajadora que acompañó desde temprano su identidad de género. Durante su infancia y adolescencia construyó vínculos con otras personas travestis y trans de su barrio, conformando redes de amistad y cuidado que perduraron a lo largo de su vida. En esos años encontró en los carnavales y las comparsas un espacio de encuentro, sociabilidad y expresión, donde pudo participar de desfiles y compartir experiencias con otras compañeras.
Su juventud transcurrió en un contexto de criminalización de las identidades travestis y trans. Durante la última dictadura cívico-militar y los años posteriores fue víctima de reiteradas detenciones arbitrarias, hostigamiento policial y violencia institucional, atravesando numerosas permanencias en comisarías y en la cárcel de Devoto como consecuencia de la aplicación de los edictos policiales. Estas experiencias formaron parte de las condiciones de vida impuestas a una generación de mujeres trans, que desarrolló estrategias de supervivencia y fortaleció redes comunitarias frente a la exclusión social y la persecución estatal.
A lo largo de su trayectoria desempeñó diversas actividades laborales. Se formó como cocinera y trabajó en restaurantes de la Ciudad de Buenos Aires, donde asumió puestos de responsabilidad. También ejerció el trabajo sexual durante varios años, en un contexto de exclusión sistemática del mercado laboral formal para las personas trans. Más adelante desarrolló tareas de cuidado de niñas y niños en su hogar, convirtiéndose en una referente reconocida por familias de su comunidad.
La vida afectiva y familiar ocupó un lugar central en su trayectoria. Tras un primer matrimonio, compartió diecisiete años de vida con quien considera su compañero de vida hasta el fallecimiento de este. Junto a él asumió la crianza de Cristian Javier, sobrino de su pareja, quien posteriormente quedó bajo su tutela legal. Asimismo, sostuvo vínculos de cuidado con sobrinos, sobrinas, nietas y nietos, consolidando una extensa red familiar y afectiva.
La sanción de la Ley de Identidad de Género significó para Alejandra el acceso al reconocimiento legal de su identidad, poniendo fin a años de obstáculos y situaciones de discriminación en el ejercicio de derechos. Eligió el nombre Alejandra Analía como homenaje a dos de sus sobrinas. En los últimos años recibió reconocimientos por su trayectoria y por su aporte a la comunidad trans, participando en iniciativas impulsadas por el municipio de Avellaneda dirigidas a visibilizar las experiencias de las personas trans mayores.
Actualmente se desempeña como promotora de salud en el sistema público de Avellaneda, donde acompaña a personas trans y de la diversidad sexual en el acceso a derechos y al sistema sanitario. Continúa participando de espacios comunitarios y sosteniendo los vínculos construidos durante décadas con otras mujeres trans, contribuyendo a preservar la memoria colectiva y las redes de cuidado de su comunidad.

Alejandra Analía Carmona was born on February 28, 1956. She grew up in Avellaneda, in the province of Buenos Aires, in a working-class family that supported her gender identity from an early age. During her childhood and adolescence, she formed bonds with other travesti and trans people in her neighborhood, building networks of friendship and mutual care that endured throughout her life. During those years, she found in carnivals and comparsas a space for connection, social interaction, and self-expression, where she participated in parades and shared experiences with other compañeras.

Her youth unfolded in a context in which travesti and trans identities were criminalized. During the last civic-military dictatorship and the years that followed, she was subjected to repeated arbitrary arrests, police harassment, and institutional violence. She spent numerous periods in police stations and in Devoto Prison as a result of the enforcement of police edicts. These experiences were part of the living conditions imposed on a generation of trans women, who developed survival strategies and strengthened community networks in response to social exclusion and state persecution.

Throughout her life, she engaged in a variety of occupations. She trained as a cook and worked in restaurants in the City of Buenos Aires, where she held positions of responsibility. She also engaged in sex work for several years, within a context of systematic exclusion of trans people from the formal labor market. Later, she provided childcare in her home, becoming a trusted and respected figure among families in her community.

Her emotional and family life played a central role in her life trajectory. Following a first marriage, she spent seventeen years with the person she considers to have been her life partner, remaining by his side until his death. Together, they took on the upbringing of Cristian Javier, her partner's nephew, who later came under her legal guardianship. She also maintained strong bonds of care with her nephews, nieces, granddaughters, and grandsons, consolidating an extensive network of family and emotional ties.

