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Registo de autoridade
Activista DD.HH

Patricia Rassmusen

  • PR02
  • Pessoa singular
  • 1965 - 2020

Patricia Rasmussen fue una militante por los derechos de las personas LGBT y una referente del activismo travesti y trans en Mar del Plata. Durante su trayectoria participó en la Red de Personas Viviendo con VIH, donde desarrolló tareas de promoción del testeo, prevención y capacitación, con especial atención a las necesidades de la comunidad travesti y trans.

En 1996 conoció a Belén Correa durante un verano en Mar del Plata. Por entonces, la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA), creada en 1993, tenía su principal base de organización en Buenos Aires. A partir de ese encuentro, Patricia participó de la apertura de la primera sede de ATTTA fuera de la ciudad de Buenos Aires, en Mar del Plata, experiencia que contribuyó posteriormente a pensar la organización en una dimensión nacional. Con el tiempo se convirtió en coordinadora de ATTTA en esa ciudad.

Su militancia estuvo vinculada especialmente al acceso a la salud de las personas travestis y trans. Trabajó para promover el acercamiento de profesionales y servicios sanitarios a la comunidad, impulsando espacios de atención y prevención frente a las dificultades de acceso que atravesaban muchas compañeras. También sostuvo tareas de sensibilización y formación en torno al VIH, el testeo y las estrategias de prevención.

Durante los últimos años de su vida se dedicó de tiempo completo al trabajo comunitario y a la militancia. En ese período continuó desarrollando acciones de acompañamiento y promoción de derechos, articulando las demandas de la comunidad travesti y trans con los espacios de salud y las organizaciones sociales.

Patricia compartió durante más de una década su vida con Florencio, quien fue su compañero y una persona significativa en su recorrido afectivo. En distintos momentos de su vida atravesó dificultades vinculadas al consumo de alcohol, y contó con su acompañamiento para afrontarlas.

Patricia Rasmussen murió en febrero de 2020, a los 55 años. Su recorrido forma parte de la historia de organización del movimiento travesti y trans en Mar del Plata, particularmente de los procesos de construcción colectiva orientados al acceso a la salud, la prevención del VIH y la ampliación de derechos.

Patricia Rasmussen was an activist for LGBT rights and a prominent figure in the travesti and trans movement in Mar del Plata. Throughout her life, she was involved with the Network of People Living with HIV, where she worked to promote HIV testing, prevention, and community education, with particular attention to the needs of the travesti and trans community.

In 1996, she met Belén Correa during the summer in Mar del Plata. At the time, the Association of Travestis, Transsexuals and Transgender People of Argentina (ATTTA), founded in 1993, was primarily based in Buenos Aires. Following their meeting, Patricia became involved in establishing ATTTA’s first branch outside the city of Buenos Aires, in Mar del Plata. This initiative later contributed to the organization’s development as a nationwide network. Patricia eventually became ATTTA’s coordinator in Mar del Plata.

Her activism focused particularly on access to healthcare for travesti and trans people. She worked to bring healthcare professionals and services closer to the community, promoting spaces for medical care and prevention in response to the barriers many travesti and trans people faced in accessing healthcare. She also carried out awareness-raising and educational activities related to HIV, testing, and prevention strategies.

During the final years of her life, Patricia devoted herself full-time to community work and activism. She continued to develop initiatives focused on support and the promotion of rights, connecting the needs and demands of the travesti and trans community with healthcare services and social organizations.

For more than a decade, Patricia shared her life with Florencio, her partner and an important figure in her emotional life. At different points in her life, she experienced difficulties related to alcohol use and received his support as she navigated them.

Patricia Rasmussen died in February 2020 at the age of 55. Her life and activism form part of the history of travesti and trans organizing in Mar del Plata, particularly the collective efforts to improve access to healthcare, promote HIV prevention, and advance the rights of travesti and trans people.

Sonia Beatriz Hernández

  • ST01
  • Pessoa singular
  • 1959 - Actualidad

Sonia Beatriz Torrese Hernández nació el 31 de diciembre de 1959 en Sierra de la Ventana, provincia de Buenos Aires, Argentina. Fue la hija mayor de Olga Hernández y Ramón Torrese, y creció junto a sus hermanos Marcela Torrese y Johnatan Torrese. Alrededor de los seis años se mudó con su familia a Morón, en el conurbano bonaerense. Desde muy pequeña comenzó a reconocerse como niña y a expresarlo en privado usando ropa femenina. Esa vivencia generó fuertes conflictos familiares: sufrió rechazo materno, control constante, violencia doméstica y situaciones traumáticas de abuso intrafamiliar, sin protección por parte de las personas adultas. Estas experiencias marcaron profundamente su infancia.

