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Notice d'autorité
Trabajo Sexual

Alejandra Analía Carmona

  • AC02
  • Personne
  • 1956 - presente

Alejandra Analía Carmona nació el 28 de febrero de 1956. Creció en Avellaneda, provincia de Buenos Aires, en el seno de una familia trabajadora que acompañó desde temprano su identidad de género. Durante su infancia y adolescencia construyó vínculos con otras personas travestis y trans de su barrio, conformando redes de amistad y cuidado que perduraron a lo largo de su vida. En esos años encontró en los carnavales y las comparsas un espacio de encuentro, sociabilidad y expresión, donde pudo participar de desfiles y compartir experiencias con otras compañeras.
Su juventud transcurrió en un contexto de criminalización de las identidades travestis y trans. Durante la última dictadura cívico-militar y los años posteriores fue víctima de reiteradas detenciones arbitrarias, hostigamiento policial y violencia institucional, atravesando numerosas permanencias en comisarías y en la cárcel de Devoto como consecuencia de la aplicación de los edictos policiales. Estas experiencias formaron parte de las condiciones de vida impuestas a una generación de mujeres trans, que desarrolló estrategias de supervivencia y fortaleció redes comunitarias frente a la exclusión social y la persecución estatal.
A lo largo de su trayectoria desempeñó diversas actividades laborales. Se formó como cocinera y trabajó en restaurantes de la Ciudad de Buenos Aires, donde asumió puestos de responsabilidad. También ejerció el trabajo sexual durante varios años, en un contexto de exclusión sistemática del mercado laboral formal para las personas trans. Más adelante desarrolló tareas de cuidado de niñas y niños en su hogar, convirtiéndose en una referente reconocida por familias de su comunidad.
La vida afectiva y familiar ocupó un lugar central en su trayectoria. Tras un primer matrimonio, compartió diecisiete años de vida con quien considera su compañero de vida hasta el fallecimiento de este. Junto a él asumió la crianza de Cristian Javier, sobrino de su pareja, quien posteriormente quedó bajo su tutela legal. Asimismo, sostuvo vínculos de cuidado con sobrinos, sobrinas, nietas y nietos, consolidando una extensa red familiar y afectiva.
La sanción de la Ley de Identidad de Género significó para Alejandra el acceso al reconocimiento legal de su identidad, poniendo fin a años de obstáculos y situaciones de discriminación en el ejercicio de derechos. Eligió el nombre Alejandra Analía como homenaje a dos de sus sobrinas. En los últimos años recibió reconocimientos por su trayectoria y por su aporte a la comunidad trans, participando en iniciativas impulsadas por el municipio de Avellaneda dirigidas a visibilizar las experiencias de las personas trans mayores.
Actualmente se desempeña como promotora de salud en el sistema público de Avellaneda, donde acompaña a personas trans y de la diversidad sexual en el acceso a derechos y al sistema sanitario. Continúa participando de espacios comunitarios y sosteniendo los vínculos construidos durante décadas con otras mujeres trans, contribuyendo a preservar la memoria colectiva y las redes de cuidado de su comunidad.

Alejandra Analía Carmona was born on February 28, 1956. She grew up in Avellaneda, in the province of Buenos Aires, in a working-class family that supported her gender identity from an early age. During her childhood and adolescence, she formed bonds with other travesti and trans people in her neighborhood, building networks of friendship and mutual care that endured throughout her life. During those years, she found in carnivals and comparsas a space for connection, social interaction, and self-expression, where she participated in parades and shared experiences with other compañeras.

Her youth unfolded in a context in which travesti and trans identities were criminalized. During the last civic-military dictatorship and the years that followed, she was subjected to repeated arbitrary arrests, police harassment, and institutional violence. She spent numerous periods in police stations and in Devoto Prison as a result of the enforcement of police edicts. These experiences were part of the living conditions imposed on a generation of trans women, who developed survival strategies and strengthened community networks in response to social exclusion and state persecution.

