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Katiana Villagra

  • KV01
  • Person
  • 1963 - presente

BIOGRAFÍA:
Katiana “Katy” Villagra nació en la provincia de Tucumán el 2 de enero de 1963. Desde muy joven inició un proceso de construcción de su identidad de género en un contexto de fuerte exclusión social hacia las personas travestis y trans en Argentina. Como muchas mujeres trans de su generación, su trayectoria estuvo atravesada por experiencias de discriminación, dificultades para acceder al trabajo formal, limitaciones en el acceso a la salud y distintas formas de violencia institucional, en un período marcado por la criminalización de las identidades travestis y trans y el acceso restringido a derechos.
A fines de la década de 1990 recibió un diagnóstico de VIH, en una etapa en la que los tratamientos disponibles eran limitados. Esta experiencia fortaleció su compromiso con el trabajo comunitario y la llevó a participar en acciones de prevención y acompañamiento relacionadas con el VIH a través de la organización Conciencia Vida. Posteriormente se incorporó a la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA), donde desarrolló tareas de organización y acompañamiento comunitario. En 2015, tras las gestiones de Gabriela Regatuso y Ornella Infante, asumió la coordinación de ATTTA Neuquén, función que continúa desempeñando.
Un aspecto central de su trayectoria ha sido la construcción de redes comunitarias. A partir de su vínculo con la hermana Mónica, integrante de las Carmelitas Descalzas, y junto a otras compañeras, impulsó diversos proyectos que dieron origen a un espacio comunitario ubicado en una propiedad del Obispado de Neuquén. Concebido inicialmente para brindar cuidados a personas en situación de vulnerabilidad, ese espacio se consolidó posteriormente como un lugar de encuentro, formación y fortalecimiento de la organización comunitaria.
Mientras desarrollaba distintas actividades laborales para su subsistencia, inició estudios en un Centro de Educación para Adultos (CEPAO) de Neuquén. Se formó en Blanco y Mantelería y posteriormente en otros oficios textiles, conocimientos que aplicó en tareas de costura industrial vinculadas a la producción frutícola regional. A partir de esa experiencia impulsó el Taller Renacer, una iniciativa destinada a la capacitación en oficios y a la generación de oportunidades laborales para mujeres trans.
En marzo de 2015 comenzó un proceso de recuperación personal al incorporarse a Alcohólicos Anónimos, experiencia que favoreció la reconstrucción de vínculos familiares y comunitarios. En esos mismos años, la sanción de la Ley de Identidad de Género posibilitó que obtuviera un Documento Nacional de Identidad acorde con su identidad de género, ampliando su acceso a derechos y al ejercicio pleno de la ciudadanía.
Posteriormente se incorporó a la Dirección de Diversidad de Neuquén, donde desarrolló tareas de articulación con organizaciones sociales y de acompañamiento a personas de la diversidad. Actualmente se desempeña como directora de Abordaje Comunitario y participa activamente en la Casa Santa Teresita, espacio desde el que impulsa talleres, actividades comunitarias e iniciativas de inclusión social. Su trayectoria integra el trabajo territorial, la organización comunitaria y la promoción de los derechos de las personas travestis y trans, contribuyendo al fortalecimiento de redes de cuidado y de la memoria colectiva.

BIOGRAPHY:
Katiana “Katy” Villagra was born in the province of Tucumán on January 2, 1963. From a very young age, she began the process of developing her gender identity within a context of profound social exclusion of travesti and trans people in Argentina. Like many trans women of her generation, her life was shaped by discrimination, limited access to formal employment and healthcare, and various forms of institutional violence during a period marked by the criminalization of travesti and trans identities and restricted access to rights.
In the late 1990s, she was diagnosed with HIV, at a time when treatment options were limited. This experience strengthened her commitment to community work and led her to participate in HIV prevention and support initiatives through the organization Conciencia Vida. She later joined the Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA), where she became involved in community organizing and support work. In 2015, following efforts by Gabriela Regatuso and Ornella Infante, she took on the coordination of ATTTA Neuquén, a position she continues to hold.
A central aspect of her trajectory has been the development of community networks. Through her relationship with Sister Mónica, a member of the Discalced Carmelites, and together with other community members, she helped develop several projects that led to the creation of a community space on property belonging to the Diocese of Neuquén. Initially conceived as a place to provide care and support to people in vulnerable situations, the space later became a place for gathering, education, and strengthening community organizing.
While working in various jobs to support herself, she began studying at a Centro de Educación para Adultos (CEPAO) in Neuquén. She trained in Blanca y Mantelería, a field focused on textile and linen work, and later acquired skills in other textile trades. She applied this training to industrial sewing work connected to the region’s fruit-production industry. Building on this experience, she established Taller Renacer, an initiative focused on vocational training and creating employment opportunities for trans women.
In March 2015, she began a process of personal recovery by joining Alcoholics Anonymous, an experience that helped her rebuild family and community relationships. Around the same time, the passage of Argentina’s Gender Identity Law enabled her to obtain a National Identity Document that reflected her gender identity, expanding her access to rights and to the full exercise of citizenship.
She later joined the Neuquén Directorate of Diversity, where she worked to build partnerships with social organizations and support people from diverse communities. She currently serves as Director of Community Outreach and remains actively involved with Casa Santa Teresita, where she promotes workshops, community activities, and social inclusion initiatives. Her trajectory brings together grassroots work, community organizing, and advocacy for the rights of travesti and trans people, contributing to the strengthening of networks of care and collective memory.

Marcela Victoria Arce

  • MA02
  • Person
  • 1968 - presente

BIOGRAFÍA:
Marcela Victoria Arce nació el 30 de octubre de 1968 en la ciudad de Avellaneda, provincia de Buenos Aires. Creció en un entorno familiar junto a su padre, su madre, su abuela materna y sus hermanos, en una familia numerosa. Durante su infancia y adolescencia cursó la escuela primaria y secundaria, y posteriormente realizó estudios de Dibujo Publicitario durante dos años. Desde temprana edad desarrolló interés por actividades artísticas, especialmente el dibujo y la pintura.
En su adolescencia, entre los 16 y 17 años, comenzó a vincularse con espacios culturales y sociales asociados a la diversidad de género en el ámbito local. Participó en comparsas de la zona de Avellaneda, entre ellas “Los amantes del sol” de Villa Domínico, donde fue construyendo su identidad y su inserción en el ámbito festivo y comunitario. Su participación en estos espacios se sostuvo desde fines de la década de 1980 y se extendió durante varios años, hasta aproximadamente sus 45 años.
Inició su proceso de transición entre los 18 y 19 años, con el acompañamiento de su entorno familiar, en particular de su madre. En ese período estableció vínculos con referentes del colectivo travesti-trans, como La Cacho de Dock Sud y Adriana de Villa Fiorito, quienes formaron parte de sus primeras redes de sociabilidad y apoyo. A los 21 años realizó una celebración familiar que reunió tanto a integrantes de su familia como a personas del colectivo, configurando un espacio de encuentro entre distintos ámbitos de su vida.
En el plano laboral, trabajó en empleos formales antes de su transición, desempeñándose como cadete en oficinas y en una entidad bancaria. Hacia fines de la década de 1980 comenzó a ejercer el trabajo sexual en la zona de Centenario Uruguayo, en Villa Domínico. Posteriormente se estableció en Wilde, donde continúa desarrollando esta actividad desde hace más de dos décadas en un mismo punto de la vía pública, en articulación con el entorno barrial.
A lo largo de su trayectoria atravesó situaciones de detención y violencia institucional, especialmente durante las décadas de 1980 y 1990, en un contexto marcado por la vigencia de edictos policiales y la criminalización de las identidades travestis y trans. En años posteriores, la derogación de estas normativas y la sanción de la Ley de Identidad de Género en Argentina incidieron en la transformación de sus condiciones de vida y en el acceso a derechos.
En la actualidad reside en Wilde, donde mantiene vínculos familiares y afectivos. Participa del Archivo de la Memoria Trans, colaborando en la preservación de fotografías y testimonios, y contribuyendo a la construcción de un registro colectivo de las experiencias del colectivo travesti-trans.

