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Registo de autoridade

Carolina Alejandra Figueredo

  • CF01
  • Pessoa singular
  • 29/9/1962

Carolina Alejandra Figueredo, conocida como Carola, nació el 29 de septiembre de 1962 en Adrogué. Su madre biológica falleció cuando ella nació, por lo que fue criada durante su niñez por Elsa Capella, a quien siempre consideró su verdadera madre. Desde pequeña expresó una identidad femenina: prefería jugar con niñas, escondía muñecas y rechazaba los roles masculinos impuestos. Esto generó conflictos escolares y familiares; a los 9 años su padre la llevó a psicólogos intentando “corregirla”, sin éxito. Hacia los 10 años sufrió uno de los episodios más traumáticos de su infancia, cuando su padre la amenazó con un revólver para obligarla a “ser hombre”. Tras la separación de su padre de Elsa y la llegada de una madrastra violenta, atravesó años de maltrato y abandono afectivo.

En 1976, cuando tenía 14 años, su padre la echó de la casa por no aceptar su condición sexual. Entonces se trasladó a Cipolletti, donde se reencontró con Elsa Capella y volvió a vivir con ella. Ese regreso significó su primer espacio de contención real. Allí terminó la escuela primaria —6.º y 7.º grado— en un colegio nocturno, mientras comenzaba a proyectar una vida independiente.

Desde los 17 años empezó a buscar trabajo formal en la región del Alto Valle. Trabajó en galpones de empaque de manzanas y como clasificadora de rieles en la empresa Cascada S.A.. También fue cadete en la fábrica de jugo de manzana Industria Cipolletti. En todos esos empleos fue despedida a los pocos meses por discriminación ligada a su expresión de género. A los 18 años recibió la citación al servicio militar obligatorio en el Batallón 181, Compañía Comando, de Neuquén. Tras una revisación humillante, fue declarada no apta bajo la figura de homosexualidad, una marca más de la violencia institucional de la época.

Alrededor de los 18 años comenzó su transición. Hizo amistad con su vecina Ester Villalobo, trabajadora sexual en Cipolletti, quien le presentó a su hermana trans, una de las primeras mujeres trans que Carolina conoció. A través de ellas encontró comunidad, referencias de feminidad y apoyo para iniciar hormonización informal, práctica extendida en aquellos años. Ester también le propuso comenzar a trabajar con ella, y desde aproximadamente los 19 años Carolina ejerció el trabajo sexual en rutas y zonas urbanas de Cipolletti y Neuquén. En ese circuito conoció a compañeras como Diana Marina Magalí Muñiz, Pamela Rodríguez, Alicia “la paraguaya”, Adriana “La Tucu” Cuello, Claudia Solís y Katty Villagra, entre muchas otras.

Durante las décadas de 1980, 1990 y comienzos de 2000 vivió entre Cipolletti y Neuquén, trasladándose frecuentemente por la persecución policial contra las mujeres trans y trabajadoras sexuales. Fue detenida innumerables veces, sufrió arrestos arbitrarios y hostigamiento constante. En paralelo, trabajó en cabarets y recorrió distintas ciudades argentinas buscando mejores condiciones de subsistencia.

En 2001 fue detenida por la Policía Federal Argentina y condenada a cuatro años de prisión por venta de estupefacientes. Fue trasladada desde Neuquén a la Unidad Federal N.º 2 de Devoto y luego a otras cárceles federales. En la unidad de Ezeiza conoció a Claudia Pía Baudracco, con quien entabló una amistad duradera que más tarde influiría en su regreso a Buenos Aires.

Tras recuperar la libertad participó en la Asociación Conciencia VIDHA, donde colaboró en talleres de prevención de VIH y repartió preservativos a trabajadoras sexuales del centro de Neuquén y de la Ruta 22. También trabajó en el cuidado de personas adultas mayores. Cerca de los 50 años logró dejar el trabajo sexual y acceder por primera vez a empleos estables. En 2012, con la sanción de la Ley de Identidad de Género de Argentina, consideró que su vida cambió profundamente al obtener reconocimiento legal y mayores derechos.

En 2017 fue convocada por Diana Marina Magalí Muñiz para integrarse al Archivo de la Memoria Trans Argentina. Desde entonces trabaja en el área de conservación, aportando su experiencia vital y colaborando en la preservación de la memoria histórica colectiva de las mujeres trans argentinas que sobrevivieron a la violencia estatal y social.


Carolina Alejandra Figueredo, known as Carola, was born on September 29, 1962, in Adrogué, Argentina. Her biological mother passed away when she was born, so she was raised during childhood by Elsa Capella, whom she always considered her true mother. From an early age, she expressed a feminine identity: she preferred playing with girls, hid dolls, and rejected the masculine roles imposed on her. This led to conflicts at school and within her family; at the age of nine, her father took her to psychologists in an attempt to “correct” her, without success. Around the age of ten, she experienced one of the most traumatic episodes of her childhood, when her father threatened her with a revolver to force her to “be a man.” After her father separated from Elsa and a violent stepmother entered the household, she endured years of abuse and emotional abandonment.