Throughout her life, she engaged in a variety of occupations. She trained as a cook and worked in restaurants in the City of Buenos Aires, where she held positions of responsibility. She also engaged in sex work for several years, within a context of systematic exclusion of trans people from the formal labor market. Later, she provided childcare in her home, becoming a trusted and respected figure among families in her community.

Her emotional and family life played a central role in her life trajectory. Following a first marriage, she spent seventeen years with the person she considers to have been her life partner, remaining by his side until his death. Together, they took on the upbringing of Cristian Javier, her partner's nephew, who later came under her legal guardianship. She also maintained strong bonds of care with her nephews, nieces, granddaughters, and grandsons, consolidating an extensive network of family and emotional ties.

The enactment of the Gender Identity Law enabled Alejandra to obtain legal recognition of her identity, bringing an end to years of obstacles and discrimination in the exercise of her rights. She chose the name Alejandra Analía as a tribute to two of her nieces. In recent years, she has received recognition for her life trajectory and her contributions to the trans community, participating in initiatives promoted by the Municipality of Avellaneda aimed at making visible the experiences of older trans people.

She currently works as a community health promoter within Avellaneda's public healthcare system, supporting trans people and people from the sexual diversity community in accessing their rights and healthcare services. She continues to participate in community spaces and to maintain the relationships she has built over decades with other trans women, contributing to the preservation of collective memory and the networks of care within her community.

Carolina Alejandra Figueredo

  • CF01
  • Personne
  • 29/9/1962 - presente

Carolina Alejandra Figueredo, conocida como Carola, nació el 29 de septiembre de 1962 en Adrogué. Su madre biológica falleció cuando ella nació, por lo que fue criada durante su niñez por Elsa Capella, a quien siempre consideró su verdadera madre. Desde pequeña expresó una identidad femenina: prefería jugar con niñas, escondía muñecas y rechazaba los roles masculinos impuestos. Esto generó conflictos escolares y familiares; a los 9 años su padre la llevó a psicólogos intentando “corregirla”, sin éxito. Hacia los 10 años sufrió uno de los episodios más traumáticos de su infancia, cuando su padre la amenazó con un revólver para obligarla a “ser hombre”. Tras la separación de su padre de Elsa y la llegada de una madrastra violenta, atravesó años de maltrato y abandono afectivo.

En 1976, cuando tenía 14 años, su padre la echó de la casa por no aceptar su condición sexual. Entonces se trasladó a Cipolletti, donde se reencontró con Elsa Capella y volvió a vivir con ella. Ese regreso significó su primer espacio de contención real. Allí terminó la escuela primaria —6.º y 7.º grado— en un colegio nocturno, mientras comenzaba a proyectar una vida independiente.

Desde los 17 años empezó a buscar trabajo formal en la región del Alto Valle. Trabajó en galpones de empaque de manzanas y como clasificadora de rieles en la empresa Cascada S.A.. También fue cadete en la fábrica de jugo de manzana Industria Cipolletti. En todos esos empleos fue despedida a los pocos meses por discriminación ligada a su expresión de género. A los 18 años recibió la citación al servicio militar obligatorio en el Batallón 181, Compañía Comando, de Neuquén. Tras una revisación humillante, fue declarada no apta bajo la figura de homosexualidad, una marca más de la violencia institucional de la época.

Alrededor de los 18 años comenzó su transición. Hizo amistad con su vecina Ester Villalobo, trabajadora sexual en Cipolletti, quien le presentó a su hermana trans, una de las primeras mujeres trans que Carolina conoció. A través de ellas encontró comunidad, referencias de feminidad y apoyo para iniciar hormonización informal, práctica extendida en aquellos años. Ester también le propuso comenzar a trabajar con ella, y desde aproximadamente los 19 años Carolina ejerció el trabajo sexual en rutas y zonas urbanas de Cipolletti y Neuquén. En ese circuito conoció a compañeras como Diana Marina Magalí Muñiz, Pamela Rodríguez, Alicia “la paraguaya”, Adriana “La Tucu” Cuello, Claudia Solís y Katty Villagra, entre muchas otras.

