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Registro de autoridad

Carla María Pericles

  • CMP01
  • Persona
  • 1953 - 2020

Carla María Pericles nació en Corrientes el 1 de febrero de 1953. Posteriormente se radicó en Tigre, donde desarrolló parte de su trayectoria como travesti y fue una de las primeras chicas en trabajar en la zona de la Panamericana. Su recorrido estuvo atravesado por la persecución y la violencia institucional: durante la última dictadura cívico-militar argentina y también en democracia fue detenida en múltiples oportunidades.

A los 37 años, ante la persecución de un comisario que, según su relato, la buscaba para matarla, Carla se exilió en Italia. Permaneció allí durante más de veinte años, período en el que construyó una nueva etapa de su vida y conoció a quien fue su gran amor.

Ya de regreso en Argentina, volvió a Tigre, lugar con el que mantuvo un fuerte vínculo afectivo. Durante sus últimos años se dedicó al cuidado de personas adultas mayores y acompañó también a su madre. En esta etapa se incorporó al trabajo del Archivo de la Memoria Trans, contribuyendo a la preservación de la memoria colectiva travesti y trans.

En 2019, Carla donó al Archivo de la Memoria Trans el conjunto de sus fotografías, incorporando a la colección un importante registro de su trayectoria y de una época atravesada por la persecución, la exclusión y las estrategias de supervivencia de las personas travestis. Esta donación constituye parte de su aporte a la construcción y preservación de una memoria colectiva.

Carla María Pericles falleció el 21 de junio de 2020. Su recorrido permanece ligado a Tigre, a las redes afectivas construidas a lo largo de su vida y a las fotografías que decidió compartir para que su historia y la de sus compañeras pudieran ser conservadas. Su legado forma parte del patrimonio del Archivo de la Memoria Trans y continúa presente en la memoria de quienes la conocieron.

Carla María Pericles

Carla María Pericles was born in Corrientes on February 1, 1953. She later settled in Tigre, where she developed part of her life trajectory as a travesti and became one of the first women to engage in sex work in the Panamericana area. Her life was marked by persecution and institutional violence: during Argentina’s last civic-military dictatorship, as well as under democracy, she was arrested on numerous occasions.

At the age of 37, in the face of persecution by a police commissioner who, according to her account, was seeking to kill her, Carla went into exile in Italy. She remained there for more than twenty years, during which time she built a new chapter in her life and met the person who would become the great love of her life.

After returning to Argentina, she went back to Tigre, a place with which she maintained a strong emotional connection. During her final years, she worked caring for older adults and also supported her mother. During this period, she became involved with the work of the Archivo de la Memoria Trans, contributing to the preservation of travesti and trans collective memory.

In 2019, Carla donated her entire collection of photographs to the Archivo de la Memoria Trans, adding an important record of her life trajectory and of an era marked by persecution, exclusion, and survival strategies among travesti people. This donation constitutes part of her contribution to the construction and preservation of collective memory.

Carla María Pericles died on June 21, 2020. Her life trajectory remains closely connected to Tigre, to the networks of affection she built throughout her life, and to the photographs she chose to share so that her story and those of her compañeras could be preserved. Her legacy forms part of the heritage of the Archivo de la Memoria Trans and continues to live on in the memory of those who knew her.

Candela Nicolosi

  • CN01
  • Persona
  • 1965 - presente

Candela Nicolosi nació el 6 de noviembre de 1965 en la provincia de Tucumán. Creció junto a su madre, Susana Rocha, y sus hermanos Mónica, Fredy, Antonio, Sergio, Gustavo y Jacqueline. Desde la adolescencia inició su proceso de construcción de identidad de género en un contexto de fuerte discriminación hacia las personas travestis y trans. A los 16 años dejó el hogar familiar, circunstancia que interrumpió en varias oportunidades su trayectoria educativa. A pesar de esas dificultades, logró completar los estudios primarios y secundarios en la adultez.
Durante su proceso de afirmación de género realizó tratamientos hormonales y accedió a intervenciones de modificación corporal. Como muchas mujeres trans de su generación, vivió durante décadas bajo un régimen de persecución y criminalización. Entre los 14 y los 40 años sufrió reiteradas detenciones y violencia institucional, en un período marcado por la aplicación de edictos policiales que restringían la libertad de las personas travestis y trans. En Tucumán ejerció el trabajo sexual en el Parque 9 de Julio, donde compartió ese espacio con otras compañeras. La violencia policial y las condiciones de exclusión que atravesaban impulsaron su traslado a la ciudad de Buenos Aires, al igual que ocurrió con muchas mujeres trans de su generación.
A lo largo de su vida sostuvo distintas actividades laborales, en su mayoría en condiciones de informalidad, entre ellas como ayudante de cocina, empleada doméstica y encargada de un motel. Su recorrido da cuenta de las dificultades que históricamente enfrentaron las personas trans para acceder al empleo registrado y a condiciones laborales estables. Posteriormente se incorporó a la Secretaría de la Mujer, Género y Diversidad, ampliando su participación en espacios vinculados a la promoción de derechos.
Su trayectoria también está marcada por la militancia. Participa activamente en la Agrupación Argentina Intersex, desde donde acompaña acciones orientadas a la defensa y ampliación de los derechos de las personas travestis, trans e intersex. Su compromiso se inscribe en un proceso colectivo de organización que impulsó importantes transformaciones en materia de reconocimiento y acceso a derechos en Argentina.
Actualmente reside en la vivienda familiar heredada de sus padres, junto a varios de sus hermanos. Continúa señalando las dificultades que enfrenta para acceder plenamente a la atención de la salud y a los tratamientos que requiere. En el ámbito personal mantiene una vida activa: practica hockey, conformó una red familiar mediante el cuidado de una joven que vive con ella desde su infancia y acompaña la llegada de un nuevo integrante de la familia. Su recorrido articula experiencias de exclusión con una sostenida participación comunitaria y militante en favor de los derechos de las personas travestis, trans e intersex.

Candela Nicolosi was born on November 6, 1965, in the province of Tucumán. She grew up with her mother, Susana Rocha, and her siblings Mónica, Fredy, Antonio, Sergio, Gustavo, and Jacqueline. During adolescence, she began her process of constructing and affirming her gender identity in a context of widespread discrimination against travesti and trans people. At the age of 16, she left her family home, a circumstance that interrupted her educational trajectory on several occasions. Despite these difficulties, she eventually completed both primary and secondary education as an adult.

