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Registro de autoridad

Mónica Del Valle

  • MDV01
  • Persona
  • 1953 - presente

Mónica del Valle, conocida en su entorno como “La Bruja” o “Moni”, nació en 1953 en la provincia de Buenos Aires y creció en una familia numerosa. Durante su infancia y juventud atravesó el rechazo de su padre hacia su identidad de género, mientras encontraba acompañamiento y apoyo en su madre y sus hermanas, vínculos que formaron parte de sus redes afectivas a lo largo de su vida.

A fines de la década de 1960 y comienzos de los años 70 inició su proceso de construcción de identidad femenina y comenzó a frecuentar espacios de sociabilidad LGBTQ+ junto a un tío gay, quien la acercó a esos ámbitos comunitarios y a otras personas mayores que compartieron con ella estrategias de cuidado y supervivencia frente a la persecución policial vigente en ese período. En esos años trabajó en talleres de costura y fábricas textiles, al mismo tiempo que comenzó transformaciones corporales mediante el uso de anticonceptivos y, posteriormente, aplicaciones clandestinas de silicona, prácticas frecuentes entre muchas personas trans ante la falta de acceso a tratamientos seguros y acompañamiento institucional.

Durante los años 70 desarrolló actividades laborales en bares y cabarets del sur del conurbano bonaerense. En ese contexto atravesó múltiples situaciones de violencia institucional, detenciones arbitrarias y malos tratos por parte de fuerzas policiales en comisarías y brigadas de Quilmes, Bernal y Florencio Varela. Durante la última dictadura cívico-militar argentina sufrió persecuciones sistemáticas y permaneció detenida en reiteradas oportunidades, incluyendo una detención prolongada en la Comisaría Segunda de Bernal, donde fue sometida a prácticas represivas. También relató experiencias de violencia en la Brigada de Quilmes, actualmente señalizada como espacio de memoria, vinculadas a la persecución y desaparición de personas durante el terrorismo de Estado.

Durante la década de 1980 comenzó a ejercer el trabajo sexual en la zona sur del conurbano bonaerense, especialmente en Villa Los Eucaliptos, Quilmes Oeste. Los ingresos obtenidos mediante esta actividad le permitieron construir su vivienda y sostener económicamente a integrantes de su familia. A lo largo de su trayectoria atravesó situaciones de vulnerabilidad, violencia y persecución, junto con la presencia constante de redes de apoyo familiares y afectivas, especialmente el acompañamiento de su madre.

En 2012, tras la sanción de la Ley de Identidad de Género, realizó el cambio registral de su identidad. En los últimos años se alejó del trabajo sexual y continúa viviendo junto a sus sobrinos y sobrinas, a quienes reconoce como parte de su familia. Actualmente participa en espacios del Archivo de la Memoria Trans y en talleres comunitarios, donde comparte sus recuerdos, fotografías y experiencias, contribuyendo a la preservación de la memoria colectiva de las personas trans en Argentina.

Mónica, known among her close circle as “La Bruja” or “Moni,” was born in 1953 in the Province of Buenos Aires and grew up in a large family where, despite her father’s rejection, she found unconditional support from her mother and sisters from an early age. During the late 1960s and early 1970s, she began expressing her feminine identity and attending LGBTQ+ social spaces alongside a gay uncle who introduced her to that world and, together with other older queer people, taught her survival strategies to avoid police persecution.

During those years she worked in sewing workshops and textile factories while beginning her bodily transformation through contraceptive pills and later clandestine silicone injections. By the early 1970s, she was working in bars and cabarets in the southern outskirts of Buenos Aires and experienced repeated episodes of institutional violence, arbitrary arrests, and police torture in stations and brigades in Quilmes, Bernal, and Florencio Varela, particularly during Argentina’s civic-military dictatorship. She recalled being detained around twenty times and spending up to three months imprisoned at the Segunda de Bernal police station, where her head was shaved and she endured severe abuse.

She also recounted traumatic experiences at the Quilmes Brigade —now a memory site— where she heard torture sessions and encountered disappeared detainees whose names she was never able to remember in order to notify their families. During the 1980s, she began engaging in sex work in the southern districts of Greater Buenos Aires, especially in Villa Los Eucaliptos in Quilmes Oeste, where she worked for several years while keeping that part of her life secret from her partners. Through this work, she was able to buy construction materials, build her home, and financially support members of her family. Throughout her life, she endured violent relationships, constant police persecution, and situations of extreme vulnerability, while always highlighting the protection of her mother, a fiercely determined woman who confronted both police officers and relatives in order to defend her.

After the passing of Argentina’s Gender Identity Law in 2012, Mónica immediately changed her legal documents and described that moment as the beginning of a life lived with greater peace and dignity. Now retired from sex work, she lives alongside nieces and nephews whom she considers her own children, in a home built through decades of personal effort. In recent years, she has begun participating in the Archivo de la Memoria Trans and attending community workshops, where she has started sharing her memories, photographs, and life experiences connected to the history of Argentina’s trans memory movement.

Merlina Victoria Groba

  • MVG01
  • Persona
  • 1962 - Actualidad

Merlina nació el 9 de octubre de 1962 en la Ciudad de Buenos Aires, en el barrio de Parque Avellaneda, en el Hospital Álvarez. Creció junto a su madre, su padre, un hermano, sus dos abuelos paternos y su tía Sara. Su madre era ama de casa y su padre se desempeñó como colectivero, fletero y fabricante de salamandras. Desde los 11 años se consideraba una nena y disfrutaba disfrazarse con ropa femenina.

En marzo de 1976 comenzó sus estudios en el Colegio Industrial N.º 17 “Cornelio Saavedra”, que abandonó en tercer año. A partir del consejo de una profesora de Lengua, desarrolló el hábito de la lectura y comenzó a acercarse a la literatura, una práctica que mantuvo a lo largo de su vida. Durante esos años realizó distintos trabajos temporales y changas, entre ellos tareas de marroquinería y repartición de diarios.En 1981 realizó el servicio militar en la Escuela de Inteligencia del Ejército, en la zona de Clay y Báez. Permaneció allí durante ocho meses hasta ser dada de baja luego de un ataque de asma bronquial. Según su relato, una autoridad gay del Ejército le había aconsejado cómo provocar el ataque.

