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Patricia Alexandra Rivas Paladino

  • PR01
  • Person
  • 1966 - Presente

Patricia Alexandra Rivas Paladino nació el 25 de noviembre de 1966 en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Aunque fue registrada legalmente con el apellido Rivas, durante gran parte de su vida eligió identificarse con el apellido materno Paladino, en relación con la conflictiva relación que mantuvo con su padre y con la falta de reconocimiento de su identidad de género. Desde temprana edad expresó una identidad femenina y durante su adolescencia comenzó a presentarse socialmente como mujer.

A los 14 años inició una relación afectiva que se extendió durante cinco años, período en el que también atravesó situaciones de violencia institucional vinculadas al contexto de persecución hacia las personas trans. Como muchas mujeres trans de su generación, Patricia fue detenida en reiteradas oportunidades bajo los edictos policiales que criminalizaban las expresiones de género disidentes.

Estas prácticas represivas formaron parte de su vida cotidiana durante décadas, especialmente en espacios públicos del conurbano bonaerense. En ese contexto fue conocida por el apodo de “La Correcaminos”, asociado a su capacidad para escapar de las razzias policiales. También fue testigo de la violencia ejercida contra otras compañeras trans, entre ellas Shirley, Vivian, Vanesa y Mónica Ramos, cuyos fallecimientos permanecen en su memoria como parte de una historia colectiva de persecución y exclusión.

Desde los 15 años participó en corsos y carnavales del conurbano bonaerense, integrando agrupaciones como Los Bambis de Tigre, Los Cometas de San Fernando y Los Príncipes de San Isidro. Estos espacios artísticos y comunitarios constituyeron ámbitos de expresión, reconocimiento y encuentro con otras personas trans. Paralelamente desarrolló distintos vínculos afectivos, entre ellos una relación de quince años con Alejandro, con quien compartió una etapa significativa de su vida.

Con el acompañamiento de Alejandro, Patricia se formó como peluquera profesional y obtuvo su diploma en 1997. A partir de esa capacitación abrió su propia peluquería, actividad que le permitió alcanzar autonomía económica y reconocimiento laboral. Tiempo después debió dejar la profesión debido a problemas de visión.
En 2012, tras la sanción de la Ley de Identidad de Género, realizó el trámite de adecuación registral y recibió su Documento Nacional de Identidad con el nombre y género reconocidos legalmente. Posteriormente desarrolló tareas vinculadas al trabajo comunitario y la defensa de derechos. Se desempeñó en el Concejo Deliberante de San Isidro, donde fue la primera mujer trans en ocupar un cargo dentro del Poder Ejecutivo municipal, y participó en iniciativas relacionadas con la salud integral trans, el cupo laboral y la reparación histórica.

Actualmente integra el colectivo Las Históricas Argentinas Sobrevivientes Autoconvocadas, desde donde participa en acciones por la memoria y la reparación de las personas travestis y trans perseguidas por el Estado. Reside en el Área Metropolitana de Buenos Aires y continúa aportando su experiencia en espacios de activismo y construcción comunitaria vinculados a la defensa de los derechos humanos.

Patricia Alexandra Rivas Paladino was born on November 25, 1966, in the Greater Buenos Aires metropolitan area. Although she was legally registered under the surname Rivas, for much of her life she chose to identify herself by her mother’s surname, Paladino, in connection with her difficult relationship with her father and his failure to recognize her gender identity. From an early age, she expressed a feminine identity, and during adolescence she began presenting herself socially as a woman.

At the age of 14, she began a romantic relationship that lasted five years. During this period, she also experienced institutional violence within a broader context of persecution against trans people. Like many trans women of her generation, Patricia was repeatedly detained under police edicts that criminalized gender expressions that challenged social norms.

These repressive practices became part of her everyday life for decades, particularly in public spaces throughout the greater Buenos Aires area. During this period, she became known by the nickname “La Correcaminos,” associated with her ability to evade police raids. She also witnessed violence against other trans women, including Shirley, Vivian, Vanesa, and Mónica Ramos, whose deaths remain part of her memory and of a collective history of persecution and exclusion.

From the age of 15, she participated in corsos and carnival celebrations throughout the greater Buenos Aires area, joining groups such as Los Bambis de Tigre, Los Cometas de San Fernando, and Los Príncipes de San Isidro. These artistic and community spaces provided opportunities for self-expression, recognition, and connection with other trans people. At the same time, she developed several romantic relationships, including a 15-year relationship with Alejandro, with whom she shared a significant period of her life.

With Alejandro’s support, Patricia trained as a professional hairstylist and received her diploma in 1997. She subsequently opened her own salon, an occupation that provided her with economic independence and professional recognition. Some years later, she had to leave the profession because of vision problems.

In 2012, following the passage of Argentina’s Gender Identity Law, she completed the legal process to amend her civil records and received a National Identity Document reflecting her legally recognized name and gender. She later became involved in community work and advocacy. She worked at the San Isidro Deliberative Council, where she became the first trans woman to hold a position within the municipal executive branch, and participated in initiatives related to comprehensive trans healthcare, employment quotas, and historical reparations.

Today, she is a member of Las Históricas Argentinas Sobrevivientes Autoconvocadas, through which she participates in efforts focused on the memory and reparations of travesti and trans people persecuted by the state. She lives in the Greater Buenos Aires metropolitan area and continues to contribute her experience to activism and community-building initiatives dedicated to the defense of human rights.

Mychel Michella Aguilera

  • MMA01
  • Person
  • 1969 - presente

Mychel Michella nació el 10 de enero de 1969 en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe. Es hija de Sara Ilaria Aguilera y Elías Francisco Pérez y creció junto a diez hermanos, uno de ellos fallecido. Su infancia transcurrió en un contexto familiar atravesado por el maltrato y en una época en la que las posibilidades de reconocerse como mujer trans estaban fuertemente condicionadas por la discriminación social. Desde temprana edad comenzó a construir su identidad de manera gradual y con temor a que su familia conociera sus experiencias y deseos.

A los 6 años comenzó a alejarse reiteradamente de su casa. Durante esos períodos vivió en la calle, en paradas de colectivos, y se alimentó con la ayuda de otras personas. La Policía de Menores la trasladaba frecuentemente a su domicilio y, en tres oportunidades, fue derivada a hogares de niños. A los 12 años inició su transición fuera de su hogar y dejó distintas escuelas debido a los conflictos derivados de su identidad de género y de su decisión de defender sus derechos.