Durante la adolescencia intentó escapar varias veces de su casa para vivir de acuerdo con su identidad de género. Tuvo sus primeros contactos con el trabajo sexual en la zona de Morón, guiada por mujeres trans mayores que ya sobrevivían en la calle. En algunos intentos fue obligada a regresar al hogar y amenazada con instituciones de menores, lo que la llevó a ocultarse durante años. Finalmente, al cumplir 18 años, se fue definitivamente de su casa y se instaló con su amiga trans Romina, también de Morón, quien la introdujo formalmente en el trabajo sexual y le brindó contención en sus primeros años de independencia.

Entre los 21 y 22 años conoció a un médico que la incentivó a estudiar Auxiliar de Enfermería en el Hospital Alemán. Completó la formación e ingresó a trabajar como auxiliar de sala en esa institución. Sin embargo, a los 23 años fue despedida por su feminidad y orientación sexual. Más tarde consiguió empleo en la Clínica Sagrada Familia, en Belgrano, donde trabajó durante aproximadamente cuatro años. En ese período conoció a Luis Herrera, también enfermero, más tarde conocida como La Ivonne de Burzaco. A través de vínculos con otras compañeras trans comenzó procesos informales de feminización corporal mediante hormonas e inyecciones de silicona, prácticas frecuentes en una época sin acceso médico seguro ni legal para personas trans.

En 1986 fue despedida nuevamente de la clínica debido a los cambios visibles en su apariencia y debió regresar al trabajo sexual. Se instaló en la zona sur del Gran Buenos Aires, viviendo en Villa KM 13 de Quilmes, y trabajó en Camino General Belgrano. Una noche conoció a un médico vinculado a una clínica privada de Barracas, quien la ayudó a ingresar en 1988 al área de enfermería, esta vez ya siendo una mujer trans visible. En 1994 falleció ese médico, la clínica fue vendida y Sonia volvió a quedar sin trabajo. Desde entonces retornó al trabajo sexual, desempeñándose en las zonas rojas de Quilmes, la Autopista Riccheri y Chacarita, donde trabajó durante alrededor de quince años.

Durante las décadas de 1990 y 2000 atravesó años de persecución policial, extorsiones, detenciones arbitrarias y violencia institucional. Como muchas travestis y mujeres trans de su generación, sufrió hostigamiento constante por ejercer el trabajo sexual y ocupar el espacio público. También atravesó consumos problemáticos de alcohol y otras sustancias en un contexto de extrema vulnerabilidad social. A pesar de ello, se convirtió en una figura reconocida en distintas zonas de trabajo y construyó fuertes lazos de solidaridad con otras compañeras.

En esos mismos años comenzó a militar por los derechos del colectivo travesti-trans junto a referentes históricas como Lohana Berkins, María Belén Correa, Nadia Echazú y otras activistas. Participó en protestas contra los edictos policiales y contra la reforma del Código de Convivencia Urbana que criminalizaba a travestis y trabajadoras sexuales. En 2004 estuvo presente en una manifestación frente a la Legislatura porteña junto a Lohana Berkins, Edith La Tajo, Karina Pintarelli y Silvana Sosa. La protesta fue reprimida por la Policía Federal; varias compañeras fueron detenidas y Sonia logró escapar con ayuda de un móvil de Crónica TV. Tras ese episodio se exilió temporalmente en Brazil durante aproximadamente un año y medio, donde volvió a ejercer el trabajo sexual en condiciones muy violentas. Regresó a la Argentina hacia 2005, durante el gobierno de Néstor Kirchner, cuando disminuyó la persecución policial.

En el plano personal, cerca del año 2000 una joven a la que había dado alojamiento en el fondo de su casa dejó a su cuidado a tres niños: Matías, de cinco años; Melany, de cuatro; y Nicole, de seis meses. Sonia asumió su crianza y se convirtió en figura materna para ellos durante muchos años, sosteniéndolos económica y afectivamente hasta que crecieron y se fueron a vivir con su abuela. Ella recuerda esa etapa como una de las experiencias más significativas de su vida, por haber podido brindar el cuidado y el amor familiar que a ella le habían negado en su infancia.