Posteriormente ingresó como personal de maestranza en el Banco Nacional de Desarrollo y, al año siguiente, trabajó como ayudante de cocina en el Banco Central. Luego renunció y pasó tres meses de vacaciones junto a sus primos en Río Negro. Entre 1983 y 1989 trabajó en un gimnasio de Buenos Aires y, paralelamente, en un natatorio de Caseros.

Después de las elecciones de 1989 ingresó a la Prefectura Naval Argentina como suboficial y solicitó la baja en 1991. Durante ese período participó, como integrante del grupo Guardacostas, en el último levantamiento contra los carapintadas, sin llegar a entrar en combate. Entre 2000 y 2002 convivió con Marcela, su novia desde años anteriores.

En 2002 completó el curso de Acompañante Terapéutica en la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Al año siguiente ingresó a Red BA (Red Asistencial de Buenos Aires), donde trabajó como asistente geriátrica hasta 2007. En 2008 comenzó a trabajar como paseadora de perros, actividad que sostuvo hasta 2022. Ese mismo período estuvo acompañado por el inicio de su identificación como mujer trans y el uso de vestimenta femenina. El 8 de octubre de 2013 accedió al cambio registral de identidad de género.

Desde joven desarrolló interés por el dibujo y las ilustraciones propias y ajenas. A los 21 años tomó clases particulares durante algunos meses y posteriormente continuó realizando ilustraciones y fotoilustraciones. Desde 2003 lleva además un diario íntimo, al que fue dando distintos nombres, entre ellos Cuaderno de notas, Diarios de Merlina y Diario íntimo de una persona trans paseadora de perros, donde reúne escritos personales.

En 2021 retomó sus estudios en el Bachillerato Popular de Adolescentes y Adultos Mocha Celis, perteneciente a las Unidades de Gestión Educativa Experimental N.º 16. Egresó en noviembre de 2023 y actualmente forma parte de la Cooperativa Mocha Textil.

Merlina was born on October 9, 1962, in the Parque Avellaneda neighborhood of Buenos Aires, at Álvarez Hospital. She grew up with her mother, father, brother, paternal grandparents, and her paternal aunt Sara. Her mother was a homemaker, while her father worked as a bus driver, a delivery truck driver, and a manufacturer of wood-burning stoves. From the age of 11, Merlina considered herself a girl and enjoyed dressing up in women’s clothing.

In March 1976, she began attending Cornelio Saavedra Industrial School No. 17, which she left during her third year. Following the advice of a language teacher, she developed an interest in literature and began reading regularly, a habit she has maintained throughout her life. During those years, she took on various temporary jobs and odd jobs to support herself, including leatherwork and newspaper delivery.

In 1981, she completed compulsory military service at the Army Intelligence School, located in the Clay and Báez area. She remained there for eight months before being discharged following an attack of bronchial asthma. According to her account, a gay officer in the Army had advised her on how to trigger the attack. She subsequently joined the National Development Bank as a maintenance worker and, the following year, worked as a kitchen assistant at the Central Bank. She later resigned and spent three months on vacation with her cousins in Río Negro. Between 1983 and 1989, she worked at a gym in Buenos Aires while also working at a swimming facility in Caseros.

Following the 1989 elections, she joined the Argentine Naval Prefecture as a non-commissioned officer and requested her discharge in 1991. During that period, as a member of the Coast Guard group, she took part in the final uprising against the carapintadas, without entering combat. Between 2000 and 2002, she lived with Marcela, her girlfriend of several years.

In 2002, she completed a Therapeutic Companion training course at the School of Psychology of the University of Buenos Aires. The following year, she joined Red BA (Buenos Aires Assistance Network), where she worked as a geriatric care assistant until 2007. In 2008, she began working as a dog walker, a job she continued until 2022. Around that period, she also began wearing feminine clothing and identifying as a trans woman. On October 8, 2013, she exercised her right under Argentina’s Gender Identity Law to change the gender marker and name on her identity document.

From a young age, Merlina was interested in drawing and in the illustrations created by others. At the age of 21, she took private drawing lessons for several months and subsequently continued producing illustrations and photo-illustrations. Since 2003, she has also kept a personal diary, which she has given different titles over the years, including Cuaderno de notas (Notebook), Diarios de Merlina (Merlina’s Diaries), and Diario íntimo de una persona trans paseadora de perros (The Intimate Diary of a Trans Dog Walker), in which she records personal writings.

In 2021, she returned to formal education at the Mocha Celis Popular High School for Adolescents and Adults, part of Experimental Educational Management Unit No. 16. She graduated in November 2023 and is currently a member of the Mocha Textil Cooperative.

Mariel Fernanda Valenzuela

  • MV01
  • Persona
  • 1972 - presente

Mariel Fernanda Valenzuela nació el 23 de marzo de 1972 en Avellaneda, provincia de Buenos Aires, en el seno de una familia de origen correntino integrada por sus padres y tres hermanos. Desde su infancia manifestó una identificación temprana con el universo femenino y, a los nueve años, comenzó a vincularse con mujeres trans de su entorno barrial. A los diez años conoció a Charly, a quien reconoce como una figura central en su trayectoria y como su “madre trans”. Con el acompañamiento de su familia, especialmente de su madre Benita, inició su proceso de afirmación de género y comenzó a hormonizarse tempranamente.

Su infancia y adolescencia transcurrieron en un contexto de fuerte persecución hacia las personas travestis y trans, atravesado por detenciones policiales, razzias en espacios públicos y situaciones reiteradas de discriminación. En ese contexto, los carnavales, corsos y espacios de sociabilidad nocturna se constituyeron en ámbitos de pertenencia y expresión. Participó en comparsas del sur del Gran Buenos Aires, donde desarrolló habilidades para la confección artesanal de vestuario, tocados y espaldares, construyendo sus propias presentaciones. Estas experiencias artísticas constituyeron espacios sostenidos de afirmación identitaria y sociabilidad comunitaria.