A los 13 años comenzó a realizar trabajo sexual en el Parque Independencia de Rosario, actividad que constituyó durante años su principal fuente de ingresos. Durante su adolescencia fue detenida junto a otras compañeras; al ser menor de edad, en general la Policía convocaba a sus padres para retirarla, aunque en algunas ocasiones fue trasladada a dependencias de la Policía de Menores. Luego de alcanzar la mayoría de edad, las detenciones estuvieron acompañadas por distintas formas de violencia física y psicológica ejercidas por las fuerzas policiales. El trabajo sexual también le permitió contribuir económicamente con su familia, que atravesaba una situación de pobreza. A los 16 años comenzó a tomar hormonas.

Paralelamente desarrolló otros trabajos, entre ellos tareas de repostería, talleres manuales, cuidado de personas mayores, empleo doméstico y trabajo en un frigorífico de Pérez Millán, provincia de Buenos Aires. En 1993 comenzó su participación política en el peronismo de Rosario, vinculándose con una Unidad Básica y participando en comedores y actividades comunitarias, entre ellas la organización de festejos por el Día de la Niñez.

A los 30 años conoció a Dante, con quien convivió durante diez años. Posteriormente se separaron. Desde joven también se vinculó con la religión afrobrasileña a través de amigas y, desde 2018, es Pronta en Santos en las tres líneas: Exú, Caboclo y Nación.

Alrededor de 2014 comenzó a participar en espacios vinculados a los derechos de las mujeres trans. Actualmente integra la Mesa de Reparación Histórica y el grupo Autoconvocadas de Rosario. Desde 2024 trabaja en el Archivo de la Memoria Trans, donde desarrolla tareas en las áreas de digitalización y conservación.

Mychel Michella was born on January 10, 1969, in the city of Rosario, Santa Fe Province. She is the daughter of Sara Ilaria Aguilera and Elías Francisco Pérez and grew up with ten siblings, one of whom has since passed away. Her childhood unfolded in a family environment marked by mistreatment and during a period when the possibility of identifying as a trans woman was heavily constrained by social discrimination. From an early age, she began to develop her gender identity gradually, fearful that her family would learn about her experiences and desires.

At the age of six, she began repeatedly leaving home. During these periods, she lived on the streets, often at bus stops, and relied on food given to her by others. The Juvenile Police frequently returned her to her family home, and on three occasions she was placed in children’s homes. At the age of 12, she began her transition outside her family home and left several schools because of conflicts arising from her gender identity and her decision to defend her rights.

At 13, she began doing sex work in Parque Independencia in Rosario, an activity that became her main source of income for many years. During her adolescence, she was arrested together with other companions; because she was a minor, the police would generally contact her parents to pick her up, although on some occasions she was taken to Juvenile Police facilities. After reaching adulthood, these arrests were accompanied by various forms of physical and psychological violence perpetrated by police forces. Sex work also enabled her to contribute financially to her family, which was living in poverty. At 16, she began taking hormones.

Alongside sex work, she held various other jobs, including pastry-making, handicraft workshops, elder care, domestic work, and employment at a slaughterhouse in Pérez Millán, Buenos Aires Province. In 1993, she became politically active in the Peronist movement in Rosario, becoming involved with a local Unidad Básica and participating in community activities, including soup kitchens and organizing celebrations for Children’s Day.

At the age of 30, she met Dante, with whom she lived for ten years. They later separated. From a young age, she was also introduced to Afro-Brazilian religion through friends and, since 2018, has been Pronta en Santos in its three lines: Exú, Caboclo, and Nación.

Around 2014, she began participating in spaces focused on the rights of trans women. She currently takes part in the Mesa de Reparación Histórica and the Autoconvocadas group in Rosario. Since 2024, she has worked at the Archivo de la Memoria Trans, where she carries out tasks in digitization and preservation.

Carmen Marcial Ibarra

  • CMI01
  • Person
  • 1958 - Actualidad

Carmen nació el 12 de abril de 1958 en el barrio de Nueva Pompeya, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. A los dos años de edad se trasladó junto a su familia a la ciudad de Paraná, en la provincia de Santa Fe, en el marco de la actividad laboral de su padre en el sector aeronáutico. Transcurrió allí su infancia y parte de su adolescencia.

En 1978, a los 20 años, se instaló en la ciudad de Rosario, donde residió en la pensión “Real”, ubicada en la calle Tucumán 1294, hasta el año 1986. Durante este período comenzó a desarrollar espacios de sociabilidad y participación cultural vinculados a la comunidad travesti y trans. En marzo de 1982 fundó el club de fans de Susana Giménez en Rosario, generando un ámbito de encuentro y organización en un contexto atravesado por restricciones a la expresión de género y la vida comunitaria.

Entre 1984 y 1986 realizó viajes laborales a Río de Janeiro, Brasil, donde trabajó durante períodos de aproximadamente cuatro meses en la Galería Alaska, participando en espectáculos y shows. Estas experiencias formaron parte de los circuitos laborales que muchas personas travestis y trans construyeron en el exterior ante las limitaciones y la persecución existentes en Argentina.

En 1986 emprendió una gira por distintas ciudades del sur argentino, entre ellas Río Grande, Río Gallegos, Comodoro Rivadavia y Bahía Blanca, donde se presentó en cabarets junto a Gina Vivanco, con quien sostuvo un vínculo cercano y a quien consideraba una “hermana de la vida”. Ese mismo año regresó a la provincia de Buenos Aires y residió junto a ella en Florencio Varela.

Entre 1987 y 1995 gestionó el almacén y fiambrería “La Farándula” en el barrio de Villa Urquiza, en la Ciudad de Buenos Aires, desarrollando una actividad comercial propia. En 1988 viajó a París, Francia, motivada por Gina Vivanco, y posteriormente regresó al país para continuar con su emprendimiento.
En 2001 participó en la Iglesia de la Comunidad Metropolitana (ICM), donde colaboró en la organización de actividades sociales, fiestas y espectáculos, en articulación con espacios de diversidad sexual y de fe.

Entre 2002 y 2004 formó parte de la reestructuración de la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA), desempeñándose como tesorera. Su participación se inscribe en los procesos de organización colectiva que impulsaron la visibilización y la ampliación de derechos para la población travesti y trans en el país.
Desde 2017 y hasta 2022 integró el Archivo de la Memoria Trans, contribuyendo a la construcción y preservación de la memoria colectiva de la comunidad. Actualmente, su trayectoria se reconoce en estos espacios de participación y en los vínculos comunitarios que sostuvo a lo largo de su vida.

