Sonia Beatriz Hernández

Original Objeto digital not accessible

Zona de identificação

tipo de entidade

Pessoa singular

Forma autorizada do nome

Sonia Beatriz Hernández

Forma(s) paralela(s) de nome

  • Sonia de Chacarita
  • Sonia Torrese

Forma normalizada do nome de acordo com outras regras

Outra(s) forma(s) de nome

identificadores para entidades coletivas

área de descrição

Datas de existência

1959 - Actualidad

Histórico

Sonia Beatriz Torrese Hernández nació el 31 de diciembre de 1959 en Sierra de la Ventana, provincia de Buenos Aires, Argentina. Fue la hija mayor de Olga Hernández y Ramón Torrese, y creció junto a sus hermanos Marcela Torrese y Johnatan Torrese. Alrededor de los seis años se mudó con su familia a Morón, en el conurbano bonaerense. Desde muy pequeña comenzó a reconocerse como niña y a expresarlo en privado usando ropa femenina. Esa vivencia generó fuertes conflictos familiares: sufrió rechazo materno, control constante, violencia doméstica y situaciones traumáticas de abuso intrafamiliar, sin protección por parte de las personas adultas. Estas experiencias marcaron profundamente su infancia.

Durante la adolescencia intentó escapar varias veces de su casa para vivir de acuerdo con su identidad de género. Tuvo sus primeros contactos con el trabajo sexual en la zona de Morón, guiada por mujeres trans mayores que ya sobrevivían en la calle. En algunos intentos fue obligada a regresar al hogar y amenazada con instituciones de menores, lo que la llevó a ocultarse durante años. Finalmente, al cumplir 18 años, se fue definitivamente de su casa y se instaló con su amiga trans Romina, también de Morón, quien la introdujo formalmente en el trabajo sexual y le brindó contención en sus primeros años de independencia.

Entre los 21 y 22 años conoció a un médico que la incentivó a estudiar Auxiliar de Enfermería en el Hospital Alemán. Completó la formación e ingresó a trabajar como auxiliar de sala en esa institución. Sin embargo, a los 23 años fue despedida por su feminidad y orientación sexual. Más tarde consiguió empleo en la Clínica Sagrada Familia, en Belgrano, donde trabajó durante aproximadamente cuatro años. En ese período conoció a Luis Herrera, también enfermero, más tarde conocida como La Ivonne de Burzaco. A través de vínculos con otras compañeras trans comenzó procesos informales de feminización corporal mediante hormonas e inyecciones de silicona, prácticas frecuentes en una época sin acceso médico seguro ni legal para personas trans.

En 1986 fue despedida nuevamente de la clínica debido a los cambios visibles en su apariencia y debió regresar al trabajo sexual. Se instaló en la zona sur del Gran Buenos Aires, viviendo en Villa KM 13 de Quilmes, y trabajó en Camino General Belgrano. Una noche conoció a un médico vinculado a una clínica privada de Barracas, quien la ayudó a ingresar en 1988 al área de enfermería, esta vez ya siendo una mujer trans visible. En 1994 falleció ese médico, la clínica fue vendida y Sonia volvió a quedar sin trabajo. Desde entonces retornó al trabajo sexual, desempeñándose en las zonas rojas de Quilmes, la Autopista Riccheri y Chacarita, donde trabajó durante alrededor de quince años.

Durante las décadas de 1990 y 2000 atravesó años de persecución policial, extorsiones, detenciones arbitrarias y violencia institucional. Como muchas travestis y mujeres trans de su generación, sufrió hostigamiento constante por ejercer el trabajo sexual y ocupar el espacio público. También atravesó consumos problemáticos de alcohol y otras sustancias en un contexto de extrema vulnerabilidad social. A pesar de ello, se convirtió en una figura reconocida en distintas zonas de trabajo y construyó fuertes lazos de solidaridad con otras compañeras.

En esos mismos años comenzó a militar por los derechos del colectivo travesti-trans junto a referentes históricas como Lohana Berkins, María Belén Correa, Nadia Echazú y otras activistas. Participó en protestas contra los edictos policiales y contra la reforma del Código de Convivencia Urbana que criminalizaba a travestis y trabajadoras sexuales. En 2004 estuvo presente en una manifestación frente a la Legislatura porteña junto a Lohana Berkins, Edith La Tajo, Karina Pintarelli y Silvana Sosa. La protesta fue reprimida por la Policía Federal; varias compañeras fueron detenidas y Sonia logró escapar con ayuda de un móvil de Crónica TV. Tras ese episodio se exilió temporalmente en Brazil durante aproximadamente un año y medio, donde volvió a ejercer el trabajo sexual en condiciones muy violentas. Regresó a la Argentina hacia 2005, durante el gobierno de Néstor Kirchner, cuando disminuyó la persecución policial.

En el plano personal, cerca del año 2000 una joven a la que había dado alojamiento en el fondo de su casa dejó a su cuidado a tres niños: Matías, de cinco años; Melany, de cuatro; y Nicole, de seis meses. Sonia asumió su crianza y se convirtió en figura materna para ellos durante muchos años, sosteniéndolos económica y afectivamente hasta que crecieron y se fueron a vivir con su abuela. Ella recuerda esa etapa como una de las experiencias más significativas de su vida, por haber podido brindar el cuidado y el amor familiar que a ella le habían negado en su infancia.

A sus 50 años fue diagnosticada con HIV positivo y hepatitis C fulminante, lo que la llevó a permanecer tres meses en terapia intensiva en el Hospital Muñiz. Pasó alrededor de seis meses sin poder trabajar, sostenida por amigas y vecinos. Más adelante volvió esporádicamente al trabajo sexual para subsistir, pero al empeorar su salud comenzó a dedicarse al cuidado domiciliario de personas y a la lectura de tarot como medios de ingreso.