A los 18 años interrumpió sus estudios secundarios, que cursaba en horario nocturno, para incorporarse al mercado laboral. Ingresó a un frigorífico, donde desarrolló una trayectoria de más de tres décadas, en un ámbito laboral poco frecuente para las mujeres trans de su generación. Durante esos años atravesó situaciones de hostilidad y prejuicio, al tiempo que construyó vínculos laborales que le permitieron sostener su empleo. Tras 33 años de trabajo en condiciones insalubres, accedió a la jubilación.

Paralelamente, participó en movilizaciones y acciones colectivas vinculadas al reconocimiento de los derechos de las personas travestis y trans, en un período de creciente organización del colectivo. Luego de la sanción de la Ley de Identidad de Género en 2012, realizó su cambio registral con el acompañamiento de su ámbito laboral.

A lo largo de su vida construyó vínculos afectivos y redes de sociabilidad dentro de la comunidad trans. La relación con su madre Benita, a quien acompañó especialmente durante su vejez y enfermedad, ocupó un lugar central en su trayectoria.

Luego de su jubilación inició una nueva etapa de participación comunitaria. Se integró a espacios colectivos como Kumas y el Archivo de la Memoria Trans, donde aporta su testimonio a la preservación de las memorias travestis y trans. También retomó su formación en el Bachillerato Popular Mocha Celis. Actualmente reside en la provincia de Buenos Aires y continúa participando en actividades comunitarias, culturales y de memoria, mientras desarrolla actividades personales vinculadas a la crianza de animales y la vida cotidiana.

Mariel Fernanda Valenzuela was born on March 23, 1972, in Avellaneda, Buenos Aires Province, into a family of Corrientes origin consisting of her parents and three siblings. From childhood, she expressed an early identification with femininity, and at the age of nine, she began forming relationships with trans women from her neighborhood. At ten, she met Charly, whom she considers a central figure in her life and her “trans mother.” With the support of her family, particularly her mother, Benita, she began her gender affirmation process and started hormone therapy at an early age.

Her childhood and adolescence unfolded in a context of intense persecution of travesti and trans people, marked by police detentions, raids in public spaces, and repeated experiences of discrimination. Within this context, carnivals, street corsos, and nightlife spaces became places of belonging and self-expression. She participated in comparsas in the southern Greater Buenos Aires area, where she developed skills in the handmade creation of costumes, headdresses, and backpieces, crafting her own performances. These artistic experiences became sustained spaces for gender affirmation and community connection.

At the age of 18, she left secondary school, which she had been attending at night, to enter the workforce. She began working at a meatpacking plant, where she built a career spanning more than three decades, in a workplace that was uncommon for trans women of her generation. During those years, she experienced hostility and prejudice while also developing workplace relationships that enabled her to remain employed. After 33 years of work under hazardous conditions, she retired.

Alongside her employment, she participated in demonstrations and collective actions advocating for the recognition of the rights of travesti and trans people, during a period of growing community organizing. Following the passage of the Gender Identity Law in 2012, she legally changed her gender marker with the support of her workplace.

Throughout her life, she built close relationships and social networks within the trans community. Her relationship with her mother, Benita, whom she especially supported during her later years and illness, held a central place in her life story.

Following her retirement, she began a new period of community involvement. She joined collective spaces such as Kumas and the Archivo de la Memoria Trans, where she contributes her testimony to the preservation of travesti and trans memories. She also resumed her education at the Bachillerato Popular Mocha Celis. She currently lives in Buenos Aires Province and continues to participate in community, cultural, and memory-related activities, while pursuing personal interests connected to caring for animals and everyday life.

María Belén Correa

  • MBC01
  • Persona
  • 1973 - presente

María Belén Correa nació el 25 de junio de 1973 en Olivera, partido de Luján, provincia de Buenos Aires, y creció entre Olivera y la ciudad de Luján, en el seno de una familia trabajadora. Desde su infancia atravesó conflictos vinculados a su identidad de género en un contexto social hostil hacia las diversidades sexuales. Durante su adolescencia comenzó a vincularse con otras travestis y mujeres trans del conurbano y de la Ciudad de Buenos Aires, encontrando en esos vínculos un espacio de pertenencia frente a la discriminación, la violencia policial y la exclusión familiar y social que atravesaban las personas trans en la Argentina de los años ochenta y principios de los noventa.

A comienzos de la década de 1990 se incorporó al movimiento de diversidad sexual argentino. El 25 de junio de 1993, junto a Claudia Pía Baudracco y otras activistas, participó en la fundación de la Asociación de Travestis de Argentina, organización que posteriormente se transformaría en A.T.T.T.A. Entre 1995 y 2001 fue presidenta de la entidad y una de las referentes de la lucha contra los edictos policiales, por el reconocimiento de derechos y la visibilidad del colectivo travesti-trans. También integró la comisión organizadora de la Marcha del Orgullo en Buenos Aires, promoviendo la incorporación de espectáculos artísticos y una dimensión celebratoria a la movilización.

Paralelamente desarrolló una trayectoria artística como performer y actriz transformista. Desde mediados de los noventa realizó espectáculos en fiestas, escenarios comunitarios y actos públicos, entre ellos una interpretación de Eva Perón con la canción “No llores por mí, Argentina”. También integró compañías de espectáculos travestis que trabajaban en el sur de Brasil, experiencia que contribuyó a su profesionalización artística y al aprendizaje del portugués.

En 2001, la persecución policial, las amenazas y la violencia vinculadas a su identidad y militancia la llevaron a exiliarse en Estados Unidos. Se radicó en Nueva York y obtuvo asilo político en 2004. Allí retomó su actividad comunitaria e internacional. Ese año fundó, junto a Paty Betancourt, la Red Latinoamericana y del Caribe de Personas Trans (RedLacTrans), y posteriormente impulsó otros espacios destinados al acompañamiento de personas trans y migrantes.