Durante las décadas de 1980, 1990 y comienzos de 2000 vivió entre Cipolletti y Neuquén, trasladándose frecuentemente por la persecución policial contra las mujeres trans y trabajadoras sexuales. Fue detenida innumerables veces, sufrió arrestos arbitrarios y hostigamiento constante. En paralelo, trabajó en cabarets y recorrió distintas ciudades argentinas buscando mejores condiciones de subsistencia.

En 2001 fue detenida por la Policía Federal Argentina y condenada a cuatro años de prisión por venta de estupefacientes. Fue trasladada desde Neuquén a la Unidad Federal N.º 2 de Devoto y luego a otras cárceles federales. En la unidad de Ezeiza conoció a Claudia Pía Baudracco, con quien entabló una amistad duradera que más tarde influiría en su regreso a Buenos Aires.

Tras recuperar la libertad participó en la Asociación Conciencia VIDHA, donde colaboró en talleres de prevención de VIH y repartió preservativos a trabajadoras sexuales del centro de Neuquén y de la Ruta 22. También trabajó en el cuidado de personas adultas mayores. Cerca de los 50 años logró dejar el trabajo sexual y acceder por primera vez a empleos estables. En 2012, con la sanción de la Ley de Identidad de Género de Argentina, consideró que su vida cambió profundamente al obtener reconocimiento legal y mayores derechos.

En 2017 fue convocada por Diana Marina Magalí Muñiz para integrarse al Archivo de la Memoria Trans Argentina. Desde entonces trabaja en el área de conservación, aportando su experiencia vital y colaborando en la preservación de la memoria histórica colectiva de las mujeres trans argentinas que sobrevivieron a la violencia estatal y social.


Carolina Alejandra Figueredo, known as Carola, was born on September 29, 1962, in Adrogué, Argentina. Her biological mother passed away when she was born, so she was raised during childhood by Elsa Capella, whom she always considered her true mother. From an early age, she expressed a feminine identity: she preferred playing with girls, hid dolls, and rejected the masculine roles imposed on her. This led to conflicts at school and within her family; at the age of nine, her father took her to psychologists in an attempt to “correct” her, without success. Around the age of ten, she experienced one of the most traumatic episodes of her childhood, when her father threatened her with a revolver to force her to “be a man.” After her father separated from Elsa and a violent stepmother entered the household, she endured years of abuse and emotional abandonment.

In 1976, when she was fourteen, her father expelled her from the home for not accepting her sexual condition. She then moved to Cipolletti, where she reunited with Elsa Capella and went back to live with her. This return marked the first truly supportive environment of her life. There, she completed primary school—6th and 7th grades—at a night school, while beginning to imagine an independent future.

At seventeen, she began searching for formal work in the Alto Valle region. She worked in apple packing warehouses and as a rail sorter at the company Cascada S.A. She was also employed as a messenger at the apple juice factory Industria Cipolletti. In all of these jobs, she was dismissed after only a few months because of discrimination related to her gender expression. At eighteen, she received a summons for mandatory military service at Battalion 181, Command Company, in Neuquén. After a humiliating medical examination, she was declared unfit under the classification of homosexuality, another example of the institutional violence of that time.

Around the age of eighteen, she began her transition. She became friends with her neighbor Ester Villalobo, a sex worker in Cipolletti, who introduced her to her trans sister, one of the first trans women Carolina ever met. Through them, she found community, models of femininity, and support to begin informal hormone use, a widespread practice in those years. Ester also proposed that Carolina begin working with her, and from around the age of nineteen, Carolina engaged in sex work along highways and in urban areas of Cipolletti and Neuquén. In that environment, she met companions such as Diana Marina Magalí Muñiz, Pamela Rodríguez, Alicia “La Paraguaya,” Adriana “La Tucu” Cuello, Claudia Solís, and Katty Villagra, among many others.

