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Registro de autoridad

Marcela Navarro

  • MN01
  • Persona
  • 09/07/1968 - Actualidad

Lara Marcela Navarro nació el 9 de Julio de 1968 en el Hospital Castex, en el partido de General San Martín, provincia de Buenos Aires. Es hija de Enrique Laurindo Navarro y Elsa Malvina Díaz, y creció en una familia numerosa de fuerte identidad peronista y activa participación política. Pasó sus primeros años en Billinghurst y luego se trasladó junto a su familia a José C. Paz, donde se establecieron definitivamente. Tiene ocho hermanos, uno de ellos desaparecido.

Desde la infancia comenzó a percibirse distinta de lo esperado para el género asignado al nacer. A los seis años ya manifestaba atracción por la ropa femenina y el deseo de vincularse principalmente con niñas. Cursó sus estudios primarios en el Instituto San Pedro, una escuela privada católica, donde sus expresiones de feminidad generaron rechazo y preocupación institucional. Fue sometida allí a tratamientos psicológicos orientados a corregir su identidad y orientación, mientras a su madre le decían que padecía una enfermedad mental. Hacia los trece años, sus padres comprendieron que esas prácticas no cambiarían su realidad y exigieron que cesaran.

Durante la niñez y la preadolescencia atravesó sentimientos de tristeza, depresión y opresión por la condena social hacia su identidad. Buscó refugio en la espiritualidad y acudió a la Iglesia para consultar si Dios podía aceptarla tal como era, pero fue rechazada por el sacerdote del colegio, quien la expulsó y no le permitió regresar. Años más tarde, ya cerca de los dieciocho años, encontró otro camino espiritual al ser invitada por una compañera trans conocida como “Pipi” a un templo afrobrasileño en José C. Paz. Allí conoció un espacio diverso y acogedor, frecuentado por personas gays, lesbianas, travestis y afrodescendientes. Continuó participando en esa comunidad religiosa y, desde 1999, es May de Santos (Iyalorixá), desempeñándose como guía espiritual de personas allegadas a su templo.

Durante la adolescencia inició su transición con el apoyo de su madre. Ante la ausencia de información pública sobre identidades trans, buscó orientación en compañeras mayores de su barrio. En 1985, siendo muy joven, comenzó a ejercer el trabajo sexual como forma de subsistencia y búsqueda de independencia económica. Con ayuda de una compañera llamada Patricia aprendió a cuidarse, defenderse y manejar dinero. También logró ahorrar durante un tiempo para realizarse colocaciones informales de silicona, práctica común y riesgosa en aquella época ante la falta de acceso a la salud. Poco después dejó la casa familiar tras conflictos con su padre vinculados a sus horarios, la vida nocturna y su necesidad de autonomía, y pasó a convivir con otras compañeras trans.

Su juventud estuvo marcada por la persecución policial sistemática. Fue detenida por primera vez siendo menor de edad, incluso mientras hacía compras cerca de su casa. Luego sufrió reiteradas detenciones por aplicación de los edictos policiales, especialmente el artículo 92, que castigaba vestir ropa “contraria al sexo”, y el artículo 68, utilizado para criminalizar el ejercicio o la supuesta sospecha de prostitución. Muchas veces bastaba esperar un colectivo para ser arrestada. También padeció golpes, hostigamientos y largos encierros, experiencias que la marcaron profundamente y despertaron en ella una temprana conciencia política.

A pesar de ese contexto, desarrolló una fuerte disciplina económica. Ahorró dinero, compró dólares, abrió cuentas bancarias e invirtió en terrenos en José C. Paz y General Rodríguez. Construyó su propia casa y realizó pequeñas inversiones pensando en el futuro. También viajó a Uruguay y Brasil para trabajar y alejarse por períodos de la violencia local. Aunque muchas compañeras emigraron a Europa, decidió permanecer en la Argentina convencida de que la situación algún día cambiaría.

En su vida afectiva, alrededor de los veinte años conoció a Miguel, un hombre cisgénero con quien mantuvo una relación de aproximadamente quince años. Convivieron y formaron hogar, siendo además aceptada por la familia de él. Tras esa separación mantuvo otra relación extensa con una pareja llamada Juan, también de alrededor de quince años.

Hacia fines de la década de 1990 comenzó a involucrarse activamente en la militancia por los derechos de las personas trans, impulsada por la muerte y desaparición de muchas compañeras víctimas de la violencia institucional. En 1998 empezó a participar en reclamos por la derogación de los edictos policiales y por el derecho a una vida digna. Más adelante trabajó en la zona de Chacarita, en la ciudad de Buenos Aires, donde conoció a referentes históricas como Lohana Berkins y Diana Sacayán. Recuerda especialmente las recorridas territoriales de Sacayán repartiendo preservativos, convocando reuniones y promoviendo la organización comunitaria.