As part of her gender affirmation process, she underwent hormone treatments and accessed various body-modification procedures. Like many trans women of her generation, she lived for decades under a regime of persecution and criminalization. Between the ages of 14 and 40, she experienced repeated arrests and institutional violence during a period marked by the enforcement of police edicts that restricted the freedom of travesti and trans people. In Tucumán, she engaged in sex work in Parque 9 de Julio, where she shared the space with other compañeras. Police violence and the conditions of exclusion they faced led her to move to the city of Buenos Aires, as happened to many trans women of her generation.

Throughout her life, she held various jobs, most of them under informal working conditions, including positions as a kitchen assistant, domestic worker, and motel manager. Her work history reflects the difficulties historically faced by trans people in accessing formal employment and stable working conditions. She later joined the Secretariat for Women, Gender and Diversity, expanding her involvement in spaces dedicated to the promotion and protection of rights.

Her life trajectory is also marked by activism. She actively participates in the Argentine Intersex Association, where she supports initiatives aimed at defending and expanding the rights of travesti, trans, and intersex people. Her commitment is part of a broader collective process of organization that has driven significant transformations in Argentina regarding the recognition of and access to rights.

Candela currently lives in the family home inherited from her parents, together with several of her siblings. She continues to highlight the difficulties she faces in obtaining full access to healthcare and to the treatments she requires. In her personal life, she maintains an active lifestyle: she plays hockey, has built a family network through caring for a young woman who has lived with her since childhood, and accompanies the arrival of a new member of the family. Her life trajectory brings together experiences of exclusion with sustained community involvement and activism in defense of the rights of travesti, trans, and intersex people.

Brenda Ornella Vivanco

  • BV01
  • Persona
  • 1969 - 1992

Brenda Ornella Vivanco nació el 28 de marzo de 1969 en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, en el seno de una familia numerosa compuesta por sus padres y once hijos e hijas, siendo ella la menor. Durante su infancia cursó la escuela primaria en esa ciudad, completando hasta quinto y sexto grado en modalidad nocturna. En 1980, alrededor de los once años, su familia se trasladó a Florencio Varela, en la provincia de Buenos Aires, en relación con la actividad laboral de su padre en el ámbito portuario. No finalizó sus estudios secundarios.
Desde temprana edad tuvo conciencia de su identidad de género, proceso que se desarrolló en un entorno familiar donde encontró comprensión principalmente en su madre, mientras que su padre no acompañó ese recorrido. A comienzos de la década de 1990 consolidó su transición en el marco de un viaje a Europa, donde residió durante períodos breves en París y Roma. Allí ejerció el trabajo sexual y experimentó condiciones de mayor libertad en relación con el contexto argentino de la época. A su regreso, continuó desempeñándose en el trabajo sexual en distintas zonas del sur del conurbano bonaerense, como Wilde, San Francisco Solano y Florencio Varela, y realizó diversas intervenciones corporales a lo largo de los años.
Su trayectoria estuvo atravesada por la violencia institucional ejercida en el marco de los edictos policiales, que implicaron reiteradas detenciones y períodos de privación de la libertad. En ese mismo contexto, participó en comparsas de carnaval en la zona sur, espacios que habilitaban formas de sociabilidad y expresión. A comienzos de los años noventa se involucró en el activismo travesti-trans, integrando la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTA), donde se desempeñó como coordinadora de Zona Sur. Desde ese espacio participó en movilizaciones entre Plaza de Mayo y el Congreso de la Nación en reclamo por la derogación de los edictos policiales.
Su historia familiar estuvo marcada por la presencia de sus hermanas Gina, Peggy y Gilda, también travestis, con quienes compartió experiencias de vida. La muerte de Gina en 1992, en un hecho que la familia vincula a la violencia policial y que no fue esclarecido judicialmente, así como los posteriores fallecimientos de Peggy y Gilda, incidieron en la transformación del entramado familiar. A lo largo de su vida, Brenda construyó redes de cuidado con otras mujeres trans, acompañando a generaciones más jóvenes y transmitiendo saberes vinculados a la supervivencia en contextos de exclusión.
En su adultez fue testigo y partícipe de transformaciones legales relevantes, como la derogación de los edictos policiales y la sanción de la Ley de Identidad de Género, que impactaron en el reconocimiento de derechos. En la actualidad reside en San Francisco Solano, donde trabaja de manera independiente. Participa junto a otras compañeras en el reclamo por una reparación histórica para personas trans adultas mayores, en articulación con procesos colectivos orientados al reconocimiento de las violencias ejercidas por el Estado y a la garantía de condiciones de vida dignas en la vejez.

Brenda Ornella Vivanco was born on March 28, 1969, in the city of Rosario, in the province of Santa Fe, into a large family consisting of her parents and eleven sons and daughters, with Brenda being the youngest. During her childhood, she attended primary school in Rosario, completing fifth and sixth grade through evening classes. In 1980, when she was around eleven years old, her family moved to Florencio Varela, in the province of Buenos Aires, in connection with her father's work in the port sector. She did not complete her secondary education.

From an early age, she was aware of her gender identity. This process unfolded within a family environment where she found understanding, particularly from her mother, while her father did not support her journey. In the early 1990s, she consolidated her transition during a trip to Europe, where she lived for short periods in Paris and Rome. There, she engaged in sex work and experienced greater freedom in comparison with the social context in Argentina at the time. Upon her return, she continued working in sex work in different areas of southern Greater Buenos Aires, including Wilde, San Francisco Solano, and Florencio Varela, and underwent various body modifications over the years.

Her life trajectory was marked by institutional violence carried out under the police edicts, which resulted in repeated arrests and periods of detention. During the same period, she participated in carnival comparsas in the southern area of Greater Buenos Aires, spaces that provided opportunities for social interaction and self-expression. In the early 1990s, she became involved in travesti-trans activism, joining the Association of Travestis, Transsexuals and Transgenders of Argentina (ATTA), where she served as coordinator for the Southern Zone. From this position, she participated in demonstrations between Plaza de Mayo and the National Congress demanding the repeal of the police edicts.

Her family history was shaped by the presence of her sisters Gina, Peggy, and Gilda, who were also travestis and with whom she shared many life experiences. Gina's death in 1992, in an incident that the family associates with police violence and which was never legally clarified, as well as the subsequent deaths of Peggy and Gilda, affected the transformation of the family's relationships and dynamics. Throughout her life, Brenda built networks of care with other trans women, supporting younger generations and passing on knowledge related to survival in contexts of exclusion.