The enactment of the Gender Identity Law enabled Alejandra to obtain legal recognition of her identity, bringing an end to years of obstacles and discrimination in the exercise of her rights. She chose the name Alejandra Analía as a tribute to two of her nieces. In recent years, she has received recognition for her life trajectory and her contributions to the trans community, participating in initiatives promoted by the Municipality of Avellaneda aimed at making visible the experiences of older trans people.

She currently works as a community health promoter within Avellaneda's public healthcare system, supporting trans people and people from the sexual diversity community in accessing their rights and healthcare services. She continues to participate in community spaces and to maintain the relationships she has built over decades with other trans women, contributing to the preservation of collective memory and the networks of care within her community.

Alessandra Bavino

  • AB01
  • Persona
  • 1966 - presente

Alessandra Bavino nació el 12 de octubre de 1966 en el Hospital Argerich de la Ciudad de Buenos Aires. Creció entre Villa Tranquila y Dock Sud, en el partido de Avellaneda, dentro de una familia numerosa, criada principalmente por su madre, su abuela Porota y dos tíxs. Entre las personas más significativas de su trayectoria se encuentra su hermano trans, Lucito, asesinado mientras defendía a una compañera de la comunidad, cuyo recuerdo permanece ligado a su compromiso con la defensa de los derechos de las personas travestis y trans.

Desde la infancia manifestó una identidad y expresión de género femenina. Encontró en el dibujo, las manualidades, la actuación y otras actividades artísticas espacios de expresión y desarrollo personal. Durante su escolaridad atravesó situaciones de discriminación y hostigamiento vinculadas a su identidad de género. En ese período, un psicólogo al que fue derivada por recomendación de docentes señaló a su madre que no existía ninguna condición que debiera corregirse y recomendó respetar su identidad.

Durante la adolescencia trabajó para contribuir al sostenimiento económico de su familia mientras cursaba la escuela secundaria. Entre los 13 y los 15 años comenzó a vincularse con otras jóvenes travestis y trans en los alrededores de las estaciones de Constitución y Lanús, donde consolidó su identidad y comenzó a utilizar el nombre Alejandra. En ese mismo contexto sufrió sus primeras detenciones policiales bajo los edictos que criminalizaban la expresión de género de las personas travestis y trans. A lo largo de su juventud fue detenida en reiteradas oportunidades y atravesó situaciones de violencia institucional y condiciones precarias de detención. Paralelamente, construyó redes de apoyo dentro de la comunidad travesti y mantuvo un vínculo cercano con su familia de origen, que constituyó un importante sostén afectivo.

Realizó estudios de enfermería auxiliar en la Cruz Roja en 1993, formación que orientó posteriormente su participación en iniciativas vinculadas al acceso de las personas trans a la salud integral. Integró la Cooperativa Nadia Echazú, impulsada por Lohana Berkins, y actualmente forma parte de la Cooperativa Arte Trans, de la que es socia fundadora. Asimismo, conduce un programa dedicado al arte y la diversidad en la radio pública de Avellaneda.

La sanción de la Ley de Identidad de Género en 2012 representó un punto de inflexión para su generación, tras décadas de persecución, criminalización y exclusión. Desde entonces continúa participando en acciones orientadas a la ampliación de derechos, la promoción de una reparación integral para las personas travestis y trans mayores y la preservación de la memoria colectiva mediante proyectos culturales y archivísticos.

Alessandra Bavino

Alessandra Bavino was born on October 12, 1966, at Argerich Hospital in the City of Buenos Aires. She grew up between Villa Tranquila and Dock Sud, in the district of Avellaneda, as part of a large family and was raised primarily by her mother, her grandmother Porota, and two aunts and uncles. Among the people who have been most significant throughout her life is her trans brother, Lucito, who was murdered while defending a fellow member of the community. His memory remains closely connected to Alessandra's commitment to defending the rights of travesti and trans people.

From childhood, she expressed a feminine gender identity and expression. She found in drawing, handicrafts, acting, and other artistic activities spaces for self-expression and personal development. During her years at school, she experienced discrimination and harassment related to her gender identity. During that period, a psychologist to whom she was referred at the recommendation of her teachers told her mother that there was no condition that needed to be corrected and recommended that her identity be respected.