Desde el año 2000 milita en la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA). Ese mismo año comenzó a impulsar en José C. Paz políticas de inclusión laboral para personas trans, reclamo que más adelante logró avances con apoyo de sectores del Concejo Deliberante local. También se formó como promotora de salud junto a ATTTA y la Fundación Huésped, desempeñándose en tareas de prevención y acompañamiento comunitario.

Durante la pandemia reforzó su militancia territorial, participando en redes de asistencia alimentaria y sanitaria para compañeras en situación de vulnerabilidad. En los últimos años retomó además sus estudios secundarios en la Casa Trans, una deuda pendiente desde la adolescencia.

Desde el 15 de diciembre de 2023 trabaja en el Archivo de la Memoria Trans Argentina, espacio que considera propio y desde el cual busca preservar las historias de quienes resistieron antes que su generación. Se define orgullosa de José C. Paz, de su recorrido y de pertenecer a una generación pionera que luchó cuando aún no existían derechos reconocidos.


Marcela Navarro was born on July 9, 1968, at Hospital Castex in the district of General San Martín, Buenos Aires Province, Argentina. She is the daughter of Enrique Laurindo Navarro and Elsa Malvina Díaz, and grew up in a large family with a strong Peronist identity and active political participation. She spent her early childhood in Billinghurst and later moved with her family to José C. Paz, where they settled permanently. She has eight siblings, one of whom was disappeared.

From childhood, she began to perceive herself as different from what was expected of the gender assigned to her at birth. At six years old, she was already drawn to feminine clothing and wanted primarily to socialize with girls. She attended primary school at Instituto San Pedro, a private Catholic school, where her feminine expressions generated rejection and institutional concern. She was subjected there to psychological treatments intended to correct her identity and orientation, while her mother was told that her daughter suffered from a mental illness. Around the age of thirteen, her parents understood that these practices would not change her reality and demanded that they stop.

During childhood and early adolescence, she experienced sadness, depression, and oppression because of the social condemnation of her identity. She sought refuge in spirituality and turned to the Church, asking whether God could accept her as she was, but she was rejected by the school priest, who expelled her and did not allow her to return. Years later, around the age of eighteen, she found another spiritual path when a trans friend known as “Pipi” invited her to an Afro-Brazilian temple in José C. Paz. There she encountered a welcoming and diverse space frequented by gay, lesbian, travesti, and Afro-descendant people. She continued participating in that religious community and, since 1999, has been a May de Santos (Iyalorixá), serving as a spiritual guide to people connected to her temple.

During adolescence, she began her transition with the support of her mother. In the absence of public information about trans identities, she sought guidance from older trans women in her neighborhood. In 1985, while still very young, she began sex work as a means of survival and economic independence. With the help of a friend named Patricia, she learned how to protect herself, defend herself, and manage money. She also saved enough to undergo informal silicone injections, a common and dangerous practice at the time due to lack of access to healthcare. Soon afterward, she left the family home following conflicts with her father related to her schedule, nightlife, and desire for autonomy, and moved in with other trans women.

Her youth was marked by systematic police persecution. She was first detained while still a minor, even while shopping near her home. She later endured repeated arrests under police edicts, especially Article 92, which punished wearing clothing “contrary to one’s sex,” and Article 68, used to criminalize sex work or even the suspicion of it. At times, simply waiting for a bus was enough to be arrested. She also suffered beatings, harassment, and long periods of confinement, experiences that deeply marked her and awakened an early political consciousness.

Despite this context, she developed strong financial discipline. She saved money, bought U.S. dollars, opened bank accounts, and invested in land in José C. Paz and General Rodríguez. She built her own home and made small investments with the future in mind. She also traveled to Uruguay and Brazil to work and temporarily escape local violence. Although many of her peers emigrated to Europe, she chose to remain in Argentina, convinced that one day things would change.

In her personal life, around the age of twenty she met Miguel, a cisgender man with whom she maintained a relationship for approximately fifteen years. They lived together and built a home, and she was accepted by his family. After that separation, she had another long-term relationship with a partner named Juan, lasting around fifteen years as well.

Toward the end of the 1990s, she became actively involved in the struggle for trans rights, driven by the deaths and disappearances of many friends who were victims of institutional violence. In 1998, she began participating in campaigns to repeal the police edicts and demand the right to live with dignity. Later, while working in Chacarita in the city of Buenos Aires, she met historic activists such as Lohana Berkins and Diana Sacayán. She especially remembers Sacayán’s street outreach work distributing condoms, calling meetings, and encouraging community organization.

