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Registro de autoridad

Andrea Soledad Vargas

  • AV03
  • Persona
  • 1967 - presente

Andrea Vargas nació el 19 de enero de 1967 en la Maternidad Sardá, en el barrio porteño de Parque Patricios. Fue la tercera de cuatro hermanos y creció en el seno de una familia trabajadora junto a sus padres, dos hermanas y un hermano mayor. Recuerda su infancia como una etapa marcada por el afecto familiar y por una temprana expresión de su identidad de género. Desde pequeña encontró en los juegos, la ropa de su madre y las actividades compartidas con sus hermanas formas de reconocerse y expresar una identidad que contrastaba con las expectativas sociales de la época.
Durante la adolescencia comenzó a enfrentar situaciones de discriminación y dificultades para transitar los espacios educativos y sociales. En ese contexto encontró en la lectura y la música ámbitos de interés y expresión personal. Su trayectoria se desarrolló en un período en el que las identidades travestis y trans eran objeto de criminalización y persecución. Como muchas mujeres trans de su generación, fue detenida en numerosas oportunidades en aplicación de los edictos policiales, permaneciendo en comisarías durante días o semanas y sufriendo diversas formas de violencia institucional. Estas experiencias se desarrollaron en paralelo a una vida familiar que procuró preservar, evitando compartir con sus padres las situaciones de violencia que atravesaba.
Las condiciones de exclusión que afectaban a las personas trans limitaron sus posibilidades de acceso al empleo formal. A lo largo de los años trabajó en peluquerías y desempeñó distintas tareas para sostenerse económicamente. También ejerció el trabajo sexual, actividad vinculada a la falta de oportunidades laborales disponibles para gran parte de las mujeres trans de su generación.
Un punto de inflexión en su trayectoria fue el encuentro con Andrés Mateo durante un carnaval en el sur del conurbano bonaerense. Junto a él construyó una vida en común que se extendió por más de tres décadas y conformó una familia. Participó activamente en la crianza de tres hijos, asumiendo las tareas de cuidado, el acompañamiento escolar y la vida cotidiana, consolidando un vínculo afectivo que con el tiempo llevó a que la hija menor la reconociera como su madre.
Durante esos años desarrolló una trayectoria como acompañante de personas mayores, actividad que inició a partir de la experiencia de cuidado de su compañero durante una enfermedad prolongada. Desde entonces continúa desempeñándose en ese ámbito, al que considera una forma de cuidado y compromiso con otras personas. Paralelamente incorporó el tejido como una práctica creativa y de expresión personal, elaborando prendas para familiares y personas cercanas.
Tras la sanción de la Ley de Identidad de Género fortaleció su participación en espacios de memoria y organización comunitaria del colectivo trans. Colaboró en actividades de sensibilización sobre diversidad en escuelas secundarias del municipio de Ezeiza y participa en iniciativas orientadas a preservar la memoria de las personas trans mayores y a promover el acceso a derechos. Actualmente reside en Ezeiza, donde continúa desarrollando tareas de cuidado, participa en espacios comunitarios y comparte su vida con su familia, contribuyendo a la construcción de memoria colectiva y al reconocimiento de las trayectorias de las personas travestis y trans en la Argentina.

Andrea Vargas was born on January 19, 1967, at Sardá Maternity Hospital, in the Parque Patricios neighborhood of the City of Buenos Aires. She was the third of four siblings and grew up in a working-class family with her parents, two sisters, and an older brother. She remembers her childhood as a period marked by family affection and an early expression of her gender identity. From a young age, she found in games, wearing her mother's clothes, and activities shared with her sisters ways of recognizing herself and expressing an identity that contrasted with the social expectations of the time.

During adolescence, she began facing discrimination and difficulties navigating educational and social spaces. In this context, she found in reading and music areas of personal interest and self-expression. Her life trajectory unfolded during a period when travesti and trans identities were subject to criminalization and persecution. Like many trans women of her generation, she was arrested numerous times under the police edicts, spending days or weeks in police stations and experiencing various forms of institutional violence. These experiences unfolded alongside a family life that she sought to preserve, choosing not to share with her parents the situations of violence she was experiencing.

The conditions of exclusion affecting trans people limited their opportunities to access formal employment. Over the years, she worked in hair salons and performed various jobs to support herself financially. She also engaged in sex work, an activity closely linked to the lack of employment opportunities available to many trans women of her generation.

A turning point in her life trajectory was meeting Andrés Mateo during a carnival in the southern area of Greater Buenos Aires. Together, they built a life that lasted for more than three decades and formed a family. She actively participated in raising three children, taking responsibility for caregiving, supporting their education, and sharing in everyday life. Over time, this emotional bond led the youngest daughter to recognize her as her mother.

During those years, she developed a career as a caregiver for older adults, an occupation she began after caring for her partner during a prolonged illness. She has continued working in this field ever since, which she regards as a form of care and commitment to others. At the same time, she took up knitting as a creative practice and means of personal expression, making garments for family members and people close to her.

Following the enactment of the Gender Identity Law, she strengthened her participation in spaces dedicated to memory and community organizing within the trans community. She collaborated in diversity-awareness activities at secondary schools in the municipality of Ezeiza and participates in initiatives aimed at preserving the memory of older trans people and promoting access to rights. She currently lives in Ezeiza, where she continues her caregiving work, participates in community spaces, and shares her life with her family, contributing to the construction of collective memory and to the recognition of the life trajectories of travesti and trans people in Argentina.