During adolescence, she worked to contribute to her family's financial support while attending secondary school. Between the ages of 13 and 15, she began forming relationships with other young travesti and trans women in the areas surrounding Constitución and Lanús railway stations, where she consolidated her identity and began using the name Alejandra. In that same context, she experienced her first police arrests under the edicts that criminalized the gender expression of travesti and trans people. Throughout her youth, she was arrested on numerous occasions and experienced institutional violence and precarious conditions of detention. At the same time, she built support networks within the travesti community and maintained a close relationship with her family of origin, which provided important emotional support.

In 1993, she completed auxiliary nursing training at the Argentine Red Cross. This education later shaped her involvement in initiatives aimed at promoting trans people's access to comprehensive healthcare. She was a member of the Nadia Echazú Cooperative, founded at the initiative of Lohana Berkins, and is currently a founding member of the Arte Trans Cooperative. She also hosts a program dedicated to art and diversity on Avellaneda's public radio station.

The enactment of the Gender Identity Law in 2012 represented a turning point for her generation, following decades of persecution, criminalization, and exclusion. Since then, she has continued to participate in initiatives aimed at expanding rights, promoting comprehensive reparations for older travesti and trans people, and preserving collective memory through cultural and archival projects.

Alexandra Elizabeth Godoy

  • AG01
  • Persona
  • 1986 - presente

Elizabeth nació en la provincia de Entre Ríos. A los siete meses de edad, sus padres se trasladaron a la ciudad de Pergamino, donde transcurrió su infancia y adolescencia y realizó sus estudios primarios. Durante su escolaridad atravesó situaciones de discriminación por parte de sus compañeros, en un contexto en el que las identidades travestis y trans se encontraban expuestas a distintas formas de exclusión social.

A los 16 años decidió dejar Pergamino y trasladarse a la Ciudad de Buenos Aires debido a la persecución policial que experimentaba por ser una persona trans. Su llegada a la capital significó el inicio de una nueva etapa de su trayectoria vital, en la que pudo avanzar en su proceso de transición y construir su identidad de género en un contexto diferente al que había atravesado durante su adolescencia.

Luego de permanecer once años en la Ciudad de Buenos Aires, Elizabeth regresó a Pergamino. Con el paso del tiempo, pudo reconstruir sus vínculos familiares y conformar un entorno afectivo en el que su identidad es reconocida y aceptada. Actualmente mantiene una relación cercana con su familia, a la que describe como muy unida.

Elizabeth reside en su propia casa y continúa su vida en Pergamino, donde encuentra en sus vínculos familiares y en su hogar espacios de pertenencia y reconocimiento. Su trayectoria reúne experiencias de discriminación durante la infancia, persecución policial durante la adolescencia, el traslado a la Ciudad de Buenos Aires como estrategia frente a ese contexto y el posterior regreso a su ciudad de origen, dando cuenta de distintos momentos en la construcción de su identidad y de sus redes afectivas.

Elizabeth

Elizabeth was born in the province of Entre Ríos. When she was seven months old, her parents moved to the city of Pergamino, where she spent her childhood and adolescence and completed her primary education. During her school years, she experienced discrimination from her classmates, in a context in which travesti and trans identities were subject to various forms of social exclusion.

At the age of 16, she decided to leave Pergamino and move to the City of Buenos Aires due to the police persecution she experienced as a trans person. Her arrival in the capital marked the beginning of a new stage in her life, allowing her to move forward with her transition and develop her gender identity in a different context from the one she had experienced during her adolescence.

After spending eleven years in the City of Buenos Aires, Elizabeth returned to Pergamino. Over time, she was able to rebuild her family relationships and establish an emotional support network in which her identity is recognized and accepted. She currently maintains a close relationship with her family, which she describes as very close-knit.

Elizabeth lives in her own home and continues her life in Pergamino, where she finds a sense of belonging and recognition within her family relationships and her home. Her life trajectory encompasses experiences of discrimination during childhood, police persecution during adolescence, her move to the City of Buenos Aires as a strategy for coping with that context, and her subsequent return to her hometown. Her story reflects different stages in the construction of her gender identity and the development of her emotional and support networks.