In 1976, when she was fourteen, her father expelled her from the home for not accepting her sexual condition. She then moved to Cipolletti, where she reunited with Elsa Capella and went back to live with her. This return marked the first truly supportive environment of her life. There, she completed primary school—6th and 7th grades—at a night school, while beginning to imagine an independent future.

At seventeen, she began searching for formal work in the Alto Valle region. She worked in apple packing warehouses and as a rail sorter at the company Cascada S.A. She was also employed as a messenger at the apple juice factory Industria Cipolletti. In all of these jobs, she was dismissed after only a few months because of discrimination related to her gender expression. At eighteen, she received a summons for mandatory military service at Battalion 181, Command Company, in Neuquén. After a humiliating medical examination, she was declared unfit under the classification of homosexuality, another example of the institutional violence of that time.

Around the age of eighteen, she began her transition. She became friends with her neighbor Ester Villalobo, a sex worker in Cipolletti, who introduced her to her trans sister, one of the first trans women Carolina ever met. Through them, she found community, models of femininity, and support to begin informal hormone use, a widespread practice in those years. Ester also proposed that Carolina begin working with her, and from around the age of nineteen, Carolina engaged in sex work along highways and in urban areas of Cipolletti and Neuquén. In that environment, she met companions such as Diana Marina Magalí Muñiz, Pamela Rodríguez, Alicia “La Paraguaya,” Adriana “La Tucu” Cuello, Claudia Solís, and Katty Villagra, among many others.

During the 1980s, 1990s, and early 2000s, she lived between Cipolletti and Neuquén, moving frequently because of police persecution against trans women and sex workers. She was detained countless times, subjected to arbitrary arrests, and constantly harassed. At the same time, she worked in cabarets and traveled through different Argentine cities seeking better living conditions.

In 2001, she was arrested by the Argentine Federal Police and sentenced to four years in prison for drug sales. She was transferred from Neuquén to Federal Unit No. 2 in Devoto and later to other federal prisons. In the prison unit in Ezeiza, she met Claudia Pía Baudracco, with whom she formed a lasting friendship that would later influence her return to Buenos Aires.

After regaining her freedom, she participated in the Asociación Conciencia VIDHA, where she collaborated in HIV prevention workshops and distributed condoms to sex workers in downtown Neuquén and along Route 22. She also worked caring for older adults. Near the age of fifty, she was able to leave sex work and gain stable employment for the first time. In 2012, with the passage of Argentina’s Gender Identity Law, she felt that her life changed profoundly through obtaining legal recognition and expanded rights.

In 2017, she was invited by Diana Marina Magalí Muñiz to join the Archivo de la Memoria Trans Argentina. Since then, she has worked in the conservation area, contributing her life experience and helping preserve the collective historical memory of Argentine trans women who survived state and social violence.

Sonia Beatriz Hernández

  • ST01
  • Pessoa singular
  • 1959 - Actualidad

Sonia Beatriz Torrese Hernández nació el 31 de diciembre de 1959 en Sierra de la Ventana, provincia de Buenos Aires, Argentina. Fue la hija mayor de Olga Hernández y Ramón Torrese, y creció junto a sus hermanos Marcela Torrese y Johnatan Torrese. Alrededor de los seis años se mudó con su familia a Morón, en el conurbano bonaerense. Desde muy pequeña comenzó a reconocerse como niña y a expresarlo en privado usando ropa femenina. Esa vivencia generó fuertes conflictos familiares: sufrió rechazo materno, control constante, violencia doméstica y situaciones traumáticas de abuso intrafamiliar, sin protección por parte de las personas adultas. Estas experiencias marcaron profundamente su infancia.

Durante la adolescencia intentó escapar varias veces de su casa para vivir de acuerdo con su identidad de género. Tuvo sus primeros contactos con el trabajo sexual en la zona de Morón, guiada por mujeres trans mayores que ya sobrevivían en la calle. En algunos intentos fue obligada a regresar al hogar y amenazada con instituciones de menores, lo que la llevó a ocultarse durante años. Finalmente, al cumplir 18 años, se fue definitivamente de su casa y se instaló con su amiga trans Romina, también de Morón, quien la introdujo formalmente en el trabajo sexual y le brindó contención en sus primeros años de independencia.

Entre los 21 y 22 años conoció a un médico que la incentivó a estudiar Auxiliar de Enfermería en el Hospital Alemán. Completó la formación e ingresó a trabajar como auxiliar de sala en esa institución. Sin embargo, a los 23 años fue despedida por su feminidad y orientación sexual. Más tarde consiguió empleo en la Clínica Sagrada Familia, en Belgrano, donde trabajó durante aproximadamente cuatro años. En ese período conoció a Luis Herrera, también enfermero, más tarde conocida como La Ivonne de Burzaco. A través de vínculos con otras compañeras trans comenzó procesos informales de feminización corporal mediante hormonas e inyecciones de silicona, prácticas frecuentes en una época sin acceso médico seguro ni legal para personas trans.