Ángela Vanni

  • AV01
  • Persona
  • 1948-2020

Ángela Vanni fue una abogada y activista histórica por los derechos civiles. Nació el 12 de octubre de 1948 en Ibicuy, provincia de Entre Ríos y falleció en Buenos Aires el 7 de julio de 2020.
Se formó en la Escuela Normal Dr. Eduardo Costa de Campana. Estudió Derecho en la Universidad de Buenos Aires y empezó a ejercer su profesión como abogada en 1977. Fue docente en las materias de Historia e Instrucción Cívica en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano.
Vivió en Alemania, aproximadamente desde 1980 hasta el año 1986, cuando regresó a Argentina.
A su regreso a Argentina, comenzó a trabajar como voluntaria en la Fundación Huésped, por un tiempo, hasta que conoció al activista LGTB argentino y primer presidente de la Comunidad Homesexual Argentina (CHA), Carlos Jáuregui. Juntos, trabajaron en “Gays por los Derechos Civiles”, fundación que recibía consultas por diversos temas, en su mayoría relacionadas con el SIDA. En el marco de esta fundación Ángela Vanni, trabajando como Abogada, conoció por primera vez a una persona trans. Este fue el puntapié para su trabajo con la comunidad trans y travesti, cuya mayor intensidad se dio hasta el año 1998, cuando se derogaron los edictos policiales.
En este período de su etapa laboral, entre los años 1993 a 1998, llegó a ser la abogada de más de 300 personas trans, enmarcando su trabajo dentro de ATTTA (Asociación de travestis, transexuales y transgéneros de Argentina) y de Gays por los Derechos Civiles. Participaba de campañas públicas y militaba repartiendo preservativos por la calle y concientizando a la comunidad. Asimismo, se encargaba de las apelaciones en tribunales y de realizar rondas por las comisarías rescatando a las travestis de los calabozos durante la década del 1990.
En esos años, la persecución policial a travestis y trans era una forma de violencia estatal muy recurrente. Amparados en una normativa denominada “Edictos policiales” que regulaba los comportamientos cotidianos en la Ciudad de Buenos Aires y, que restringía la permanencia y circulación en la vía pública. Los edictos, indicaban como contravenciones “exhibirse en la vía pública o lugares públicos vestidos o disfrazados con ropas del sexo contrario” y también prohibían aquellas acciones que incitaren u ofreciesen “al acto carnal”. Estos artículos, englobados bajo la figura de “Escándalo”, fueron utilizados para justificar el hostigamiento sistemático de la policía hacia las personas trans.
Ángela Vanni, fue bautizada por Carlos Jáuregui como “la mamá de las travestis” por ser una incansable defensora de los derechos de las personas trans, durante la década de 1990.

En la década del 1990 conoció a María Belén Correa, fundadora del Archivo de la Memoria Trans y de la Asociación de Travestis de Argentina. Su vínculo comenzó cuando Ángela fue su abogada defensora y la de Claudia Pía Baudracco en una causa judicial.

Luego de la derogación de los edictos policiales, Ángela Vanni siguió defendiendo a las personas trans y posteriormente trabajó como abogada defensora de personas sordas y de trabajadores manteros senegaleses.

Ángela Vanni was a lawyer and a pioneering activist for civil rights. She was born on October 12, 1948, in Ibicuy, in the province of Entre Ríos, and died in Buenos Aires on July 7, 2020.

She attended the Dr. Eduardo Costa Normal School in Campana. She studied Law at the University of Buenos Aires and began practicing as a lawyer in 1977. She also taught History and Civic Education at the Manuel Belgrano School of Fine Arts.

She lived in Germany from approximately 1980 until 1986, when she returned to Argentina.

Upon her return to Argentina, she began working as a volunteer at Fundación Huésped for a period of time. It was there that she met Carlos Jáuregui, an Argentine LGBT activist and the first president of the Homosexual Community of Argentina (CHA). Together, they worked at “Gays for Civil Rights,” an organization that provided assistance and responded to inquiries on a range of issues, most of them related to AIDS. While working as a lawyer within this organization, Ángela Vanni met a trans person for the first time. This encounter marked the beginning of her work with the trans and travesti community, which intensified particularly until 1998, when the police edicts were repealed.

Between 1993 and 1998, during this stage of her professional career, she became the lawyer for more than 300 trans people, carrying out her work within ATTTA (Association of Travestis, Transsexuals and Transgenders of Argentina) and Gays for Civil Rights. She participated in public awareness campaigns, distributed condoms in the streets, and worked to raise awareness within the community. She was also responsible for filing appeals in court and making rounds of police stations, rescuing travestis from holding cells throughout the 1990s.

During those years, police persecution of travestis and trans people was a recurrent form of state violence. This persecution was carried out under a set of regulations known as the “police edicts,” which regulated everyday behavior in the City of Buenos Aires and restricted people's presence and movement in public spaces. The edicts classified as offenses such acts as “appearing in public or in public places dressed or disguised in clothing associated with the opposite sex,” and also prohibited actions that encouraged or offered “the carnal act.” These provisions, grouped under the category of “Scandal,” were used to justify systematic police harassment of trans people.

Carlos Jáuregui affectionately referred to Ángela Vanni as “the mother of the travestis” because of her tireless defense of the rights of trans people throughout the 1990s.

During the 1990s, she met María Belén Correa, founder of the Trans Memory Archive and the Association of Travestis of Argentina. Their relationship began when Ángela served as defense attorney for María Belén Correa and Claudia Pía Baudracco in a court case.

Following the repeal of the police edicts, Ángela Vanni continued defending the rights of trans people. She later worked as a defense attorney for deaf people and for Senegalese street vendors.

Beatriz Herrera

  • BH01
  • Persona
  • 1976 - presente

Beatriz Herrera, conocida como “Betty” o “La Betty”, nació el 16 de marzo de 1976 en la Ciudad de Buenos Aires, en el seno de una familia de origen santiagueño de clase trabajadora. Creció junto a su hermana en un hogar marcado por el trabajo y el esfuerzo familiar: su madre se desempeñó como enfermera y su padre como encargado de edificio. Cursó la educación primaria en la escuela pública y tuvo trayectorias intermitentes en la educación secundaria, atravesadas por las condiciones económicas familiares y el fallecimiento de su padre en 1996, situación que la llevó a incorporarse tempranamente al mundo laboral.

Beatriz Herrera, known as “Betty” or “La Betty,” was born on March 16, 1976, in the City of Buenos Aires, into a working-class family of Santiago del Estero origin. She grew up with her sister in a household shaped by hard work and family effort: her mother worked as a nurse and her father as a building superintendent. She attended public primary school and had an intermittent secondary education, affected by her family's economic circumstances and the death of her father in 1996, which led her to enter the workforce at an early age.

During her youth, she held various jobs in kiosks, hair salons, and food-service establishments. In the early 1990s, she began studying nursing at the Argentine Red Cross, but later discontinued her studies. During those years, she became involved in social spaces within the sexual diversity community in the City of Buenos Aires, particularly in the bar and nightclub scene, including venues such as Bunker, where she established relationships that became part of her emotional and community support network. It was within this context that she was given the name “La Betty,” which she adopted as her own.