En 2012 regresó a la Argentina para realizar su cambio registral en el marco de la Ley de Identidad de Género. Ese mismo año, a partir de la muerte de Claudia Pía Baudracco y de la necesidad de preservar la memoria de numerosas compañeras, impulsó la creación del Archivo de la Memoria Trans. Desde entonces, el proyecto se consolidó como un espacio colectivo de preservación, investigación y difusión de la historia travesti-trans argentina.

En 2019 fundó en Alemania Cosmopolitrans, organización dedicada al acompañamiento de personas trans migrantes y refugiadas. Actualmente reside en Alemania junto a su esposo, mantiene vínculos permanentes con Argentina y continúa trabajando de manera remota en el Archivo de la Memoria Trans, en proyectos comunitarios y en la escritura de sus memorias.

María Belén Correa was born on June 25, 1973, in Olivera, in the Luján district of Buenos Aires Province, and grew up between Olivera and the city of Luján in a working-class family. From childhood, she experienced conflicts related to her gender identity in a social context that was deeply hostile toward sexual and gender diversity. During her adolescence, she began forming relationships with other travestis and trans women from Greater Buenos Aires and the City of Buenos Aires, finding in these connections a sense of belonging in the face of the discrimination, police violence, and family and social exclusion experienced by trans people in Argentina during the 1980s and early 1990s.

In the early 1990s, she became involved in Argentina’s emerging sexual diversity movement. On June 25, 1993, together with Claudia Pía Baudracco and other activists, she participated in the founding of the Asociación de Travestis de Argentina, an organization that would later become A.T.T.T.A. (Asociación Travestis Transexuales Transgéneros Argentinas). Between 1995 and 2001, she served as president of the organization and became one of the leading figures in the struggle against police edicts, for the recognition of rights, and for the visibility of the travesti-trans community. She also served on the organizing committee of the Pride March in Buenos Aires, promoting the inclusion of artistic performances and a celebratory dimension alongside the political protest.

At the same time, she developed an artistic career as a performer and drag actress. From the mid-1990s onward, she performed at parties, community venues, and public events, including an interpretation of Eva Perón accompanied by the song “No llores por mí, Argentina.” She also performed with travesti entertainment companies working in southern Brazil, an experience that contributed to her professional development as an artist and enabled her to learn Portuguese.

In 2001, police persecution, threats, and violence related to her gender identity and activism led her into exile in the United States. She settled in New York and was granted political asylum in 2004. There, she resumed her community and international work. That same year, together with Paty Betancourt, she founded the Red Latinoamericana y del Caribe de Personas Trans (RedLacTrans), and subsequently helped establish other spaces dedicated to supporting trans people and migrants.

In 2012, she returned to Argentina to legally change her gender marker under the Gender Identity Law. That same year, following the death of Claudia Pía Baudracco and recognizing the need to preserve the memory of numerous compañeras, she initiated the creation of the Archivo de la Memoria Trans. Since then, the project has grown into a collective space dedicated to preserving, researching, and disseminating the history of Argentina’s travesti-trans community.

In 2019, she founded Cosmopolitrans in Germany, an organization dedicated to supporting trans migrants and refugees. She currently lives in Germany with her husband, maintains close ties with Argentina, and continues to work remotely with the Archivo de la Memoria Trans, community projects, and the writing of her memoirs.

Mari Popi

  • MP01
  • Persona
  • 1941- presente

Juana Dicianso, conocida como “La Mari Popi”, nació en 1941. Su infancia y juventud transcurrieron en una época en la que las condiciones de vida para las personas travestis y trans estaban atravesadas por la discriminación y la persecución. Su historia se inscribe en una generación para la que asumir y expresar públicamente una identidad trans implicaba enfrentar múltiples formas de exclusión y violencia.

Durante su juventud desarrolló una trayectoria artística vinculada al espectáculo. Fue vedette, cantante y bailarina, y participó junto a su hermana en el club Travesti 71. El carnaval ocupó un lugar significativo en su recorrido artístico y comunitario, convirtiéndose durante años en una de sus principales espacios de expresión. Su abuela atravesó inicialmente un proceso de aceptación de su identidad, hasta reconocer y acompañar la vida de Mari. Con el tiempo, Mari se convirtió en una de las grandes debutantes de los carnavales.

Entre los recuerdos más significativos de esa etapa, destaca una noche de carnaval en la que conoció al grupo Commanche y fue elegida para bailar junto a la banda sobre el escenario. Esta experiencia forma parte de los recuerdos asociados a su trayectoria artística y a los espacios de encuentro y celebración que marcaron su juventud.

Durante la última dictadura militar argentina, Mari sufrió persecución y estuvo detenida por ser trans. Estas experiencias forman parte del contexto de violencia institucional que atravesó a numerosas personas travestis y trans de su generación, quienes fueron perseguidas y criminalizadas por su identidad y expresión de género.

En la actualidad, Juana Dicianso es una mujer jubilada y vive tranquilamente en su casa. Forma parte de una generación de personas travestis y trans sobrevivientes de aquellas décadas de persecución y violencia, conservando en su trayectoria los recuerdos de una vida atravesada por el arte, el carnaval, los vínculos familiares y la experiencia comunitaria.

Juana Dicianso, known as “La Mari Popi,” was born in 1941. Her childhood and youth unfolded during a time when the lives of travesti and trans people were shaped by discrimination and persecution. Her story belongs to a generation for whom publicly assuming and expressing a trans identity meant facing multiple forms of exclusion and violence.

During her youth, she developed a career in the performing arts. She worked as a vedette, singer, and dancer, and performed alongside her sister at the Travesti 71 club. Carnival played a significant role in her artistic and community life, becoming one of her main spaces for self-expression for many years. Her grandmother initially struggled to accept her identity, but eventually came to recognize and embrace Mari’s life. Over time, Mari became one of the great debutantes of the carnival celebrations.

Among the most significant memories from this period was a carnival night when she met the group Commanche and was chosen to dance onstage with the band. This experience remains part of the memories associated with her artistic career and with the spaces of gathering and celebration that shaped her youth.