Carmen was born on April 12, 1958, in the Nueva Pompeya neighborhood of the Autonomous City of Buenos Aires. At the age of two, she moved with her family to the city of Paraná, in Santa Fe Province, due to her father’s work in the aeronautical sector. She spent her childhood and part of her adolescence there.

In 1978, at the age of 20, Carmen moved to Rosario, where she lived at the “Real” boarding house, located at 1294 Tucumán Street, until 1986. During this period, she began developing spaces for social interaction and cultural participation connected to the travesti and trans community. In March 1982, she founded the Susana Giménez Fan Club in Rosario, creating a space for gathering and community organizing in a context marked by restrictions on gender expression and community life.

Between 1984 and 1986, Carmen made several work trips to Rio de Janeiro, Brazil, where she worked for approximately four months at a time at Galeria Alaska, taking part in shows and performances. These experiences were part of the international work circuits that many travesti and trans people developed in response to the limitations and persecution they faced in Argentina.

In 1986, she embarked on a tour of several cities in southern Argentina, including Río Grande, Río Gallegos, Comodoro Rivadavia, and Bahía Blanca, where she performed in cabarets alongside Gina Vivanco, with whom she shared a close bond and whom she considered a “sister for life.” That same year, she returned to Buenos Aires Province and lived with Gina in Florencio Varela.

Between 1987 and 1995, Carmen managed “La Farándula,” a grocery and delicatessen shop in the Villa Urquiza neighborhood of Buenos Aires, developing her own independent business. In 1988, encouraged by Gina Vivanco, she traveled to Paris, France, and later returned to Argentina to continue running her business.

In 2001, Carmen became involved with the Metropolitan Community Church (ICM), where she helped organize social activities, parties, and performances in collaboration with LGBTQ+ and faith-based community spaces.

Between 2002 and 2004, she participated in the restructuring of the Argentine Association of Travestis, Transsexuals, and Transgender People (ATTTA), serving as treasurer. Her involvement was part of broader processes of collective organizing that sought to increase the visibility of and expand rights for the travesti and trans population in Argentina.

From 2017 to 2022, Carmen was a member of the Trans Memory Archive, contributing to the construction and preservation of the community’s collective memory. Today, her trajectory continues to be reflected in these spaces of participation and in the community bonds she has sustained throughout her life.

Perla Ámbar Gómez

  • PG03
  • Person
  • 1969 - presente

Perla Ámbar Gómez nació el 20 de noviembre de 1969 en Avellaneda, provincia de Buenos Aires. Fue la mayor de diez hermanos y creció en Alejandro Korn, donde cursó la escuela primaria y parte de la secundaria. Desde temprana edad asumió responsabilidades de cuidado dentro de su familia, especialmente cuando su padre dejó de trabajar y su madre pasó a sostener económicamente el hogar. Ya en la adultez retomó sus estudios y completó la escuela secundaria en Berazategui, alcanzando un objetivo que había postergado durante años.

Desde la infancia percibió que su identidad de género no se correspondía con las expectativas sociales de la época. Durante la adolescencia atravesó un proceso de búsqueda personal acompañado por experiencias de discriminación vinculadas a su expresión de género. El encuentro con travestis y mujeres trans de su entorno resultó significativo para la construcción de su identidad y le permitió encontrar referencias y espacios de pertenencia. Hacia los 24 años comenzó un tratamiento hormonal y asumió públicamente su identidad como Perla. En ese período conoció a Cuqui, una amiga travesti que ocupó un lugar importante en su vida y fue quien le sugirió el nombre Perla, inspirado en la telenovela Perla Negra.

Su trayectoria estuvo atravesada por el contexto de criminalización de las identidades travestis y trans vigente durante buena parte de su vida. Fue víctima de persecución policial, detenciones arbitrarias y otras formas de violencia institucional asociadas a la aplicación de normas contravencionales que sancionaban las expresiones de género. También enfrentó dificultades para acceder a la vivienda, al empleo y a distintos servicios, experiencias vinculadas a las condiciones de exclusión que afectaron históricamente a la comunidad travesti y trans en Argentina.

A lo largo de su vida construyó vínculos afectivos y redes de amistad que funcionaron como espacios de cuidado y pertenencia. Estas redes adquirieron especial relevancia en períodos de vulnerabilidad, entre ellos el incendio de la vivienda familiar, que ocasionó la pérdida de sus pertenencias y profundizó sus dificultades económicas. La comunidad trans y sus amistades constituyeron entonces un sostén fundamental.

Con el reconocimiento legal de la identidad de género y el avance de las políticas de ampliación de derechos, fortaleció su participación en espacios comunitarios y de militancia vinculados a los derechos de las personas trans. Actualmente reside en el sur del Gran Buenos Aires y continúa vinculada a espacios comunitarios, acompañando iniciativas relacionadas con la inclusión laboral, el acceso a derechos y las políticas de reparación histórica. Al mismo tiempo, busca nuevas oportunidades laborales y sostiene un proyecto de vida centrado en su autonomía, el cuidado de sus animales y el acompañamiento de otras personas, aportando desde su experiencia a la construcción de redes de solidaridad y memoria colectiva.

Perla Ámbar Gómez was born on November 20, 1969, in Avellaneda, Buenos Aires Province. She was the eldest of ten siblings and grew up in Alejandro Korn, where she attended primary school and part of secondary school. From an early age, she took on caregiving responsibilities within her family, particularly after her father stopped working and her mother became the household’s primary breadwinner. As an adult, she returned to her studies and completed secondary school in Berazategui, achieving a personal goal she had postponed for many years.

From childhood, Perla felt that her gender identity did not conform to the social expectations of the time. During adolescence, she went through a process of personal exploration shaped by experiences of discrimination related to her gender expression. Her encounters with travestis and trans women in her community became significant to the development of her identity, providing her with important references and a sense of belonging. At around the age of 24, she began hormone treatment and publicly affirmed her identity as Perla. During this period, she met Cuqui, a travesti friend who became an important person in her life and suggested the name Perla, inspired by the telenovela Perla Negra.