En 1986 fue despedida nuevamente de la clínica debido a los cambios visibles en su apariencia y debió regresar al trabajo sexual. Se instaló en la zona sur del Gran Buenos Aires, viviendo en Villa KM 13 de Quilmes, y trabajó en Camino General Belgrano. Una noche conoció a un médico vinculado a una clínica privada de Barracas, quien la ayudó a ingresar en 1988 al área de enfermería, esta vez ya siendo una mujer trans visible. En 1994 falleció ese médico, la clínica fue vendida y Sonia volvió a quedar sin trabajo. Desde entonces retornó al trabajo sexual, desempeñándose en las zonas rojas de Quilmes, la Autopista Riccheri y Chacarita, donde trabajó durante alrededor de quince años.

Durante las décadas de 1990 y 2000 atravesó años de persecución policial, extorsiones, detenciones arbitrarias y violencia institucional. Como muchas travestis y mujeres trans de su generación, sufrió hostigamiento constante por ejercer el trabajo sexual y ocupar el espacio público. También atravesó consumos problemáticos de alcohol y otras sustancias en un contexto de extrema vulnerabilidad social. A pesar de ello, se convirtió en una figura reconocida en distintas zonas de trabajo y construyó fuertes lazos de solidaridad con otras compañeras.

En esos mismos años comenzó a militar por los derechos del colectivo travesti-trans junto a referentes históricas como Lohana Berkins, María Belén Correa, Nadia Echazú y otras activistas. Participó en protestas contra los edictos policiales y contra la reforma del Código de Convivencia Urbana que criminalizaba a travestis y trabajadoras sexuales. En 2004 estuvo presente en una manifestación frente a la Legislatura porteña junto a Lohana Berkins, Edith La Tajo, Karina Pintarelli y Silvana Sosa. La protesta fue reprimida por la Policía Federal; varias compañeras fueron detenidas y Sonia logró escapar con ayuda de un móvil de Crónica TV. Tras ese episodio se exilió temporalmente en Brazil durante aproximadamente un año y medio, donde volvió a ejercer el trabajo sexual en condiciones muy violentas. Regresó a la Argentina hacia 2005, durante el gobierno de Néstor Kirchner, cuando disminuyó la persecución policial.

En el plano personal, cerca del año 2000 una joven a la que había dado alojamiento en el fondo de su casa dejó a su cuidado a tres niños: Matías, de cinco años; Melany, de cuatro; y Nicole, de seis meses. Sonia asumió su crianza y se convirtió en figura materna para ellos durante muchos años, sosteniéndolos económica y afectivamente hasta que crecieron y se fueron a vivir con su abuela. Ella recuerda esa etapa como una de las experiencias más significativas de su vida, por haber podido brindar el cuidado y el amor familiar que a ella le habían negado en su infancia.

A sus 50 años fue diagnosticada con HIV positivo y hepatitis C fulminante, lo que la llevó a permanecer tres meses en terapia intensiva en el Hospital Muñiz. Pasó alrededor de seis meses sin poder trabajar, sostenida por amigas y vecinos. Más adelante volvió esporádicamente al trabajo sexual para subsistir, pero al empeorar su salud comenzó a dedicarse al cuidado domiciliario de personas y a la lectura de tarot como medios de ingreso.

Con la sanción de la Ley de Identidad de Género en Argentina en 2012 sintió por primera vez un reconocimiento legal pleno. Poder portar su nombre femenino y ser tratada de acuerdo con su identidad representó una transformación profunda luego de décadas de humillaciones y exclusión. Alrededor de 2016 vendió su casa en Quilmes y se mudó a San Justo para cuidar a su madre hasta su fallecimiento en 2019.

En febrero de 2022 comenzó a trabajar en el Archivo de la Memoria Trans, espacio donde encontró reconocimiento, comunidad y la posibilidad de reconstruir su historia. Allí se capacitó en conservación fotográfica y actualmente trabaja en el área de digitalización. Sonia define su trayectoria como la de una sobreviviente: una vida atravesada por violencia, exclusión, trabajo sexual forzado por falta de oportunidades, persecución estatal, militancia colectiva y búsqueda de reparación histórica.


Sonia Beatriz Torrese Hernández was born on December 31, 1959, in Sierra de la Ventana, Argentina. She was the eldest child of Olga Hernández and Ramón Torrese, and grew up with her siblings Marcela Torrese and Johnatan Torrese. At around six years old, she moved with her family to Morón, in Greater Buenos Aires. From an early age, she recognized herself as a girl and expressed this identity privately by wearing feminine clothing. This led to severe family conflict: she experienced rejection, constant control, domestic violence, and traumatic situations of intrafamily abuse without adult protection. These experiences deeply shaped her childhood.