During the 1980s, 1990s, and early 2000s, she lived between Cipolletti and Neuquén, moving frequently because of police persecution against trans women and sex workers. She was detained countless times, subjected to arbitrary arrests, and constantly harassed. At the same time, she worked in cabarets and traveled through different Argentine cities seeking better living conditions.

In 2001, she was arrested by the Argentine Federal Police and sentenced to four years in prison for drug sales. She was transferred from Neuquén to Federal Unit No. 2 in Devoto and later to other federal prisons. In the prison unit in Ezeiza, she met Claudia Pía Baudracco, with whom she formed a lasting friendship that would later influence her return to Buenos Aires.

After regaining her freedom, she participated in the Asociación Conciencia VIDHA, where she collaborated in HIV prevention workshops and distributed condoms to sex workers in downtown Neuquén and along Route 22. She also worked caring for older adults. Near the age of fifty, she was able to leave sex work and gain stable employment for the first time. In 2012, with the passage of Argentina’s Gender Identity Law, she felt that her life changed profoundly through obtaining legal recognition and expanded rights.

In 2017, she was invited by Diana Marina Magalí Muñiz to join the Archivo de la Memoria Trans Argentina. Since then, she has worked in the conservation area, contributing her life experience and helping preserve the collective historical memory of Argentine trans women who survived state and social violence.

Daniela Valverde

  • DV01
  • Personne
  • 1972 - 2005

Daniela nació el 9 de agosto de 1972 en Cutral Co, en un contexto familiar y social marcado por la discriminación hacia su identidad de género. Durante su infancia y adolescencia atravesó situaciones de acoso, burlas y hostigamiento por parte de su entorno. A los 12 años se fue de su casa debido a la falta de aceptación familiar de su identidad como chica trans. Durante un período vivió en casas de amistades, hasta trasladarse posteriormente a la ciudad de Neuquén.

En Neuquén construyó parte de su trayectoria vital y laboral en un contexto de exclusión que limitaba las posibilidades de acceso de las personas trans a empleos formales. Allí comenzó a trabajar como trabajadora sexual, actividad que desarrolló hasta los 33 años.

Su vida estuvo atravesada por las condiciones de vulnerabilidad y discriminación que afectaron particularmente a las personas trans de su generación, así como por la necesidad de construir redes de apoyo fuera del ámbito familiar para sostener su vida cotidiana.

Daniela fue asesinada a los 33 años. El homicidio no fue esclarecido y su autor nunca fue identificado. Su trayectoria forma parte de las memorias de las personas trans de la Patagonia argentina y de una generación cuyas vidas estuvieron atravesadas por la exclusión familiar, social y laboral, así como por distintas formas de violencia hacia las identidades trans.

Daniela was born on August 9, 1972, in Cutral Co, in a family and social environment marked by discrimination against her gender identity. During her childhood and adolescence, she experienced harassment, bullying, ridicule, and hostility from those around her. At the age of 12, she left home because her family did not accept her identity as a trans girl. For a period of time, she lived with friends before eventually moving to the city of Neuquén.

In Neuquén, she built part of her life and working trajectory in a social context in which access to formal employment was limited for trans people. There, she began working as a sex worker, an occupation she pursued until the age of 33.

Her life was shaped by the conditions of vulnerability and discrimination experienced particularly by trans people of her generation, as well as by the need to build support networks outside the family in order to sustain her everyday life.

Daniela was murdered at the age of 33. The crime was never solved, and her killer was never identified. Her life trajectory forms part of the memories of trans people in Patagonia and of a generation whose lives were shaped by family, social, and economic exclusion, as well as by different forms of violence against trans identities.