During Argentina’s last military dictatorship, Mari was persecuted and detained because she was trans. These experiences form part of the broader context of institutional violence experienced by numerous travesti and trans people of her generation, who were persecuted and criminalized because of their gender identity and expression.

Today, Juana Dicianso is a retired woman who lives peacefully in her home. She belongs to a generation of travesti and trans people who survived the decades of persecution and violence, carrying in her life story the memories of a life shaped by art, carnival, family ties, and community experience.

Marcia Cecilia Alejandra Galván

  • MG02
  • Persona
  • 1972 - presente

Marcia Cecilia Alejandra Galván nació el 5 de marzo de 1972 en la provincia de Santiago del Estero, donde fue inscripta oficialmente el 5 de agosto del mismo año. Creció en una familia numerosa, en un entorno de recursos limitados pero sostenido por vínculos afectivos y comunitarios significativos. Su infancia transcurrió entre la escuela, el barrio y una red de vecinos, docentes y familiares que reconoce como parte de su formación. En ese período también estuvo expuesta a situaciones de violencia de género ejercidas contra su madre por parte de su padre biológico. Alrededor de sus 15 años, su madre se trasladó a la ciudad de Buenos Aires para resguardarse de esa situación, mientras Marcia permaneció en Santiago del Estero junto a sus hermanos, bajo el cuidado del hombre que la crió.

Durante su adolescencia comenzó a vincularse con otras personas de la diversidad sexual y de género, en un contexto en el que aún no contaba con herramientas para nombrar su identidad. En ese proceso estableció lazos con referentes locales como La Pato, Solange, Belén, María Marcela y Tía Joy, con quienes compartió espacios de sociabilidad, participación en comparsas y actividades vinculadas a la producción de vestuario. Estas experiencias fortalecieron su interés por lo artístico y lo comunitario. En paralelo, atravesó situaciones de persecución policial vinculadas a la expresión de su identidad de género, con detenciones reiteradas tanto en Santiago del Estero como posteriormente en la provincia de Buenos Aires, en el marco de prácticas de control y criminalización vigentes en ese período.

A los 25 años se trasladó a la provincia de Buenos Aires, donde se estableció de manera permanente. Durante los primeros años atravesó condiciones de vulnerabilidad social que afectaban de manera extendida a las mujeres trans y travestis. Entre 2003 y 2005 accedió a la colocación de silicona líquida, práctica frecuente en ese contexto, cuyas implicancias en la salud reconoce posteriormente.

En el ámbito laboral, se integró a cooperativas de trabajo y más tarde ingresó al Estado municipal de Pilar. Allí se desempeñó en áreas de saneamiento urbano, niñez, tareas administrativas y como operadora territorial en acompañamiento de personas en situación de vulnerabilidad. De manera paralela, retomó su formación educativa, finalizando sus estudios secundarios en el Bachillerato Popular Travesti-Trans Mocha Celis, experiencia que incidió en el reconocimiento de su identidad y en su vinculación con el colectivo trans.

Desarrolló una trayectoria sostenida de participación social y política. Integró el Movimiento Evita, presidió una cooperativa, impulsó merenderos comunitarios y promovió acciones vinculadas al acceso a derechos de niñas, niños y adolescentes. Desde 2022 participa activamente en organizaciones trans, en defensa de la Ley de Identidad de Género, las políticas de inclusión y los proyectos de reparación histórica para personas travestis y trans.

Actualmente reside en el partido de Pilar, provincia de Buenos Aires, donde continúa su trabajo en el ámbito estatal y su participación en espacios comunitarios y de organización colectiva.

Marcia Cecilia Alejandra Galván was born on March 5, 1972, in Santiago del Estero Province, where her birth was officially registered on August 5 of the same year. She grew up in a large family in a setting of limited resources, sustained by meaningful family and community ties. Her childhood unfolded between school, the neighborhood, and a network of neighbors, teachers, and relatives whom she recognizes as important influences in her upbringing. During this period, she was also exposed to gender-based violence against her mother perpetrated by her biological father. When Marcia was around 15 years old, her mother moved to the city of Buenos Aires to escape the situation, while Marcia remained in Santiago del Estero with her siblings, under the care of the man who raised her.

During adolescence, she began forming relationships with other people from the sexual and gender diversity community, in a context in which she did not yet have the tools to name or define her own identity. During this process, she established ties with local figures such as La Pato, Solange, Belén, María Marcela, and Tía Joy, with whom she shared social spaces, participated in comparsas, and took part in activities related to costume production. These experiences strengthened her interest in artistic and community-based activities. At the same time, she experienced police persecution related to her gender expression, including repeated arrests both in Santiago del Estero and later in Buenos Aires Province, within a broader context of policing and criminalization practices in force at the time.

At the age of 25, she moved to Buenos Aires Province, where she settled permanently. During her first years there, she experienced conditions of social vulnerability that were widespread among transgender and travesti women. Between 2003 and 2005, she underwent liquid silicone injections, a common practice in that context, whose health implications she later came to recognize.

In the workplace, she became involved with worker cooperatives and later joined the municipal government of Pilar. There, she worked in urban sanitation, children’s services, administrative roles, and as a community outreach worker supporting people experiencing vulnerable circumstances. At the same time, she resumed her education and completed her secondary studies at Bachillerato Popular Travesti-Trans Mocha Celis, an experience that contributed to her recognition of her identity and strengthened her ties to the trans community.

She developed a sustained trajectory of social and political participation. She was involved with the Movimiento Evita, served as president of a cooperative, established community soup kitchens and meal programs, and promoted initiatives related to children’s and adolescents’ access to rights. Since 2022, she has been actively involved in trans organizations, advocating for the Gender Identity Law, inclusion policies, and historical reparation initiatives for travesti and transgender people.

She currently lives in Pilar, Buenos Aires Province, where she continues to work in the public sector and participate in community spaces and collective organizing.