Andrea Brigitte Gorosito

  • AG02
  • Persona
  • 1970 - 2005

Andrea Brigitte Gorosito, conocida como “Andrea de Fiorito”, nació el 27 de septiembre de 1970 en el Hospital Evita de Lanús, en la provincia de Buenos Aires. Creció en el conurbano bonaerense, en un entorno familiar en el que estableció vínculos significativos con sus hermanos, amistades del barrio y figuras cercanas como un primo con quien mantuvo una relación de confianza. Durante su infancia desarrolló un imaginario lúdico atravesado por la representación de personajes como la Mujer Maravilla, organizaba juegos en su casa y compartía tiempo en la vereda, donde practicaba patín. Su padre tuvo un rol activo en su crianza, transmitiéndole herramientas para desenvolverse en un contexto social que exigía formas de defensa.

Realizó sus estudios primarios en la Escuela N° 44 de Lomas de Zamora e inició el nivel secundario en la Escuela Torcuato Di Tella de Avellaneda, que no llegó a completar. Hacia los 16 o 17 años comenzó a afirmar su identidad de género. En el ámbito familiar sostenía una presentación acorde a las expectativas asignadas al nacer, mientras que en el espacio público expresaba su identidad elegida. Este proceso se desarrolló en diálogo con su entorno cercano y con referencias culturales como Brigitte Bardot y Madonna. Entre 1989 y 1990 residió en Uruguay, y posteriormente vivió en Brasil entre 1992 y 1997.

Durante su juventud inició tratamientos de hormonización y, posteriormente, intervenciones corporales en un contexto de acceso limitado a la salud para personas travestis y trans. A partir de mediados de la década de 1980 se vinculó al trabajo sexual en distintas zonas del conurbano bonaerense y la Ciudad de Buenos Aires. Esta actividad se desarrolló en un marco de persecución policial sistemática, que implicó detenciones reiteradas y circulación por comisarías de la provincia, en el contexto de normativas y prácticas que criminalizaban las identidades travestis y trans.

Además del trabajo sexual, realizó otras actividades laborales, entre ellas tareas en una panadería y trabajo como feriante. En el plano afectivo, mantuvo una relación de pareja significativa durante su juventud, con quien convivió durante un período.

A lo largo de su vida sostuvo vínculos cercanos con amistades y compañeras, configurando redes de sociabilidad y cuidado propias del colectivo travesti-trans. Su circulación por distintos territorios del conurbano y la ciudad, así como sus prácticas cotidianas, dan cuenta de formas de organización comunitaria y estrategias de supervivencia en contextos de exclusión.

Andrea Brigitte Gorosito falleció el 29 de septiembre de 2005. Su trayectoria permanece presente en la memoria de su entorno cercano a través de relatos, objetos y recuerdos que continúan reconstruyendo su vida y sus vínculos.

Andrea Brigitte Gorosito, known as “Andrea de Fiorito,” was born on September 27, 1970, at Evita Hospital in Lanús, in the province of Buenos Aires. She grew up in Greater Buenos Aires, in a family environment where she formed meaningful bonds with her siblings, neighborhood friends, and close figures such as a cousin with whom she maintained a relationship of trust. During her childhood, she developed a playful imagination shaped by her identification with characters such as Wonder Woman. She organized games at home and spent time outdoors with friends, roller-skating on the sidewalk. Her father played an active role in her upbringing, teaching her skills that would help her navigate a social environment that demanded forms of self-defense.

She attended Primary School No. 44 in Lomas de Zamora and began secondary school at Torcuato Di Tella School in Avellaneda, which she did not complete. Around the age of 16 or 17, she began to affirm her gender identity. Within her family, she maintained a presentation consistent with the expectations associated with the sex assigned to her at birth, while in public spaces she expressed her chosen identity. This process developed in dialogue with her immediate surroundings and with cultural references such as Brigitte Bardot and Madonna. Between 1989 and 1990, she lived in Uruguay, and later lived in Brazil from 1992 to 1997.

During her youth, she began hormone therapy and later underwent body modifications in a context of limited access to healthcare for travesti and trans people. From the mid-1980s onward, she became involved in sex work in different areas of Greater Buenos Aires and the City of Buenos Aires. This activity took place within a context of systematic police persecution, which involved repeated arrests and being taken to police stations throughout the province, amid regulations and practices that criminalized travesti and trans identities.

In addition to sex work, she engaged in other occupations, including working at a bakery and as a street-market vendor. In her personal life, she had a significant romantic relationship during her youth, with whom she lived for a period of time.

Throughout her life, she maintained close relationships with friends and compañeras, building networks of social connection and mutual care characteristic of the travesti-trans community. Her movement across different areas of Greater Buenos Aires and the city, as well as her everyday practices, reflects forms of community organization and survival strategies developed in contexts of exclusion.