Since 2000, she has been active in the Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA). That same year, she began advocating in José C. Paz for employment inclusion policies for trans people, efforts that later achieved progress with the support of members of the local council. She also trained as a health promoter alongside ATTTA and Fundación Huésped, carrying out prevention and community support work.

During the pandemic, she intensified her grassroots activism, participating in food and health assistance networks for trans women in vulnerable situations. In recent years, she also resumed her secondary education at Casa Trans, fulfilling a long-standing unfinished goal from adolescence.

Since December 15, 2023, she has worked at the Archivo de la Memoria Trans Argentina, a space she considers her own and through which she seeks to preserve the stories of those who resisted before her generation. She defines herself as proud of José C. Paz, of her life journey, and of belonging to a pioneering generation that fought when rights had not yet been recognized.

Marcela "Tita"

  • MT01
  • Persona
  • 1967 - presente

Marcela “Tita” nació el 5 de agosto de 1967 en la Ciudad de Buenos Aires. Creció en un entorno familiar compuesto por su madre, Ángela, y su padre, Alberto. Durante su infancia y adolescencia cursó la educación primaria y secundaria, al tiempo que comenzaba a explorar su identidad en un contexto social marcado por la hostilidad hacia las identidades travestis y trans. Recuerda que a los 12 años comenzó a frecuentar el centro de la ciudad, experiencia que señala como un momento temprano de contacto con otros espacios de sociabilidad.
A los 14 años fue detenida por primera vez en su propio barrio, en un período atravesado por la represión estatal. A partir de entonces, las detenciones se volvieron una constante en su vida, tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en distintos puntos del conurbano bonaerense. Estas experiencias se inscriben en el marco de la persecución sistemática ejercida sobre las identidades travestis y trans durante décadas, a través de edictos policiales y prácticas de control territorial.
A los 18 años inició procesos de modificación corporal mediante la aplicación de siliconas, práctica extendida en la época ante la falta de acceso a sistemas de salud integrales y respetuosos de las identidades trans. Con el paso del tiempo, estas intervenciones derivaron en problemas de salud que continúan afectándola en la actualidad, lo que da cuenta de las condiciones estructurales en las que muchas personas travestis y trans construyeron sus identidades.
Desde joven, Marcela desarrolló estrategias de subsistencia vinculadas al trabajo sexual, actividad que desempeñó en distintos barrios de la ciudad y el conurbano. En ese recorrido, construyó redes afectivas y comunitarias con otras compañeras travestis, con quienes compartió espacios de trabajo y sociabilidad. También mantuvo vínculos de pareja, entre ellos una relación con una persona vinculada a un boliche de ambiente travesti.
Paralelamente, se formó y trabajó como esteticista, oficio que continúa ejerciendo hasta el presente. Esta actividad se consolidó como una alternativa laboral sostenida en el tiempo, en un contexto históricamente restrictivo para el acceso al empleo formal de las personas trans.
Hace aproximadamente dos décadas se encuentra en pareja con su actual esposo, con quien comparte su vida cotidiana. En la actualidad, describe su presente atravesado por las dificultades económicas, comunes a su entorno, y por la búsqueda de bienestar dentro de esas condiciones. Su trayectoria refleja las múltiples dimensiones —familiares, laborales, comunitarias y de supervivencia— que configuran las experiencias de vida de las personas travestis y trans en Argentina, así como las formas en que han construido sus propios recorridos en contextos de exclusión y desigualdad.