BIOGRAPHY:
Marcela Victoria Arce was born on October 30, 1968, in the city of Avellaneda, in the province of Buenos Aires. She grew up in a large family with her father, mother, maternal grandmother, and siblings. During her childhood and adolescence, she attended elementary and secondary school and later studied Commercial Art and Illustration for two years. From an early age, she developed an interest in the arts, particularly drawing and painting.
Between the ages of 16 and 17, she began becoming involved with cultural and social spaces connected to gender diversity in her local community. She participated in comparsas in the Avellaneda area, including “Los Amantes del Sol” in Villa Domínico, where she developed her identity and became part of festive and community life. Her involvement in these spaces began in the late 1980s and continued for several years, until she was approximately 45 years old.
She began her transition between the ages of 18 and 19, with the support of her family, particularly her mother. During this period, she formed relationships with members of the travesti-trans community, including La Cacho from Dock Sud and Adriana from Villa Fiorito, who became part of her first networks of social connection and support. At the age of 21, she held a family celebration that brought together relatives and members of the community, creating a space where different aspects of her life could come together.
In terms of employment, she held formal jobs before her transition, working as an office messenger and at a bank. Toward the end of the 1980s, she began doing sex work in the Centenario Uruguayo area of Villa Domínico. She later settled in Wilde, where she has continued this work for more than two decades at the same location on a public street, maintaining ties with the surrounding neighborhood.
Throughout her life, she experienced detention and institutional violence, particularly during the 1980s and 1990s, in a context marked by the enforcement of police edicts and the criminalization of travesti and trans identities. In later years, the repeal of these regulations and the passage of Argentina’s Gender Identity Law contributed to changes in her living conditions and access to rights.
Today, she lives in Wilde, where she maintains family and personal relationships. She participates in the Archivo de la Memoria Trans, contributing to the preservation of photographs and testimonies and helping build a collective record of the experiences of the travesti-trans community.

Andrea María Herrera

  • AH01
  • Person
  • 1973 - presente

Andrea María Herrera nació en Quilmes, provincia de Buenos Aires, alrededor de 1973. Fue criada en Quilmes Oeste y San Francisco Solano por su tío y su esposa, quienes la adoptaron cuando era bebé debido a los problemas de alcoholismo que atravesaba su madre biológica. Creció junto a sus hermanos adoptivos en una infancia que recuerda como feliz y afectuosa, aunque desde muy pequeña comenzó a percibir que su identidad y sus deseos no coincidían con las expectativas masculinas que le imponía su entorno. Desde los siete u ocho años prefería los juegos, la ropa y las actividades asociadas a lo femenino, y ya entonces imaginaba para sí una vida como mujer.
Durante la adolescencia vivió una profunda tensión entre su identidad y la necesidad de aparentar una masculinidad que no sentía propia. A los 16 o 17 años comenzó a tomar anticonceptivos como forma de feminizar su cuerpo, guiada por otras mujeres trans y travestis de su barrio. La cercanía de la Ruta Camino General Belgrano, donde conoció a figuras fundamentales como Daniela “La Sirena”, le permitió entrar en contacto con una comunidad que le ofreció referencias, contención y herramientas para comprender quién era. Tras la muerte de su madre adoptiva, cuando tenía alrededor de veinte años, inició abiertamente su transición y poco después fue expulsada de su hogar por sus hermanos debido a su identidad de género. Durante varios años vivió en casas prestadas y compartidas mientras comenzaba a trabajar en la Ruta Camino General Belgrano, donde sería conocida durante mucho tiempo por el nombre de Brisa.
Durante más de una década trabajó en la calle y atravesó algunas de las experiencias más duras que marcaron la vida de muchas travestis y mujeres trans de su generación. Fue detenida en innumerables oportunidades bajo figuras contravencionales que criminalizaban la expresión de género, pasó por numerosas comisarías del sur del conurbano bonaerense y sufrió violencia policial, persecuciones, razzias y condiciones de detención extremadamente precarias. También enfrentó agresiones de clientes, situaciones de pobreza, consumo problemático de alcohol y otras sustancias, y conflictos dentro de la propia comunidad travesti vinculados a la disputa por los espacios de trabajo. Paralelamente, comenzó a realizar intervenciones corporales con silicona líquida industrial en rostro, pechos, caderas, glúteos y piernas, prácticas muy extendidas en aquellos años debido a la falta de acceso a tratamientos médicos seguros.
A lo largo de su juventud también trabajó durante aproximadamente dos años y medio en Mar del Plata, especialmente en la zona de la avenida Luro, experiencia que recuerda como una etapa de aprendizaje y crecimiento personal. Participó además en corsos y comparsas de localidades como José Mármol y Burzaco, espacios que recuerda como momentos excepcionales de libertad y expresión en una época marcada por la persecución policial.
Con el paso de los años decidió alejarse progresivamente de la calle. Terminó sus estudios secundarios, se formó como acompañante terapéutica y cuidadora domiciliaria, y comenzó a trabajar en geriatría. Paralelamente inició una búsqueda de reconciliación con su familia biológica. Impulsada por amigas cercanas, viajó a Alejandro Roca, provincia de Córdoba, donde conoció personalmente a su madre biológica y a sus hermanos. Aunque el reencuentro fue inicialmente difícil, con el tiempo logró construir vínculos afectivos duraderos y ser reconocida por su madre como hija.
La sanción de la Ley de Identidad de Género en 2012 representó un momento fundamental en su vida. Fue entonces cuando dejó atrás el nombre de Brisa y adoptó legalmente el nombre de Andrea María Herrera: Andrea como adaptación de su nombre de nacimiento y María en homenaje a su madre adoptiva. Además de su trayectoria personal, participó activamente en espacios de militancia junto a organizaciones como ATTA y referentes históricas como Marcela Romero y Silvana Sosa, acompañando reclamos por los derechos de las personas travestis y trans, incluida la lucha por la Ley de Identidad de Género y otras conquistas del colectivo.
En 2017 inició una relación con Gabriel, su actual compañero de vida, a quien conoció a través de redes sociales y amistades en común. Desde entonces construyen una vida compartida atravesada por el afecto y la resistencia frente a las distintas formas de discriminación que ambos experimentaron. Andrea también ocupa un lugar importante dentro de su familia ampliada: es madrina de su sobrina Milagros, un vínculo que considera uno de los recuerdos más felices y significativos de su vida.
En el presente vive en San Francisco Solano junto a sus cinco perros, alejada de la calle y dedicada al cuidado de otras personas. Se define como una mujer generosa, comprometida con su comunidad y siempre dispuesta a acompañar a las nuevas generaciones. Su historia reúne muchas de las experiencias que atravesaron las mujeres travestis y trans argentinas de su generación: la expulsión familiar, la vida en la calle, la persecución policial, la construcción de redes afectivas, la militancia por los derechos humanos y la búsqueda persistente de una vida digna y reconocida en sus propios términos.