Laura Mikaela Gallardo

  • LG01
  • Personne
  • 1972 - presente

Laura Mikaela Gallardo nació el 28 de abril de 1972 en un pequeño pueblo de la provincia de Santa Fe. Durante su infancia y adolescencia inició un proceso de construcción de su identidad de género en un contexto social caracterizado por la falta de reconocimiento y derechos para las personas trans. A los 14 años comenzó su transición y, durante ese período, transitó distintas localidades, entre ellas la ciudad de Santa Fe, Catamarca y San Nicolás, en búsqueda de espacios donde pudiera desarrollar su vida de acuerdo con su identidad.
A los 16 años asumió el cuidado de Alejandro, un bebé que pasó a formar parte central de su trayectoria personal. Desde entonces sostuvo su crianza y acompañamiento, procurando garantizar su bienestar y educación en un contexto atravesado por dificultades económicas y sociales. Esta responsabilidad fue un eje significativo en sus decisiones personales y laborales.
Durante la década de 1990 se radicó en el conurbano bonaerense. En Berazategui contó con el acompañamiento de Marilyn, una amiga trans que la recibió y la acompañó en una nueva etapa de su vida. Como muchas mujeres trans de su generación, ante las restricciones para acceder al empleo formal recurrió al trabajo sexual como estrategia de subsistencia. En esos años atravesó situaciones de persecución policial, detenciones y violencia institucional, en un período marcado por la criminalización de las identidades trans.
En 1996 conoció a Raúl en el boliche Fénix, con quien inició una relación afectiva que continúa hasta la actualidad. Durante esos años mantuvo también un vínculo constante con Alejandro, a quien visitaba en Santa Fe y acompañaba en su desarrollo.
En octubre de 2000 decidió dejar el trabajo sexual y, junto a Raúl, se trasladó a Florencio Varela, donde inició una nueva etapa vinculada al trabajo independiente y la construcción de un proyecto de vida estable. Participó en redes comunitarias de intercambio, realizó diversas actividades laborales y desarrolló emprendimientos comerciales vinculados a la venta por catálogo, que posteriormente dieron lugar a un negocio propio de blanquería y lencería.
Laura también participó en espacios de organización social. Formó parte del Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) Aníbal Verón y estuvo presente el 26 de junio de 2002 en el Puente Pueyrredón, durante la jornada en la que fueron asesinados Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. Posteriormente completó sus estudios primarios y secundarios y continuó con procesos de formación.
En 2010 contrajo matrimonio con Raúl tras la sanción de la Ley de Matrimonio Igualitario. En 2012 accedió a la rectificación registral de su identidad a partir de la Ley de Identidad de Género. Desde 2014 trabaja como administrativa en la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Municipalidad de Florencio Varela y participa en la Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTA), junto a referentes del movimiento trans como Marcela Romero y Claudia Pía Baudracco, desarrollando acciones vinculadas a la ampliación y defensa de derechos de las personas trans.

Laura Mikaela Gallardo was born on April 28, 1972, in a small town in the province of Santa Fe. During her childhood and adolescence, she began a process of constructing her gender identity in a social context characterized by the lack of recognition and rights for trans people. At the age of 14, she began her transition and, during this period, lived in different places, including the city of Santa Fe, Catamarca, and San Nicolás, in search of spaces where she could live her life in accordance with her identity.

At the age of 16, she took responsibility for the care of Alejandro, a baby who became a central part of her personal trajectory. From then on, she supported his upbringing and accompanied him throughout his development, seeking to ensure his well-being and education in a context marked by economic and social difficulties. This responsibility became a significant factor in her personal and professional decisions.

During the 1990s, she settled in Greater Buenos Aires. In Berazategui, she received support from Marilyn, a trans friend who welcomed her and accompanied her during a new stage of her life. Like many trans women of her generation, faced with restrictions on access to formal employment, she turned to sex work as a means of subsistence. During those years, she experienced police persecution, detentions, and institutional violence, in a period marked by the criminalization of trans identities.

In 1996, she met Raúl at the Fénix nightclub, with whom she began a romantic relationship that continues to this day. During those years, she also maintained a close relationship with Alejandro, whom she visited in Santa Fe and supported throughout his development.

In October 2000, she decided to leave sex work and, together with Raúl, moved to Florencio Varela, where she began a new stage focused on independent work and the construction of a stable life project. She participated in community exchange networks, carried out various types of work, and developed commercial ventures related to catalog sales, which later led to her own business selling household linens and lingerie.