Marcia Cecilia Alejandra Galván

  • MG02
  • Persona
  • 1972 - presente

Marcia Cecilia Alejandra Galván nació el 5 de marzo de 1972 en la provincia de Santiago del Estero, donde fue inscripta oficialmente el 5 de agosto del mismo año. Creció en una familia numerosa, en un entorno de recursos limitados pero sostenido por vínculos afectivos y comunitarios significativos. Su infancia transcurrió entre la escuela, el barrio y una red de vecinos, docentes y familiares que reconoce como parte de su formación. En ese período también estuvo expuesta a situaciones de violencia de género ejercidas contra su madre por parte de su padre biológico. Alrededor de sus 15 años, su madre se trasladó a la ciudad de Buenos Aires para resguardarse de esa situación, mientras Marcia permaneció en Santiago del Estero junto a sus hermanos, bajo el cuidado del hombre que la crió.
Durante su adolescencia comenzó a vincularse con otras personas de la diversidad sexual y de género, en un contexto en el que aún no contaba con herramientas para nombrar su identidad. En ese proceso estableció lazos con referentes locales como La Pato, Solange, Belén, María Marcela y Tía Joy, con quienes compartió espacios de sociabilidad, participación en comparsas y actividades vinculadas a la producción de vestuario. Estas experiencias fortalecieron su interés por lo artístico y lo comunitario. En paralelo, atravesó situaciones de persecución policial vinculadas a la expresión de su identidad de género, con detenciones reiteradas tanto en Santiago del Estero como posteriormente en la provincia de Buenos Aires, en el marco de prácticas de control y criminalización vigentes en ese período.
A los 25 años se trasladó a la provincia de Buenos Aires, donde se estableció de manera permanente. Durante los primeros años atravesó condiciones de vulnerabilidad social que afectaban de manera extendida a las mujeres trans y travestis. Entre 2003 y 2005 accedió a la colocación de silicona líquida, práctica frecuente en ese contexto, cuyas implicancias en la salud reconoce posteriormente.
En el ámbito laboral, se integró a cooperativas de trabajo y más tarde ingresó al Estado municipal de Pilar. Allí se desempeñó en áreas de saneamiento urbano, niñez, tareas administrativas y como operadora territorial en acompañamiento de personas en situación de vulnerabilidad. De manera paralela, retomó su formación educativa, finalizando sus estudios secundarios en el Bachillerato Popular Travesti-Trans Mocha Celis, experiencia que incidió en el reconocimiento de su identidad y en su vinculación con el colectivo trans.
Desarrolló una trayectoria sostenida de participación social y política. Integró el Movimiento Evita, presidió una cooperativa, impulsó merenderos comunitarios y promovió acciones vinculadas al acceso a derechos de niñas, niños y adolescentes. Desde 2022 participa activamente en organizaciones trans, en defensa de la Ley de Identidad de Género, las políticas de inclusión y los proyectos de reparación histórica para personas travestis y trans.
Actualmente reside en el partido de Pilar, provincia de Buenos Aires, donde continúa su trabajo en el ámbito estatal y su participación en espacios comunitarios y de organización colectiva.

Mari Popi

  • MP01
  • Persona
  • 1941

Juana Dicianso más conocida como “La Mari Popi” nació en el año 1941. Es de la época donde el lechero iba con la vaca y te entregaban la leche fresca. En su época fue muy difícil ser Trans. De joven fue vedette, cantaba y bailaba en el club “Travesti 71” junto con su hermana. A su abuela le costó su aceptación, hasta que aceptó la vida de Mari siendo una de las grandes debutantes durante años de los carnavales. Su noche más linda del carnaval fue cuando conoció al grupo Commanche siendo la elegida para bailar en el escenario con la banda. Sufrió el abuso de la dictadura militar, estuvo presa por ser trans. Hoy en día Mari es una mujer jubilada, vive tranquila en su casa y es una de las pocas trans sobrevivientes de 80 años.

Desde el Archivo de la Memoria Trans exigimos que el Estado Argentino reconoza el genocidio, la violencia y la persecución sistematizada que ejerció sobre la comunidad trans y travesti, a tráves de politicas de reparación para las sobrevivientes.

María Belén Correa

  • MBC01
  • Persona
  • 25/06/1973 - Actualidad

María Belén Correa nació en Olivera, partido de Luján, provincia de Buenos Aires, el 25 de junio de 1973. Creció entre Olivera y la ciudad de Luján, en el seno de una familia trabajadora. Desde su infancia atravesó conflictos vinculados a su identidad de género en un contexto social profundamente hostil hacia las diversidades sexuales. Durante su adolescencia comenzó a vincularse con otras travestis y mujeres trans del conurbano y de la Ciudad de Buenos Aires, encontrando en esa comunidad un espacio de pertenencia y supervivencia frente a la discriminación, la violencia policial y la exclusión familiar y social que marcaban la vida cotidiana de las personas trans en la Argentina de los años ochenta y principios de los noventa.

A comienzos de la década de 1990 se integró al naciente movimiento de diversidad sexual argentino. El 25 de junio de 1993, el mismo día de su cumpleaños, participó junto a Claudia Pía Baudracco y otras activistas en la fundación de la Asociación de Travestis de Argentina, organización pionera que luego se transformaría en A.T.T.T.A. (Asociación Travestis Transexuales Transgéneros Argentinas). Entre 1995 y 2001 fue presidenta de la entidad y una de las principales referentes de la lucha por el fin de los edictos policiales, el reconocimiento de derechos y la visibilidad del colectivo travesti-trans. También integró la comisión organizadora de la Marcha del Orgullo en Buenos Aires, impulsando que la movilización incorporara espectáculos artísticos y una dimensión celebratoria además de la protesta política.