Andrea María Herrera

Andrea María Herrera was born in Quilmes, in the province of Buenos Aires, around 1973. She was raised in Quilmes Oeste and San Francisco Solano by her uncle and his wife, who adopted her as a baby due to the alcoholism affecting her biological mother. She grew up alongside her adoptive siblings in a childhood she remembers as happy and affectionate, although from a very young age she began to perceive that her identity and desires did not align with the masculine expectations imposed upon her by her surroundings. From the age of seven or eight, she preferred games, clothing, and activities associated with femininity, and even then imagined herself living a life as a woman.

During adolescence, she experienced a profound tension between her identity and the need to present a masculinity that did not feel like her own. At the age of 16 or 17, she began taking birth control pills as a way of feminizing her body, guided by other trans women and travestis from her neighborhood. The proximity of Camino General Belgrano Road, where she met key figures such as Daniela “La Sirena,” brought her into contact with a community that provided her with references, support, and tools to understand who she was. Following the death of her adoptive mother, when she was around twenty years old, she openly began her transition and was soon expelled from her home by her siblings because of her gender identity. For several years, she lived in borrowed and shared homes while beginning to work along Camino General Belgrano Road, where she would be known for many years by the name Brisa.

For more than a decade, she worked on the streets and experienced some of the most difficult circumstances that marked the lives of many travestis and trans women of her generation. She was arrested countless times under offenses that criminalized gender expression, was taken to numerous police stations throughout the southern areas of Greater Buenos Aires, and experienced police violence, persecution, raids, and extremely precarious detention conditions. She also faced assaults by clients, poverty, problematic alcohol and substance use, and conflicts within the travesti community itself related to disputes over working areas. At the same time, she began undergoing body modifications using industrial liquid silicone in her face, breasts, hips, buttocks, and legs—practices that were widespread at the time due to the lack of access to safe medical treatments.

Throughout her youth, she also worked for approximately two and a half years in Mar del Plata, particularly in the area around Avenida Luro, an experience she remembers as a period of learning and personal growth. She also participated in corsos and comparsas in towns such as José Mármol and Burzaco, spaces she remembers as exceptional moments of freedom and self-expression during a period marked by police persecution.

Over the years, she gradually decided to distance herself from street-based sex work. She completed her secondary education, trained as a therapeutic companion and home caregiver, and began working in geriatric care. At the same time, she embarked on a process of reconciliation with her biological family. Encouraged by close friends, she traveled to Alejandro Roca, in the province of Córdoba, where she met her biological mother and siblings in person. Although the reunion was initially difficult, over time she was able to build lasting emotional bonds and be recognized by her mother as her daughter.

The enactment of the Gender Identity Law in 2012 represented a fundamental moment in her life. It was then that she left behind the name Brisa and legally adopted the name Andrea María Herrera: Andrea as an adaptation of her birth name, and María as a tribute to her adoptive mother. In addition to her personal trajectory, she actively participated in advocacy spaces alongside organizations such as ATTTA and historical figures including Marcela Romero and Silvana Sosa, supporting demands for the rights of travesti and trans people, including the struggle for the Gender Identity Law and other achievements of the community.

In 2017, she began a relationship with Gabriel, her current life partner, whom she met through social media and mutual friends. Since then, they have built a life together shaped by affection and resilience in the face of the different forms of discrimination they have both experienced. Andrea also holds an important place within her extended family: she is the godmother of her niece Milagros, a bond she considers one of the happiest and most meaningful memories of her life.

Today, she lives in San Francisco Solano with her five dogs, away from street-based sex work and dedicated to caring for others. She describes herself as a generous woman, committed to her community and always willing to support younger generations. Her story brings together many of the experiences shared by Argentine travestis and trans women of her generation: family rejection, life on the streets, police persecution, the building of networks of affection and mutual support, activism for human rights, and the persistent pursuit of a dignified life lived and recognized on her own terms.

Daniela Díaz

  • DD01
  • Person
  • 1967 - presente

Daniela Catalina Díaz, conocida popularmente como “La Sirena de Quilmes”, nació alrededor de 1967 en Las Breñas, provincia del Chaco, y llegó a la provincia de Buenos Aires siendo bebé, cuando su madre Catalina se radicó en la ciudad de Quilmes. Fue la mayor de ocho hermanos y creció en un hogar humilde en la zona de La Colonia, donde su madre ocupó un lugar central como sostén afectivo y económico de la familia.
Desde temprana edad manifestó una identidad femenina y una identificación con elementos asociados al universo de las mujeres, como el cabello largo y la figura de las sirenas, que posteriormente daría origen a su nombre popular. Durante la escuela primaria conoció a Erika, otra niña trans con quien compartió experiencias y conversaciones vinculadas a sus identidades. A comienzos de la década de 1980, durante los corsos de Quilmes, tomó contacto con mujeres trans visibles de la zona sur del conurbano bonaerense, entre ellas Vanesa Meza, Débora, Marisa y Tatiana. Estos encuentros fueron significativos en su proceso de reconocimiento personal y en la construcción de redes con otras mujeres trans. Entre los 14 y 15 años inició tratamientos hormonales y comenzó a expresar públicamente su identidad femenina en un contexto atravesado por la persecución policial, la discriminación y las restricciones para el acceso al trabajo formal.
Durante su juventud participó en carnavales y corsos populares de Quilmes y Berazategui, especialmente junto a la comparsa Las Bacantes, espacios de encuentro comunitario y expresión artística. Como muchas mujeres trans de su generación, atravesó situaciones de hostigamiento y violencia institucional, al tiempo que desarrolló estrategias laborales y redes de apoyo para sostener su vida cotidiana.
A lo largo de su trayectoria realizó diversas actividades comerciales vinculadas a la venta de ropa, calzado y accesorios, estableciendo vínculos con otras personas trans dentro y fuera de Argentina. En la década de 1990 adquirió un terreno en Quilmes e inició la construcción de su vivienda, proyecto que continuó desarrollando durante los años siguientes.
En 2004 migró a Europa, donde residió en distintas ciudades de Italia y Suiza. Durante ese período trabajó, construyó redes con comunidades latinoamericanas, especialmente con compañeras peruanas y brasileñas, y reunió recursos para finalizar su casa en Argentina. También atravesó dificultades vinculadas a su situación migratoria y permaneció detenida en relación con la falta de documentación regular. Regresó a Quilmes entre 2006 y 2007, donde continuó su vida comunitaria y atravesó posteriormente tratamientos médicos vinculados a intervenciones corporales realizadas durante su juventud.
Luego de la sanción de la Ley de Identidad de Género en 2012, realizó la rectificación registral de su identidad. Para ello viajó a Las Breñas, recuperó su partida de nacimiento y eligió el nombre Daniela Catalina Díaz, incorporando el nombre de su madre como reconocimiento al vínculo que acompañó gran parte de su trayectoria.
Actualmente continúa viviendo en Quilmes, participando en espacios comunitarios y acompañando a nuevas generaciones de mujeres trans. Como “La Sirena de Quilmes”, su recorrido forma parte de la memoria colectiva trans de la zona sur bonaerense, integrando experiencias de trabajo, migración, vínculos afectivos y construcción comunitaria.