As an adult, she witnessed and participated in significant legal transformations, including the repeal of the police edicts and the enactment of the Gender Identity Law, which had a profound impact on the recognition of rights. She currently lives in San Francisco Solano, where she works independently. Together with other compañeras, she participates in advocacy efforts for historical reparation for older trans people, as part of collective processes aimed at recognizing the violence inflicted by the State and guaranteeing dignified living conditions in old age.

Biblioteca & Museo Claudia Pía Baudracco

  • MBCPB
  • Entidad colectiva
  • diciembre 2018

El fondo documental de Claudia fue creado en 2018 con el propósito de conservar, organizar y clasificar el conjunto de materiales documentales que había reunido a lo largo de su vida y de su trayectoria militante hasta marzo de 2012, año de su fallecimiento. Su conformación permite reconstruir distintos aspectos de los procesos de organización política y comunitaria de personas travestis, transexuales y transgénero en Argentina y en el ámbito regional.

El fondo comprende una extensa documentación personal y materiales vinculados con la militancia de Claudia, entre ellos aquellos relacionados con la creación de la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA), su participación en espacios regionales como la Red Latinoamericana y del Caribe de Personas Trans (REDLAT), y su presencia en congresos nacionales y latinoamericanos dedicados a cuestiones de género y al acceso a derechos de las personas con VIH.

Asimismo, la documentación reúne registros vinculados con las primeras formulaciones de proyectos legislativos sobre identidad de género, las demandas contra los edictos policiales y distintas acciones jurídicas, entre ellas presentaciones de habeas corpus. Estos materiales permiten aproximarse a los procesos de organización y construcción de demandas colectivas orientadas a enfrentar la criminalización, la violencia institucional y las restricciones en el acceso a derechos que atravesaron históricamente a las personas travestis y trans.

Junto con la documentación escrita, el fondo conserva fotografías, negativos y registros audiovisuales que amplían las posibilidades de reconstrucción de las redes militantes, los espacios de participación y las experiencias comunitarias de la época.

El conjunto documental se encuentra bajo custodia del Archivo de la Memoria Trans (AMT), donde forma parte del patrimonio destinado a preservar y poner en circulación materiales fundamentales para la reconstrucción de las memorias, las trayectorias de organización y las luchas por los derechos de las personas travestis y trans en Argentina y América Latina.

Claudia’s documentary collection was established in 2018 with the purpose of preserving, organizing, and classifying the body of documentary materials she had gathered throughout her life and political activism until March 2012, the year of her death. The collection provides an opportunity to reconstruct different aspects of the processes of political and community organizing among travestis, transsexual, and transgender people in Argentina and throughout the region.

The collection includes extensive personal documentation and materials related to Claudia’s activism, including records concerning the founding of the Association of Travestis, Transsexuals and Transgender People of Argentina (ATTTA), her participation in regional organizations such as the Latin American and Caribbean Trans Network (REDLAT), and her involvement in national and Latin American congresses addressing gender-related issues and access to rights for people living with HIV.

The collection also contains records related to the early development of legislative proposals concerning gender identity, legal actions challenging police edicts, and various forms of legal advocacy, including habeas corpus petitions. These materials provide insight into processes of collective organizing and the development of demands aimed at challenging the criminalization, institutional violence, and restrictions on access to rights that historically affected travesti and trans people.

Alongside the written documentation, the collection preserves photographs, negatives, and audiovisual recordings that further contribute to the reconstruction of activist networks, spaces of political participation, and community experiences during this period.

The documentary collection is held by the Trans Memory Archive (AMT), where it forms part of a broader body of materials dedicated to preserving and making accessible the memories, histories of collective organizing, and struggles for the rights of travesti and trans people in Argentina and Latin America.

Belén Abigaíl Saravia

  • BS01
  • Persona
  • 1968 - presente

Belén Abigail Saravia, conocida como “La Turka”, nació el 24 de diciembre de 1968 en el Hospital Penna de la Ciudad de Buenos Aires, aunque ella misma expresa dudas sobre la exactitud de esa fecha. Creció en el barrio de Pompeya, en la Villa 1-11-14, y posteriormente residió en Villa Jardín y en Hudson, donde convivió con su hermana y su cuñado. Se crió en un entorno familiar atravesado por la violencia ejercida por su padre, junto a su madre y su hermana, siendo su madre una figura de sostén que la acompañó en distintos momentos de su vida.
Desde la infancia manifestó su identidad de género, lo que derivó en experiencias tempranas de discriminación en el ámbito escolar. Durante esos años también atravesó situaciones de abuso sexual en el ámbito intrafamiliar y por parte de adultos vinculados a instituciones, sin contar con respuestas de protección adecuadas. Su madre gestionó instancias de atención psicológica, constituyendo uno de los pocos apoyos en ese período.
A los 13 años comenzó a vincularse con espacios de sociabilidad travesti/trans, como el boliche “Confusión”, en la Ciudad de Buenos Aires. En la adolescencia entabló vínculos con otras mujeres trans que influyeron en su trayectoria, en particular con “Micaela”, a quien reconoce como una referencia afectiva y de aprendizaje en la vida en la calle. A los 19 años inició tratamientos hormonales y posteriormente participó en prácticas de aplicación de silicona industrial de manera casera, en un contexto de acceso limitado a la salud, lo que derivó en consecuencias físicas que persisten en la actualidad.
Durante las décadas de 1980 y 1990 desarrolló su actividad laboral principalmente en el trabajo sexual en la vía pública, en distintas zonas de la Ciudad de Buenos Aires. En ese período fue objeto de reiteradas detenciones, violencia institucional, abusos y persecución policial, en el marco de la criminalización sistemática de las identidades travestis y trans, incluso en años posteriores al retorno democrático.
Paralelamente, participó en espacios culturales como la comparsa “Los Fantoches de San Cristóbal”, donde encontró instancias de expresión y sociabilidad. A lo largo de su vida sostuvo vínculos afectivos diversos y, en la actualidad, convive con su pareja, Jonathan, con quien comparte su vida desde hace varios años.
Con los ingresos obtenidos a lo largo de su trayectoria, logró adquirir un terreno y construir su vivienda, donde reside actualmente, contribuyendo también al sostenimiento económico de su familia de origen. En su vida adulta mantiene una vinculación con el activismo desde una perspectiva personal, valorando los avances en materia de derechos, como la Ley de Identidad de Género, y reflexionando sobre los alcances y límites de las políticas de reparación.
En la actualidad, Belén Abigail Saravia organiza su vida en torno a su hogar, su pareja y su entorno afectivo, mientras convive con dolencias físicas asociadas a intervenciones realizadas en contextos de exclusión del sistema de salud. Continúa desarrollando su vida cotidiana con el objetivo de sostener condiciones de bienestar y acompañamiento en su entorno cercano.