En esos años desarrolló paralelamente una faceta artística como performer y actriz transformista. Desde mediados de los noventa realizaba shows en fiestas, escenarios comunitarios y actos públicos. Uno de sus números más recordados era su interpretación de Eva Perón con la canción “No llores por mí, Argentina”, presentada tanto en cumpleaños y eventos como en las escalinatas del Congreso durante las primeras marchas del orgullo. Más adelante integró compañías de espectáculos travestis que trabajaban en la costa brasileña, especialmente en Camboriú y otras ciudades del sur de Brasil, experiencia que le permitió profesionalizarse en el escenario y aprender portugués.

La persecución policial, las amenazas y la violencia sufridas por su identidad de género y su militancia la llevaron a abandonar el país en 2001. Se exilió en Estados Unidos y se radicó en Nueva York, donde obtuvo asilo político en 2004. Durante sus primeros años atravesó condiciones precarias, trabajos informales y la necesidad de reconstruir su vida lejos de la Argentina. En ese período también tomó distancia inicial del activismo, aunque luego volvió a involucrarse al advertir la exclusión que sufrían las personas trans migrantes latinoamericanas incluso dentro de espacios LGBT.

En Nueva York retomó entonces una intensa labor comunitaria e internacional. En 2004 fundó, junto a Paty Betancourt, la Red Latinoamericana y del Caribe de Personas Trans (RedLacTrans), una articulación regional destinada a conectar organizaciones trans de distintos países, impulsar investigaciones sobre salud y VIH, y promover incidencia política ante organismos internacionales como la OPS, la OMS y ONUSIDA. Ese mismo año colaboró con la creación de la Fundación Santamaría en Colombia. Entre 2005 y 2008 participó de congresos, encuentros regionales y campañas internacionales, viajando por América Latina para fortalecer organizaciones locales. También creó en 2005 el proyecto TransEmpowerment NY, ligado al Lower East Side Harm Reduction Center, y en 2006 el grupo Mateando LGTB NY, espacio de encuentro para migrantes LGBT de Argentina y Uruguay.
En 2009 se trasladó a Europa y comenzó a residir entre Madrid y Hannover, Alemania. Allí trabajó en espectáculos nocturnos y atravesó una etapa dedicada principalmente a saldar deudas y estabilizar su situación económica, tomando distancia temporal del activismo regional. En Hannover conoció a Nico, quien luego sería su pareja y esposo. En 2012 regresó a la Argentina para realizar su cambio registral gracias a la Ley de Identidad de Género sancionada ese año, lo que le permitió casarse legalmente con su identidad reconocida y registrar luego el matrimonio en Alemania.

También en 2012, profundamente movilizada por la muerte de Claudia Pía Baudracco y por el recuerdo de numerosas compañeras fallecidas por violencia, VIH-SIDA, abandono estatal o exclusión sanitaria, impulsó la creación del Archivo de la Memoria Trans. El proyecto nació a partir de cajas de fotografías, cartas y documentos conservados por Pía y otras compañeras, y se transformó en una iniciativa colectiva dedicada a rescatar, preservar y difundir la historia del colectivo travesti-trans argentino. Desde 2014 comenzaron las primeras exposiciones públicas y, con el tiempo, el Archivo alcanzó reconocimiento internacional con muestras en instituciones culturales de Argentina, Uruguay, España y Reino Unido.
A fines de 2015 sufrió una grave meningitis cerebral en Alemania que la mantuvo internada durante un año, con riesgo de muerte, pérdida temporaria de la visión y una extensa rehabilitación motriz. Gracias a tratamientos médicos y a un largo proceso de recuperación pudo volver a caminar y retomar gradualmente sus actividades. En 2017 regresó a la Argentina para acompañar nuevas exposiciones del Archivo, que desde entonces continuó creciendo como espacio de investigación, conservación documental, editorial y memoria política.

En 2019 fundó en Alemania Cosmopolitrans, organización orientada al acompañamiento de personas trans migrantes y refugiadas. Durante la pandemia de COVID-19 desarrolló tareas de asistencia y contención comunitaria. En 2021 el Canal Encuentro emitió una serie documental basada en testimonios y materiales del Archivo de la Memoria Trans, cuyo primer episodio estuvo dedicado a su historia.

Actualmente reside en Alemania junto a su esposo, mantiene vínculos permanentes con la Argentina y continúa trabajando de manera remota en el Archivo de la Memoria Trans, en proyectos comunitarios para migrantes trans y en la escritura de sus memorias. Su trayectoria la convirtió en una de las figuras más importantes del activismo travesti-trans latinoamericano y en una referencia central de las luchas por memoria, verdad, justicia y reconocimiento para las personas trans.