Her gender identity was a process that she publicly consolidated in 2020, following a journey shaped by aesthetic expectations and hegemonic norms that have historically affected trans people. Her experience reflects broader transformations in the ways people within Argentina's travesti-trans community have named and recognized themselves.

In 2006, she began working as a self-taught makeup artist, a profession she practiced for approximately two decades in television, theater, film, and photography. Her work included both commercial productions and collaborations with other trans people, creating a space for learning, professional development, and collective growth.

She became involved with ATTTA (Association of Travestis, Transsexuals and Transgenders of Argentina) in 2010, marking the beginning of her activism in the fields of human rights and sexual diversity. Through these connections, in 2017 she obtained her first formal job at Línea 144, then operating under the National Institute for Women, where she provided assistance and support to women experiencing violence. During this period, she resumed and completed her secondary education, in a context marked by the death of her mother in 2019.

Later, in 2023, she joined Fundación Huésped as a health promoter for the “TRANSformá tu Salud” project, aimed at the trans population. In 2024, she began working at the Trans Memory Archive, an organization dedicated to preserving the histories and experiences of the travesti-trans community in Argentina.

Throughout her life trajectory, she experienced discrimination, institutional violence, and arbitrary detention, within the framework of state policies and social practices that historically criminalized travesti and trans identities. These conditions coexisted with the development of networks of care, affection, and collective organizing that proved fundamental to her journey.

Today, she continues to participate in community spaces and organizations connected to sexual diversity, bringing together her professional, activist, and community experience in the promotion of rights and the strengthening of collective travesti-trans memory.

Durante su juventud transitó diversos empleos en kioscos, peluquerías y espacios gastronómicos. A comienzos de la década de 1990 inició estudios de enfermería en la Cruz Roja, que luego abandonó. En esos años comenzó a vincularse con espacios de sociabilidad de la diversidad sexual en la Ciudad de Buenos Aires, particularmente en el circuito de bares y discotecas como Bunker, donde estableció lazos que configuraron su red afectiva y comunitaria. En ese contexto recibió el nombre “La Betty”, que adoptó como propio.

Su identidad de género fue un proceso que consolidó públicamente en 2020, luego de un recorrido atravesado por los mandatos estéticos y las normas hegemónicas que históricamente condicionaron a las personas trans. Su experiencia da cuenta de las transformaciones en las formas de nombrarse y reconocerse dentro de la comunidad travesti-trans en Argentina.

En 2006 comenzó a desarrollarse como maquilladora de manera autodidacta, oficio que ejerció durante aproximadamente dos décadas en ámbitos de televisión, teatro, cine y fotografía. Su trabajo incluyó tanto producciones comerciales como colaboraciones con otras personas trans, constituyendo un espacio de formación y crecimiento colectivo.

Su participación en la organización ATTTA (Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina) se inició en 2010, marcando el comienzo de su militancia en el campo de los derechos humanos y la diversidad sexual. A partir de estos vínculos accedió en 2017 a su primer empleo formal en la Línea 144 del entonces Instituto Nacional de las Mujeres, donde se desempeñó en tareas de atención y asistencia a mujeres en situación de violencia. En ese período retomó y finalizó sus estudios secundarios, en un contexto atravesado por el fallecimiento de su madre en 2019.

Posteriormente, en 2023, se incorporó a Fundación Huésped como promotora de salud en el proyecto “TRANSformá tu Salud”, orientado a la población trans. En 2024 comenzó a trabajar en el Archivo de la Memoria Trans, espacio vinculado a la preservación de las historias y experiencias del colectivo travesti-trans en Argentina.

A lo largo de su trayectoria, su vida estuvo atravesada por experiencias de discriminación, violencia institucional y detenciones arbitrarias, en el marco de políticas estatales y prácticas sociales que históricamente criminalizaron las identidades travestis y trans. Estas condiciones coexistieron con la construcción de redes de cuidado, afecto y organización colectiva que resultaron fundamentales en su recorrido.

En la actualidad, continúa participando en espacios comunitarios y organizaciones vinculadas a la diversidad sexual, articulando su experiencia laboral, militante y comunitaria en la promoción de derechos y el fortalecimiento de la memoria colectiva travesti-trans.

Belén Abigaíl Saravia

  • BS01
  • Persona
  • 1968 - presente

Belén Abigail Saravia, conocida como “La Turka”, nació el 24 de diciembre de 1968 en el Hospital Penna de la Ciudad de Buenos Aires, aunque ella misma expresa dudas sobre la exactitud de esa fecha. Creció en el barrio de Pompeya, en la Villa 1-11-14, y posteriormente residió en Villa Jardín y en Hudson, donde convivió con su hermana y su cuñado. Se crió en un entorno familiar atravesado por la violencia ejercida por su padre, junto a su madre y su hermana, siendo su madre una figura de sostén que la acompañó en distintos momentos de su vida.
Desde la infancia manifestó su identidad de género, lo que derivó en experiencias tempranas de discriminación en el ámbito escolar. Durante esos años también atravesó situaciones de abuso sexual en el ámbito intrafamiliar y por parte de adultos vinculados a instituciones, sin contar con respuestas de protección adecuadas. Su madre gestionó instancias de atención psicológica, constituyendo uno de los pocos apoyos en ese período.
A los 13 años comenzó a vincularse con espacios de sociabilidad travesti/trans, como el boliche “Confusión”, en la Ciudad de Buenos Aires. En la adolescencia entabló vínculos con otras mujeres trans que influyeron en su trayectoria, en particular con “Micaela”, a quien reconoce como una referencia afectiva y de aprendizaje en la vida en la calle. A los 19 años inició tratamientos hormonales y posteriormente participó en prácticas de aplicación de silicona industrial de manera casera, en un contexto de acceso limitado a la salud, lo que derivó en consecuencias físicas que persisten en la actualidad.
Durante las décadas de 1980 y 1990 desarrolló su actividad laboral principalmente en el trabajo sexual en la vía pública, en distintas zonas de la Ciudad de Buenos Aires. En ese período fue objeto de reiteradas detenciones, violencia institucional, abusos y persecución policial, en el marco de la criminalización sistemática de las identidades travestis y trans, incluso en años posteriores al retorno democrático.
Paralelamente, participó en espacios culturales como la comparsa “Los Fantoches de San Cristóbal”, donde encontró instancias de expresión y sociabilidad. A lo largo de su vida sostuvo vínculos afectivos diversos y, en la actualidad, convive con su pareja, Jonathan, con quien comparte su vida desde hace varios años.
Con los ingresos obtenidos a lo largo de su trayectoria, logró adquirir un terreno y construir su vivienda, donde reside actualmente, contribuyendo también al sostenimiento económico de su familia de origen. En su vida adulta mantiene una vinculación con el activismo desde una perspectiva personal, valorando los avances en materia de derechos, como la Ley de Identidad de Género, y reflexionando sobre los alcances y límites de las políticas de reparación.
En la actualidad, Belén Abigail Saravia organiza su vida en torno a su hogar, su pareja y su entorno afectivo, mientras convive con dolencias físicas asociadas a intervenciones realizadas en contextos de exclusión del sistema de salud. Continúa desarrollando su vida cotidiana con el objetivo de sostener condiciones de bienestar y acompañamiento en su entorno cercano.