Belén Abigail Saravia, known as “La Turka,” was born on December 24, 1968, at Penna Hospital in the City of Buenos Aires, although she herself expresses doubts about the accuracy of this date. She grew up in the Pompeya neighborhood, in Villa 1-11-14, and later lived in Villa Jardín and Hudson, where she shared a home with her sister and brother-in-law. She was raised in a family environment marked by violence perpetrated by her father, alongside her mother and sister. Her mother was an important source of support who accompanied her through different stages of her life.

From childhood, she expressed her gender identity, which led to early experiences of discrimination at school. During those years, she also experienced sexual abuse within her family and by adults connected to institutions, without receiving adequate protection or support. Her mother arranged for her to receive psychological care, becoming one of the few sources of support available to her during that period.

At the age of 13, she began becoming involved in travesti/trans social spaces, including the nightclub “Confusión” in the City of Buenos Aires. During adolescence, she formed relationships with other trans women who influenced her life trajectory, particularly “Micaela,” whom she recognizes as an important emotional reference and as someone from whom she learned about life on the streets. At the age of 19, she began hormone treatments and later participated in the informal, home-based practice of injecting industrial silicone, in a context of limited access to healthcare. These procedures resulted in physical consequences that continue to affect her today.

During the 1980s and 1990s, she worked primarily in street-based sex work in different areas of the City of Buenos Aires. During this period, she was repeatedly detained and subjected to institutional violence, abuse, and police persecution, within a context of systematic criminalization of travesti and trans identities, including during the years following the return to democracy.

At the same time, she participated in cultural spaces such as the “Los Fantoches de San Cristóbal” comparsa, where she found opportunities for self-expression and social interaction. Throughout her life, she maintained a variety of emotional relationships and currently lives with her partner, Jonathan, with whom she has shared her life for several years.

With the income she earned throughout her working life, she was able to purchase a plot of land and build her own home, where she currently lives. She also contributed to the financial support of her family of origin. As an adult, she has maintained a personal connection to activism, valuing advances in rights, such as the Gender Identity Law, while reflecting on the scope and limitations of reparation policies.

Today, Belén Abigail Saravia's life revolves around her home, her partner, and her emotional support network, while she lives with physical conditions associated with interventions carried out in contexts of exclusion from the healthcare system. She continues her everyday life with the aim of maintaining conditions of well-being and support within her close community.

Beatriz Herrera

  • BH01
  • Persona
  • 1976 - presente

Beatriz Herrera, conocida como “Betty” o “La Betty”, nació el 16 de marzo de 1976 en la Ciudad de Buenos Aires, en el seno de una familia de origen santiagueño de clase trabajadora. Creció junto a su hermana en un hogar marcado por el trabajo y el esfuerzo familiar: su madre se desempeñó como enfermera y su padre como encargado de edificio. Cursó la educación primaria en la escuela pública y tuvo trayectorias intermitentes en la educación secundaria, atravesadas por las condiciones económicas familiares y el fallecimiento de su padre en 1996, situación que la llevó a incorporarse tempranamente al mundo laboral.

Beatriz Herrera, known as “Betty” or “La Betty,” was born on March 16, 1976, in the City of Buenos Aires, into a working-class family of Santiago del Estero origin. She grew up with her sister in a household shaped by hard work and family effort: her mother worked as a nurse and her father as a building superintendent. She attended public primary school and had an intermittent secondary education, affected by her family's economic circumstances and the death of her father in 1996, which led her to enter the workforce at an early age.

During her youth, she held various jobs in kiosks, hair salons, and food-service establishments. In the early 1990s, she began studying nursing at the Argentine Red Cross, but later discontinued her studies. During those years, she became involved in social spaces within the sexual diversity community in the City of Buenos Aires, particularly in the bar and nightclub scene, including venues such as Bunker, where she established relationships that became part of her emotional and community support network. It was within this context that she was given the name “La Betty,” which she adopted as her own.

Her gender identity was a process that she publicly consolidated in 2020, following a journey shaped by aesthetic expectations and hegemonic norms that have historically affected trans people. Her experience reflects broader transformations in the ways people within Argentina's travesti-trans community have named and recognized themselves.

In 2006, she began working as a self-taught makeup artist, a profession she practiced for approximately two decades in television, theater, film, and photography. Her work included both commercial productions and collaborations with other trans people, creating a space for learning, professional development, and collective growth.

She became involved with ATTTA (Association of Travestis, Transsexuals and Transgenders of Argentina) in 2010, marking the beginning of her activism in the fields of human rights and sexual diversity. Through these connections, in 2017 she obtained her first formal job at Línea 144, then operating under the National Institute for Women, where she provided assistance and support to women experiencing violence. During this period, she resumed and completed her secondary education, in a context marked by the death of her mother in 2019.

Later, in 2023, she joined Fundación Huésped as a health promoter for the “TRANSformá tu Salud” project, aimed at the trans population. In 2024, she began working at the Trans Memory Archive, an organization dedicated to preserving the histories and experiences of the travesti-trans community in Argentina.

Throughout her life trajectory, she experienced discrimination, institutional violence, and arbitrary detention, within the framework of state policies and social practices that historically criminalized travesti and trans identities. These conditions coexisted with the development of networks of care, affection, and collective organizing that proved fundamental to her journey.

Today, she continues to participate in community spaces and organizations connected to sexual diversity, bringing together her professional, activist, and community experience in the promotion of rights and the strengthening of collective travesti-trans memory.

Durante su juventud transitó diversos empleos en kioscos, peluquerías y espacios gastronómicos. A comienzos de la década de 1990 inició estudios de enfermería en la Cruz Roja, que luego abandonó. En esos años comenzó a vincularse con espacios de sociabilidad de la diversidad sexual en la Ciudad de Buenos Aires, particularmente en el circuito de bares y discotecas como Bunker, donde estableció lazos que configuraron su red afectiva y comunitaria. En ese contexto recibió el nombre “La Betty”, que adoptó como propio.