During adolescence, she attempted to run away from home several times in order to live according to her gender identity. She had her first contact with sex work in the Morón area, guided by older trans women who were already surviving on the streets. In some cases, she was forced to return home and threatened with institutionalization, which led her to hide her identity for years. At 18, she left home permanently and moved in with her trans friend Romina, who introduced her more formally to sex work and supported her in her first years of independence.

Between the ages of 21 and 22, she met a doctor who encouraged her to study to become a nursing assistant at the Hospital Alemán. After completing her training, she began working there as a ward assistant. However, at 23 she was dismissed due to her femininity and sexual orientation. She later worked at the Clínica Sagrada Familia in Belgrano for about four years. During this time, she met Luis Herrera—later known as La Ivonne de Burzaco—and, through connections with other trans women, began informal processes of body feminization using hormones and silicone injections, a common practice at the time due to the lack of safe and legal medical access for trans people.

In 1986, she was dismissed again because of changes in her appearance and returned to sex work. She settled in the southern area of Greater Buenos Aires, living in Villa KM 13 in Quilmes, and worked along Camino General Belgrano. One night, she met a doctor linked to a private clinic in Barracas, who helped her secure a position in 1988 in the nursing sector, this time openly as a trans woman. In 1994, the doctor passed away, the clinic was sold, and Sonia lost her job once again. She then returned to sex work, working in areas such as Quilmes, the Riccheri Highway, and Chacarita, where she remained active for around fifteen years.

Throughout the 1990s and 2000s, she endured ongoing police persecution, extortion, arbitrary arrests, and institutional violence. Like many travestis and trans women of her generation, she faced constant harassment for occupying public space and engaging in sex work. She also experienced problematic substance use in a context of extreme social vulnerability. Despite this, she became a well-known figure in various working areas and built strong bonds of solidarity with other trans women.

During this period, she also became involved in activism alongside key figures such as Lohana Berkins, María Belén Correa, and Nadia Echazú. She participated in protests against police edicts and the Urban Coexistence Code that criminalized travestis and sex workers. In 2004, she took part in a demonstration outside the Buenos Aires Legislature that was violently repressed by the police; several activists were detained, and Sonia managed to escape with help from a vehicle belonging to Crónica TV. Following this event, she went into temporary exile in Brazil for about a year and a half, where she again engaged in sex work under highly violent conditions. She returned to Argentina around 2005, during the presidency of Néstor Kirchner, when police persecution began to ease.

On a personal level, around the year 2000, a young woman to whom she had offered shelter left three children in her care: Matías (5), Melany (4), and Nicole (6 months old). Sonia raised them and became a maternal figure in their lives for many years, supporting them both economically and emotionally until they eventually went to live with their grandmother. She considers this one of the most meaningful experiences of her life, as it allowed her to provide the care and love she herself had been denied in childhood.

At age 50, she was diagnosed with HIV and severe hepatitis C, which led to a three-month stay in intensive care at the Hospital Muñiz. She spent about six months unable to work, supported by friends and neighbors. Later, she returned sporadically to sex work to survive, but as her health declined, she began working in home care and reading tarot cards as alternative sources of income.

With the passing of Argentina’s Gender Identity Law in 2012, she experienced legal recognition for the first time. Being able to carry her chosen name and be treated according to her identity marked a profound transformation after decades of marginalization. Around 2016, she sold her house in Quilmes and moved to San Justo to care for her mother until her death in 2019.

In February 2022, she began working at the Archivo de la Memoria Trans, where she found recognition, community, and the opportunity to reconstruct her history. She trained in photographic conservation and currently works in the digitization area. Sonia defines her life as that of a survivor: a trajectory shaped by violence, exclusion, sex work driven by lack of opportunities, state persecution, collective activism, and an ongoing search for historical repair and recognition.

Aldana Gabriela Chocobar

  • GC01
  • Pessoa singular
  • 1963

Aldana nació el 9 de Noviembre de 1963 en Tucumán. Hija de Elvira Muñoz Chocobar y Juan Pedro Chococar. Tuvo una infancia muy linda hasta los 13 años cuando empezó su transición. A los 14 años se fue de su casa por decisión propia y por los maltratos familiares, la incomprensión de sus padres la obligó a irse a Catamarca. Tuvo una adolescencia feliz lejos de su familia biológica. Llegó a Buenos Aires a los 17 años donde supo lo que fue el calabozo, el maltrato, el abuso de la sociedad y la policía. A sus 47 años dejo de ejercer el trabajo sexual y pudo conocer a su pareja quien la saco del trabajo sexual. Actualmente tiene su propia casa y su propio emprendimiento familiar. Hoy en día es feliz y se siente completamente realizada como una mujer trans.