Andrea Brigitte Gorosito died on September 29, 2005. Her life trajectory remains present in the memory of those close to her through stories, personal belongings, and memories that continue to reconstruct her life and relationships.

Andrea Luján Rodríguez

  • ALR01
  • Persona
  • 1973 - presente

Andrea Luján Rodríguez nació en 1973 en La Clotilde, provincia del Chaco. Creció en una familia atravesada por el machismo y la violencia. Desde muy pequeña sintió afinidad con lo femenino: jugaba con niñas, se depilaba las cejas y se vestía en secreto con ropa de mujer, situaciones que provocaron el rechazo de su padre, quien la sometió a golpizas y la llevó a una psiquiatra cuando cursaba tercer grado, a comienzos de los años 80. 
A los 14 o 15 años fue expulsada de su casa y enviada sola en tren desde Sáenz Peña hacia Buenos Aires, donde llegó a Retiro un 1° de mayo sin dinero ni pertenencias y vivió en situación de calle.

A mediados de los años 80 y comienzos de los 90 comenzó a integrarse a la comunidad travesti del sur del conurbano bonaerense, viviendo en casas de compañeras como Tamara y Alejandra “La Tía”, y trabajando en zonas como Camino de Cintura, Turdera, Pavón y Constitución. 
Durante esos años sufrió detenciones sistemáticas bajo los edictos policiales —especialmente por el artículo 2F y el 68—, pasando más de 150 veces por comisarías y calabozos de Llavallol, Temperley, Banfield y Lomas de Zamora; una de esas detenciones le dejó secuelas permanentes tras una golpiza policial que le fracturó un brazo. 


Trabajó durante dos años en la empresa Colgate Palmolive, donde realizaba tareas de limpieza y era conocida como “Pepona”, aunque renunció para continuar su transición. A lo largo de su vida participó activamente en comparsas del sur bonaerense como Los Kamikazes de Don Orione, Maracaná de Burzaco y Los Herederos de José Mármol.

En 2005 regresó definitivamente a la casa de su madre en Rafael Calzada, donde construyó su espacio propio y vive hasta hoy rodeada de perros, gatos y gallinas.
Actualmente sobrevive gracias a trabajos ocasionales, ayuda de vecinos y colaboraciones recibidas por redes sociales, mientras sueña con alcanzar una vejez digna.

Andrea Luján Rodríguez

Andrea Luján Rodríguez was born in 1973 in La Clotilde, in the province of Chaco. She grew up in a family environment marked by machismo and violence. From a very young age, she felt an affinity with femininity: she played with girls, plucked her eyebrows, and secretly wore women's clothing. These behaviors led to rejection from her father, who subjected her to beatings and took her to see a psychiatrist when she was in third grade, in the early 1980s.

At the age of 14 or 15, she was expelled from her home and sent alone by train from Sáenz Peña to Buenos Aires. She arrived at Retiro Station on May 1 with no money or belongings and experienced homelessness.

In the mid-1980s and early 1990s, she began becoming part of the travesti community in the southern areas of Greater Buenos Aires. She lived in the homes of compañeras such as Tamara and Alejandra “La Tía” and worked in areas including Camino de Cintura, Turdera, Pavón, and Constitución. During those years, she was subjected to systematic arrests under the police edicts—particularly Articles 2F and 68—and was taken more than 150 times to police stations and holding cells in Llavallol, Temperley, Banfield, and Lomas de Zamora. One of these arrests left her with permanent physical consequences after a police beating fractured her arm.

She worked for two years at Colgate-Palmolive, where she performed cleaning duties and was known as “Pepona,” but eventually resigned in order to continue her transition. Throughout her life, she actively participated in comparsas in southern Greater Buenos Aires, including Los Kamikazes de Don Orione, Maracaná de Burzaco, and Los Herederos de José Mármol.

In 2005, she returned permanently to her mother's home in Rafael Calzada, where she created a space of her own and has lived ever since, surrounded by dogs, cats, and chickens.

Today, she supports herself through occasional jobs, assistance from neighbors, and contributions received through social media, while continuing to dream of reaching old age with dignity.