Her life unfolded within a context in which travesti and trans identities were criminalized. She experienced police harassment, arbitrary detention, and other forms of institutional violence associated with the enforcement of regulations that sanctioned gender expression. She also faced barriers to accessing housing, employment, and various public services, experiences that reflected the conditions of exclusion historically faced by Argentina’s travesti and trans communities.

Throughout her life, Perla built significant emotional bonds and friendships that provided spaces of care and belonging. These networks became especially important during periods of vulnerability, including a fire at her family home that destroyed her belongings and further intensified her economic difficulties. At that time, her friendships and the trans community became an essential source of support.

Following the legal recognition of gender identity and the expansion of rights-based policies, Perla became increasingly involved in community spaces and activism focused on the rights of trans people. She currently lives in the southern Greater Buenos Aires area and remains connected to community organizations, supporting initiatives related to employment inclusion, access to rights, and historical reparations. At the same time, she continues to seek new employment opportunities and maintains a life project centered on autonomy, caring for her animals, and supporting others, contributing through her experience to the creation of networks of solidarity and collective memory.

Pamela Poletti

  • PP01
  • Person
  • 1964 - presente

Pamela Poletti, también conocida como “La Pole”, “Luci”, “Rut” y “Negri”, nació el 14 de octubre de 1964 en Chivilcoy, provincia de Buenos Aires. Creció junto a sus padres, Elvio Poletti y Aurora Lucía Griguela. Desde temprana edad expresó una identidad femenina que no coincidía con las expectativas sociales de la época. Durante su infancia jugaba con muñecas, se dejaba crecer el cabello y desarrollaba distintas formas de expresión vinculadas con lo femenino. Ante estas manifestaciones, su familia recurrió a consultas médicas en busca de explicaciones, en un contexto histórico atravesado por la patologización y la falta de reconocimiento de las identidades diversas.

Su trayectoria educativa se limitó a la escuela primaria. A los 13 años comenzó a trabajar en una tienda, en un contexto de presiones familiares para abandonar aquellas expresiones consideradas inapropiadas respecto de su identidad. A los 17 años fue despedida y posteriormente inició su formación en peluquería femenina, oficio que le permitió adquirir herramientas laborales vinculadas al cuidado y la estética.

Durante su juventud comenzó un proceso de transformación corporal mediante la automedicación hormonal. Entre los 20 y los 25 años recurrió también a prácticas de modificación corporal realizadas por otras mujeres trans de su generación, entre ellas la aplicación de silicona líquida. En esos años estableció vínculos con referentes históricas del movimiento travesti-trans argentino, como Charo Latessa, Claudia Pía Baudracco, Julia Lagomarsino, María Belén Correa y Liza de Capital. Estas redes formaron parte de los espacios de encuentro y pertenencia de una comunidad que durante décadas enfrentó la exclusión de los sistemas de salud y el acceso limitado a procedimientos seguros de afirmación de género.

A diferencia de muchas mujeres trans de su generación, Pamela no atravesó detenciones policiales. Durante la década de 1990 participó de espacios de sociabilidad travesti y gay, especialmente en el boliche Adrenalina, donde compartió experiencias con compañeras de distintas localidades. En ese período realizó trabajo sexual de manera ocasional durante los fines de semana, en espacios que también funcionaron como ámbitos de encuentro, afecto y construcción comunitaria.

A lo largo de su vida mantuvo distintas relaciones afectivas. Su vínculo más prolongado fue con Ricardo, con quien contrajo matrimonio y compartió catorce años y medio hasta su fallecimiento.

Actualmente reside en Chivilcoy y sostiene su vida cotidiana con una pensión y la jubilación de su esposo. Realiza tratamientos médicos vinculados a distintas condiciones de salud y continúa vinculada a la memoria de su generación. Su trayectoria forma parte de las historias de vida preservadas por el Archivo de la Memoria Trans, donde su experiencia contribuye al registro colectivo de las trayectorias travestis y trans en Argentina.

Pamela Poletti, also known as “La Pole,” “Luci,” “Rut,” and “Negri,” was born on October 14, 1964, in Chivilcoy, Buenos Aires Province. She grew up with her parents, Elvio Poletti and Aurora Lucía Griguela. From an early age, she expressed a feminine identity that did not conform to the social expectations of the time. During childhood, she played with dolls, grew her hair long, and developed different forms of expression associated with femininity. In response to these expressions, her family sought medical consultations in an attempt to find explanations, within a historical context shaped by the pathologization and lack of recognition of diverse gender identities.

Her education was limited to primary school. At the age of 13, she began working at a store, amid family pressure to abandon forms of self-expression that were considered inappropriate in relation to her identity. At 17, she was dismissed from the job and subsequently began training in women’s hairstyling, an occupation that provided her with vocational skills related to personal care and aesthetics.

During her youth, she began a process of bodily transformation through self-administered hormone use. Between the ages of 20 and 25, she also underwent body modification practices performed by other trans women of her generation, including the injection of liquid silicone. During these years, she formed relationships with historic figures in Argentina’s travesti and trans movement, including Charo Latessa, Claudia Pía Baudracco, Julia Lagomarsino, María Belén Correa, and Liza de Capital. These networks were part of the spaces of connection and belonging within a community that, for decades, faced exclusion from healthcare systems and limited access to safe gender-affirming procedures.

Unlike many trans women of her generation, Pamela was never subjected to police detention. During the 1990s, she participated in travesti and gay social spaces, particularly at the Adrenalina nightclub, where she shared experiences with compañeras from different towns and cities. During this period, she engaged in sex work occasionally on weekends. These spaces also served as places for social connection, affection, and community building.

Throughout her life, she had several romantic relationships. Her longest relationship was with Ricardo, whom she married and with whom she shared fourteen and a half years until his death.

Pamela currently lives in Chivilcoy, supporting herself through a pension and her late husband’s retirement benefits. She receives medical treatment for various health conditions and remains connected to the memory of her generation. Her life story is preserved in the Archivo de la Memoria Trans as part of the collective record of travesti and trans lives and histories in Argentina.

Patricia Rassmusen

  • PR02
  • Person
  • 1965 - 2020

Patricia Rasmussen fue una militante por los derechos de las personas LGBT y una referente del activismo travesti y trans en Mar del Plata. Durante su trayectoria participó en la Red de Personas Viviendo con VIH, donde desarrolló tareas de promoción del testeo, prevención y capacitación, con especial atención a las necesidades de la comunidad travesti y trans.