Daniela Catalina Díaz, popularly known as “La Sirena de Quilmes,” was born around 1967 in Las Breñas, in the province of Chaco, and moved to Buenos Aires Province as an infant when her mother, Catalina, settled in the city of Quilmes. She was the eldest of eight siblings and grew up in a working-class household in the La Colonia area, where her mother played a central role as the family’s emotional and economic support.

From an early age, she expressed a feminine identity and identified with elements associated with women, such as long hair and the figure of the mermaid, which would later give rise to her popular nickname. During primary school, she met Erika, another trans girl with whom she shared experiences and conversations related to their identities. In the early 1980s, during the Quilmes carnival celebrations, she came into contact with visible trans women from the southern districts of Greater Buenos Aires, including Vanesa Meza, Débora, Marisa, and Tatiana. These encounters were significant in her process of self-recognition and in the development of networks with other trans women. Between the ages of 14 and 15, she began hormone treatments and started expressing her feminine identity publicly in a context marked by police persecution, discrimination, and limited access to formal employment.

During her youth, she participated in carnivals and popular corsos in Quilmes and Berazategui, particularly with the Las Bacantes comparsa, which provided spaces for community gathering and artistic expression. Like many trans women of her generation, she experienced harassment and institutional violence while developing strategies for earning a living and building support networks to sustain her everyday life.

Throughout her life, she engaged in various commercial activities involving the sale of clothing, footwear, and accessories, establishing connections with other trans people both within Argentina and abroad. During the 1990s, she acquired a plot of land in Quilmes and began building her home, a project she continued to develop over the following years.

In 2004, she migrated to Europe, where she lived in several cities in Italy and Switzerland. During this period, she worked, built networks within Latin American communities, particularly with Peruvian and Brazilian compañeras, and accumulated resources to complete her home in Argentina. She also faced difficulties related to her immigration status and was detained in connection with irregular documentation. She returned to Quilmes between 2006 and 2007, where she resumed her community life and later underwent medical treatments related to body modifications performed during her youth.

Following the enactment of Argentina’s Gender Identity Law in 2012, she legally changed the gender and name recorded in her official documents. To complete the process, she traveled to Las Breñas, retrieved her birth certificate, and chose the name Daniela Catalina Díaz, incorporating her mother’s name as a tribute to the relationship that had accompanied much of her life.

She currently continues to live in Quilmes, participating in community spaces and supporting younger generations of trans women. As “La Sirena de Quilmes,” her life trajectory forms part of the collective trans memory of southern Greater Buenos Aires, encompassing experiences of work, migration, affective relationships, and community building.

Adriana Cuello

  • AC01
  • Person
  • 10/05/1966

Adriana Cuello nació el 10 de Mayo de 1966 Famaillá, Tucumán.
Hija de una familia de 8 hermanes.

A los 11 años, en plena dictadura, se enteró que la casa donde vivía con su mamá estaba hipotecada y no tenían plata para pagarla.
Movilizada por esta necesidad económica comenzó a ejercer el trabajo sexual, con su amiga Marcela. Se fué de Tucuman a los 14 años y no volvió más. Pasó por Buenos Aires un tiempo y debido a la represión policial empozó a estudiar baile y recorrer todos los cabarets del sur del país.

Sufrió abuso de poder. Vivió muchos momentos presa y golpeada debido a los edictos policiales de la época en varias provincias.
A su amiga Marcela la asesinó la Policía en la ruta 38. Después de esta muerte migró a Buenos Aires y trabajó en la Panamericana.
Una noche, a los 17 años, mientras trabajaba como prostituta en la Autopista Panamericana les dijo a sus compañeras que se iría a donde la lleve el próximo camión que pase. El primer camión que paró se dirigía hacia Neuquén y desde entonces vive allí. En Neuquén conoció a Carolina A. Figueredo, Daniela Chavez, “La Cheli”, “La Heidi”, Katty Villagra, Jessica Sandoval, “La Negrita”, “La cocó”, Soledad Freire, Gabriela Retamal “La Tortuguita”, Marité, Laura Chandía, “La Brandy”, “La Pinky (cordobesa)”, y más.

Por problemas con proxenetas, tuvo que irse temporalmente de Neuquén, a sus 20 años. Entonces recorrió el sur de Argentina.
En 1993 volvió a Neuquén y a hoy día vive en Costa Limay: el primer complejo habitacional para personas trans del mundo creado e impulsado por Mónica Astorga, con su pareja y su perro.

Fue tía de Gala Estefanía Perea, víctima de travesticidio a los 19 años.


Adriana Cuello was born on May 10, 1966, in Famaillá, Tucumán.
She was one of eight siblings.

At age 11, during the dictatorship, she learned that the house where she lived with her mother was mortgaged and they didn't have the money to pay it off. Driven by this financial need, she began working as a sex worker with her friend Marcela.

She left Tucumán at age 14 and never returned. She suffered abuse of power and was imprisoned and beaten many times due to the police edicts of the time in several provinces.
Her friend Marcela was murdered by the police on Route 38. After Marcela's death, she migrated to Buenos Aires and worked on the Panamericana Highway.
One night, at 17, while working as a prostitute on the Panamericana Highway, she told her colleagues she would go wherever the next passing truck took her. The first truck that stopped was headed to Neuquén, and she has lived there ever since. In Neuquén, she met Carolina A. Figueredo, Daniela Chavez, “La Cheli,” “La Heidi,” Katty Villagra, Jessica Sandoval, “La Negrita,” “La Cocó,” Soledad Freire, Gabriela Retamal “La Tortuguita,” Marité, Laura Chandía, “La Brandy,” “La Pinky (from Córdoba),” and others.

Due to problems with pimps, she had to leave Neuquén temporarily at age 20. She spent some time in Buenos Aires, and due to police repression, she began studying dance and performing in cabarets throughout southern Argentina. In 1993, she returned to Neuquén and today lives with her partner and their dog in Costa Limay : the world's first housing complex for transgender people, created and promoted by Mónica Astorga,

She was the aunt of Gala Estefanía Perea, a victim of transvesticide at the age of 19.