Andrea María Herrera

  • AH01
  • Persona
  • 1973 - presente

Andrea María Herrera nació en Quilmes, provincia de Buenos Aires, alrededor de 1973. Fue criada en Quilmes Oeste y San Francisco Solano por su tío y su esposa, quienes la adoptaron cuando era bebé debido a los problemas de alcoholismo que atravesaba su madre biológica. Creció junto a sus hermanos adoptivos en una infancia que recuerda como feliz y afectuosa, aunque desde muy pequeña comenzó a percibir que su identidad y sus deseos no coincidían con las expectativas masculinas que le imponía su entorno. Desde los siete u ocho años prefería los juegos, la ropa y las actividades asociadas a lo femenino, y ya entonces imaginaba para sí una vida como mujer.
Durante la adolescencia vivió una profunda tensión entre su identidad y la necesidad de aparentar una masculinidad que no sentía propia. A los 16 o 17 años comenzó a tomar anticonceptivos como forma de feminizar su cuerpo, guiada por otras mujeres trans y travestis de su barrio. La cercanía de la Ruta Camino General Belgrano, donde conoció a figuras fundamentales como Daniela “La Sirena”, le permitió entrar en contacto con una comunidad que le ofreció referencias, contención y herramientas para comprender quién era. Tras la muerte de su madre adoptiva, cuando tenía alrededor de veinte años, inició abiertamente su transición y poco después fue expulsada de su hogar por sus hermanos debido a su identidad de género. Durante varios años vivió en casas prestadas y compartidas mientras comenzaba a trabajar en la Ruta Camino General Belgrano, donde sería conocida durante mucho tiempo por el nombre de Brisa.
Durante más de una década trabajó en la calle y atravesó algunas de las experiencias más duras que marcaron la vida de muchas travestis y mujeres trans de su generación. Fue detenida en innumerables oportunidades bajo figuras contravencionales que criminalizaban la expresión de género, pasó por numerosas comisarías del sur del conurbano bonaerense y sufrió violencia policial, persecuciones, razzias y condiciones de detención extremadamente precarias. También enfrentó agresiones de clientes, situaciones de pobreza, consumo problemático de alcohol y otras sustancias, y conflictos dentro de la propia comunidad travesti vinculados a la disputa por los espacios de trabajo. Paralelamente, comenzó a realizar intervenciones corporales con silicona líquida industrial en rostro, pechos, caderas, glúteos y piernas, prácticas muy extendidas en aquellos años debido a la falta de acceso a tratamientos médicos seguros.
A lo largo de su juventud también trabajó durante aproximadamente dos años y medio en Mar del Plata, especialmente en la zona de la avenida Luro, experiencia que recuerda como una etapa de aprendizaje y crecimiento personal. Participó además en corsos y comparsas de localidades como José Mármol y Burzaco, espacios que recuerda como momentos excepcionales de libertad y expresión en una época marcada por la persecución policial.
Con el paso de los años decidió alejarse progresivamente de la calle. Terminó sus estudios secundarios, se formó como acompañante terapéutica y cuidadora domiciliaria, y comenzó a trabajar en geriatría. Paralelamente inició una búsqueda de reconciliación con su familia biológica. Impulsada por amigas cercanas, viajó a Alejandro Roca, provincia de Córdoba, donde conoció personalmente a su madre biológica y a sus hermanos. Aunque el reencuentro fue inicialmente difícil, con el tiempo logró construir vínculos afectivos duraderos y ser reconocida por su madre como hija.
La sanción de la Ley de Identidad de Género en 2012 representó un momento fundamental en su vida. Fue entonces cuando dejó atrás el nombre de Brisa y adoptó legalmente el nombre de Andrea María Herrera: Andrea como adaptación de su nombre de nacimiento y María en homenaje a su madre adoptiva. Además de su trayectoria personal, participó activamente en espacios de militancia junto a organizaciones como ATTA y referentes históricas como Marcela Romero y Silvana Sosa, acompañando reclamos por los derechos de las personas travestis y trans, incluida la lucha por la Ley de Identidad de Género y otras conquistas del colectivo.
En 2017 inició una relación con Gabriel, su actual compañero de vida, a quien conoció a través de redes sociales y amistades en común. Desde entonces construyen una vida compartida atravesada por el afecto y la resistencia frente a las distintas formas de discriminación que ambos experimentaron. Andrea también ocupa un lugar importante dentro de su familia ampliada: es madrina de su sobrina Milagros, un vínculo que considera uno de los recuerdos más felices y significativos de su vida.
En el presente vive en San Francisco Solano junto a sus cinco perros, alejada de la calle y dedicada al cuidado de otras personas. Se define como una mujer generosa, comprometida con su comunidad y siempre dispuesta a acompañar a las nuevas generaciones. Su historia reúne muchas de las experiencias que atravesaron las mujeres travestis y trans argentinas de su generación: la expulsión familiar, la vida en la calle, la persecución policial, la construcción de redes afectivas, la militancia por los derechos humanos y la búsqueda persistente de una vida digna y reconocida en sus propios términos.