En 1996 conoció a Belén Correa durante un verano en Mar del Plata. Por entonces, la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA), creada en 1993, tenía su principal base de organización en Buenos Aires. A partir de ese encuentro, Patricia participó de la apertura de la primera sede de ATTTA fuera de la ciudad de Buenos Aires, en Mar del Plata, experiencia que contribuyó posteriormente a pensar la organización en una dimensión nacional. Con el tiempo se convirtió en coordinadora de ATTTA en esa ciudad.

Su militancia estuvo vinculada especialmente al acceso a la salud de las personas travestis y trans. Trabajó para promover el acercamiento de profesionales y servicios sanitarios a la comunidad, impulsando espacios de atención y prevención frente a las dificultades de acceso que atravesaban muchas compañeras. También sostuvo tareas de sensibilización y formación en torno al VIH, el testeo y las estrategias de prevención.

Durante los últimos años de su vida se dedicó de tiempo completo al trabajo comunitario y a la militancia. En ese período continuó desarrollando acciones de acompañamiento y promoción de derechos, articulando las demandas de la comunidad travesti y trans con los espacios de salud y las organizaciones sociales.

Patricia compartió durante más de una década su vida con Florencio, quien fue su compañero y una persona significativa en su recorrido afectivo. En distintos momentos de su vida atravesó dificultades vinculadas al consumo de alcohol, y contó con su acompañamiento para afrontarlas.

Patricia Rasmussen murió en febrero de 2020, a los 55 años. Su recorrido forma parte de la historia de organización del movimiento travesti y trans en Mar del Plata, particularmente de los procesos de construcción colectiva orientados al acceso a la salud, la prevención del VIH y la ampliación de derechos.

Patricia Rasmussen was an activist for LGBT rights and a prominent figure in the travesti and trans movement in Mar del Plata. Throughout her life, she was involved with the Network of People Living with HIV, where she worked to promote HIV testing, prevention, and community education, with particular attention to the needs of the travesti and trans community.

In 1996, she met Belén Correa during the summer in Mar del Plata. At the time, the Association of Travestis, Transsexuals and Transgender People of Argentina (ATTTA), founded in 1993, was primarily based in Buenos Aires. Following their meeting, Patricia became involved in establishing ATTTA’s first branch outside the city of Buenos Aires, in Mar del Plata. This initiative later contributed to the organization’s development as a nationwide network. Patricia eventually became ATTTA’s coordinator in Mar del Plata.

Her activism focused particularly on access to healthcare for travesti and trans people. She worked to bring healthcare professionals and services closer to the community, promoting spaces for medical care and prevention in response to the barriers many travesti and trans people faced in accessing healthcare. She also carried out awareness-raising and educational activities related to HIV, testing, and prevention strategies.

During the final years of her life, Patricia devoted herself full-time to community work and activism. She continued to develop initiatives focused on support and the promotion of rights, connecting the needs and demands of the travesti and trans community with healthcare services and social organizations.

For more than a decade, Patricia shared her life with Florencio, her partner and an important figure in her emotional life. At different points in her life, she experienced difficulties related to alcohol use and received his support as she navigated them.

Patricia Rasmussen died in February 2020 at the age of 55. Her life and activism form part of the history of travesti and trans organizing in Mar del Plata, particularly the collective efforts to improve access to healthcare, promote HIV prevention, and advance the rights of travesti and trans people.

Pamela Rodriguez

  • PR02
  • Person
  • 1969 - presente

Pamela nació el 25 de julio de 1969 en la ciudad de Pergamino, provincia de Buenos Aires. A los 14 años fue expulsada de su hogar luego de negarse a cumplir con una práctica social de la época, según la cual se esperaba que los varones fueran llevados a prostíbulos para iniciarse sexualmente. Al manifestarle a su padre que no sentía atracción por las mujeres, fue echada de su casa y quedó tempranamente expuesta a condiciones de exclusión y desprotección.

Tras su expulsión comenzó a ejercer el trabajo sexual siendo muy joven. Su recorrido la llevó por la ciudad de Rosario, la zona de la Panamericana durante la época conocida como la del “caza mariposas”, la ciudad de Buenos Aires y posteriormente Neuquén. Durante esos años atravesó situaciones de consumo problemático de drogas y alcohol, junto con experiencias de abandono y abuso estatal que también afectaron a muchas de sus compañeras. La persecución, la falta de aceptación social, las agresiones y las situaciones de calle formaron parte de las condiciones en las que desarrolló su vida durante su juventud. En este contexto, fue construyendo y profundizando su identidad como mujer trans.

Tras el fallecimiento de su padre en 2005, regresó a su ciudad natal. Allí continuó realizando trabajo sexual hasta 2010, cuando logró incorporarse laboralmente al municipio y dejar esa actividad.

Actualmente vive junto a su familia y seres queridos. Su trayectoria da cuenta de los recorridos de muchas mujeres trans de su generación, atravesados por la expulsión familiar, la exclusión social, la persecución y la falta de acceso a derechos, pero también por procesos de construcción identitaria y búsqueda de alternativas laborales y de vida. Su incorporación al trabajo municipal significó un cambio en su trayectoria laboral, luego de décadas en las que el trabajo sexual constituyó una de las principales alternativas disponibles para las mujeres trans de su generación.

Pamela was born on July 25, 1969, in the city of Pergamino, Buenos Aires Province. At the age of 14, she was expelled from her home after refusing to comply with a social practice of the time in which boys were expected to be taken to brothels to initiate their sexual lives. After telling her father that she was not attracted to women, she was forced to leave home and was consequently exposed at an early age to conditions of exclusion and lack of protection.

Following her expulsion from home, she began engaging in sex work at a very young age. Her trajectory took her to the city of Rosario, the Pan-American Highway area during the period known as the “butterfly hunt,” the city of Buenos Aires, and later Neuquén. During these years, she experienced periods of drug use and alcoholism, as well as situations of abandonment and state abuse that also affected many of her compañeras. Social rejection, persecution, physical attacks, and periods of homelessness were part of the conditions in which she lived during her youth. Within this context, she developed and further affirmed her identity as a trans woman.

Following her father’s death in 2005, she returned to her hometown. There, she continued doing sex work until 2010, when she was able to obtain employment with the municipal government and leave sex work.