Claudia Fabiana Rosa Ghisolfo

  • CG01
  • Person
  • 1970 - presente

Claudia Fabiana Rosa Ghisolfo nació el 9 de noviembre de 1970 en Quilmes, provincia de Buenos Aires, y creció entre Quilmes y Ezpeleta en el seno de una familia conformada por su madre, Rosa Alarcón, su padre y sus hermanos. Desde su infancia manifestó una identidad femenina, encontrando en su madre una figura de acompañamiento en un contexto social marcado por la escasa aceptación de las identidades trans. Cursó el nivel inicial y la escuela primaria en Quilmes, e inició estudios secundarios que no pudo completar.
A los 14 años comenzó su trayectoria laboral junto a su padre en una estación de servicio. Posteriormente se desempeñó en diversos ámbitos, como depósitos, supermercados, fábricas y comercios gastronómicos. Su recorrido estuvo atravesado por situaciones reiteradas de discriminación vinculadas a su expresión de género, que derivaron en despidos y en la necesidad de realizar reclamos judiciales. En paralelo, llevó adelante distintos procesos de formación a través de cursos y aprendizajes laborales.
Durante su adolescencia estableció vínculos con otras personas trans que influyeron en su trayectoria, entre ellas Karina Baleandi, referente significativa por su visibilidad y acceso a derechos en un período de fuerte exclusión. En las décadas de 1980 y 1990 vivió experiencias de persecución policial, razzias y violencia institucional, en el marco de normativas que criminalizaban a las identidades travestis y trans. En ese contexto, y tras conflictos familiares asociados a su identidad, se independizó alrededor de los 22 años, iniciando la construcción de su vivienda, de la cual es propietaria. A los 25 años comenzó su transición de género mediante intervenciones corporales, proceso que formó parte de la afirmación de su identidad.
A lo largo de su vida sostuvo vínculos familiares y comunitarios significativos. Mantuvo una relación cercana con su madre y con su hermana trans, Débora, y asumió tareas de cuidado tanto de sus hermanas menores como de sus padres durante su vejez y enfermedad. Participó en acciones colectivas por los derechos de las personas trans junto a la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA), colaborando en la recolección de firmas para la sanción de la Ley de Identidad de Género. La aprobación de esta normativa posibilitó el acceso a documentación acorde a su identidad.
Asimismo, recorrió distintas regiones del país, incluyendo provincias del norte y la Patagonia. En la actualidad continúa sosteniendo vínculos comunitarios y participando en espacios vinculados a la defensa de los derechos de las personas trans, reafirmando su trayectoria en articulación con los procesos históricos y sociales que atravesaron a su generación.

Claudia Fabiana Rosa Ghisolfo

Claudia Fabiana Rosa Ghisolfo was born on November 9, 1970, in Quilmes, in the province of Buenos Aires, and grew up between Quilmes and Ezpeleta in a family made up of her mother, Rosa Alarcón, her father, and her siblings. From childhood, she expressed a feminine identity, finding support in her mother within a social context marked by limited acceptance of trans identities. She attended preschool and primary school in Quilmes and began secondary education, which she was unable to complete.

At the age of 14, she began working alongside her father at a service station. She subsequently worked in a variety of settings, including warehouses, supermarkets, factories, and food-service establishments. Her work trajectory was marked by repeated instances of discrimination related to her gender expression, which resulted in dismissals and the need to pursue legal claims. At the same time, she continued her education through vocational courses and workplace-based learning.

During adolescence, she established relationships with other trans people who influenced her life trajectory, including Karina Baleandi, a significant figure whose visibility and access to rights were particularly important during a period of severe exclusion. Throughout the 1980s and 1990s, Claudia experienced police persecution, raids, and institutional violence within a legal framework that criminalized travesti and trans identities. In this context, and following family conflicts related to her identity, she became independent at around the age of 22 and began building her own home, which she owns to this day. At the age of 25, she began her gender transition through body modifications, a process that formed part of the affirmation of her identity.

Throughout her life, she maintained significant family and community relationships. She remained close to her mother and her trans sister, Débora, and took on caregiving responsibilities for both her younger sisters and her parents during their old age and periods of illness. She participated in collective actions in defense of trans people's rights alongside the Association of Travestis, Transsexuals and Transgenders of Argentina (ATTTA), including the collection of signatures supporting the enactment of the Gender Identity Law. The approval of this legislation enabled her to obtain identity documents consistent with her gender identity.

She also traveled extensively throughout the country, including different provinces in northern Argentina and Patagonia. Today, she continues to maintain community ties and participate in spaces dedicated to defending the rights of trans people, reaffirming her life trajectory in connection with the historical and social processes experienced by her generation.

Andrea Soledad Vargas

  • AV03
  • Person
  • 1967 - presente

Andrea Vargas nació el 19 de enero de 1967 en la Maternidad Sardá, en el barrio porteño de Parque Patricios. Fue la tercera de cuatro hermanos y creció en el seno de una familia trabajadora junto a sus padres, dos hermanas y un hermano mayor. Recuerda su infancia como una etapa marcada por el afecto familiar y por una temprana expresión de su identidad de género. Desde pequeña encontró en los juegos, la ropa de su madre y las actividades compartidas con sus hermanas formas de reconocerse y expresar una identidad que contrastaba con las expectativas sociales de la época.
Durante la adolescencia comenzó a enfrentar situaciones de discriminación y dificultades para transitar los espacios educativos y sociales. En ese contexto encontró en la lectura y la música ámbitos de interés y expresión personal. Su trayectoria se desarrolló en un período en el que las identidades travestis y trans eran objeto de criminalización y persecución. Como muchas mujeres trans de su generación, fue detenida en numerosas oportunidades en aplicación de los edictos policiales, permaneciendo en comisarías durante días o semanas y sufriendo diversas formas de violencia institucional. Estas experiencias se desarrollaron en paralelo a una vida familiar que procuró preservar, evitando compartir con sus padres las situaciones de violencia que atravesaba.
Las condiciones de exclusión que afectaban a las personas trans limitaron sus posibilidades de acceso al empleo formal. A lo largo de los años trabajó en peluquerías y desempeñó distintas tareas para sostenerse económicamente. También ejerció el trabajo sexual, actividad vinculada a la falta de oportunidades laborales disponibles para gran parte de las mujeres trans de su generación.
Un punto de inflexión en su trayectoria fue el encuentro con Andrés Mateo durante un carnaval en el sur del conurbano bonaerense. Junto a él construyó una vida en común que se extendió por más de tres décadas y conformó una familia. Participó activamente en la crianza de tres hijos, asumiendo las tareas de cuidado, el acompañamiento escolar y la vida cotidiana, consolidando un vínculo afectivo que con el tiempo llevó a que la hija menor la reconociera como su madre.
Durante esos años desarrolló una trayectoria como acompañante de personas mayores, actividad que inició a partir de la experiencia de cuidado de su compañero durante una enfermedad prolongada. Desde entonces continúa desempeñándose en ese ámbito, al que considera una forma de cuidado y compromiso con otras personas. Paralelamente incorporó el tejido como una práctica creativa y de expresión personal, elaborando prendas para familiares y personas cercanas.
Tras la sanción de la Ley de Identidad de Género fortaleció su participación en espacios de memoria y organización comunitaria del colectivo trans. Colaboró en actividades de sensibilización sobre diversidad en escuelas secundarias del municipio de Ezeiza y participa en iniciativas orientadas a preservar la memoria de las personas trans mayores y a promover el acceso a derechos. Actualmente reside en Ezeiza, donde continúa desarrollando tareas de cuidado, participa en espacios comunitarios y comparte su vida con su familia, contribuyendo a la construcción de memoria colectiva y al reconocimiento de las trayectorias de las personas travestis y trans en la Argentina.