Andrea María Herrera

Andrea María Herrera was born in Quilmes, in the province of Buenos Aires, around 1973. She was raised in Quilmes Oeste and San Francisco Solano by her uncle and his wife, who adopted her as a baby due to the alcoholism affecting her biological mother. She grew up alongside her adoptive siblings in a childhood she remembers as happy and affectionate, although from a very young age she began to perceive that her identity and desires did not align with the masculine expectations imposed upon her by her surroundings. From the age of seven or eight, she preferred games, clothing, and activities associated with femininity, and even then imagined herself living a life as a woman.

During adolescence, she experienced a profound tension between her identity and the need to present a masculinity that did not feel like her own. At the age of 16 or 17, she began taking birth control pills as a way of feminizing her body, guided by other trans women and travestis from her neighborhood. The proximity of Camino General Belgrano Road, where she met key figures such as Daniela “La Sirena,” brought her into contact with a community that provided her with references, support, and tools to understand who she was. Following the death of her adoptive mother, when she was around twenty years old, she openly began her transition and was soon expelled from her home by her siblings because of her gender identity. For several years, she lived in borrowed and shared homes while beginning to work along Camino General Belgrano Road, where she would be known for many years by the name Brisa.

For more than a decade, she worked on the streets and experienced some of the most difficult circumstances that marked the lives of many travestis and trans women of her generation. She was arrested countless times under offenses that criminalized gender expression, was taken to numerous police stations throughout the southern areas of Greater Buenos Aires, and experienced police violence, persecution, raids, and extremely precarious detention conditions. She also faced assaults by clients, poverty, problematic alcohol and substance use, and conflicts within the travesti community itself related to disputes over working areas. At the same time, she began undergoing body modifications using industrial liquid silicone in her face, breasts, hips, buttocks, and legs—practices that were widespread at the time due to the lack of access to safe medical treatments.

Throughout her youth, she also worked for approximately two and a half years in Mar del Plata, particularly in the area around Avenida Luro, an experience she remembers as a period of learning and personal growth. She also participated in corsos and comparsas in towns such as José Mármol and Burzaco, spaces she remembers as exceptional moments of freedom and self-expression during a period marked by police persecution.

Over the years, she gradually decided to distance herself from street-based sex work. She completed her secondary education, trained as a therapeutic companion and home caregiver, and began working in geriatric care. At the same time, she embarked on a process of reconciliation with her biological family. Encouraged by close friends, she traveled to Alejandro Roca, in the province of Córdoba, where she met her biological mother and siblings in person. Although the reunion was initially difficult, over time she was able to build lasting emotional bonds and be recognized by her mother as her daughter.

The enactment of the Gender Identity Law in 2012 represented a fundamental moment in her life. It was then that she left behind the name Brisa and legally adopted the name Andrea María Herrera: Andrea as an adaptation of her birth name, and María as a tribute to her adoptive mother. In addition to her personal trajectory, she actively participated in advocacy spaces alongside organizations such as ATTTA and historical figures including Marcela Romero and Silvana Sosa, supporting demands for the rights of travesti and trans people, including the struggle for the Gender Identity Law and other achievements of the community.

In 2017, she began a relationship with Gabriel, her current life partner, whom she met through social media and mutual friends. Since then, they have built a life together shaped by affection and resilience in the face of the different forms of discrimination they have both experienced. Andrea also holds an important place within her extended family: she is the godmother of her niece Milagros, a bond she considers one of the happiest and most meaningful memories of her life.

Today, she lives in San Francisco Solano with her five dogs, away from street-based sex work and dedicated to caring for others. She describes herself as a generous woman, committed to her community and always willing to support younger generations. Her story brings together many of the experiences shared by Argentine travestis and trans women of her generation: family rejection, life on the streets, police persecution, the building of networks of affection and mutual support, activism for human rights, and the persistent pursuit of a dignified life lived and recognized on her own terms.

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