She currently lives with her family and loved ones. Her trajectory reflects the experiences of many trans women of her generation, whose lives were shaped by family rejection, social exclusion, persecution, and limited access to rights, as well as by processes of identity formation and the search for alternative forms of work and ways of life. Her entry into municipal employment represented a change in her working trajectory, following decades in which sex work was one of the principal forms of employment available to trans women of her generation.

Silvia Mayora

  • SM01
  • Person
  • 1940 - 2010

Enfermera del Hospital Muñiz, institución especializada en enfermedades infecciosas, desarrolló durante la década de 1990 una parte de su trayectoria profesional vinculada al cuidado y acompañamiento de personas que vivían con VIH. En el contexto de la epidemia de VIH/sida, su trabajo se desarrolló en un ámbito sanitario atravesado por las necesidades específicas de quienes requerían atención y cuidados.

Fue en ese período cuando conoció a Miranda, una mujer trans con quien estableció un vínculo de amistad. Este encuentro se produjo en el marco de su trabajo cotidiano en el Hospital Muñiz y dio lugar a una relación que trascendió el ámbito institucional. A través de ese vínculo, tuvo contacto con aspectos de la vida y la trayectoria de Miranda que posteriormente formarían parte de la memoria documental de la comunidad travesti y trans.

Antes de su fallecimiento, Miranda le confió y donó documentos personales que posteriormente fueron incorporados al acervo del Archivo de la Memoria Trans. Estos materiales constituyen parte de la documentación resguardada por el AMT y contribuyen a preservar fragmentos de una trayectoria individual y de la historia social de las personas travestis y trans.

Su recorrido profesional como enfermera y el vínculo construido con Miranda forman parte de una trama de relaciones en la que los espacios de salud, las redes afectivas y la preservación de documentos personales se articulan con la construcción de la memoria colectiva. A través de la donación recibida, aquellos materiales pudieron integrarse a un archivo comunitario dedicado a conservar y poner en valor las experiencias y trayectorias de las personas travestis y trans en Argentina.

A nurse at Muñiz Hospital, a medical institution specializing in infectious diseases, she devoted part of her professional career during the 1990s to caring for and supporting people living with HIV. Her work took place in the context of the HIV/AIDS epidemic, within a healthcare setting shaped by the specific needs of people requiring medical attention and ongoing care.

It was during this period that she met Miranda, a trans woman with whom she developed a friendship. Their relationship began through her daily work at Muñiz Hospital and eventually extended beyond the institutional setting. Through this friendship, she came to know aspects of Miranda’s life and personal history that would later become part of the documentary memory of the travesti and trans community.

Before her death, Miranda entrusted her with and donated a collection of personal documents, which were subsequently incorporated into the holdings of the Archivo de la Memoria Trans (AMT). These materials form part of the documentation preserved by the AMT and contribute to safeguarding fragments of an individual life as well as the broader social history of travesti and trans people.

Her professional experience as a nurse and the friendship she developed with Miranda form part of a network of relationships in which healthcare settings, affective bonds, and the preservation of personal documents intersect with the construction of collective memory. Through the donation she received, these materials became part of a community archive dedicated to preserving and valuing the experiences and life histories of travesti and trans people in Argentina.

Sonia Beatriz Hernández

  • ST01
  • Person
  • 1959 - Actualidad

Sonia Beatriz Torrese Hernández nació el 31 de diciembre de 1959 en Sierra de la Ventana, provincia de Buenos Aires, Argentina. Fue la hija mayor de Olga Hernández y Ramón Torrese, y creció junto a sus hermanos Marcela Torrese y Johnatan Torrese. Alrededor de los seis años se mudó con su familia a Morón, en el conurbano bonaerense. Desde muy pequeña comenzó a reconocerse como niña y a expresarlo en privado usando ropa femenina. Esa vivencia generó fuertes conflictos familiares: sufrió rechazo materno, control constante, violencia doméstica y situaciones traumáticas de abuso intrafamiliar, sin protección por parte de las personas adultas. Estas experiencias marcaron profundamente su infancia.

Durante la adolescencia intentó escapar varias veces de su casa para vivir de acuerdo con su identidad de género. Tuvo sus primeros contactos con el trabajo sexual en la zona de Morón, guiada por mujeres trans mayores que ya sobrevivían en la calle. En algunos intentos fue obligada a regresar al hogar y amenazada con instituciones de menores, lo que la llevó a ocultarse durante años. Finalmente, al cumplir 18 años, se fue definitivamente de su casa y se instaló con su amiga trans Romina, también de Morón, quien la introdujo formalmente en el trabajo sexual y le brindó contención en sus primeros años de independencia.

Entre los 21 y 22 años conoció a un médico que la incentivó a estudiar Auxiliar de Enfermería en el Hospital Alemán. Completó la formación e ingresó a trabajar como auxiliar de sala en esa institución. Sin embargo, a los 23 años fue despedida por su feminidad y orientación sexual. Más tarde consiguió empleo en la Clínica Sagrada Familia, en Belgrano, donde trabajó durante aproximadamente cuatro años. En ese período conoció a Luis Herrera, también enfermero, más tarde conocida como La Ivonne de Burzaco. A través de vínculos con otras compañeras trans comenzó procesos informales de feminización corporal mediante hormonas e inyecciones de silicona, prácticas frecuentes en una época sin acceso médico seguro ni legal para personas trans.

En 1986 fue despedida nuevamente de la clínica debido a los cambios visibles en su apariencia y debió regresar al trabajo sexual. Se instaló en la zona sur del Gran Buenos Aires, viviendo en Villa KM 13 de Quilmes, y trabajó en Camino General Belgrano. Una noche conoció a un médico vinculado a una clínica privada de Barracas, quien la ayudó a ingresar en 1988 al área de enfermería, esta vez ya siendo una mujer trans visible. En 1994 falleció ese médico, la clínica fue vendida y Sonia volvió a quedar sin trabajo. Desde entonces retornó al trabajo sexual, desempeñándose en las zonas rojas de Quilmes, la Autopista Riccheri y Chacarita, donde trabajó durante alrededor de quince años.

Durante las décadas de 1990 y 2000 atravesó años de persecución policial, extorsiones, detenciones arbitrarias y violencia institucional. Como muchas travestis y mujeres trans de su generación, sufrió hostigamiento constante por ejercer el trabajo sexual y ocupar el espacio público. También atravesó consumos problemáticos de alcohol y otras sustancias en un contexto de extrema vulnerabilidad social. A pesar de ello, se convirtió en una figura reconocida en distintas zonas de trabajo y construyó fuertes lazos de solidaridad con otras compañeras.