Su identidad de género fue un proceso que consolidó públicamente en 2020, luego de un recorrido atravesado por los mandatos estéticos y las normas hegemónicas que históricamente condicionaron a las personas trans. Su experiencia da cuenta de las transformaciones en las formas de nombrarse y reconocerse dentro de la comunidad travesti-trans en Argentina.

En 2006 comenzó a desarrollarse como maquilladora de manera autodidacta, oficio que ejerció durante aproximadamente dos décadas en ámbitos de televisión, teatro, cine y fotografía. Su trabajo incluyó tanto producciones comerciales como colaboraciones con otras personas trans, constituyendo un espacio de formación y crecimiento colectivo.

Su participación en la organización ATTTA (Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina) se inició en 2010, marcando el comienzo de su militancia en el campo de los derechos humanos y la diversidad sexual. A partir de estos vínculos accedió en 2017 a su primer empleo formal en la Línea 144 del entonces Instituto Nacional de las Mujeres, donde se desempeñó en tareas de atención y asistencia a mujeres en situación de violencia. En ese período retomó y finalizó sus estudios secundarios, en un contexto atravesado por el fallecimiento de su madre en 2019.

Posteriormente, en 2023, se incorporó a Fundación Huésped como promotora de salud en el proyecto “TRANSformá tu Salud”, orientado a la población trans. En 2024 comenzó a trabajar en el Archivo de la Memoria Trans, espacio vinculado a la preservación de las historias y experiencias del colectivo travesti-trans en Argentina.

A lo largo de su trayectoria, su vida estuvo atravesada por experiencias de discriminación, violencia institucional y detenciones arbitrarias, en el marco de políticas estatales y prácticas sociales que históricamente criminalizaron las identidades travestis y trans. Estas condiciones coexistieron con la construcción de redes de cuidado, afecto y organización colectiva que resultaron fundamentales en su recorrido.

En la actualidad, continúa participando en espacios comunitarios y organizaciones vinculadas a la diversidad sexual, articulando su experiencia laboral, militante y comunitaria en la promoción de derechos y el fortalecimiento de la memoria colectiva travesti-trans.

Ángela Vanni

  • AV01
  • Persona
  • 1948-2020

Ángela Vanni fue una abogada y activista histórica por los derechos civiles. Nació el 12 de octubre de 1948 en Ibicuy, provincia de Entre Ríos y falleció en Buenos Aires el 7 de julio de 2020.
Se formó en la Escuela Normal Dr. Eduardo Costa de Campana. Estudió Derecho en la Universidad de Buenos Aires y empezó a ejercer su profesión como abogada en 1977. Fue docente en las materias de Historia e Instrucción Cívica en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano.
Vivió en Alemania, aproximadamente desde 1980 hasta el año 1986, cuando regresó a Argentina.
A su regreso a Argentina, comenzó a trabajar como voluntaria en la Fundación Huésped, por un tiempo, hasta que conoció al activista LGTB argentino y primer presidente de la Comunidad Homesexual Argentina (CHA), Carlos Jáuregui. Juntos, trabajaron en “Gays por los Derechos Civiles”, fundación que recibía consultas por diversos temas, en su mayoría relacionadas con el SIDA. En el marco de esta fundación Ángela Vanni, trabajando como Abogada, conoció por primera vez a una persona trans. Este fue el puntapié para su trabajo con la comunidad trans y travesti, cuya mayor intensidad se dio hasta el año 1998, cuando se derogaron los edictos policiales.
En este período de su etapa laboral, entre los años 1993 a 1998, llegó a ser la abogada de más de 300 personas trans, enmarcando su trabajo dentro de ATTTA (Asociación de travestis, transexuales y transgéneros de Argentina) y de Gays por los Derechos Civiles. Participaba de campañas públicas y militaba repartiendo preservativos por la calle y concientizando a la comunidad. Asimismo, se encargaba de las apelaciones en tribunales y de realizar rondas por las comisarías rescatando a las travestis de los calabozos durante la década del 1990.
En esos años, la persecución policial a travestis y trans era una forma de violencia estatal muy recurrente. Amparados en una normativa denominada “Edictos policiales” que regulaba los comportamientos cotidianos en la Ciudad de Buenos Aires y, que restringía la permanencia y circulación en la vía pública. Los edictos, indicaban como contravenciones “exhibirse en la vía pública o lugares públicos vestidos o disfrazados con ropas del sexo contrario” y también prohibían aquellas acciones que incitaren u ofreciesen “al acto carnal”. Estos artículos, englobados bajo la figura de “Escándalo”, fueron utilizados para justificar el hostigamiento sistemático de la policía hacia las personas trans.
Ángela Vanni, fue bautizada por Carlos Jáuregui como “la mamá de las travestis” por ser una incansable defensora de los derechos de las personas trans, durante la década de 1990.

En la década del 1990 conoció a María Belén Correa, fundadora del Archivo de la Memoria Trans y de la Asociación de Travestis de Argentina. Su vínculo comenzó cuando Ángela fue su abogada defensora y la de Claudia Pía Baudracco en una causa judicial.

Luego de la derogación de los edictos policiales, Ángela Vanni siguió defendiendo a las personas trans y posteriormente trabajó como abogada defensora de personas sordas y de trabajadores manteros senegaleses.

Ángela Vanni was a lawyer and a pioneering activist for civil rights. She was born on October 12, 1948, in Ibicuy, in the province of Entre Ríos, and died in Buenos Aires on July 7, 2020.

She attended the Dr. Eduardo Costa Normal School in Campana. She studied Law at the University of Buenos Aires and began practicing as a lawyer in 1977. She also taught History and Civic Education at the Manuel Belgrano School of Fine Arts.

She lived in Germany from approximately 1980 until 1986, when she returned to Argentina.

Upon her return to Argentina, she began working as a volunteer at Fundación Huésped for a period of time. It was there that she met Carlos Jáuregui, an Argentine LGBT activist and the first president of the Homosexual Community of Argentina (CHA). Together, they worked at “Gays for Civil Rights,” an organization that provided assistance and responded to inquiries on a range of issues, most of them related to AIDS. While working as a lawyer within this organization, Ángela Vanni met a trans person for the first time. This encounter marked the beginning of her work with the trans and travesti community, which intensified particularly until 1998, when the police edicts were repealed.

Between 1993 and 1998, during this stage of her professional career, she became the lawyer for more than 300 trans people, carrying out her work within ATTTA (Association of Travestis, Transsexuals and Transgenders of Argentina) and Gays for Civil Rights. She participated in public awareness campaigns, distributed condoms in the streets, and worked to raise awareness within the community. She was also responsible for filing appeals in court and making rounds of police stations, rescuing travestis from holding cells throughout the 1990s.