Con la sanción de la Ley de Identidad de Género en Argentina en 2012 sintió por primera vez un reconocimiento legal pleno. Poder portar su nombre femenino y ser tratada de acuerdo con su identidad representó una transformación profunda luego de décadas de humillaciones y exclusión. Alrededor de 2016 vendió su casa en Quilmes y se mudó a San Justo para cuidar a su madre hasta su fallecimiento en 2019.

En febrero de 2022 comenzó a trabajar en el Archivo de la Memoria Trans, espacio donde encontró reconocimiento, comunidad y la posibilidad de reconstruir su historia. Allí se capacitó en conservación fotográfica y actualmente trabaja en el área de digitalización. Sonia define su trayectoria como la de una sobreviviente: una vida atravesada por violencia, exclusión, trabajo sexual forzado por falta de oportunidades, persecución estatal, militancia colectiva y búsqueda de reparación histórica.


Sonia Beatriz Torrese Hernández was born on December 31, 1959, in Sierra de la Ventana, Argentina. She was the eldest child of Olga Hernández and Ramón Torrese, and grew up with her siblings Marcela Torrese and Johnatan Torrese. At around six years old, she moved with her family to Morón, in Greater Buenos Aires. From an early age, she recognized herself as a girl and expressed this identity privately by wearing feminine clothing. This led to severe family conflict: she experienced rejection, constant control, domestic violence, and traumatic situations of intrafamily abuse without adult protection. These experiences deeply shaped her childhood.

During adolescence, she attempted to run away from home several times in order to live according to her gender identity. She had her first contact with sex work in the Morón area, guided by older trans women who were already surviving on the streets. In some cases, she was forced to return home and threatened with institutionalization, which led her to hide her identity for years. At 18, she left home permanently and moved in with her trans friend Romina, who introduced her more formally to sex work and supported her in her first years of independence.

Between the ages of 21 and 22, she met a doctor who encouraged her to study to become a nursing assistant at the Hospital Alemán. After completing her training, she began working there as a ward assistant. However, at 23 she was dismissed due to her femininity and sexual orientation. She later worked at the Clínica Sagrada Familia in Belgrano for about four years. During this time, she met Luis Herrera—later known as La Ivonne de Burzaco—and, through connections with other trans women, began informal processes of body feminization using hormones and silicone injections, a common practice at the time due to the lack of safe and legal medical access for trans people.

In 1986, she was dismissed again because of changes in her appearance and returned to sex work. She settled in the southern area of Greater Buenos Aires, living in Villa KM 13 in Quilmes, and worked along Camino General Belgrano. One night, she met a doctor linked to a private clinic in Barracas, who helped her secure a position in 1988 in the nursing sector, this time openly as a trans woman. In 1994, the doctor passed away, the clinic was sold, and Sonia lost her job once again. She then returned to sex work, working in areas such as Quilmes, the Riccheri Highway, and Chacarita, where she remained active for around fifteen years.

Throughout the 1990s and 2000s, she endured ongoing police persecution, extortion, arbitrary arrests, and institutional violence. Like many travestis and trans women of her generation, she faced constant harassment for occupying public space and engaging in sex work. She also experienced problematic substance use in a context of extreme social vulnerability. Despite this, she became a well-known figure in various working areas and built strong bonds of solidarity with other trans women.

During this period, she also became involved in activism alongside key figures such as Lohana Berkins, María Belén Correa, and Nadia Echazú. She participated in protests against police edicts and the Urban Coexistence Code that criminalized travestis and sex workers. In 2004, she took part in a demonstration outside the Buenos Aires Legislature that was violently repressed by the police; several activists were detained, and Sonia managed to escape with help from a vehicle belonging to Crónica TV. Following this event, she went into temporary exile in Brazil for about a year and a half, where she again engaged in sex work under highly violent conditions. She returned to Argentina around 2005, during the presidency of Néstor Kirchner, when police persecution began to ease.

On a personal level, around the year 2000, a young woman to whom she had offered shelter left three children in her care: Matías (5), Melany (4), and Nicole (6 months old). Sonia raised them and became a maternal figure in their lives for many years, supporting them both economically and emotionally until they eventually went to live with their grandmother. She considers this one of the most meaningful experiences of her life, as it allowed her to provide the care and love she herself had been denied in childhood.

At age 50, she was diagnosed with HIV and severe hepatitis C, which led to a three-month stay in intensive care at the Hospital Muñiz. She spent about six months unable to work, supported by friends and neighbors. Later, she returned sporadically to sex work to survive, but as her health declined, she began working in home care and reading tarot cards as alternative sources of income.

With the passing of Argentina’s Gender Identity Law in 2012, she experienced legal recognition for the first time. Being able to carry her chosen name and be treated according to her identity marked a profound transformation after decades of marginalization. Around 2016, she sold her house in Quilmes and moved to San Justo to care for her mother until her death in 2019.

In February 2022, she began working at the Archivo de la Memoria Trans, where she found recognition, community, and the opportunity to reconstruct her history. She trained in photographic conservation and currently works in the digitization area. Sonia defines her life as that of a survivor: a trajectory shaped by violence, exclusion, sex work driven by lack of opportunities, state persecution, collective activism, and an ongoing search for historical repair and recognition.

Locais

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funções, ocupações e atividades

Mandatos/Fontes de autoridade

Estruturas internas/genealogia

Contexto geral

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Zona do controlo

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