Daniel Alberto Busato Río

  • DAB01
  • Pessoa singular
  • 20/12/1970 - Actualidad

Nació el 20 de diciembre de 1970. Cursó sus estudios en la ciudad de Mar del Plata hasta los 15 años. Después hizo parte de sus estudios en horario nocturno en la Ciudad de Buenos Aires.
A los 15 años comenzó su carrera artística entre Mar del Plata y la Ciudad de Buenos Aires, haciendo teatro infantil y estudiando distintas disciplinas vinculadas al arte escénico.
A los 17 años viajó a Perú donde siguió haciendo teatro para niños y a los 18 años comenzó su carrera como transformista en Lima, Perú.
Allí también comenzó a trabajar en un circo de patinaje sobre hielo, recorriendo desde Lima hasta el sur de Perú y todo el norte de Chile hasta Santiago de Chile.
Se estableció en Santiago de Chile durante dos años y medio trabajando con el transformismo y en otras áreas no vinculadas al arte.
Volvió a Buenos Aires, Argentina, donde comenzó a trabajar en pubs y bares nocturnos del circuito off de Buenos Aires hasta que en el año 1999-2000 lo convocaron para trabajar en el Casino de Mario`s House de Brasil como artista transformista.
Posteriormente volvió a Buenos Aires continuando su participación en espectáculos en el circuito off de Buenos Aires durante 4 años, hasta que en enero de 2004 lo convocaron del grupo Caviar. Con ellos trabajó desde marzo de 2004 hasta finales de 2008.
Con el grupo Caviar hicieron no sólo teatro, sino también giras y espectáculos. Tuvieron presentaciones en el teatro Maipo, en el Teatro Nacional de Rosario; realizaron temporadas en la Costa atlántica argentina, el Hotel Conrad de Punta del Este y el Teatro Alcalá de Madrid. Allí hicieron una temporada de tres meses, tras de la cual el grupo regresó a Argentina y Daniel Busato se quedó en España donde formó en 2009 su propia compañía de transformistas y bailarines llamada Kumas en Sitges.

Kouka García

  • KG01
  • Pessoa singular
  • 29/05/1954 - Actualidad

Nació en Esperanza, Santa Fe, el 29/05/1954. Se exilió en la década de 1980 en París, Francia, donde continúa viviendo.
Llegó allí como trabajadora sexual y posteriormente comenzó a militar por derechos de las personas trans migrantes argentinas. Es fundadora y coordinadora en Pari-T, organización que trabaja en la prevención del VIH y enfermedades de transmisión sexual con la población de trabajadoras sexuales de los bosques. Pari-T también trabaja para capacitar a las mujeres trans para otros trabajos.

Merlina Victoria Groba

  • MVG01
  • Pessoa singular
  • 09/10/1962 - Actualidad

Nació el 09/10/1962 en la Ciudad de Buenos Aires en Parque Avellaneda, en el Hospital Álvarez. Su familia estaba compuesta por su madre y padre, su hermano, sus dos abuelos paternos y la hermana de su papá, Sara. Su mamá era ama de casa y su papá trabajó como colectivero, fletero y fabricante de salamandras.
En marzo de 1976 comenzó a cursar en el colegio industrial nro. 17 “Cornelio Saavedra” y abandonó en tercer año. Aconsejada por su profesora de Lengua, a pesar de haber abandonado la escuela comenzó a leer literatura, hábito que no abandonó nunca.
Comenzó a hacer “changas” y trabajos temporales para vivir: marroquinería y repartición de diarios.
Merlina cuenta que desde los 11 años se consideraba nena y le gustaba disfrazarse de mujer.
En 1981 hizo el servicio militar en la Escuela de Inteligencia del Ejército (en Clay y Báez) y después de ocho meses, por un ataque de asma bronquial fue dada de baja. De acuerdo al relato de Merlina, el consejo de cómo provocar el ataque de asma le fue dado por una autoridad gay del Ejército.
Después de su paso por el Ejército ingresó como maestranza en el Banco Nacional de Desarrollo, después de un año, en 1982 trabajó como ayudante de cocina del Banco Central. Después renunció al trabajo y se fue a vacacionar durante tres meses con sus primos a Río Negro.
Entre 1983 y 1989 trabajó en un gimnasio en Buenos Aires y, paralelamente, en un natatorio en Caseros.
Después de las elecciones de 1989, ingresó en Prefectura Naval Argentina como suboficial y pidió la baja en 1991. Participó como parte del grupo Guardacostas en el último levantamiento contra los carapintadas, sin llegar a entrar en combate.
Entre el 2000 y el 2002 convivió con su novia Marcela, de la que ya era novia hacía unos años.
En 2002 hizo y completó el curso de Acompañante Terapéutica en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. En 2003 entró en Red BA (Red asistencial de Buenos Aires) y allí trabajó como asistente geriátrica hasta 2007.
En 2008 comenzó a trabajar paseando perros, trabajo que mantuvo hasta 2022 y comenzó a vestirse con ropa femenina y a identificarse como una mujer trans.
El 08/10/2013 hizo uso de la ley de Identidad de género y cambió su documento.
En 2021 comenzó a estudiar en el Bachillerato Popular de Adolescentes y Adultos Mocha Celis (Unidades de Gestión Educativa Experimental N° 16). Egresó en noviembre de 2023 y actualmente forma parte de la Cooperativa de Mocha Textil.
Desde muy jovencita se interesó por las ilustraciones propias y ajenas. Comenzó a dibujar y tomó clases particulares a los 21 años durante algunos meses. Desde entonces hace ilustraciones y foto ilustraciones; además desde 2003 escribe un diario íntimo que fue denominando de diferentes maneras “Cuaderno de notas”, “Diarios de Merlina”, “Diario íntimo de una persona trans paseadora de perros”, en el que escribe textos personales.