During those years, police persecution of travestis and trans people was a recurrent form of state violence. This persecution was carried out under a set of regulations known as the “police edicts,” which regulated everyday behavior in the City of Buenos Aires and restricted people's presence and movement in public spaces. The edicts classified as offenses such acts as “appearing in public or in public places dressed or disguised in clothing associated with the opposite sex,” and also prohibited actions that encouraged or offered “the carnal act.” These provisions, grouped under the category of “Scandal,” were used to justify systematic police harassment of trans people.

Carlos Jáuregui affectionately referred to Ángela Vanni as “the mother of the travestis” because of her tireless defense of the rights of trans people throughout the 1990s.

During the 1990s, she met María Belén Correa, founder of the Trans Memory Archive and the Association of Travestis of Argentina. Their relationship began when Ángela served as defense attorney for María Belén Correa and Claudia Pía Baudracco in a court case.

Following the repeal of the police edicts, Ángela Vanni continued defending the rights of trans people. She later worked as a defense attorney for deaf people and for Senegalese street vendors.

Andrea Soledad Vargas

  • AV03
  • Persona
  • 1967 - presente

Andrea Vargas nació el 19 de enero de 1967 en la Maternidad Sardá, en el barrio porteño de Parque Patricios. Fue la tercera de cuatro hermanos y creció en el seno de una familia trabajadora junto a sus padres, dos hermanas y un hermano mayor. Recuerda su infancia como una etapa marcada por el afecto familiar y por una temprana expresión de su identidad de género. Desde pequeña encontró en los juegos, la ropa de su madre y las actividades compartidas con sus hermanas formas de reconocerse y expresar una identidad que contrastaba con las expectativas sociales de la época.
Durante la adolescencia comenzó a enfrentar situaciones de discriminación y dificultades para transitar los espacios educativos y sociales. En ese contexto encontró en la lectura y la música ámbitos de interés y expresión personal. Su trayectoria se desarrolló en un período en el que las identidades travestis y trans eran objeto de criminalización y persecución. Como muchas mujeres trans de su generación, fue detenida en numerosas oportunidades en aplicación de los edictos policiales, permaneciendo en comisarías durante días o semanas y sufriendo diversas formas de violencia institucional. Estas experiencias se desarrollaron en paralelo a una vida familiar que procuró preservar, evitando compartir con sus padres las situaciones de violencia que atravesaba.
Las condiciones de exclusión que afectaban a las personas trans limitaron sus posibilidades de acceso al empleo formal. A lo largo de los años trabajó en peluquerías y desempeñó distintas tareas para sostenerse económicamente. También ejerció el trabajo sexual, actividad vinculada a la falta de oportunidades laborales disponibles para gran parte de las mujeres trans de su generación.
Un punto de inflexión en su trayectoria fue el encuentro con Andrés Mateo durante un carnaval en el sur del conurbano bonaerense. Junto a él construyó una vida en común que se extendió por más de tres décadas y conformó una familia. Participó activamente en la crianza de tres hijos, asumiendo las tareas de cuidado, el acompañamiento escolar y la vida cotidiana, consolidando un vínculo afectivo que con el tiempo llevó a que la hija menor la reconociera como su madre.
Durante esos años desarrolló una trayectoria como acompañante de personas mayores, actividad que inició a partir de la experiencia de cuidado de su compañero durante una enfermedad prolongada. Desde entonces continúa desempeñándose en ese ámbito, al que considera una forma de cuidado y compromiso con otras personas. Paralelamente incorporó el tejido como una práctica creativa y de expresión personal, elaborando prendas para familiares y personas cercanas.
Tras la sanción de la Ley de Identidad de Género fortaleció su participación en espacios de memoria y organización comunitaria del colectivo trans. Colaboró en actividades de sensibilización sobre diversidad en escuelas secundarias del municipio de Ezeiza y participa en iniciativas orientadas a preservar la memoria de las personas trans mayores y a promover el acceso a derechos. Actualmente reside en Ezeiza, donde continúa desarrollando tareas de cuidado, participa en espacios comunitarios y comparte su vida con su familia, contribuyendo a la construcción de memoria colectiva y al reconocimiento de las trayectorias de las personas travestis y trans en la Argentina.

Andrea Vargas was born on January 19, 1967, at Sardá Maternity Hospital, in the Parque Patricios neighborhood of the City of Buenos Aires. She was the third of four siblings and grew up in a working-class family with her parents, two sisters, and an older brother. She remembers her childhood as a period marked by family affection and an early expression of her gender identity. From a young age, she found in games, wearing her mother's clothes, and activities shared with her sisters ways of recognizing herself and expressing an identity that contrasted with the social expectations of the time.

During adolescence, she began facing discrimination and difficulties navigating educational and social spaces. In this context, she found in reading and music areas of personal interest and self-expression. Her life trajectory unfolded during a period when travesti and trans identities were subject to criminalization and persecution. Like many trans women of her generation, she was arrested numerous times under the police edicts, spending days or weeks in police stations and experiencing various forms of institutional violence. These experiences unfolded alongside a family life that she sought to preserve, choosing not to share with her parents the situations of violence she was experiencing.

The conditions of exclusion affecting trans people limited their opportunities to access formal employment. Over the years, she worked in hair salons and performed various jobs to support herself financially. She also engaged in sex work, an activity closely linked to the lack of employment opportunities available to many trans women of her generation.

A turning point in her life trajectory was meeting Andrés Mateo during a carnival in the southern area of Greater Buenos Aires. Together, they built a life that lasted for more than three decades and formed a family. She actively participated in raising three children, taking responsibility for caregiving, supporting their education, and sharing in everyday life. Over time, this emotional bond led the youngest daughter to recognize her as her mother.

During those years, she developed a career as a caregiver for older adults, an occupation she began after caring for her partner during a prolonged illness. She has continued working in this field ever since, which she regards as a form of care and commitment to others. At the same time, she took up knitting as a creative practice and means of personal expression, making garments for family members and people close to her.

Following the enactment of the Gender Identity Law, she strengthened her participation in spaces dedicated to memory and community organizing within the trans community. She collaborated in diversity-awareness activities at secondary schools in the municipality of Ezeiza and participates in initiatives aimed at preserving the memory of older trans people and promoting access to rights. She currently lives in Ezeiza, where she continues her caregiving work, participates in community spaces, and shares her life with her family, contributing to the construction of collective memory and to the recognition of the life trajectories of travesti and trans people in Argentina.