Andrea Vargas was born on January 19, 1967, at Sardá Maternity Hospital, in the Parque Patricios neighborhood of the City of Buenos Aires. She was the third of four siblings and grew up in a working-class family with her parents, two sisters, and an older brother. She remembers her childhood as a period marked by family affection and an early expression of her gender identity. From a young age, she found in games, wearing her mother's clothes, and activities shared with her sisters ways of recognizing herself and expressing an identity that contrasted with the social expectations of the time.

During adolescence, she began facing discrimination and difficulties navigating educational and social spaces. In this context, she found in reading and music areas of personal interest and self-expression. Her life trajectory unfolded during a period when travesti and trans identities were subject to criminalization and persecution. Like many trans women of her generation, she was arrested numerous times under the police edicts, spending days or weeks in police stations and experiencing various forms of institutional violence. These experiences unfolded alongside a family life that she sought to preserve, choosing not to share with her parents the situations of violence she was experiencing.

The conditions of exclusion affecting trans people limited their opportunities to access formal employment. Over the years, she worked in hair salons and performed various jobs to support herself financially. She also engaged in sex work, an activity closely linked to the lack of employment opportunities available to many trans women of her generation.

A turning point in her life trajectory was meeting Andrés Mateo during a carnival in the southern area of Greater Buenos Aires. Together, they built a life that lasted for more than three decades and formed a family. She actively participated in raising three children, taking responsibility for caregiving, supporting their education, and sharing in everyday life. Over time, this emotional bond led the youngest daughter to recognize her as her mother.

During those years, she developed a career as a caregiver for older adults, an occupation she began after caring for her partner during a prolonged illness. She has continued working in this field ever since, which she regards as a form of care and commitment to others. At the same time, she took up knitting as a creative practice and means of personal expression, making garments for family members and people close to her.

Following the enactment of the Gender Identity Law, she strengthened her participation in spaces dedicated to memory and community organizing within the trans community. She collaborated in diversity-awareness activities at secondary schools in the municipality of Ezeiza and participates in initiatives aimed at preserving the memory of older trans people and promoting access to rights. She currently lives in Ezeiza, where she continues her caregiving work, participates in community spaces, and shares her life with her family, contributing to the construction of collective memory and to the recognition of the life trajectories of travesti and trans people in Argentina.

Marcela Navarro

  • MN01
  • Person
  • 1968 - Actualidad

Lara Marcela Navarro nació el 9 de Julio de 1968 en el Hospital Castex, en el partido de General San Martín, provincia de Buenos Aires. Es hija de Enrique Laurindo Navarro y Elsa Malvina Díaz, y creció en una familia numerosa de fuerte identidad peronista y activa participación política. Pasó sus primeros años en Billinghurst y luego se trasladó junto a su familia a José C. Paz, donde se establecieron definitivamente. Tiene ocho hermanos, uno de ellos desaparecido.

Desde la infancia comenzó a percibirse distinta de lo esperado para el género asignado al nacer. A los seis años ya manifestaba atracción por la ropa femenina y el deseo de vincularse principalmente con niñas. Cursó sus estudios primarios en el Instituto San Pedro, una escuela privada católica, donde sus expresiones de feminidad generaron rechazo y preocupación institucional. Fue sometida allí a tratamientos psicológicos orientados a corregir su identidad y orientación, mientras a su madre le decían que padecía una enfermedad mental. Hacia los trece años, sus padres comprendieron que esas prácticas no cambiarían su realidad y exigieron que cesaran.

Durante la niñez y la preadolescencia atravesó sentimientos de tristeza, depresión y opresión por la condena social hacia su identidad. Buscó refugio en la espiritualidad y acudió a la Iglesia para consultar si Dios podía aceptarla tal como era, pero fue rechazada por el sacerdote del colegio, quien la expulsó y no le permitió regresar. Años más tarde, ya cerca de los dieciocho años, encontró otro camino espiritual al ser invitada por una compañera trans conocida como “Pipi” a un templo afrobrasileño en José C. Paz. Allí conoció un espacio diverso y acogedor, frecuentado por personas gays, lesbianas, travestis y afrodescendientes. Continuó participando en esa comunidad religiosa y, desde 1999, es May de Santos (Iyalorixá), desempeñándose como guía espiritual de personas allegadas a su templo.

Durante la adolescencia inició su transición con el apoyo de su madre. Ante la ausencia de información pública sobre identidades trans, buscó orientación en compañeras mayores de su barrio. En 1985, siendo muy joven, comenzó a ejercer el trabajo sexual como forma de subsistencia y búsqueda de independencia económica. Con ayuda de una compañera llamada Patricia aprendió a cuidarse, defenderse y manejar dinero. También logró ahorrar durante un tiempo para realizarse colocaciones informales de silicona, práctica común y riesgosa en aquella época ante la falta de acceso a la salud. Poco después dejó la casa familiar tras conflictos con su padre vinculados a sus horarios, la vida nocturna y su necesidad de autonomía, y pasó a convivir con otras compañeras trans.

Su juventud estuvo marcada por la persecución policial sistemática. Fue detenida por primera vez siendo menor de edad, incluso mientras hacía compras cerca de su casa. Luego sufrió reiteradas detenciones por aplicación de los edictos policiales, especialmente el artículo 92, que castigaba vestir ropa “contraria al sexo”, y el artículo 68, utilizado para criminalizar el ejercicio o la supuesta sospecha de prostitución. Muchas veces bastaba esperar un colectivo para ser arrestada. También padeció golpes, hostigamientos y largos encierros, experiencias que la marcaron profundamente y despertaron en ella una temprana conciencia política.

A pesar de ese contexto, desarrolló una fuerte disciplina económica. Ahorró dinero, compró dólares, abrió cuentas bancarias e invirtió en terrenos en José C. Paz y General Rodríguez. Construyó su propia casa y realizó pequeñas inversiones pensando en el futuro. También viajó a Uruguay y Brasil para trabajar y alejarse por períodos de la violencia local. Aunque muchas compañeras emigraron a Europa, decidió permanecer en la Argentina convencida de que la situación algún día cambiaría.

En su vida afectiva, alrededor de los veinte años conoció a Miguel, un hombre cisgénero con quien mantuvo una relación de aproximadamente quince años. Convivieron y formaron hogar, siendo además aceptada por la familia de él. Tras esa separación mantuvo otra relación extensa con una pareja llamada Juan, también de alrededor de quince años.