Belén Abigail Saravia, known as “La Turka,” was born on December 24, 1968, at Penna Hospital in the City of Buenos Aires, although she herself expresses doubts about the accuracy of this date. She grew up in the Pompeya neighborhood, in Villa 1-11-14, and later lived in Villa Jardín and Hudson, where she shared a home with her sister and brother-in-law. She was raised in a family environment marked by violence perpetrated by her father, alongside her mother and sister. Her mother was an important source of support who accompanied her through different stages of her life.

From childhood, she expressed her gender identity, which led to early experiences of discrimination at school. During those years, she also experienced sexual abuse within her family and by adults connected to institutions, without receiving adequate protection or support. Her mother arranged for her to receive psychological care, becoming one of the few sources of support available to her during that period.

At the age of 13, she began becoming involved in travesti/trans social spaces, including the nightclub “Confusión” in the City of Buenos Aires. During adolescence, she formed relationships with other trans women who influenced her life trajectory, particularly “Micaela,” whom she recognizes as an important emotional reference and as someone from whom she learned about life on the streets. At the age of 19, she began hormone treatments and later participated in the informal, home-based practice of injecting industrial silicone, in a context of limited access to healthcare. These procedures resulted in physical consequences that continue to affect her today.

During the 1980s and 1990s, she worked primarily in street-based sex work in different areas of the City of Buenos Aires. During this period, she was repeatedly detained and subjected to institutional violence, abuse, and police persecution, within a context of systematic criminalization of travesti and trans identities, including during the years following the return to democracy.

At the same time, she participated in cultural spaces such as the “Los Fantoches de San Cristóbal” comparsa, where she found opportunities for self-expression and social interaction. Throughout her life, she maintained a variety of emotional relationships and currently lives with her partner, Jonathan, with whom she has shared her life for several years.

With the income she earned throughout her working life, she was able to purchase a plot of land and build her own home, where she currently lives. She also contributed to the financial support of her family of origin. As an adult, she has maintained a personal connection to activism, valuing advances in rights, such as the Gender Identity Law, while reflecting on the scope and limitations of reparation policies.

Today, Belén Abigail Saravia's life revolves around her home, her partner, and her emotional support network, while she lives with physical conditions associated with interventions carried out in contexts of exclusion from the healthcare system. She continues her everyday life with the aim of maintaining conditions of well-being and support within her close community.

Biblioteca & Museo Claudia Pía Baudracco

  • MBCPB
  • Entidad colectiva
  • diciembre 2018

El fondo documental de Claudia fue creado en 2018 con el propósito de conservar, organizar y clasificar el conjunto de materiales documentales que había reunido a lo largo de su vida y de su trayectoria militante hasta marzo de 2012, año de su fallecimiento. Su conformación permite reconstruir distintos aspectos de los procesos de organización política y comunitaria de personas travestis, transexuales y transgénero en Argentina y en el ámbito regional.

El fondo comprende una extensa documentación personal y materiales vinculados con la militancia de Claudia, entre ellos aquellos relacionados con la creación de la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTTA), su participación en espacios regionales como la Red Latinoamericana y del Caribe de Personas Trans (REDLAT), y su presencia en congresos nacionales y latinoamericanos dedicados a cuestiones de género y al acceso a derechos de las personas con VIH.

Asimismo, la documentación reúne registros vinculados con las primeras formulaciones de proyectos legislativos sobre identidad de género, las demandas contra los edictos policiales y distintas acciones jurídicas, entre ellas presentaciones de habeas corpus. Estos materiales permiten aproximarse a los procesos de organización y construcción de demandas colectivas orientadas a enfrentar la criminalización, la violencia institucional y las restricciones en el acceso a derechos que atravesaron históricamente a las personas travestis y trans.

Junto con la documentación escrita, el fondo conserva fotografías, negativos y registros audiovisuales que amplían las posibilidades de reconstrucción de las redes militantes, los espacios de participación y las experiencias comunitarias de la época.

El conjunto documental se encuentra bajo custodia del Archivo de la Memoria Trans (AMT), donde forma parte del patrimonio destinado a preservar y poner en circulación materiales fundamentales para la reconstrucción de las memorias, las trayectorias de organización y las luchas por los derechos de las personas travestis y trans en Argentina y América Latina.

Claudia’s documentary collection was established in 2018 with the purpose of preserving, organizing, and classifying the body of documentary materials she had gathered throughout her life and political activism until March 2012, the year of her death. The collection provides an opportunity to reconstruct different aspects of the processes of political and community organizing among travestis, transsexual, and transgender people in Argentina and throughout the region.

The collection includes extensive personal documentation and materials related to Claudia’s activism, including records concerning the founding of the Association of Travestis, Transsexuals and Transgender People of Argentina (ATTTA), her participation in regional organizations such as the Latin American and Caribbean Trans Network (REDLAT), and her involvement in national and Latin American congresses addressing gender-related issues and access to rights for people living with HIV.