Andrea María Herrera

  • AH01
  • Persona
  • 1973 - presente

Andrea María Herrera nació en Quilmes, provincia de Buenos Aires, alrededor de 1973. Fue criada en Quilmes Oeste y San Francisco Solano por su tío y su esposa, quienes la adoptaron cuando era bebé debido a los problemas de alcoholismo que atravesaba su madre biológica. Creció junto a sus hermanos adoptivos en una infancia que recuerda como feliz y afectuosa, aunque desde muy pequeña comenzó a percibir que su identidad y sus deseos no coincidían con las expectativas masculinas que le imponía su entorno. Desde los siete u ocho años prefería los juegos, la ropa y las actividades asociadas a lo femenino, y ya entonces imaginaba para sí una vida como mujer.
Durante la adolescencia vivió una profunda tensión entre su identidad y la necesidad de aparentar una masculinidad que no sentía propia. A los 16 o 17 años comenzó a tomar anticonceptivos como forma de feminizar su cuerpo, guiada por otras mujeres trans y travestis de su barrio. La cercanía de la Ruta Camino General Belgrano, donde conoció a figuras fundamentales como Daniela “La Sirena”, le permitió entrar en contacto con una comunidad que le ofreció referencias, contención y herramientas para comprender quién era. Tras la muerte de su madre adoptiva, cuando tenía alrededor de veinte años, inició abiertamente su transición y poco después fue expulsada de su hogar por sus hermanos debido a su identidad de género. Durante varios años vivió en casas prestadas y compartidas mientras comenzaba a trabajar en la Ruta Camino General Belgrano, donde sería conocida durante mucho tiempo por el nombre de Brisa.
Durante más de una década trabajó en la calle y atravesó algunas de las experiencias más duras que marcaron la vida de muchas travestis y mujeres trans de su generación. Fue detenida en innumerables oportunidades bajo figuras contravencionales que criminalizaban la expresión de género, pasó por numerosas comisarías del sur del conurbano bonaerense y sufrió violencia policial, persecuciones, razzias y condiciones de detención extremadamente precarias. También enfrentó agresiones de clientes, situaciones de pobreza, consumo problemático de alcohol y otras sustancias, y conflictos dentro de la propia comunidad travesti vinculados a la disputa por los espacios de trabajo. Paralelamente, comenzó a realizar intervenciones corporales con silicona líquida industrial en rostro, pechos, caderas, glúteos y piernas, prácticas muy extendidas en aquellos años debido a la falta de acceso a tratamientos médicos seguros.
A lo largo de su juventud también trabajó durante aproximadamente dos años y medio en Mar del Plata, especialmente en la zona de la avenida Luro, experiencia que recuerda como una etapa de aprendizaje y crecimiento personal. Participó además en corsos y comparsas de localidades como José Mármol y Burzaco, espacios que recuerda como momentos excepcionales de libertad y expresión en una época marcada por la persecución policial.
Con el paso de los años decidió alejarse progresivamente de la calle. Terminó sus estudios secundarios, se formó como acompañante terapéutica y cuidadora domiciliaria, y comenzó a trabajar en geriatría. Paralelamente inició una búsqueda de reconciliación con su familia biológica. Impulsada por amigas cercanas, viajó a Alejandro Roca, provincia de Córdoba, donde conoció personalmente a su madre biológica y a sus hermanos. Aunque el reencuentro fue inicialmente difícil, con el tiempo logró construir vínculos afectivos duraderos y ser reconocida por su madre como hija.
La sanción de la Ley de Identidad de Género en 2012 representó un momento fundamental en su vida. Fue entonces cuando dejó atrás el nombre de Brisa y adoptó legalmente el nombre de Andrea María Herrera: Andrea como adaptación de su nombre de nacimiento y María en homenaje a su madre adoptiva. Además de su trayectoria personal, participó activamente en espacios de militancia junto a organizaciones como ATTA y referentes históricas como Marcela Romero y Silvana Sosa, acompañando reclamos por los derechos de las personas travestis y trans, incluida la lucha por la Ley de Identidad de Género y otras conquistas del colectivo.
En 2017 inició una relación con Gabriel, su actual compañero de vida, a quien conoció a través de redes sociales y amistades en común. Desde entonces construyen una vida compartida atravesada por el afecto y la resistencia frente a las distintas formas de discriminación que ambos experimentaron. Andrea también ocupa un lugar importante dentro de su familia ampliada: es madrina de su sobrina Milagros, un vínculo que considera uno de los recuerdos más felices y significativos de su vida.
En el presente vive en San Francisco Solano junto a sus cinco perros, alejada de la calle y dedicada al cuidado de otras personas. Se define como una mujer generosa, comprometida con su comunidad y siempre dispuesta a acompañar a las nuevas generaciones. Su historia reúne muchas de las experiencias que atravesaron las mujeres travestis y trans argentinas de su generación: la expulsión familiar, la vida en la calle, la persecución policial, la construcción de redes afectivas, la militancia por los derechos humanos y la búsqueda persistente de una vida digna y reconocida en sus propios términos.

Andrea María Herrera

Andrea María Herrera was born in Quilmes, in the province of Buenos Aires, around 1973. She was raised in Quilmes Oeste and San Francisco Solano by her uncle and his wife, who adopted her as a baby due to the alcoholism affecting her biological mother. She grew up alongside her adoptive siblings in a childhood she remembers as happy and affectionate, although from a very young age she began to perceive that her identity and desires did not align with the masculine expectations imposed upon her by her surroundings. From the age of seven or eight, she preferred games, clothing, and activities associated with femininity, and even then imagined herself living a life as a woman.

During adolescence, she experienced a profound tension between her identity and the need to present a masculinity that did not feel like her own. At the age of 16 or 17, she began taking birth control pills as a way of feminizing her body, guided by other trans women and travestis from her neighborhood. The proximity of Camino General Belgrano Road, where she met key figures such as Daniela “La Sirena,” brought her into contact with a community that provided her with references, support, and tools to understand who she was. Following the death of her adoptive mother, when she was around twenty years old, she openly began her transition and was soon expelled from her home by her siblings because of her gender identity. For several years, she lived in borrowed and shared homes while beginning to work along Camino General Belgrano Road, where she would be known for many years by the name Brisa.