Hacia fines de la década de 1990 comenzó a involucrarse activamente en la militancia por los derechos de las personas trans, impulsada por la muerte y desaparición de muchas compañeras víctimas de la violencia institucional. En 1998 empezó a participar en reclamos por la derogación de los edictos policiales y por el derecho a una vida digna. Más adelante trabajó en la zona de Chacarita, en la ciudad de Buenos Aires, donde conoció a referentes históricas como Lohana Berkins y Diana Sacayán. Recuerda especialmente las recorridas territoriales de Sacayán repartiendo preservativos, convocando reuniones y promoviendo la organización comunitaria.

Desde el año 2000 milita en la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA). Ese mismo año comenzó a impulsar en José C. Paz políticas de inclusión laboral para personas trans, reclamo que más adelante logró avances con apoyo de sectores del Concejo Deliberante local. También se formó como promotora de salud junto a ATTTA y la Fundación Huésped, desempeñándose en tareas de prevención y acompañamiento comunitario.

Durante la pandemia reforzó su militancia territorial, participando en redes de asistencia alimentaria y sanitaria para compañeras en situación de vulnerabilidad. En los últimos años retomó además sus estudios secundarios en la Casa Trans, una deuda pendiente desde la adolescencia.

Desde el 15 de diciembre de 2023 trabaja en el Archivo de la Memoria Trans Argentina, espacio que considera propio y desde el cual busca preservar las historias de quienes resistieron antes que su generación. Se define orgullosa de José C. Paz, de su recorrido y de pertenecer a una generación pionera que luchó cuando aún no existían derechos reconocidos.


Marcela Navarro was born on July 9, 1968, at Hospital Castex in the district of General San Martín, Buenos Aires Province, Argentina. She is the daughter of Enrique Laurindo Navarro and Elsa Malvina Díaz, and grew up in a large family with a strong Peronist identity and active political participation. She spent her early childhood in Billinghurst and later moved with her family to José C. Paz, where they settled permanently. She has eight siblings, one of whom was disappeared.

From childhood, she began to perceive herself as different from what was expected of the gender assigned to her at birth. At six years old, she was already drawn to feminine clothing and wanted primarily to socialize with girls. She attended primary school at Instituto San Pedro, a private Catholic school, where her feminine expressions generated rejection and institutional concern. She was subjected there to psychological treatments intended to correct her identity and orientation, while her mother was told that her daughter suffered from a mental illness. Around the age of thirteen, her parents understood that these practices would not change her reality and demanded that they stop.

During childhood and early adolescence, she experienced sadness, depression, and oppression because of the social condemnation of her identity. She sought refuge in spirituality and turned to the Church, asking whether God could accept her as she was, but she was rejected by the school priest, who expelled her and did not allow her to return. Years later, around the age of eighteen, she found another spiritual path when a trans friend known as “Pipi” invited her to an Afro-Brazilian temple in José C. Paz. There she encountered a welcoming and diverse space frequented by gay, lesbian, travesti, and Afro-descendant people. She continued participating in that religious community and, since 1999, has been a May de Santos (Iyalorixá), serving as a spiritual guide to people connected to her temple.

During adolescence, she began her transition with the support of her mother. In the absence of public information about trans identities, she sought guidance from older trans women in her neighborhood. In 1985, while still very young, she began sex work as a means of survival and economic independence. With the help of a friend named Patricia, she learned how to protect herself, defend herself, and manage money. She also saved enough to undergo informal silicone injections, a common and dangerous practice at the time due to lack of access to healthcare. Soon afterward, she left the family home following conflicts with her father related to her schedule, nightlife, and desire for autonomy, and moved in with other trans women.

Her youth was marked by systematic police persecution. She was first detained while still a minor, even while shopping near her home. She later endured repeated arrests under police edicts, especially Article 92, which punished wearing clothing “contrary to one’s sex,” and Article 68, used to criminalize sex work or even the suspicion of it. At times, simply waiting for a bus was enough to be arrested. She also suffered beatings, harassment, and long periods of confinement, experiences that deeply marked her and awakened an early political consciousness.

Despite this context, she developed strong financial discipline. She saved money, bought U.S. dollars, opened bank accounts, and invested in land in José C. Paz and General Rodríguez. She built her own home and made small investments with the future in mind. She also traveled to Uruguay and Brazil to work and temporarily escape local violence. Although many of her peers emigrated to Europe, she chose to remain in Argentina, convinced that one day things would change.

In her personal life, around the age of twenty she met Miguel, a cisgender man with whom she maintained a relationship for approximately fifteen years. They lived together and built a home, and she was accepted by his family. After that separation, she had another long-term relationship with a partner named Juan, lasting around fifteen years as well.

Toward the end of the 1990s, she became actively involved in the struggle for trans rights, driven by the deaths and disappearances of many friends who were victims of institutional violence. In 1998, she began participating in campaigns to repeal the police edicts and demand the right to live with dignity. Later, while working in Chacarita in the city of Buenos Aires, she met historic activists such as Lohana Berkins and Diana Sacayán. She especially remembers Sacayán’s street outreach work distributing condoms, calling meetings, and encouraging community organization.

Since 2000, she has been active in the Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA). That same year, she began advocating in José C. Paz for employment inclusion policies for trans people, efforts that later achieved progress with the support of members of the local council. She also trained as a health promoter alongside ATTTA and Fundación Huésped, carrying out prevention and community support work.

During the pandemic, she intensified her grassroots activism, participating in food and health assistance networks for trans women in vulnerable situations. In recent years, she also resumed her secondary education at Casa Trans, fulfilling a long-standing unfinished goal from adolescence.

Since December 15, 2023, she has worked at the Archivo de la Memoria Trans Argentina, a space she considers her own and through which she seeks to preserve the stories of those who resisted before her generation. She defines herself as proud of José C. Paz, of her life journey, and of belonging to a pioneering generation that fought when rights had not yet been recognized.

Hotel Gondolín

  • GONDO
  • Corporate body
  • 2003 - presente

El Hotel Gondolín, también conocido como “El Gondo”, es un espacio cooperativo, autogestionado y comunitario habitado históricamente por travestis y feminidades trans de distintas procedencias. Ubicado en el barrio de Villa Crespo, en la Ciudad de Buenos Aires, el hotel constituye un espacio significativo para la memoria colectiva travesti-trans y para la reconstrucción de las estrategias comunitarias desarrolladas frente a situaciones de exclusión social, familiar, laboral y habitacional.

Desde 1987, el establecimiento funcionaba como un hotel destinado, entre otras personas, a trabajadoras sexuales travestis y trans. Las condiciones de alojamiento y los costos elevados derivaron en un proceso de organización entre quienes lo habitaban. Luego de una clausura administrativa, las residentes decidieron permanecer en el lugar y asumir colectivamente su sostenimiento, incluyendo el pago de impuestos y deudas. Este proceso dio lugar a una experiencia de apropiación y autogestión comunitaria que convirtió al espacio en un lugar de residencia, contención y construcción colectiva.

En 2003 se constituyó la Asociación Civil Gondolín, mediante la cual sus integrantes formalizaron una estructura de organización para la administración del hotel y el desarrollo de distintas actividades. Además de brindar alojamiento, el espacio se consolidó como ámbito de encuentro, formación y organización travesti-trans.