En esos mismos años comenzó a militar por los derechos del colectivo travesti-trans junto a referentes históricas como Lohana Berkins, María Belén Correa, Nadia Echazú y otras activistas. Participó en protestas contra los edictos policiales y contra la reforma del Código de Convivencia Urbana que criminalizaba a travestis y trabajadoras sexuales. En 2004 estuvo presente en una manifestación frente a la Legislatura porteña junto a Lohana Berkins, Edith La Tajo, Karina Pintarelli y Silvana Sosa. La protesta fue reprimida por la Policía Federal; varias compañeras fueron detenidas y Sonia logró escapar con ayuda de un móvil de Crónica TV. Tras ese episodio se exilió temporalmente en Brazil durante aproximadamente un año y medio, donde volvió a ejercer el trabajo sexual en condiciones muy violentas. Regresó a la Argentina hacia 2005, durante el gobierno de Néstor Kirchner, cuando disminuyó la persecución policial.

En el plano personal, cerca del año 2000 una joven a la que había dado alojamiento en el fondo de su casa dejó a su cuidado a tres niños: Matías, de cinco años; Melany, de cuatro; y Nicole, de seis meses. Sonia asumió su crianza y se convirtió en figura materna para ellos durante muchos años, sosteniéndolos económica y afectivamente hasta que crecieron y se fueron a vivir con su abuela. Ella recuerda esa etapa como una de las experiencias más significativas de su vida, por haber podido brindar el cuidado y el amor familiar que a ella le habían negado en su infancia.

A sus 50 años fue diagnosticada con HIV positivo y hepatitis C fulminante, lo que la llevó a permanecer tres meses en terapia intensiva en el Hospital Muñiz. Pasó alrededor de seis meses sin poder trabajar, sostenida por amigas y vecinos. Más adelante volvió esporádicamente al trabajo sexual para subsistir, pero al empeorar su salud comenzó a dedicarse al cuidado domiciliario de personas y a la lectura de tarot como medios de ingreso.

Con la sanción de la Ley de Identidad de Género en Argentina en 2012 sintió por primera vez un reconocimiento legal pleno. Poder portar su nombre femenino y ser tratada de acuerdo con su identidad representó una transformación profunda luego de décadas de humillaciones y exclusión. Alrededor de 2016 vendió su casa en Quilmes y se mudó a San Justo para cuidar a su madre hasta su fallecimiento en 2019.

En febrero de 2022 comenzó a trabajar en el Archivo de la Memoria Trans, espacio donde encontró reconocimiento, comunidad y la posibilidad de reconstruir su historia. Allí se capacitó en conservación fotográfica y actualmente trabaja en el área de digitalización. Sonia define su trayectoria como la de una sobreviviente: una vida atravesada por violencia, exclusión, trabajo sexual forzado por falta de oportunidades, persecución estatal, militancia colectiva y búsqueda de reparación histórica.


Sonia Beatriz Torrese Hernández was born on December 31, 1959, in Sierra de la Ventana, Argentina. She was the eldest child of Olga Hernández and Ramón Torrese, and grew up with her siblings Marcela Torrese and Johnatan Torrese. At around six years old, she moved with her family to Morón, in Greater Buenos Aires. From an early age, she recognized herself as a girl and expressed this identity privately by wearing feminine clothing. This led to severe family conflict: she experienced rejection, constant control, domestic violence, and traumatic situations of intrafamily abuse without adult protection. These experiences deeply shaped her childhood.

During adolescence, she attempted to run away from home several times in order to live according to her gender identity. She had her first contact with sex work in the Morón area, guided by older trans women who were already surviving on the streets. In some cases, she was forced to return home and threatened with institutionalization, which led her to hide her identity for years. At 18, she left home permanently and moved in with her trans friend Romina, who introduced her more formally to sex work and supported her in her first years of independence.

Between the ages of 21 and 22, she met a doctor who encouraged her to study to become a nursing assistant at the Hospital Alemán. After completing her training, she began working there as a ward assistant. However, at 23 she was dismissed due to her femininity and sexual orientation. She later worked at the Clínica Sagrada Familia in Belgrano for about four years. During this time, she met Luis Herrera—later known as La Ivonne de Burzaco—and, through connections with other trans women, began informal processes of body feminization using hormones and silicone injections, a common practice at the time due to the lack of safe and legal medical access for trans people.

In 1986, she was dismissed again because of changes in her appearance and returned to sex work. She settled in the southern area of Greater Buenos Aires, living in Villa KM 13 in Quilmes, and worked along Camino General Belgrano. One night, she met a doctor linked to a private clinic in Barracas, who helped her secure a position in 1988 in the nursing sector, this time openly as a trans woman. In 1994, the doctor passed away, the clinic was sold, and Sonia lost her job once again. She then returned to sex work, working in areas such as Quilmes, the Riccheri Highway, and Chacarita, where she remained active for around fifteen years.

Throughout the 1990s and 2000s, she endured ongoing police persecution, extortion, arbitrary arrests, and institutional violence. Like many travestis and trans women of her generation, she faced constant harassment for occupying public space and engaging in sex work. She also experienced problematic substance use in a context of extreme social vulnerability. Despite this, she became a well-known figure in various working areas and built strong bonds of solidarity with other trans women.

During this period, she also became involved in activism alongside key figures such as Lohana Berkins, María Belén Correa, and Nadia Echazú. She participated in protests against police edicts and the Urban Coexistence Code that criminalized travestis and sex workers. In 2004, she took part in a demonstration outside the Buenos Aires Legislature that was violently repressed by the police; several activists were detained, and Sonia managed to escape with help from a vehicle belonging to Crónica TV. Following this event, she went into temporary exile in Brazil for about a year and a half, where she again engaged in sex work under highly violent conditions. She returned to Argentina around 2005, during the presidency of Néstor Kirchner, when police persecution began to ease.

On a personal level, around the year 2000, a young woman to whom she had offered shelter left three children in her care: Matías (5), Melany (4), and Nicole (6 months old). Sonia raised them and became a maternal figure in their lives for many years, supporting them both economically and emotionally until they eventually went to live with their grandmother. She considers this one of the most meaningful experiences of her life, as it allowed her to provide the care and love she herself had been denied in childhood.