A sus 50 años fue diagnosticada con HIV positivo y hepatitis C fulminante, lo que la llevó a permanecer tres meses en terapia intensiva en el Hospital Muñiz. Pasó alrededor de seis meses sin poder trabajar, sostenida por amigas y vecinos. Más adelante volvió esporádicamente al trabajo sexual para subsistir, pero al empeorar su salud comenzó a dedicarse al cuidado domiciliario de personas y a la lectura de tarot como medios de ingreso.

Con la sanción de la Ley de Identidad de Género en Argentina en 2012 sintió por primera vez un reconocimiento legal pleno. Poder portar su nombre femenino y ser tratada de acuerdo con su identidad representó una transformación profunda luego de décadas de humillaciones y exclusión. Alrededor de 2016 vendió su casa en Quilmes y se mudó a San Justo para cuidar a su madre hasta su fallecimiento en 2019.

En febrero de 2022 comenzó a trabajar en el Archivo de la Memoria Trans, espacio donde encontró reconocimiento, comunidad y la posibilidad de reconstruir su historia. Allí se capacitó en conservación fotográfica y actualmente trabaja en el área de digitalización. Sonia define su trayectoria como la de una sobreviviente: una vida atravesada por violencia, exclusión, trabajo sexual forzado por falta de oportunidades, persecución estatal, militancia colectiva y búsqueda de reparación histórica.


Sonia Beatriz Torrese Hernández was born on December 31, 1959, in Sierra de la Ventana, Argentina. She was the eldest child of Olga Hernández and Ramón Torrese, and grew up with her siblings Marcela Torrese and Johnatan Torrese. At around six years old, she moved with her family to Morón, in Greater Buenos Aires. From an early age, she recognized herself as a girl and expressed this identity privately by wearing feminine clothing. This led to severe family conflict: she experienced rejection, constant control, domestic violence, and traumatic situations of intrafamily abuse without adult protection. These experiences deeply shaped her childhood.

During adolescence, she attempted to run away from home several times in order to live according to her gender identity. She had her first contact with sex work in the Morón area, guided by older trans women who were already surviving on the streets. In some cases, she was forced to return home and threatened with institutionalization, which led her to hide her identity for years. At 18, she left home permanently and moved in with her trans friend Romina, who introduced her more formally to sex work and supported her in her first years of independence.

Between the ages of 21 and 22, she met a doctor who encouraged her to study to become a nursing assistant at the Hospital Alemán. After completing her training, she began working there as a ward assistant. However, at 23 she was dismissed due to her femininity and sexual orientation. She later worked at the Clínica Sagrada Familia in Belgrano for about four years. During this time, she met Luis Herrera—later known as La Ivonne de Burzaco—and, through connections with other trans women, began informal processes of body feminization using hormones and silicone injections, a common practice at the time due to the lack of safe and legal medical access for trans people.

In 1986, she was dismissed again because of changes in her appearance and returned to sex work. She settled in the southern area of Greater Buenos Aires, living in Villa KM 13 in Quilmes, and worked along Camino General Belgrano. One night, she met a doctor linked to a private clinic in Barracas, who helped her secure a position in 1988 in the nursing sector, this time openly as a trans woman. In 1994, the doctor passed away, the clinic was sold, and Sonia lost her job once again. She then returned to sex work, working in areas such as Quilmes, the Riccheri Highway, and Chacarita, where she remained active for around fifteen years.

Throughout the 1990s and 2000s, she endured ongoing police persecution, extortion, arbitrary arrests, and institutional violence. Like many travestis and trans women of her generation, she faced constant harassment for occupying public space and engaging in sex work. She also experienced problematic substance use in a context of extreme social vulnerability. Despite this, she became a well-known figure in various working areas and built strong bonds of solidarity with other trans women.

During this period, she also became involved in activism alongside key figures such as Lohana Berkins, María Belén Correa, and Nadia Echazú. She participated in protests against police edicts and the Urban Coexistence Code that criminalized travestis and sex workers. In 2004, she took part in a demonstration outside the Buenos Aires Legislature that was violently repressed by the police; several activists were detained, and Sonia managed to escape with help from a vehicle belonging to Crónica TV. Following this event, she went into temporary exile in Brazil for about a year and a half, where she again engaged in sex work under highly violent conditions. She returned to Argentina around 2005, during the presidency of Néstor Kirchner, when police persecution began to ease.