The collection also contains records related to the early development of legislative proposals concerning gender identity, legal actions challenging police edicts, and various forms of legal advocacy, including habeas corpus petitions. These materials provide insight into processes of collective organizing and the development of demands aimed at challenging the criminalization, institutional violence, and restrictions on access to rights that historically affected travesti and trans people.

Alongside the written documentation, the collection preserves photographs, negatives, and audiovisual recordings that further contribute to the reconstruction of activist networks, spaces of political participation, and community experiences during this period.

The documentary collection is held by the Trans Memory Archive (AMT), where it forms part of a broader body of materials dedicated to preserving and making accessible the memories, histories of collective organizing, and struggles for the rights of travesti and trans people in Argentina and Latin America.

Brenda Ornella Vivanco

  • BV01
  • Persona
  • 1969 - 1992

Brenda Ornella Vivanco nació el 28 de marzo de 1969 en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, en el seno de una familia numerosa compuesta por sus padres y once hijos e hijas, siendo ella la menor. Durante su infancia cursó la escuela primaria en esa ciudad, completando hasta quinto y sexto grado en modalidad nocturna. En 1980, alrededor de los once años, su familia se trasladó a Florencio Varela, en la provincia de Buenos Aires, en relación con la actividad laboral de su padre en el ámbito portuario. No finalizó sus estudios secundarios.
Desde temprana edad tuvo conciencia de su identidad de género, proceso que se desarrolló en un entorno familiar donde encontró comprensión principalmente en su madre, mientras que su padre no acompañó ese recorrido. A comienzos de la década de 1990 consolidó su transición en el marco de un viaje a Europa, donde residió durante períodos breves en París y Roma. Allí ejerció el trabajo sexual y experimentó condiciones de mayor libertad en relación con el contexto argentino de la época. A su regreso, continuó desempeñándose en el trabajo sexual en distintas zonas del sur del conurbano bonaerense, como Wilde, San Francisco Solano y Florencio Varela, y realizó diversas intervenciones corporales a lo largo de los años.
Su trayectoria estuvo atravesada por la violencia institucional ejercida en el marco de los edictos policiales, que implicaron reiteradas detenciones y períodos de privación de la libertad. En ese mismo contexto, participó en comparsas de carnaval en la zona sur, espacios que habilitaban formas de sociabilidad y expresión. A comienzos de los años noventa se involucró en el activismo travesti-trans, integrando la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTA), donde se desempeñó como coordinadora de Zona Sur. Desde ese espacio participó en movilizaciones entre Plaza de Mayo y el Congreso de la Nación en reclamo por la derogación de los edictos policiales.
Su historia familiar estuvo marcada por la presencia de sus hermanas Gina, Peggy y Gilda, también travestis, con quienes compartió experiencias de vida. La muerte de Gina en 1992, en un hecho que la familia vincula a la violencia policial y que no fue esclarecido judicialmente, así como los posteriores fallecimientos de Peggy y Gilda, incidieron en la transformación del entramado familiar. A lo largo de su vida, Brenda construyó redes de cuidado con otras mujeres trans, acompañando a generaciones más jóvenes y transmitiendo saberes vinculados a la supervivencia en contextos de exclusión.
En su adultez fue testigo y partícipe de transformaciones legales relevantes, como la derogación de los edictos policiales y la sanción de la Ley de Identidad de Género, que impactaron en el reconocimiento de derechos. En la actualidad reside en San Francisco Solano, donde trabaja de manera independiente. Participa junto a otras compañeras en el reclamo por una reparación histórica para personas trans adultas mayores, en articulación con procesos colectivos orientados al reconocimiento de las violencias ejercidas por el Estado y a la garantía de condiciones de vida dignas en la vejez.

Brenda Ornella Vivanco was born on March 28, 1969, in the city of Rosario, in the province of Santa Fe, into a large family consisting of her parents and eleven sons and daughters, with Brenda being the youngest. During her childhood, she attended primary school in Rosario, completing fifth and sixth grade through evening classes. In 1980, when she was around eleven years old, her family moved to Florencio Varela, in the province of Buenos Aires, in connection with her father's work in the port sector. She did not complete her secondary education.

From an early age, she was aware of her gender identity. This process unfolded within a family environment where she found understanding, particularly from her mother, while her father did not support her journey. In the early 1990s, she consolidated her transition during a trip to Europe, where she lived for short periods in Paris and Rome. There, she engaged in sex work and experienced greater freedom in comparison with the social context in Argentina at the time. Upon her return, she continued working in sex work in different areas of southern Greater Buenos Aires, including Wilde, San Francisco Solano, and Florencio Varela, and underwent various body modifications over the years.

Her life trajectory was marked by institutional violence carried out under the police edicts, which resulted in repeated arrests and periods of detention. During the same period, she participated in carnival comparsas in the southern area of Greater Buenos Aires, spaces that provided opportunities for social interaction and self-expression. In the early 1990s, she became involved in travesti-trans activism, joining the Association of Travestis, Transsexuals and Transgenders of Argentina (ATTA), where she served as coordinator for the Southern Zone. From this position, she participated in demonstrations between Plaza de Mayo and the National Congress demanding the repeal of the police edicts.

Her family history was shaped by the presence of her sisters Gina, Peggy, and Gilda, who were also travestis and with whom she shared many life experiences. Gina's death in 1992, in an incident that the family associates with police violence and which was never legally clarified, as well as the subsequent deaths of Peggy and Gilda, affected the transformation of the family's relationships and dynamics. Throughout her life, Brenda built networks of care with other trans women, supporting younger generations and passing on knowledge related to survival in contexts of exclusion.

As an adult, she witnessed and participated in significant legal transformations, including the repeal of the police edicts and the enactment of the Gender Identity Law, which had a profound impact on the recognition of rights. She currently lives in San Francisco Solano, where she works independently. Together with other compañeras, she participates in advocacy efforts for historical reparation for older trans people, as part of collective processes aimed at recognizing the violence inflicted by the State and guaranteeing dignified living conditions in old age.