Vanessa Show

  • VS02
  • Pessoa singular
  • 1945 – 2023

Vanessa Show nació el 27 de septiembre de 1945 en La Banda, Santiago del Estero, Argentina, en una familia acomodada de ganaderos y matarifes de origen árabe. A los 15 años se trasladó a Buenos Aires, donde comenzó a trabajar en diversos empleos mientras iniciaba su formación artística.

Inició su carrera como bailarina en revistas porteñas, compartiendo escenario con destacadas vedettes como Nélida Lobato y Nélida Roca. En 1971, adoptó el nombre artístico de Vanessa Show, convirtiéndose en la primera artista travesti-trans del espectáculo argentino. Su debut como vedette fue en el cabaret Can Can, y posteriormente se presentó en el Kings Club.

En 1974, fue protagonista del cortometraje documental "Vanessa", dirigido por Marie Louise Alemann, que documenta su transformación de maestro de ceremonias a showgirl. Este film fue redescubierto en 2018 y proyectado en el festival Asterisco. En 1975, fue contratada para actuar en un cabaret en Italia. Durante su estancia en Europa, comenzó su transición y vivió con una expresión de género femenina. A su regreso a Buenos Aires, adquirió un departamento en el barrio de Congreso, pero debido al constante acoso policial, decidió regresar a Europa, donde continuó su carrera artística en países como Francia, Italia, Alemania y España.

En los años 90, regresó a Argentina, residiendo en Buenos Aires. Participó en diversos programas de televisión y fue reconocida por su franqueza al abordar temas relacionados con la comunidad trans. En 2005, publicó su autobiografía titulada "Es verdad".

Falleció el 15 de septiembre de 2023 en el Sanatorio de la Providencia, en Buenos Aires, a los 77 años. Sus restos descansan en el panteón de la Asociación Argentina de Actores en el Cementerio de la Chacarita.

Fátima Rodriguez Lara

  • FR01
  • Pessoa singular
  • 1973

Nació el 25 de Abril de 1973 en Capital Federal, Once. Fue a la escuela primaria “Provincia de Catamarca” en CABA. Vivió con su familia hasta los 17 años, donde se fue hasta la ciudad de Rosario a realizar su operación con un documento falso. Su transición fue paulatina ya que siempre fue muy femenina. Sus dos grandes amigas y madres trans fueron La Negra Judith y Daniela Romero del Abasto. De joven inicio el trabajo sexual en el boliche confusión y en la calle Godoy Cruz y Oro, Palermo junto con La Latita, La Chichi, La Salteña y La Tamara Castro. Actualmente vive en la ciudad de Rosario siendo enfermera en el “Centro de Salud 7 de Abril de la Universidad Nacional de Rosario” y dirige el “Centro de Noche y Casa de Refugios para Mujeres Trans”, la casa forma parte de la red de protección provincial de Santa Fe. Es parte del grupo de las chicas sobrevivientes del boliche Confusión.

Flavia Elizabeth Flores

  • FF01
  • Pessoa singular
  • 1965

Flavia nació en 1965 en el antiguo Hospital Rawson, en Constitución. Su madre fue empleada doméstica en la casa de los Peralta Ramos con quien Flavia compartió el Jardín de Infantes. Su madre la internó en diversos colegios religiosos hasta los 14 años donde comienza su transición. De chica trabajó en la calle, departamentos privados y haciendo shows por todo el Sur de Argentina.

Ya de adulta termina la educación secundaria en la @mochacelis y ahora está luchando por "RECONOCER ES REPARAR" para lxs mayores sobrevivientxs.

Marcela Navarro

  • MN01
  • Pessoa singular
  • 09/07/1968 - Actualidad

Lara Marcela Navarro nació el 9 de Julio de 1968 en el Hospital Castex, en el partido de General San Martín, provincia de Buenos Aires. Es hija de Enrique Laurindo Navarro y Elsa Malvina Díaz, y creció en una familia numerosa de fuerte identidad peronista y activa participación política. Pasó sus primeros años en Billinghurst y luego se trasladó junto a su familia a José C. Paz, donde se establecieron definitivamente. Tiene ocho hermanos, uno de ellos desaparecido.