María Belén Correa was born in Olivera, Luján district, Buenos Aires Province, on June 25, 1973. She grew up between Olivera and the city of Luján in a working-class family. From childhood, she experienced conflicts related to her gender identity in a social context deeply hostile toward sexual diversity. During her adolescence, she began connecting with other travestis and trans women from Greater Buenos Aires and the City of Buenos Aires, finding in that community a space of belonging and survival amid discrimination, police violence, and family and social exclusion that shaped the daily lives of trans people in Argentina during the 1980s and early 1990s.

At the beginning of the 1990s, she joined Argentina’s emerging sexual diversity movement. On June 25, 1993, her birthday, she participated alongside Claudia Pía Baudracco and other activists in founding the Asociación de Travestis de Argentina, a pioneering organization that later became A.T.T.T.A. (Asociación Travestis Transexuales Transgéneros Argentinas). Between 1995 and 2001, she served as president of the organization and became one of the leading voices in the struggle to end police edicts, secure legal rights, and increase visibility for the travesti-trans community. She also joined the organizing committee of the Pride March in Buenos Aires, helping expand it into both a political protest and a celebratory cultural event.

During those same years, she also developed an artistic career as a performer and drag actress. From the mid-1990s onward, she performed at parties, community venues, and public events. One of her most remembered acts was portraying Eva Perón to the song “Don’t Cry for Me, Argentina,” performed at birthdays, events, and on the steps of the National Congress of Argentina during early Pride marches. Later, she joined travesti performance companies working on the Brazilian coast, especially in Balneário Camboriú and other cities in southern Brazil, where she gained professional stage experience and learned Portuguese.

Police persecution, threats, and violence because of her gender identity and activism led her to leave Argentina in 2001. She went into exile in the United States and settled in New York City, where she was granted political asylum in 2004. Her early years there were marked by precarious conditions, informal jobs, and the challenge of rebuilding her life far from Argentina. During that period, she initially distanced herself from activism, but later reengaged after witnessing the exclusion faced by Latin American trans migrants even within LGBT spaces.

In New York, she resumed intense community and international work. In 2004, together with Paty Betancourt, she founded RedLacTrans, a regional coalition connecting trans organizations across multiple countries, promoting health and HIV research, and advocating before international institutions such as the Pan American Health Organization, the World Health Organization, and UNAIDS. That same year, she collaborated in creating the Fundación Santamaría in Colombia. Between 2005 and 2008, she participated in conferences, regional meetings, and international campaigns throughout Latin America. She also created the TransEmpowerment NY project in 2005, linked to the Lower East Side Harm Reduction Center, and in 2006 founded Mateando LGTB NY, a meeting space for LGBT migrants from Argentina and Uruguay.

In 2009, she moved to Europe and began living between Madrid and Hannover. There she worked in nightlife entertainment and went through a period focused mainly on paying debts and stabilizing her financial situation, taking temporary distance from regional activism. In Hannover, she met Nico, who would later become her partner and husband. In 2012, she returned to Argentina to complete her legal gender recognition under the Gender Identity Law passed that year, allowing her to marry with her recognized identity and later register the marriage in Germany.

Also in 2012, deeply affected by the death of Claudia Pía Baudracco and by the memory of many companions lost to violence, HIV/AIDS, state neglect, or lack of healthcare, she helped launch the Archivo de la Memoria Trans. The project began with boxes of photographs, letters, and documents preserved by Pía and other companions, and became a collective initiative dedicated to rescuing, preserving, and sharing the history of Argentina’s travesti-trans community. From 2014 onward, its first public exhibitions were held, and over time the Archive gained international recognition with shows in cultural institutions across Argentina, Uruguay, Spain, and the United Kingdom.

At the end of 2015, she suffered severe cerebral meningitis in Germany, remaining hospitalized for a year with risk of death, temporary vision loss, and an extensive physical rehabilitation process. Thanks to medical treatment and long recovery, she was able to walk again and gradually resume her activities. In 2017, she returned to Argentina to accompany new exhibitions of the Archive, which continued growing as a center for research, document preservation, publishing, and political memory.

In 2019, she founded Cosmopolitrans in Germany, an organization focused on supporting trans migrants and refugees. During the COVID-19 pandemic, it carried out community assistance and mutual aid work. In 2021, Canal Encuentro aired a documentary series based on testimonies and materials from the Archivo de la Memoria Trans, whose first episode was dedicated to her story.