Marcela "Tita" Ángela Saibek

  • MT01
  • Persona
  • 1967 - presente

Marcela “Tita” nació el 5 de agosto de 1967 en la Ciudad de Buenos Aires. Creció en un entorno familiar compuesto por su madre, Ángela, y su padre, Alberto. Durante su infancia y adolescencia cursó la educación primaria y secundaria, al tiempo que comenzaba a explorar su identidad en un contexto social marcado por la hostilidad hacia las identidades travestis y trans. Recuerda que a los 12 años comenzó a frecuentar el centro de la ciudad, experiencia que señala como un momento temprano de contacto con otros espacios de sociabilidad.

A los 14 años fue detenida por primera vez en su propio barrio, en un período atravesado por la represión estatal. A partir de entonces, las detenciones se volvieron una constante en su vida, tanto en la Ciudad de Buenos Aires como en distintos puntos del conurbano bonaerense. Estas experiencias se inscriben en el marco de la persecución sistemática ejercida sobre las identidades travestis y trans durante décadas, a través de edictos policiales y prácticas de control territorial.

A los 18 años inició procesos de modificación corporal mediante la aplicación de siliconas, práctica extendida en la época ante la falta de acceso a sistemas de salud integrales y respetuosos de las identidades trans. Con el paso del tiempo, estas intervenciones derivaron en problemas de salud que continúan afectándola en la actualidad, lo que da cuenta de las condiciones estructurales en las que muchas personas travestis y trans construyeron sus identidades.

Desde joven, Marcela desarrolló estrategias de subsistencia vinculadas al trabajo sexual, actividad que desempeñó en distintos barrios de la ciudad y el conurbano. En ese recorrido, construyó redes afectivas y comunitarias con otras compañeras travestis, con quienes compartió espacios de trabajo y sociabilidad. También mantuvo vínculos de pareja, entre ellos una relación con una persona vinculada a un boliche de ambiente travesti.

Paralelamente, se formó y trabajó como esteticista, oficio que continúa ejerciendo hasta el presente. Esta actividad se consolidó como una alternativa laboral sostenida en el tiempo, en un contexto históricamente restrictivo para el acceso al empleo formal de las personas trans.

Hace aproximadamente dos décadas se encuentra en pareja con su actual esposo, con quien comparte su vida cotidiana. En la actualidad, describe su presente atravesado por las dificultades económicas, comunes a su entorno, y por la búsqueda de bienestar dentro de esas condiciones. Su trayectoria refleja las múltiples dimensiones —familiares, laborales, comunitarias y de supervivencia— que configuran las experiencias de vida de las personas travestis y trans en Argentina, así como las formas en que han construido sus propios recorridos en contextos de exclusión y desigualdad.

Marcela “Tita” was born on August 5, 1967, in the City of Buenos Aires. She grew up in a family that included her mother, Ángela, and her father, Alberto. During her childhood and adolescence, she attended primary and secondary school while beginning to explore her identity in a social context marked by hostility toward travesti and transgender identities. She recalls that at the age of 12, she began spending time in the city center, an experience she identifies as an early point of contact with other spaces of social interaction.

At the age of 14, she was arrested for the first time in her own neighborhood, during a period marked by state repression. From then on, arrests became a constant throughout her life, both in the City of Buenos Aires and in different areas of Greater Buenos Aires. These experiences took place within a broader context of systematic persecution of travesti and transgender people that continued for decades through police edicts and territorial policing practices.

At the age of 18, she began altering her body through the injection of silicone, a widespread practice at the time amid the lack of access to comprehensive healthcare that respected transgender identities. Over time, these procedures led to health problems that continue to affect her today, reflecting the structural conditions under which many travesti and transgender people shaped and affirmed their identities.

From a young age, Marcela developed survival strategies connected to sex work, an activity she carried out in different neighborhoods of the city and Greater Buenos Aires. Throughout this experience, she built affective and community networks with other travesti companions, with whom she shared work and social spaces. She also had several romantic relationships, including one with a person connected to a nightclub frequented by the travesti community.

At the same time, she trained and worked as an esthetician, a profession she continues to practice today. This occupation became a sustained source of employment over the years, in a context historically marked by significant barriers to formal employment for transgender people.

For approximately two decades, she has been in a relationship with her current husband, with whom she shares her everyday life. Today, she describes her present as shaped by economic difficulties common to those around her, as well as by the pursuit of well-being within those circumstances. Her trajectory reflects the multiple dimensions—family, work, community, and survival—that have shaped the lives of travesti and transgender people in Argentina, as well as the ways in which they have forged their own paths within contexts of exclusion and inequality.

Marcela Navarro

  • MN01
  • Persona
  • 1968 - Actualidad

Lara Marcela Navarro nació el 9 de Julio de 1968 en el Hospital Castex, en el partido de General San Martín, provincia de Buenos Aires. Es hija de Enrique Laurindo Navarro y Elsa Malvina Díaz, y creció en una familia numerosa de fuerte identidad peronista y activa participación política. Pasó sus primeros años en Billinghurst y luego se trasladó junto a su familia a José C. Paz, donde se establecieron definitivamente. Tiene ocho hermanos, uno de ellos desaparecido.

Desde la infancia comenzó a percibirse distinta de lo esperado para el género asignado al nacer. A los seis años ya manifestaba atracción por la ropa femenina y el deseo de vincularse principalmente con niñas. Cursó sus estudios primarios en el Instituto San Pedro, una escuela privada católica, donde sus expresiones de feminidad generaron rechazo y preocupación institucional. Fue sometida allí a tratamientos psicológicos orientados a corregir su identidad y orientación, mientras a su madre le decían que padecía una enfermedad mental. Hacia los trece años, sus padres comprendieron que esas prácticas no cambiarían su realidad y exigieron que cesaran.