Candela Nicolosi

  • CN01
  • Persona
  • 1965 - presente

Candela Nicolosi nació el 6 de noviembre de 1965 en la provincia de Tucumán. Creció junto a su madre, Susana Rocha, y sus hermanos Mónica, Fredy, Antonio, Sergio, Gustavo y Jacqueline. Desde la adolescencia inició su proceso de construcción de identidad de género en un contexto de fuerte discriminación hacia las personas travestis y trans. A los 16 años dejó el hogar familiar, circunstancia que interrumpió en varias oportunidades su trayectoria educativa. A pesar de esas dificultades, logró completar los estudios primarios y secundarios en la adultez.
Durante su proceso de afirmación de género realizó tratamientos hormonales y accedió a intervenciones de modificación corporal. Como muchas mujeres trans de su generación, vivió durante décadas bajo un régimen de persecución y criminalización. Entre los 14 y los 40 años sufrió reiteradas detenciones y violencia institucional, en un período marcado por la aplicación de edictos policiales que restringían la libertad de las personas travestis y trans. En Tucumán ejerció el trabajo sexual en el Parque 9 de Julio, donde compartió ese espacio con otras compañeras. La violencia policial y las condiciones de exclusión que atravesaban impulsaron su traslado a la ciudad de Buenos Aires, al igual que ocurrió con muchas mujeres trans de su generación.
A lo largo de su vida sostuvo distintas actividades laborales, en su mayoría en condiciones de informalidad, entre ellas como ayudante de cocina, empleada doméstica y encargada de un motel. Su recorrido da cuenta de las dificultades que históricamente enfrentaron las personas trans para acceder al empleo registrado y a condiciones laborales estables. Posteriormente se incorporó a la Secretaría de la Mujer, Género y Diversidad, ampliando su participación en espacios vinculados a la promoción de derechos.
Su trayectoria también está marcada por la militancia. Participa activamente en la Agrupación Argentina Intersex, desde donde acompaña acciones orientadas a la defensa y ampliación de los derechos de las personas travestis, trans e intersex. Su compromiso se inscribe en un proceso colectivo de organización que impulsó importantes transformaciones en materia de reconocimiento y acceso a derechos en Argentina.
Actualmente reside en la vivienda familiar heredada de sus padres, junto a varios de sus hermanos. Continúa señalando las dificultades que enfrenta para acceder plenamente a la atención de la salud y a los tratamientos que requiere. En el ámbito personal mantiene una vida activa: practica hockey, conformó una red familiar mediante el cuidado de una joven que vive con ella desde su infancia y acompaña la llegada de un nuevo integrante de la familia. Su recorrido articula experiencias de exclusión con una sostenida participación comunitaria y militante en favor de los derechos de las personas travestis, trans e intersex.

Candela Nicolosi was born on November 6, 1965, in the province of Tucumán. She grew up with her mother, Susana Rocha, and her siblings Mónica, Fredy, Antonio, Sergio, Gustavo, and Jacqueline. During adolescence, she began her process of constructing and affirming her gender identity in a context of widespread discrimination against travesti and trans people. At the age of 16, she left her family home, a circumstance that interrupted her educational trajectory on several occasions. Despite these difficulties, she eventually completed both primary and secondary education as an adult.

As part of her gender affirmation process, she underwent hormone treatments and accessed various body-modification procedures. Like many trans women of her generation, she lived for decades under a regime of persecution and criminalization. Between the ages of 14 and 40, she experienced repeated arrests and institutional violence during a period marked by the enforcement of police edicts that restricted the freedom of travesti and trans people. In Tucumán, she engaged in sex work in Parque 9 de Julio, where she shared the space with other compañeras. Police violence and the conditions of exclusion they faced led her to move to the city of Buenos Aires, as happened to many trans women of her generation.

Throughout her life, she held various jobs, most of them under informal working conditions, including positions as a kitchen assistant, domestic worker, and motel manager. Her work history reflects the difficulties historically faced by trans people in accessing formal employment and stable working conditions. She later joined the Secretariat for Women, Gender and Diversity, expanding her involvement in spaces dedicated to the promotion and protection of rights.

Her life trajectory is also marked by activism. She actively participates in the Argentine Intersex Association, where she supports initiatives aimed at defending and expanding the rights of travesti, trans, and intersex people. Her commitment is part of a broader collective process of organization that has driven significant transformations in Argentina regarding the recognition of and access to rights.

Candela currently lives in the family home inherited from her parents, together with several of her siblings. She continues to highlight the difficulties she faces in obtaining full access to healthcare and to the treatments she requires. In her personal life, she maintains an active lifestyle: she plays hockey, has built a family network through caring for a young woman who has lived with her since childhood, and accompanies the arrival of a new member of the family. Her life trajectory brings together experiences of exclusion with sustained community involvement and activism in defense of the rights of travesti, trans, and intersex people.

Carla María Pericles

  • CMP01
  • Persona
  • 1953 - 2020

Carla María Pericles nació en Corrientes el 1 de febrero de 1953. Posteriormente se radicó en Tigre, donde desarrolló parte de su trayectoria como travesti y fue una de las primeras chicas en trabajar en la zona de la Panamericana. Su recorrido estuvo atravesado por la persecución y la violencia institucional: durante la última dictadura cívico-militar argentina y también en democracia fue detenida en múltiples oportunidades.

A los 37 años, ante la persecución de un comisario que, según su relato, la buscaba para matarla, Carla se exilió en Italia. Permaneció allí durante más de veinte años, período en el que construyó una nueva etapa de su vida y conoció a quien fue su gran amor.

Ya de regreso en Argentina, volvió a Tigre, lugar con el que mantuvo un fuerte vínculo afectivo. Durante sus últimos años se dedicó al cuidado de personas adultas mayores y acompañó también a su madre. En esta etapa se incorporó al trabajo del Archivo de la Memoria Trans, contribuyendo a la preservación de la memoria colectiva travesti y trans.

En 2019, Carla donó al Archivo de la Memoria Trans el conjunto de sus fotografías, incorporando a la colección un importante registro de su trayectoria y de una época atravesada por la persecución, la exclusión y las estrategias de supervivencia de las personas travestis. Esta donación constituye parte de su aporte a la construcción y preservación de una memoria colectiva.

Carla María Pericles falleció el 21 de junio de 2020. Su recorrido permanece ligado a Tigre, a las redes afectivas construidas a lo largo de su vida y a las fotografías que decidió compartir para que su historia y la de sus compañeras pudieran ser conservadas. Su legado forma parte del patrimonio del Archivo de la Memoria Trans y continúa presente en la memoria de quienes la conocieron.