She currently lives in Germany with her husband, maintains close ties with Argentina, and continues working remotely with the Archivo de la Memoria Trans, community projects for trans migrants, and the writing of her memoirs. Her trajectory has made her one of the most important figures in Latin American travesti-trans activism and a central reference in the struggles for memory, truth, justice, and recognition for trans people.

Mariel Fernanda Valenzuela

  • MV01
  • Persona
  • 1972 - presente

Mariel Fernanda Valenzuela nació el 23 de marzo de 1972 en Avellaneda, provincia de Buenos Aires, en el seno de una familia de origen correntino integrada por sus padres y tres hermanos. Desde su infancia manifestó una identificación temprana con el universo femenino y, a los nueve años, comenzó a vincularse con mujeres trans de su entorno barrial. A los diez años conoció a Charly, a quien reconoce como una figura central en su trayectoria y como su “madre trans”. Con el acompañamiento de su familia, especialmente de su madre Benita, inició su proceso de afirmación de género y comenzó a hormonizarse en una etapa temprana de su vida.
Su infancia y adolescencia transcurrieron en un contexto de fuerte persecución hacia las personas travestis y trans, lo que implicó detenciones policiales, razzias en espacios públicos y situaciones reiteradas de discriminación. En ese marco, encontró en los carnavales, los corsos y los espacios de sociabilidad nocturna ámbitos de pertenencia y expresión. Participó en comparsas del sur del Gran Buenos Aires, donde desarrolló habilidades para la confección de vestuario, tocados y espaldares, construyendo de manera artesanal sus presentaciones. Estas experiencias artísticas constituyeron un espacio sostenido de afirmación identitaria.
A los 18 años interrumpió sus estudios secundarios, que cursaba en horario nocturno, para incorporarse al mercado de trabajo. Ingresó a un frigorífico, donde desarrolló una trayectoria laboral de más de tres décadas en un contexto poco frecuente para mujeres trans de su generación. Durante ese período atravesó situaciones de hostilidad y prejuicio, al tiempo que estableció vínculos laborales que le permitieron sostener su empleo. Accedió a la jubilación tras 33 años de trabajo en condiciones insalubres.
De manera paralela, participó en movilizaciones y acciones colectivas por el reconocimiento de los derechos de las personas travestis y trans, en un contexto de creciente organización del colectivo. Tras la sanción de la Ley de Identidad de Género en 2012, realizó su cambio registral con el acompañamiento de su ámbito laboral.
A lo largo de su vida construyó vínculos afectivos y redes de sociabilidad dentro de la comunidad trans, compartiendo espacios culturales, festivos y comunitarios. La relación con su madre, a quien acompañó especialmente durante su vejez y enfermedad, ocupó un lugar central en su trayectoria.
Luego de su jubilación inició una nueva etapa vinculada a la participación comunitaria. Se integró a espacios colectivos como Kumas y al Archivo de la Memoria Trans, donde contribuye con su testimonio a la preservación de las memorias travestis y trans. También retomó instancias de formación en el Bachillerato Popular Mocha Celis. Actualmente reside en la provincia de Buenos Aires, donde sostiene su participación en actividades comunitarias, culturales y de memoria, al tiempo que desarrolla actividades personales vinculadas a la crianza de animales y la vida cotidiana.