At age 50, she was diagnosed with HIV and severe hepatitis C, which led to a three-month stay in intensive care at the Hospital Muñiz. She spent about six months unable to work, supported by friends and neighbors. Later, she returned sporadically to sex work to survive, but as her health declined, she began working in home care and reading tarot cards as alternative sources of income.

With the passing of Argentina’s Gender Identity Law in 2012, she experienced legal recognition for the first time. Being able to carry her chosen name and be treated according to her identity marked a profound transformation after decades of marginalization. Around 2016, she sold her house in Quilmes and moved to San Justo to care for her mother until her death in 2019.

In February 2022, she began working at the Archivo de la Memoria Trans, where she found recognition, community, and the opportunity to reconstruct her history. She trained in photographic conservation and currently works in the digitization area. Sonia defines her life as that of a survivor: a trajectory shaped by violence, exclusion, sex work driven by lack of opportunities, state persecution, collective activism, and an ongoing search for historical repair and recognition.

Wendy Helena Janaína Zalazar

  • WZ01
  • Person
  • 1969 - Presente

Wendy Helena Janaína Zalazar nació el 20 de abril de 1969 como Vicente Zalazar. Creció en la provincia de Buenos Aires en un contexto histórico atravesado por la discriminación y la persecución hacia las personas travestis y trans. Desde temprana edad reconoció una identidad de género diferente a las expectativas sociales asignadas y comenzó a expresarla durante la adolescencia. A los 17 años se incorporó a los espacios de encuentro y sociabilidad de travestis y mujeres trans del Área Metropolitana de Buenos Aires, donde construyó redes de amistad, cuidado y acompañamiento comunitario.

Durante esos años adoptó el nombre Wendy, elegido a partir del vínculo con una compañera que comenzó a llamarla de esa manera en referencia al personaje de Peter Pan. Posteriormente incorporó los nombres Helena Janaína, con los que actualmente se identifica. En su recorrido comunitario tuvo como referente fundamental a La Perica, a quien reconoce como una figura de acompañamiento y como una madre trans. Junto a ella convivió en Tigre con otras compañeras, entre ellas Ivonne y Veroniquita, compartiendo experiencias de vida y estrategias colectivas de cuidado.

A lo largo de su trayectoria ejerció el trabajo sexual en distintos puntos de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, entre ellos Panamericana, General Paz, Camino Negro, Camino de Cintura, Riccheri, Ruta 6, Juan B. Justo y el centro porteño. Como muchas mujeres trans de su generación, atravesó la criminalización de las identidades trans mediante los edictos policiales, sufriendo detenciones arbitrarias y situaciones de violencia institucional en dependencias como las comisarías de Munro, Benavídez y la División Moralidad de la Policía Federal.

Durante su juventud realizó modificaciones corporales mediante prácticas informales, habituales entre muchas personas trans de la época debido a la falta de acceso a tratamientos médicos seguros. Con el tiempo enfrentó las consecuencias físicas derivadas de esas intervenciones. Paralelamente participó en carnavales y murgas de San Miguel y otras localidades bonaerenses, espacios donde desarrolló vínculos afectivos y comunitarios, entre ellos una amistad de más de tres décadas con Marcela Navarro.
Wendy atravesó los cambios sociales y legislativos que transformaron las condiciones de vida de la comunidad trans en Argentina, entre ellos la derogación de los edictos policiales y la sanción de la Ley de Identidad de Género en 2012. A partir de esta normativa realizó la rectificación registral de su documentación y obtuvo el reconocimiento legal de su identidad.

Durante la pandemia impulsó un comedor comunitario desde su hogar y participó en redes solidarias destinadas al acompañamiento de familias y mujeres trans. También integró espacios sociales y políticos vinculados a la diversidad. El 20 de abril contrajo matrimonio con su pareja, oriunda de Mar del Plata, consolidando un proyecto afectivo compartido. Actualmente continúa participando en iniciativas vinculadas a la memoria colectiva, el reconocimiento y la preservación de las experiencias de las personas trans mayores.

Wendy Helena Janaína Zalazar was born on April 20, 1969, and was registered at birth as Vicente Zalazar. She grew up in the province of Buenos Aires in a historical context marked by discrimination and persecution against travestis and trans people. From an early age, she recognized a gender identity that differed from the social expectations assigned to her and began expressing it during adolescence. At the age of 17, she became involved in social and community spaces where travestis and trans women from the Greater Buenos Aires Metropolitan Area gathered, building networks of friendship, care, and mutual support.

During those years, she adopted the name Wendy, chosen after a friend began calling her by that name in reference to the character from Peter Pan. She later incorporated the names Helena Janaína, which are the names she identifies with today. Throughout her community life, La Perica became a fundamental figure in her trajectory, whom Wendy recognizes as a source of support and as a trans mother. She lived with her and other companions in Tigre, including Ivonne and Veroniquita, sharing life experiences and collective strategies of care.

Throughout her life, Wendy engaged in sex work in different areas of the City of Buenos Aires and Greater Buenos Aires, including the Panamericana, General Paz, Camino Negro, Camino de Cintura, Riccheri, Route 6, Juan B. Justo, and downtown Buenos Aires. Like many trans women of her generation, she experienced the criminalization of trans identities through police edicts, facing arbitrary arrests and institutional violence in police facilities such as the precincts in Munro and Benavídez and the Morality Division of the Federal Police.

During her youth, she underwent body modifications through informal practices that were common among many trans people at the time due to the lack of access to safe medical treatments. Over time, she experienced physical consequences resulting from these procedures. At the same time, she participated in carnival celebrations and murga groups in San Miguel and other towns in the province of Buenos Aires, spaces where she developed affective and community ties, including a friendship of more than three decades with Marcela Navarro.

Wendy lived through the social and legislative changes that transformed the living conditions of Argentina's trans community, including the repeal of the police edicts and the enactment of the Gender Identity Law in 2012. Following the passage of the law, she amended the gender marker and personal information on her official documents, obtaining legal recognition of her identity.

During the COVID-19 pandemic, she established a community soup kitchen from her home and participated in solidarity networks that supported families and trans women. She also became involved in social and political spaces connected to diversity. On April 20, she married her partner, who is originally from Mar del Plata, consolidating a shared life project.

Today, Wendy continues to participate in initiatives focused on collective memory, recognition, and the preservation of the experiences and histories of older trans people.

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