Desde la infancia comenzó a percibirse distinta de lo esperado para el género asignado al nacer. A los seis años ya manifestaba atracción por la ropa femenina y el deseo de vincularse principalmente con niñas. Cursó sus estudios primarios en el Instituto San Pedro, una escuela privada católica, donde sus expresiones de feminidad generaron rechazo y preocupación institucional. Fue sometida allí a tratamientos psicológicos orientados a corregir su identidad y orientación, mientras a su madre le decían que padecía una enfermedad mental. Hacia los trece años, sus padres comprendieron que esas prácticas no cambiarían su realidad y exigieron que cesaran.

Durante la niñez y la preadolescencia atravesó sentimientos de tristeza, depresión y opresión por la condena social hacia su identidad. Buscó refugio en la espiritualidad y acudió a la Iglesia para consultar si Dios podía aceptarla tal como era, pero fue rechazada por el sacerdote del colegio, quien la expulsó y no le permitió regresar. Años más tarde, ya cerca de los dieciocho años, encontró otro camino espiritual al ser invitada por una compañera trans conocida como “Pipi” a un templo afrobrasileño en José C. Paz. Allí conoció un espacio diverso y acogedor, frecuentado por personas gays, lesbianas, travestis y afrodescendientes. Continuó participando en esa comunidad religiosa y, desde 1999, es May de Santos (Iyalorixá), desempeñándose como guía espiritual de personas allegadas a su templo.

Durante la adolescencia inició su transición con el apoyo de su madre. Ante la ausencia de información pública sobre identidades trans, buscó orientación en compañeras mayores de su barrio. En 1985, siendo muy joven, comenzó a ejercer el trabajo sexual como forma de subsistencia y búsqueda de independencia económica. Con ayuda de una compañera llamada Patricia aprendió a cuidarse, defenderse y manejar dinero. También logró ahorrar durante un tiempo para realizarse colocaciones informales de silicona, práctica común y riesgosa en aquella época ante la falta de acceso a la salud. Poco después dejó la casa familiar tras conflictos con su padre vinculados a sus horarios, la vida nocturna y su necesidad de autonomía, y pasó a convivir con otras compañeras trans.

Su juventud estuvo marcada por la persecución policial sistemática. Fue detenida por primera vez siendo menor de edad, incluso mientras hacía compras cerca de su casa. Luego sufrió reiteradas detenciones por aplicación de los edictos policiales, especialmente el artículo 92, que castigaba vestir ropa “contraria al sexo”, y el artículo 68, utilizado para criminalizar el ejercicio o la supuesta sospecha de prostitución. Muchas veces bastaba esperar un colectivo para ser arrestada. También padeció golpes, hostigamientos y largos encierros, experiencias que la marcaron profundamente y despertaron en ella una temprana conciencia política.

A pesar de ese contexto, desarrolló una fuerte disciplina económica. Ahorró dinero, compró dólares, abrió cuentas bancarias e invirtió en terrenos en José C. Paz y General Rodríguez. Construyó su propia casa y realizó pequeñas inversiones pensando en el futuro. También viajó a Uruguay y Brasil para trabajar y alejarse por períodos de la violencia local. Aunque muchas compañeras emigraron a Europa, decidió permanecer en la Argentina convencida de que la situación algún día cambiaría.

En su vida afectiva, alrededor de los veinte años conoció a Miguel, un hombre cisgénero con quien mantuvo una relación de aproximadamente quince años. Convivieron y formaron hogar, siendo además aceptada por la familia de él. Tras esa separación mantuvo otra relación extensa con una pareja llamada Juan, también de alrededor de quince años.

Hacia fines de la década de 1990 comenzó a involucrarse activamente en la militancia por los derechos de las personas trans, impulsada por la muerte y desaparición de muchas compañeras víctimas de la violencia institucional. En 1998 empezó a participar en reclamos por la derogación de los edictos policiales y por el derecho a una vida digna. Más adelante trabajó en la zona de Chacarita, en la ciudad de Buenos Aires, donde conoció a referentes históricas como Lohana Berkins y Diana Sacayán. Recuerda especialmente las recorridas territoriales de Sacayán repartiendo preservativos, convocando reuniones y promoviendo la organización comunitaria.

Desde el año 2000 milita en la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA). Ese mismo año comenzó a impulsar en José C. Paz políticas de inclusión laboral para personas trans, reclamo que más adelante logró avances con apoyo de sectores del Concejo Deliberante local. También se formó como promotora de salud junto a ATTTA y la Fundación Huésped, desempeñándose en tareas de prevención y acompañamiento comunitario.