Merlina Victoria Groba

  • MVG01
  • Persona
  • 09/10/1962 - Actualidad

Nació el 09/10/1962 en la Ciudad de Buenos Aires en Parque Avellaneda, en el Hospital Álvarez. Su familia estaba compuesta por su madre y padre, su hermano, sus dos abuelos paternos y la hermana de su papá, Sara. Su mamá era ama de casa y su papá trabajó como colectivero, fletero y fabricante de salamandras.
En marzo de 1976 comenzó a cursar en el colegio industrial nro. 17 “Cornelio Saavedra” y abandonó en tercer año. Aconsejada por su profesora de Lengua, a pesar de haber abandonado la escuela comenzó a leer literatura, hábito que no abandonó nunca.
Comenzó a hacer “changas” y trabajos temporales para vivir: marroquinería y repartición de diarios.
Merlina cuenta que desde los 11 años se consideraba nena y le gustaba disfrazarse de mujer.
En 1981 hizo el servicio militar en la Escuela de Inteligencia del Ejército (en Clay y Báez) y después de ocho meses, por un ataque de asma bronquial fue dada de baja. De acuerdo al relato de Merlina, el consejo de cómo provocar el ataque de asma le fue dado por una autoridad gay del Ejército.
Después de su paso por el Ejército ingresó como maestranza en el Banco Nacional de Desarrollo, después de un año, en 1982 trabajó como ayudante de cocina del Banco Central. Después renunció al trabajo y se fue a vacacionar durante tres meses con sus primos a Río Negro.
Entre 1983 y 1989 trabajó en un gimnasio en Buenos Aires y, paralelamente, en un natatorio en Caseros.
Después de las elecciones de 1989, ingresó en Prefectura Naval Argentina como suboficial y pidió la baja en 1991. Participó como parte del grupo Guardacostas en el último levantamiento contra los carapintadas, sin llegar a entrar en combate.
Entre el 2000 y el 2002 convivió con su novia Marcela, de la que ya era novia hacía unos años.
En 2002 hizo y completó el curso de Acompañante Terapéutica en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. En 2003 entró en Red BA (Red asistencial de Buenos Aires) y allí trabajó como asistente geriátrica hasta 2007.
En 2008 comenzó a trabajar paseando perros, trabajo que mantuvo hasta 2022 y comenzó a vestirse con ropa femenina y a identificarse como una mujer trans.
El 08/10/2013 hizo uso de la ley de Identidad de género y cambió su documento.
En 2021 comenzó a estudiar en el Bachillerato Popular de Adolescentes y Adultos Mocha Celis (Unidades de Gestión Educativa Experimental N° 16). Egresó en noviembre de 2023 y actualmente forma parte de la Cooperativa de Mocha Textil.
Desde muy jovencita se interesó por las ilustraciones propias y ajenas. Comenzó a dibujar y tomó clases particulares a los 21 años durante algunos meses. Desde entonces hace ilustraciones y foto ilustraciones; además desde 2003 escribe un diario íntimo que fue denominando de diferentes maneras “Cuaderno de notas”, “Diarios de Merlina”, “Diario íntimo de una persona trans paseadora de perros”, en el que escribe textos personales.

Mónica Del Valle

  • MDV01
  • Persona
  • 1953 - presente

Mónica del Valle, conocida en su entorno como “La Bruja” o “Moni”, nació en 1953 en la provincia de Buenos Aires y creció en una familia numerosa. Durante su infancia y juventud atravesó el rechazo de su padre hacia su identidad de género, mientras encontraba acompañamiento y apoyo en su madre y sus hermanas, vínculos que formaron parte de sus redes afectivas a lo largo de su vida.
A fines de la década de 1960 y comienzos de los años 70 inició su proceso de construcción de identidad femenina y comenzó a frecuentar espacios de sociabilidad LGBTQ+ junto a un tío gay, quien la acercó a esos ámbitos comunitarios y a otras personas mayores que compartieron con ella estrategias de cuidado y supervivencia frente a la persecución policial vigente en ese período. En esos años trabajó en talleres de costura y fábricas textiles, al mismo tiempo que comenzó transformaciones corporales mediante el uso de anticonceptivos y, posteriormente, aplicaciones clandestinas de silicona, prácticas frecuentes entre muchas personas trans ante la falta de acceso a tratamientos seguros y acompañamiento institucional.
Durante los años 70 desarrolló actividades laborales en bares y cabarets del sur del conurbano bonaerense. En ese contexto atravesó múltiples situaciones de violencia institucional, detenciones arbitrarias y malos tratos por parte de fuerzas policiales en comisarías y brigadas de Quilmes, Bernal y Florencio Varela. Durante la última dictadura cívico-militar argentina sufrió persecuciones sistemáticas y permaneció detenida en reiteradas oportunidades, incluyendo una detención prolongada en la Comisaría Segunda de Bernal, donde fue sometida a prácticas represivas. También relató experiencias de violencia en la Brigada de Quilmes, actualmente señalizada como espacio de memoria, vinculadas a la persecución y desaparición de personas durante el terrorismo de Estado.
Durante la década de 1980 comenzó a ejercer el trabajo sexual en la zona sur del conurbano bonaerense, especialmente en Villa Los Eucaliptos, Quilmes Oeste. Los ingresos obtenidos mediante esta actividad le permitieron construir su vivienda y sostener económicamente a integrantes de su familia. A lo largo de su trayectoria atravesó situaciones de vulnerabilidad, violencia y persecución, junto con la presencia constante de redes de apoyo familiares y afectivas, especialmente el acompañamiento de su madre.
En 2012, tras la sanción de la Ley de Identidad de Género, realizó el cambio registral de su identidad. En los últimos años se alejó del trabajo sexual y continúa viviendo junto a sus sobrinos y sobrinas, a quienes reconoce como parte de su familia. Actualmente participa en espacios del Archivo de la Memoria Trans y en talleres comunitarios, donde comparte sus recuerdos, fotografías y experiencias, contribuyendo a la preservación de la memoria colectiva de las personas trans en Argentina.

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