For more than a decade, she worked on the streets and experienced some of the most difficult circumstances that marked the lives of many travestis and trans women of her generation. She was arrested countless times under offenses that criminalized gender expression, was taken to numerous police stations throughout the southern areas of Greater Buenos Aires, and experienced police violence, persecution, raids, and extremely precarious detention conditions. She also faced assaults by clients, poverty, problematic alcohol and substance use, and conflicts within the travesti community itself related to disputes over working areas. At the same time, she began undergoing body modifications using industrial liquid silicone in her face, breasts, hips, buttocks, and legs—practices that were widespread at the time due to the lack of access to safe medical treatments.

Throughout her youth, she also worked for approximately two and a half years in Mar del Plata, particularly in the area around Avenida Luro, an experience she remembers as a period of learning and personal growth. She also participated in corsos and comparsas in towns such as José Mármol and Burzaco, spaces she remembers as exceptional moments of freedom and self-expression during a period marked by police persecution.

Over the years, she gradually decided to distance herself from street-based sex work. She completed her secondary education, trained as a therapeutic companion and home caregiver, and began working in geriatric care. At the same time, she embarked on a process of reconciliation with her biological family. Encouraged by close friends, she traveled to Alejandro Roca, in the province of Córdoba, where she met her biological mother and siblings in person. Although the reunion was initially difficult, over time she was able to build lasting emotional bonds and be recognized by her mother as her daughter.

The enactment of the Gender Identity Law in 2012 represented a fundamental moment in her life. It was then that she left behind the name Brisa and legally adopted the name Andrea María Herrera: Andrea as an adaptation of her birth name, and María as a tribute to her adoptive mother. In addition to her personal trajectory, she actively participated in advocacy spaces alongside organizations such as ATTTA and historical figures including Marcela Romero and Silvana Sosa, supporting demands for the rights of travesti and trans people, including the struggle for the Gender Identity Law and other achievements of the community.

In 2017, she began a relationship with Gabriel, her current life partner, whom she met through social media and mutual friends. Since then, they have built a life together shaped by affection and resilience in the face of the different forms of discrimination they have both experienced. Andrea also holds an important place within her extended family: she is the godmother of her niece Milagros, a bond she considers one of the happiest and most meaningful memories of her life.

Today, she lives in San Francisco Solano with her five dogs, away from street-based sex work and dedicated to caring for others. She describes herself as a generous woman, committed to her community and always willing to support younger generations. Her story brings together many of the experiences shared by Argentine travestis and trans women of her generation: family rejection, life on the streets, police persecution, the building of networks of affection and mutual support, activism for human rights, and the persistent pursuit of a dignified life lived and recognized on her own terms.

Andrea Luján Rodríguez

  • ALR01
  • Persona
  • 1973 - presente

Andrea Luján Rodríguez nació en 1973 en La Clotilde, provincia del Chaco. Creció en una familia atravesada por el machismo y la violencia. Desde muy pequeña sintió afinidad con lo femenino: jugaba con niñas, se depilaba las cejas y se vestía en secreto con ropa de mujer, situaciones que provocaron el rechazo de su padre, quien la sometió a golpizas y la llevó a una psiquiatra cuando cursaba tercer grado, a comienzos de los años 80. 
A los 14 o 15 años fue expulsada de su casa y enviada sola en tren desde Sáenz Peña hacia Buenos Aires, donde llegó a Retiro un 1° de mayo sin dinero ni pertenencias y vivió en situación de calle.

A mediados de los años 80 y comienzos de los 90 comenzó a integrarse a la comunidad travesti del sur del conurbano bonaerense, viviendo en casas de compañeras como Tamara y Alejandra “La Tía”, y trabajando en zonas como Camino de Cintura, Turdera, Pavón y Constitución. 
Durante esos años sufrió detenciones sistemáticas bajo los edictos policiales —especialmente por el artículo 2F y el 68—, pasando más de 150 veces por comisarías y calabozos de Llavallol, Temperley, Banfield y Lomas de Zamora; una de esas detenciones le dejó secuelas permanentes tras una golpiza policial que le fracturó un brazo. 


Trabajó durante dos años en la empresa Colgate Palmolive, donde realizaba tareas de limpieza y era conocida como “Pepona”, aunque renunció para continuar su transición. A lo largo de su vida participó activamente en comparsas del sur bonaerense como Los Kamikazes de Don Orione, Maracaná de Burzaco y Los Herederos de José Mármol.

En 2005 regresó definitivamente a la casa de su madre en Rafael Calzada, donde construyó su espacio propio y vive hasta hoy rodeada de perros, gatos y gallinas.
Actualmente sobrevive gracias a trabajos ocasionales, ayuda de vecinos y colaboraciones recibidas por redes sociales, mientras sueña con alcanzar una vejez digna.

Andrea Luján Rodríguez

Andrea Luján Rodríguez was born in 1973 in La Clotilde, in the province of Chaco. She grew up in a family environment marked by machismo and violence. From a very young age, she felt an affinity with femininity: she played with girls, plucked her eyebrows, and secretly wore women's clothing. These behaviors led to rejection from her father, who subjected her to beatings and took her to see a psychiatrist when she was in third grade, in the early 1980s.

At the age of 14 or 15, she was expelled from her home and sent alone by train from Sáenz Peña to Buenos Aires. She arrived at Retiro Station on May 1 with no money or belongings and experienced homelessness.

In the mid-1980s and early 1990s, she began becoming part of the travesti community in the southern areas of Greater Buenos Aires. She lived in the homes of compañeras such as Tamara and Alejandra “La Tía” and worked in areas including Camino de Cintura, Turdera, Pavón, and Constitución. During those years, she was subjected to systematic arrests under the police edicts—particularly Articles 2F and 68—and was taken more than 150 times to police stations and holding cells in Llavallol, Temperley, Banfield, and Lomas de Zamora. One of these arrests left her with permanent physical consequences after a police beating fractured her arm.

She worked for two years at Colgate-Palmolive, where she performed cleaning duties and was known as “Pepona,” but eventually resigned in order to continue her transition. Throughout her life, she actively participated in comparsas in southern Greater Buenos Aires, including Los Kamikazes de Don Orione, Maracaná de Burzaco, and Los Herederos de José Mármol.

In 2005, she returned permanently to her mother's home in Rafael Calzada, where she created a space of her own and has lived ever since, surrounded by dogs, cats, and chickens.

Today, she supports herself through occasional jobs, assistance from neighbors, and contributions received through social media, while continuing to dream of reaching old age with dignity.

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