Carla María Pericles

Carla María Pericles was born in Corrientes on February 1, 1953. She later settled in Tigre, where she developed part of her life trajectory as a travesti and became one of the first women to engage in sex work in the Panamericana area. Her life was marked by persecution and institutional violence: during Argentina’s last civic-military dictatorship, as well as under democracy, she was arrested on numerous occasions.

At the age of 37, in the face of persecution by a police commissioner who, according to her account, was seeking to kill her, Carla went into exile in Italy. She remained there for more than twenty years, during which time she built a new chapter in her life and met the person who would become the great love of her life.

After returning to Argentina, she went back to Tigre, a place with which she maintained a strong emotional connection. During her final years, she worked caring for older adults and also supported her mother. During this period, she became involved with the work of the Archivo de la Memoria Trans, contributing to the preservation of travesti and trans collective memory.

In 2019, Carla donated her entire collection of photographs to the Archivo de la Memoria Trans, adding an important record of her life trajectory and of an era marked by persecution, exclusion, and survival strategies among travesti people. This donation constitutes part of her contribution to the construction and preservation of collective memory.

Carla María Pericles died on June 21, 2020. Her life trajectory remains closely connected to Tigre, to the networks of affection she built throughout her life, and to the photographs she chose to share so that her story and those of her compañeras could be preserved. Her legacy forms part of the heritage of the Archivo de la Memoria Trans and continues to live on in the memory of those who knew her.

Carmen Marcial Ibarra

  • CMI01
  • Persona
  • 12/04/1958 - Actualidad

Nació el 12/04/1958, en Pompeya, Ciudad Autónoma de Buenos Aires. A los 2 años aproximadamente migró, por el trabajo de su padre en aeronáutica a Paraná, Santa Fe.
En 1978, a los 20 años, se trasladó a Rosario, Santa Fe, a la pensión “Real”, ubicada en la calle Tucumán 1294, donde vivió hasta 1986. Posteriormente volvió a Buenos Aires y vivió con Gina Vivanco en Florencio Varela. Carmen consideraba a Gina como una “hermana de la vida”
Formó el club de fans de Susana Gimenez en marzo de 1982 en Rosario.
Durante los años 1984 y 1986, durante 4 meses, trabajó en la Galería Alaska, de Río de Janeiro, Brasil, haciendo shows.
En 1986, viajó por Río Grande, Río Gallegos, Comodoro Rivadavia y Bahía Blanca haciendo shows en cabarets con Gina Vivanco.

En 1988 viajó a París, Francia, motivada por Gina Vivanco. Ese mismo año volvió a Argentina a seguir trabajando en su Almacén “La farándula”. Esta despensa y fiambrería funcionó entre los años 1987 hasta 1995, en el barrio porteño de Villa Urquiza.
En 2001 participó en la ICM (Iglesia de la comunidad metropolitana), donde organizaba fiestas, shows, etc., dirigida por el Padre Roberto González.
Trabajó como tesorera de la reestructuración de ATTTA (Asociación de travestis, transexuales y transgéneros de Argentina), entre 2002 y 2004.
Fue parte del Archivo de la Memoria Trans desde 2017 hasta 2022.

Carmen

Carmen was born on April 12, 1958, in Pompeya, City of Buenos Aires. At approximately two years of age, she moved with her family to Paraná, Santa Fe, due to her father's work in the aeronautical industry.

In 1978, at the age of 20, she moved to Rosario, Santa Fe, where she lived at the “Real” boarding house, located at 1294 Tucumán Street, until 1986. She later returned to Buenos Aires and lived with Gina Vivanco in Florencio Varela. Carmen considered Gina her “sister in life.”

In March 1982, she founded the Susana Giménez Fan Club in Rosario.

Between 1984 and 1986, she worked for four months at Galería Alaska in Rio de Janeiro, Brazil, performing in shows. In 1986, she traveled to Río Grande, Río Gallegos, Comodoro Rivadavia, and Bahía Blanca, performing in cabarets together with Gina Vivanco.

In 1988, motivated by Gina Vivanco, she traveled to Paris, France. That same year, she returned to Argentina and continued working at her grocery and delicatessen shop, “La Farándula.” The establishment operated from 1987 to 1995 in the Villa Urquiza neighborhood of the City of Buenos Aires.

In 2001, she became involved with the Metropolitan Community Church (ICM), where she organized parties, shows, and other activities under the leadership of Father Roberto González.

Between 2002 and 2004, she served as treasurer during the restructuring of ATTTA (Association of Travestis, Transsexuals and Transgenders of Argentina).

Carmen was part of the Archivo de la Memoria Trans from 2017 to 2022.

Carolina Alejandra Figueredo

  • CF01
  • Persona
  • 29/9/1962 - presente

Carolina Alejandra Figueredo, conocida como Carola, nació el 29 de septiembre de 1962 en Adrogué. Su madre biológica falleció cuando ella nació, por lo que fue criada durante su niñez por Elsa Capella, a quien siempre consideró su verdadera madre. Desde pequeña expresó una identidad femenina: prefería jugar con niñas, escondía muñecas y rechazaba los roles masculinos impuestos. Esto generó conflictos escolares y familiares; a los 9 años su padre la llevó a psicólogos intentando “corregirla”, sin éxito. Hacia los 10 años sufrió uno de los episodios más traumáticos de su infancia, cuando su padre la amenazó con un revólver para obligarla a “ser hombre”. Tras la separación de su padre de Elsa y la llegada de una madrastra violenta, atravesó años de maltrato y abandono afectivo.

En 1976, cuando tenía 14 años, su padre la echó de la casa por no aceptar su condición sexual. Entonces se trasladó a Cipolletti, donde se reencontró con Elsa Capella y volvió a vivir con ella. Ese regreso significó su primer espacio de contención real. Allí terminó la escuela primaria —6.º y 7.º grado— en un colegio nocturno, mientras comenzaba a proyectar una vida independiente.