Durante la niñez y la preadolescencia atravesó sentimientos de tristeza, depresión y opresión por la condena social hacia su identidad. Buscó refugio en la espiritualidad y acudió a la Iglesia para consultar si Dios podía aceptarla tal como era, pero fue rechazada por el sacerdote del colegio, quien la expulsó y no le permitió regresar. Años más tarde, ya cerca de los dieciocho años, encontró otro camino espiritual al ser invitada por una compañera trans conocida como “Pipi” a un templo afrobrasileño en José C. Paz. Allí conoció un espacio diverso y acogedor, frecuentado por personas gays, lesbianas, travestis y afrodescendientes. Continuó participando en esa comunidad religiosa y, desde 1999, es May de Santos (Iyalorixá), desempeñándose como guía espiritual de personas allegadas a su templo.

Durante la adolescencia inició su transición con el apoyo de su madre. Ante la ausencia de información pública sobre identidades trans, buscó orientación en compañeras mayores de su barrio. En 1985, siendo muy joven, comenzó a ejercer el trabajo sexual como forma de subsistencia y búsqueda de independencia económica. Con ayuda de una compañera llamada Patricia aprendió a cuidarse, defenderse y manejar dinero. También logró ahorrar durante un tiempo para realizarse colocaciones informales de silicona, práctica común y riesgosa en aquella época ante la falta de acceso a la salud. Poco después dejó la casa familiar tras conflictos con su padre vinculados a sus horarios, la vida nocturna y su necesidad de autonomía, y pasó a convivir con otras compañeras trans.

Su juventud estuvo marcada por la persecución policial sistemática. Fue detenida por primera vez siendo menor de edad, incluso mientras hacía compras cerca de su casa. Luego sufrió reiteradas detenciones por aplicación de los edictos policiales, especialmente el artículo 92, que castigaba vestir ropa “contraria al sexo”, y el artículo 68, utilizado para criminalizar el ejercicio o la supuesta sospecha de prostitución. Muchas veces bastaba esperar un colectivo para ser arrestada. También padeció golpes, hostigamientos y largos encierros, experiencias que la marcaron profundamente y despertaron en ella una temprana conciencia política.

A pesar de ese contexto, desarrolló una fuerte disciplina económica. Ahorró dinero, compró dólares, abrió cuentas bancarias e invirtió en terrenos en José C. Paz y General Rodríguez. Construyó su propia casa y realizó pequeñas inversiones pensando en el futuro. También viajó a Uruguay y Brasil para trabajar y alejarse por períodos de la violencia local. Aunque muchas compañeras emigraron a Europa, decidió permanecer en la Argentina convencida de que la situación algún día cambiaría.

En su vida afectiva, alrededor de los veinte años conoció a Miguel, un hombre cisgénero con quien mantuvo una relación de aproximadamente quince años. Convivieron y formaron hogar, siendo además aceptada por la familia de él. Tras esa separación mantuvo otra relación extensa con una pareja llamada Juan, también de alrededor de quince años.

Hacia fines de la década de 1990 comenzó a involucrarse activamente en la militancia por los derechos de las personas trans, impulsada por la muerte y desaparición de muchas compañeras víctimas de la violencia institucional. En 1998 empezó a participar en reclamos por la derogación de los edictos policiales y por el derecho a una vida digna. Más adelante trabajó en la zona de Chacarita, en la ciudad de Buenos Aires, donde conoció a referentes históricas como Lohana Berkins y Diana Sacayán. Recuerda especialmente las recorridas territoriales de Sacayán repartiendo preservativos, convocando reuniones y promoviendo la organización comunitaria.

Desde el año 2000 milita en la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA). Ese mismo año comenzó a impulsar en José C. Paz políticas de inclusión laboral para personas trans, reclamo que más adelante logró avances con apoyo de sectores del Concejo Deliberante local. También se formó como promotora de salud junto a ATTTA y la Fundación Huésped, desempeñándose en tareas de prevención y acompañamiento comunitario.

Durante la pandemia reforzó su militancia territorial, participando en redes de asistencia alimentaria y sanitaria para compañeras en situación de vulnerabilidad. En los últimos años retomó además sus estudios secundarios en la Casa Trans, una deuda pendiente desde la adolescencia.

Desde el 15 de diciembre de 2023 trabaja en el Archivo de la Memoria Trans Argentina, espacio que considera propio y desde el cual busca preservar las historias de quienes resistieron antes que su generación. Se define orgullosa de José C. Paz, de su recorrido y de pertenecer a una generación pionera que luchó cuando aún no existían derechos reconocidos.


Marcela Navarro was born on July 9, 1968, at Hospital Castex in the district of General San Martín, Buenos Aires Province, Argentina. She is the daughter of Enrique Laurindo Navarro and Elsa Malvina Díaz, and grew up in a large family with a strong Peronist identity and active political participation. She spent her early childhood in Billinghurst and later moved with her family to José C. Paz, where they settled permanently. She has eight siblings, one of whom was disappeared.

From childhood, she began to perceive herself as different from what was expected of the gender assigned to her at birth. At six years old, she was already drawn to feminine clothing and wanted primarily to socialize with girls. She attended primary school at Instituto San Pedro, a private Catholic school, where her feminine expressions generated rejection and institutional concern. She was subjected there to psychological treatments intended to correct her identity and orientation, while her mother was told that her daughter suffered from a mental illness. Around the age of thirteen, her parents understood that these practices would not change her reality and demanded that they stop.

During childhood and early adolescence, she experienced sadness, depression, and oppression because of the social condemnation of her identity. She sought refuge in spirituality and turned to the Church, asking whether God could accept her as she was, but she was rejected by the school priest, who expelled her and did not allow her to return. Years later, around the age of eighteen, she found another spiritual path when a trans friend known as “Pipi” invited her to an Afro-Brazilian temple in José C. Paz. There she encountered a welcoming and diverse space frequented by gay, lesbian, travesti, and Afro-descendant people. She continued participating in that religious community and, since 1999, has been a May de Santos (Iyalorixá), serving as a spiritual guide to people connected to her temple.

During adolescence, she began her transition with the support of her mother. In the absence of public information about trans identities, she sought guidance from older trans women in her neighborhood. In 1985, while still very young, she began sex work as a means of survival and economic independence. With the help of a friend named Patricia, she learned how to protect herself, defend herself, and manage money. She also saved enough to undergo informal silicone injections, a common and dangerous practice at the time due to lack of access to healthcare. Soon afterward, she left the family home following conflicts with her father related to her schedule, nightlife, and desire for autonomy, and moved in with other trans women.