Durante la pandemia reforzó su militancia territorial, participando en redes de asistencia alimentaria y sanitaria para compañeras en situación de vulnerabilidad. En los últimos años retomó además sus estudios secundarios en la Casa Trans, una deuda pendiente desde la adolescencia.

Desde el 15 de diciembre de 2023 trabaja en el Archivo de la Memoria Trans Argentina, espacio que considera propio y desde el cual busca preservar las historias de quienes resistieron antes que su generación. Se define orgullosa de José C. Paz, de su recorrido y de pertenecer a una generación pionera que luchó cuando aún no existían derechos reconocidos.


Marcela Navarro was born on July 9, 1968, at Hospital Castex in the district of General San Martín, Buenos Aires Province, Argentina. She is the daughter of Enrique Laurindo Navarro and Elsa Malvina Díaz, and grew up in a large family with a strong Peronist identity and active political participation. She spent her early childhood in Billinghurst and later moved with her family to José C. Paz, where they settled permanently. She has eight siblings, one of whom was disappeared.

From childhood, she began to perceive herself as different from what was expected of the gender assigned to her at birth. At six years old, she was already drawn to feminine clothing and wanted primarily to socialize with girls. She attended primary school at Instituto San Pedro, a private Catholic school, where her feminine expressions generated rejection and institutional concern. She was subjected there to psychological treatments intended to correct her identity and orientation, while her mother was told that her daughter suffered from a mental illness. Around the age of thirteen, her parents understood that these practices would not change her reality and demanded that they stop.

During childhood and early adolescence, she experienced sadness, depression, and oppression because of the social condemnation of her identity. She sought refuge in spirituality and turned to the Church, asking whether God could accept her as she was, but she was rejected by the school priest, who expelled her and did not allow her to return. Years later, around the age of eighteen, she found another spiritual path when a trans friend known as “Pipi” invited her to an Afro-Brazilian temple in José C. Paz. There she encountered a welcoming and diverse space frequented by gay, lesbian, travesti, and Afro-descendant people. She continued participating in that religious community and, since 1999, has been a May de Santos (Iyalorixá), serving as a spiritual guide to people connected to her temple.

During adolescence, she began her transition with the support of her mother. In the absence of public information about trans identities, she sought guidance from older trans women in her neighborhood. In 1985, while still very young, she began sex work as a means of survival and economic independence. With the help of a friend named Patricia, she learned how to protect herself, defend herself, and manage money. She also saved enough to undergo informal silicone injections, a common and dangerous practice at the time due to lack of access to healthcare. Soon afterward, she left the family home following conflicts with her father related to her schedule, nightlife, and desire for autonomy, and moved in with other trans women.

Her youth was marked by systematic police persecution. She was first detained while still a minor, even while shopping near her home. She later endured repeated arrests under police edicts, especially Article 92, which punished wearing clothing “contrary to one’s sex,” and Article 68, used to criminalize sex work or even the suspicion of it. At times, simply waiting for a bus was enough to be arrested. She also suffered beatings, harassment, and long periods of confinement, experiences that deeply marked her and awakened an early political consciousness.

Despite this context, she developed strong financial discipline. She saved money, bought U.S. dollars, opened bank accounts, and invested in land in José C. Paz and General Rodríguez. She built her own home and made small investments with the future in mind. She also traveled to Uruguay and Brazil to work and temporarily escape local violence. Although many of her peers emigrated to Europe, she chose to remain in Argentina, convinced that one day things would change.

In her personal life, around the age of twenty she met Miguel, a cisgender man with whom she maintained a relationship for approximately fifteen years. They lived together and built a home, and she was accepted by his family. After that separation, she had another long-term relationship with a partner named Juan, lasting around fifteen years as well.

Toward the end of the 1990s, she became actively involved in the struggle for trans rights, driven by the deaths and disappearances of many friends who were victims of institutional violence. In 1998, she began participating in campaigns to repeal the police edicts and demand the right to live with dignity. Later, while working in Chacarita in the city of Buenos Aires, she met historic activists such as Lohana Berkins and Diana Sacayán. She especially remembers Sacayán’s street outreach work distributing condoms, calling meetings, and encouraging community organization.

Since 2000, she has been active in the Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA). That same year, she began advocating in José C. Paz for employment inclusion policies for trans people, efforts that later achieved progress with the support of members of the local council. She also trained as a health promoter alongside ATTTA and Fundación Huésped, carrying out prevention and community support work.

During the pandemic, she intensified her grassroots activism, participating in food and health assistance networks for trans women in vulnerable situations. In recent years, she also resumed her secondary education at Casa Trans, fulfilling a long-standing unfinished goal from adolescence.

Since December 15, 2023, she has worked at the Archivo de la Memoria Trans Argentina, a space she considers her own and through which she seeks to preserve the stories of those who resisted before her generation. She defines herself as proud of José C. Paz, of her life journey, and of belonging to a pioneering generation that fought when rights had not yet been recognized.

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