On a personal level, around the year 2000, a young woman to whom she had offered shelter left three children in her care: Matías (5), Melany (4), and Nicole (6 months old). Sonia raised them and became a maternal figure in their lives for many years, supporting them both economically and emotionally until they eventually went to live with their grandmother. She considers this one of the most meaningful experiences of her life, as it allowed her to provide the care and love she herself had been denied in childhood.

At age 50, she was diagnosed with HIV and severe hepatitis C, which led to a three-month stay in intensive care at the Hospital Muñiz. She spent about six months unable to work, supported by friends and neighbors. Later, she returned sporadically to sex work to survive, but as her health declined, she began working in home care and reading tarot cards as alternative sources of income.

With the passing of Argentina’s Gender Identity Law in 2012, she experienced legal recognition for the first time. Being able to carry her chosen name and be treated according to her identity marked a profound transformation after decades of marginalization. Around 2016, she sold her house in Quilmes and moved to San Justo to care for her mother until her death in 2019.

In February 2022, she began working at the Archivo de la Memoria Trans, where she found recognition, community, and the opportunity to reconstruct her history. She trained in photographic conservation and currently works in the digitization area. Sonia defines her life as that of a survivor: a trajectory shaped by violence, exclusion, sex work driven by lack of opportunities, state persecution, collective activism, and an ongoing search for historical repair and recognition.

Silvia Elizabeth Almirón

  • SA01
  • Pessoa singular
  • 1959

Silvia nació el 19 de noviembre de 1959 en la ciudad de Mar del Plata, provincia de Buenos Aires. Desde temprana edad desarrolló una relación estrecha con las expresiones artísticas y, a los 13 años, comenzó a vestirse de mujer, iniciando un proceso de construcción de su identidad de género en un contexto social en el que las identidades travestis y trans enfrentaban importantes restricciones y formas de exclusión.

A lo largo de su trayectoria, encontró en el arte un espacio de expresión y desarrollo personal. Se desempeñó como vedette, cantante, bailarina y actriz, construyendo una trayectoria artística que atravesó distintas disciplinas y escenarios. Esta dimensión ocupó un lugar significativo en su recorrido vital y profesional, y forma parte de la manera en que Silvia reconstruye su propia experiencia.

Entre 2004 y 2015 trabajó como coordinadora de A.P.I.D. (Asociación por la Igualdad de los Derechos), desarrollando tareas vinculadas con la organización y el trabajo por la igualdad de derechos. Su participación en este espacio se inscribe en una trayectoria que articuló su experiencia personal con ámbitos de participación social y comunitaria.

Silvia reconoce su recorrido a partir de las posibilidades que tuvo de desarrollarse tanto en el ámbito artístico como en espacios vinculados a la promoción de derechos. Su trayectoria reúne así distintas dimensiones de participación y expresión, en las que el arte y el trabajo comunitario ocuparon un lugar central.

Actualmente vive en Rawson, provincia del Chubut, donde continúa su vida vinculada a las experiencias y saberes construidos a lo largo de su trayectoria.

Silvia was born on November 19, 1959, in the city of Mar del Plata, Buenos Aires Province. From an early age, she developed a strong connection with artistic expression. At the age of 13, she began dressing as a woman, initiating a process of gender identity development within a social context in which travesti and trans identities faced significant restrictions and forms of exclusion.

Throughout her life, Silvia found in the arts a space for self-expression and personal development. She worked as a vedette, singer, dancer, and actress, building an artistic career across different disciplines and stages. This dimension became an important part of her life and professional trajectory and remains central to the way she describes her own experience.

Between 2004 and 2015, she worked as a coordinator at A.P.I.D. (Association for Equal Rights), carrying out activities related to organizational work and the promotion of equal rights. Her involvement in this organization formed part of a broader trajectory that connected her personal experience with spaces dedicated to social and community participation.

Silvia reflects on her life in terms of the opportunities she had to develop both artistically and through her involvement in work related to the promotion of rights. Her trajectory brings together different forms of participation and expression, with art and community work occupying a central place.

Silvia currently lives in Rawson, Chubut Province, where she continues her life drawing on the experiences and knowledge she has developed throughout her journey.