El Gondolín recibió especialmente a personas provenientes de distintas provincias del país que migraban hacia Buenos Aires como consecuencia de situaciones de persecución, expulsión familiar, discriminación o falta de oportunidades, así como en búsqueda de mejores condiciones de vida. En este contexto, el espacio funcionó como una red comunitaria que posibilitó el acceso a alojamiento y acompañamiento, y favoreció procesos vinculados con la educación, la salud y la capacitación.

La dimensión formativa y laboral también constituye una parte importante de su trayectoria. En el hotel se desarrollaron talleres vinculados con el diseño y la confección de indumentaria y otras actividades de capacitación. Asimismo, el espacio estuvo relacionado con la Cooperativa Empoderamiento Travesti Trans, orientada a la organización laboral y productiva de personas travestis y trans.

La historia del Hotel Gondolín forma parte de los procesos de organización colectiva mediante los cuales las comunidades travestis y trans construyeron redes de cuidado, vivienda, trabajo y pertenencia frente a contextos de exclusión. Su recorrido ha sido registrado también mediante producciones culturales, entre ellas el documental Hotel Gondolín, estrenado en 2005, y el libro fotográfico Hotel Gondolín, publicado en 2015.

Como espacio comunitario y de organización, el Gondolín constituye un sitio relevante para la memoria travesti-trans en Argentina, tanto por su experiencia de autogestión habitacional como por las redes afectivas, laborales, formativas y políticas construidas a lo largo de su historia.

Hotel Gondolín, also known as “El Gondo,” is a cooperative, self-managed community space that has historically been home to travesti and transgender women from diverse backgrounds. Located in the Villa Crespo neighborhood of Buenos Aires, the hotel is a significant site for collective travesti-trans memory and for documenting the community-based strategies developed in response to social, family, employment, and housing exclusion.

Since 1987, the establishment had operated as a hotel that accommodated, among others, travesti and transgender sex workers. The cost of lodging and the conditions of residence led to a process of collective organizing among its residents. Following an administrative closure, the residents decided to remain in the building and collectively assume responsibility for its upkeep, including the payment of taxes and outstanding debts. This process gave rise to an experience of community ownership and self-management that transformed the space into a place of residence, mutual support, and collective organizing.

In 2003, the Gondolín Civil Association was established, providing its members with a formal organizational structure for managing the hotel and developing a range of activities. In addition to providing housing, the space became an important site for gathering, education, and travesti-trans organizing.

El Gondolín has been home particularly to people from different provinces across Argentina who migrated to Buenos Aires as a result of persecution, family rejection, discrimination, or limited opportunities, as well as in search of improved living conditions. In this context, the space functioned as a community network that provided housing and mutual support while facilitating access to education, healthcare, and vocational training.

Education and employment initiatives have also been an important part of its history. The hotel hosted workshops focused on clothing design and production, as well as other training activities. The space was also connected to the Cooperativa Empoderamiento Travesti Trans, an initiative focused on organizing travesti and transgender people around employment and productive activities.

The history of Hotel Gondolín forms part of the broader processes of collective organizing through which travesti and transgender communities built networks of care, housing, employment, and belonging in response to conditions of exclusion. Its history has also been documented through cultural productions, including the documentary Hotel Gondolín, released in 2005, and the photographic book Hotel Gondolín, published in 2015.

As a community and organizing space, El Gondolín remains an important site of travesti-trans memory in Argentina, both because of its experience of collective housing self-management and because of the affective, employment, educational, and political networks that have been built there throughout its history.

Fátima Rodriguez Lara

  • FR01
  • Person
  • 1973 - presente

Nació el 25 de abril de 1973 en la ciudad de Buenos Aires, en el barrio de Once. Realizó sus estudios primarios en la Escuela Provincia de Catamarca, en la Ciudad de Buenos Aires. Vivió junto a su familia hasta los 17 años, momento en que se trasladó a la ciudad de Rosario para continuar su proceso de transición. En ese contexto, realizó una intervención quirúrgica utilizando documentación falsa.

Su transición fue paulatina, en continuidad con una expresión de género que desde temprana edad se caracterizó por su feminidad. Durante su juventud contó con el acompañamiento de dos referentes y amigas trans, La Negra Judith y Daniela Romero del Abasto, quienes ocuparon un lugar significativo en su trayectoria y en la construcción de redes afectivas y comunitarias.

En su juventud comenzó a ejercer el trabajo sexual en el boliche Confusión y posteriormente en la vía pública, en la zona de Palermo, junto a otras mujeres trans. Esta etapa forma parte de las experiencias compartidas por un grupo de mujeres que desarrollaron sus trayectorias en espacios atravesados por la exclusión y la persecución hacia las identidades travestis y trans. Actualmente integra el grupo de las chicas sobrevivientes del boliche Confusión, espacio de memoria y pertenencia construido a partir de esas experiencias comunes.

Con el transcurso de los años, desarrolló una trayectoria laboral vinculada al ámbito de la salud. Actualmente vive en la ciudad de Rosario y se desempeña como enfermera en el Centro de Salud 7 de Abril de la Universidad Nacional de Rosario. También dirige un Centro de Noche y Casa de Refugio para Mujeres Trans, destinado al acompañamiento y protección de mujeres trans en situación de vulnerabilidad. La institución forma parte de la red de protección provincial de Santa Fe.

Su recorrido reúne experiencias de construcción de identidad, redes de cuidado y afectividad entre mujeres trans, trabajo sexual y posterior inserción laboral en el ámbito de la salud. Su participación en el grupo de sobrevivientes de Confusión y su actual tarea al frente de un espacio de refugio y protección para mujeres trans vinculan su trayectoria personal con procesos de memoria, acompañamiento comunitario y acceso a derechos.

She was born on April 25, 1973, in the city of Buenos Aires, in the Once neighborhood. She attended Provincia de Catamarca Primary School in the City of Buenos Aires. She lived with her family until the age of 17, when she moved to the city of Rosario to continue her transition. During this period, she underwent a surgical procedure using false identification documents.

Her transition was gradual, in continuity with a gender expression that had been distinctly feminine from an early age. During her youth, she was supported by two close friends and trans mothers, La Negra Judith and Daniela Romero del Abasto, who played a significant role in her life and in the development of her affective and community networks.

As a young woman, she began doing sex work at the Confusión nightclub and later on the streets in the Palermo neighborhood, together with other trans women. This period forms part of the shared experiences of a group of women whose lives unfolded in spaces shaped by exclusion and persecution of travesti and trans identities. She is currently a member of the group of survivors of the Confusión nightclub, a space of memory and belonging built around these shared experiences.

Over the years, she developed a professional career in healthcare. She currently lives in Rosario and works as a nurse at the Centro de Salud 7 de Abril of the National University of Rosario. She also directs a Night Center and Shelter for Trans Women, providing support and protection to trans women experiencing vulnerable circumstances. The shelter is part of the provincial protection network of Santa Fe.

Her life trajectory encompasses experiences of gender identity formation, affective and care networks among trans women, sex work, and subsequent employment in the healthcare sector. Her participation in the group of Confusión survivors, together with her current work leading a shelter and protection space for trans women, connects her personal trajectory with broader processes of memory, community support, and access to rights.

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