Her youth was marked by systematic police persecution. She was first detained while still a minor, even while shopping near her home. She later endured repeated arrests under police edicts, especially Article 92, which punished wearing clothing “contrary to one’s sex,” and Article 68, used to criminalize sex work or even the suspicion of it. At times, simply waiting for a bus was enough to be arrested. She also suffered beatings, harassment, and long periods of confinement, experiences that deeply marked her and awakened an early political consciousness.

Despite this context, she developed strong financial discipline. She saved money, bought U.S. dollars, opened bank accounts, and invested in land in José C. Paz and General Rodríguez. She built her own home and made small investments with the future in mind. She also traveled to Uruguay and Brazil to work and temporarily escape local violence. Although many of her peers emigrated to Europe, she chose to remain in Argentina, convinced that one day things would change.

In her personal life, around the age of twenty she met Miguel, a cisgender man with whom she maintained a relationship for approximately fifteen years. They lived together and built a home, and she was accepted by his family. After that separation, she had another long-term relationship with a partner named Juan, lasting around fifteen years as well.

Toward the end of the 1990s, she became actively involved in the struggle for trans rights, driven by the deaths and disappearances of many friends who were victims of institutional violence. In 1998, she began participating in campaigns to repeal the police edicts and demand the right to live with dignity. Later, while working in Chacarita in the city of Buenos Aires, she met historic activists such as Lohana Berkins and Diana Sacayán. She especially remembers Sacayán’s street outreach work distributing condoms, calling meetings, and encouraging community organization.

Since 2000, she has been active in the Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA). That same year, she began advocating in José C. Paz for employment inclusion policies for trans people, efforts that later achieved progress with the support of members of the local council. She also trained as a health promoter alongside ATTTA and Fundación Huésped, carrying out prevention and community support work.

During the pandemic, she intensified her grassroots activism, participating in food and health assistance networks for trans women in vulnerable situations. In recent years, she also resumed her secondary education at Casa Trans, fulfilling a long-standing unfinished goal from adolescence.

Since December 15, 2023, she has worked at the Archivo de la Memoria Trans Argentina, a space she considers her own and through which she seeks to preserve the stories of those who resisted before her generation. She defines herself as proud of José C. Paz, of her life journey, and of belonging to a pioneering generation that fought when rights had not yet been recognized.

Malva Solís

  • MS01
  • Persona
  • 1919 - 2015

Malva Solís nació en 1919 en Chile. Mujer trans de nacionalidad chilena, llegó a Argentina en 1943 y permaneció en el país hasta su fallecimiento, en 2015, a los 96 años. Según su propio relato, atravesó la cordillera de los Andes a pie en busca de un mejor destino. Su llegada estuvo atravesada por experiencias de persecución y estigmatización vinculadas a su identidad.

A los 17 años, poco después de su llegada a Argentina, fue detenida y trasladada a la cárcel de Devoto. Durante ese período, otra mujer trans le otorgó el nombre Malva, que adoptó como parte de su identidad. Este episodio forma parte de una trayectoria atravesada por las formas de persecución y criminalización que afectaron históricamente a las personas trans.

Durante la década de 1950, participó en Maricones Unidos Argentinos (MUA), organización desde la cual desarrolló su participación comunitaria y defendió el derecho a la identidad. Su recorrido se inscribe en las primeras experiencias de organización colectiva de las disidencias sexuales y de género en Argentina, en un contexto marcado por la vigilancia, la persecución y la exclusión social.

A lo largo de su vida desarrolló diversos oficios y saberes. Trabajó como cocinera y vestuarista, y también se dedicó a la escritura. En su etapa adulta mayor continuó vinculada a actividades que formaban parte de su vida cotidiana y de sus intereses personales: disfrutaba escribir poesía, leer y cuidar su jardín.

Durante sus últimos años experimentó dificultades para movilizarse y desarrolló una discapacidad. Falleció en Argentina en 2015, a los 96 años.

La trayectoria de Malva Solís permite recuperar la experiencia de una mujer trans migrante que construyó su vida en Argentina durante gran parte del siglo XX, atravesando contextos de persecución y exclusión y participando, a su vez, de espacios tempranos de organización comunitaria. Su recorrido reúne migración, construcción identitaria, militancia, trabajo y producción escrita, y forma parte de las memorias de las generaciones mayores de personas trans en Argentina.

Malva Solís was born in Chile in 1919. A transgender woman of Chilean nationality, she arrived in Argentina in 1943 and remained in the country until her death in 2015, at the age of 96. According to her own account, she crossed the Andes on foot in search of a better future. Her arrival in Argentina was shaped by experiences of persecution and stigma related to her gender identity.

At the age of 17, shortly after arriving in Argentina, she was arrested and taken to Devoto Prison. During that period, another transgender woman gave her the name Malva, which she adopted as part of her identity. This episode was part of a life trajectory shaped by the forms of persecution and criminalization that historically affected transgender people.

During the 1950s, she participated in Maricones Unidos Argentinos (MUA), an organization through which she became involved in community organizing and advocated for the right to identity. Her trajectory forms part of the early experiences of collective organizing among sexual and gender minorities in Argentina, in a context marked by surveillance, persecution, and social exclusion.

Throughout her life, she developed a range of occupations and skills. She worked as a cook and costume designer and also devoted herself to writing. In her later years, she remained engaged in activities that were part of her daily life and personal interests: she enjoyed writing poetry, reading, and tending to her garden.

During her final years, she experienced difficulties with mobility and developed a disability. She died in Argentina in 2015 at the age of 96.

Malva Solís's life offers a record of the experience of a transgender migrant woman who built her life in Argentina over much of the twentieth century, navigating contexts of persecution and exclusion while also participating in early forms of community organizing. Her trajectory encompasses migration, identity formation, activism, work, and literary expression, and forms part of the collective memory of older generations of transgender people in Argentina.

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