Desde los 17 años empezó a buscar trabajo formal en la región del Alto Valle. Trabajó en galpones de empaque de manzanas y como clasificadora de rieles en la empresa Cascada S.A.. También fue cadete en la fábrica de jugo de manzana Industria Cipolletti. En todos esos empleos fue despedida a los pocos meses por discriminación ligada a su expresión de género. A los 18 años recibió la citación al servicio militar obligatorio en el Batallón 181, Compañía Comando, de Neuquén. Tras una revisación humillante, fue declarada no apta bajo la figura de homosexualidad, una marca más de la violencia institucional de la época.

Alrededor de los 18 años comenzó su transición. Hizo amistad con su vecina Ester Villalobo, trabajadora sexual en Cipolletti, quien le presentó a su hermana trans, una de las primeras mujeres trans que Carolina conoció. A través de ellas encontró comunidad, referencias de feminidad y apoyo para iniciar hormonización informal, práctica extendida en aquellos años. Ester también le propuso comenzar a trabajar con ella, y desde aproximadamente los 19 años Carolina ejerció el trabajo sexual en rutas y zonas urbanas de Cipolletti y Neuquén. En ese circuito conoció a compañeras como Diana Marina Magalí Muñiz, Pamela Rodríguez, Alicia “la paraguaya”, Adriana “La Tucu” Cuello, Claudia Solís y Katty Villagra, entre muchas otras.

Durante las décadas de 1980, 1990 y comienzos de 2000 vivió entre Cipolletti y Neuquén, trasladándose frecuentemente por la persecución policial contra las mujeres trans y trabajadoras sexuales. Fue detenida innumerables veces, sufrió arrestos arbitrarios y hostigamiento constante. En paralelo, trabajó en cabarets y recorrió distintas ciudades argentinas buscando mejores condiciones de subsistencia.

En 2001 fue detenida por la Policía Federal Argentina y condenada a cuatro años de prisión por venta de estupefacientes. Fue trasladada desde Neuquén a la Unidad Federal N.º 2 de Devoto y luego a otras cárceles federales. En la unidad de Ezeiza conoció a Claudia Pía Baudracco, con quien entabló una amistad duradera que más tarde influiría en su regreso a Buenos Aires.

Tras recuperar la libertad participó en la Asociación Conciencia VIDHA, donde colaboró en talleres de prevención de VIH y repartió preservativos a trabajadoras sexuales del centro de Neuquén y de la Ruta 22. También trabajó en el cuidado de personas adultas mayores. Cerca de los 50 años logró dejar el trabajo sexual y acceder por primera vez a empleos estables. En 2012, con la sanción de la Ley de Identidad de Género de Argentina, consideró que su vida cambió profundamente al obtener reconocimiento legal y mayores derechos.

En 2017 fue convocada por Diana Marina Magalí Muñiz para integrarse al Archivo de la Memoria Trans Argentina. Desde entonces trabaja en el área de conservación, aportando su experiencia vital y colaborando en la preservación de la memoria histórica colectiva de las mujeres trans argentinas que sobrevivieron a la violencia estatal y social.


Carolina Alejandra Figueredo, known as Carola, was born on September 29, 1962, in Adrogué, Argentina. Her biological mother passed away when she was born, so she was raised during childhood by Elsa Capella, whom she always considered her true mother. From an early age, she expressed a feminine identity: she preferred playing with girls, hid dolls, and rejected the masculine roles imposed on her. This led to conflicts at school and within her family; at the age of nine, her father took her to psychologists in an attempt to “correct” her, without success. Around the age of ten, she experienced one of the most traumatic episodes of her childhood, when her father threatened her with a revolver to force her to “be a man.” After her father separated from Elsa and a violent stepmother entered the household, she endured years of abuse and emotional abandonment.

In 1976, when she was fourteen, her father expelled her from the home for not accepting her sexual condition. She then moved to Cipolletti, where she reunited with Elsa Capella and went back to live with her. This return marked the first truly supportive environment of her life. There, she completed primary school—6th and 7th grades—at a night school, while beginning to imagine an independent future.

At seventeen, she began searching for formal work in the Alto Valle region. She worked in apple packing warehouses and as a rail sorter at the company Cascada S.A. She was also employed as a messenger at the apple juice factory Industria Cipolletti. In all of these jobs, she was dismissed after only a few months because of discrimination related to her gender expression. At eighteen, she received a summons for mandatory military service at Battalion 181, Command Company, in Neuquén. After a humiliating medical examination, she was declared unfit under the classification of homosexuality, another example of the institutional violence of that time.

Around the age of eighteen, she began her transition. She became friends with her neighbor Ester Villalobo, a sex worker in Cipolletti, who introduced her to her trans sister, one of the first trans women Carolina ever met. Through them, she found community, models of femininity, and support to begin informal hormone use, a widespread practice in those years. Ester also proposed that Carolina begin working with her, and from around the age of nineteen, Carolina engaged in sex work along highways and in urban areas of Cipolletti and Neuquén. In that environment, she met companions such as Diana Marina Magalí Muñiz, Pamela Rodríguez, Alicia “La Paraguaya,” Adriana “La Tucu” Cuello, Claudia Solís, and Katty Villagra, among many others.

During the 1980s, 1990s, and early 2000s, she lived between Cipolletti and Neuquén, moving frequently because of police persecution against trans women and sex workers. She was detained countless times, subjected to arbitrary arrests, and constantly harassed. At the same time, she worked in cabarets and traveled through different Argentine cities seeking better living conditions.

In 2001, she was arrested by the Argentine Federal Police and sentenced to four years in prison for drug sales. She was transferred from Neuquén to Federal Unit No. 2 in Devoto and later to other federal prisons. In the prison unit in Ezeiza, she met Claudia Pía Baudracco, with whom she formed a lasting friendship that would later influence her return to Buenos Aires.

After regaining her freedom, she participated in the Asociación Conciencia VIDHA, where she collaborated in HIV prevention workshops and distributed condoms to sex workers in downtown Neuquén and along Route 22. She also worked caring for older adults. Near the age of fifty, she was able to leave sex work and gain stable employment for the first time. In 2012, with the passage of Argentina’s Gender Identity Law, she felt that her life changed profoundly through obtaining legal recognition and expanded rights.

In 2017, she was invited by Diana Marina Magalí Muñiz to join the Archivo de la Memoria Trans Argentina. Since then, she has worked in the conservation area, contributing her life experience and helping preserve the collective historical memory of Argentine trans women who survived state and social violence.

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