Laura also participated in spaces for social organization. She was a member of the Movimiento de Trabajadores Desocupados (MTD) Aníbal Verón and was present at Puente Pueyrredón on June 26, 2002, during the day when Maximiliano Kosteki and Darío Santillán were killed. She subsequently completed her primary and secondary education and continued her training.

In 2010, she married Raúl following the enactment of the Equal Marriage Law. In 2012, she obtained the legal rectification of her identity under the Gender Identity Law. Since 2014, she has worked as an administrative employee in the Undersecretariat for Human Rights of the Municipality of Florencio Varela and has participated in the Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina (ATTA), alongside prominent figures of the trans movement such as Marcela Romero and Claudia Pía Baudracco, developing initiatives related to the expansion and defense of the rights of trans people.

Mychel Michella Aguilera

  • MMA01
  • Personne
  • 1969 - presente

Mychel Michella nació el 10 de enero de 1969 en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe. Es hija de Sara Ilaria Aguilera y Elías Francisco Pérez y creció junto a diez hermanos, uno de ellos fallecido. Su infancia transcurrió en un contexto familiar atravesado por el maltrato y en una época en la que las posibilidades de reconocerse como mujer trans estaban fuertemente condicionadas por la discriminación social. Desde temprana edad comenzó a construir su identidad de manera gradual y con temor a que su familia conociera sus experiencias y deseos.

A los 6 años comenzó a alejarse reiteradamente de su casa. Durante esos períodos vivió en la calle, en paradas de colectivos, y se alimentó con la ayuda de otras personas. La Policía de Menores la trasladaba frecuentemente a su domicilio y, en tres oportunidades, fue derivada a hogares de niños. A los 12 años inició su transición fuera de su hogar y dejó distintas escuelas debido a los conflictos derivados de su identidad de género y de su decisión de defender sus derechos.

A los 13 años comenzó a realizar trabajo sexual en el Parque Independencia de Rosario, actividad que constituyó durante años su principal fuente de ingresos. Durante su adolescencia fue detenida junto a otras compañeras; al ser menor de edad, en general la Policía convocaba a sus padres para retirarla, aunque en algunas ocasiones fue trasladada a dependencias de la Policía de Menores. Luego de alcanzar la mayoría de edad, las detenciones estuvieron acompañadas por distintas formas de violencia física y psicológica ejercidas por las fuerzas policiales. El trabajo sexual también le permitió contribuir económicamente con su familia, que atravesaba una situación de pobreza. A los 16 años comenzó a tomar hormonas.

Paralelamente desarrolló otros trabajos, entre ellos tareas de repostería, talleres manuales, cuidado de personas mayores, empleo doméstico y trabajo en un frigorífico de Pérez Millán, provincia de Buenos Aires. En 1993 comenzó su participación política en el peronismo de Rosario, vinculándose con una Unidad Básica y participando en comedores y actividades comunitarias, entre ellas la organización de festejos por el Día de la Niñez.

A los 30 años conoció a Dante, con quien convivió durante diez años. Posteriormente se separaron. Desde joven también se vinculó con la religión afrobrasileña a través de amigas y, desde 2018, es Pronta en Santos en las tres líneas: Exú, Caboclo y Nación.

Alrededor de 2014 comenzó a participar en espacios vinculados a los derechos de las mujeres trans. Actualmente integra la Mesa de Reparación Histórica y el grupo Autoconvocadas de Rosario. Desde 2024 trabaja en el Archivo de la Memoria Trans, donde desarrolla tareas en las áreas de digitalización y conservación.

Mychel Michella was born on January 10, 1969, in the city of Rosario, Santa Fe Province. She is the daughter of Sara Ilaria Aguilera and Elías Francisco Pérez and grew up with ten siblings, one of whom has since passed away. Her childhood unfolded in a family environment marked by mistreatment and during a period when the possibility of identifying as a trans woman was heavily constrained by social discrimination. From an early age, she began to develop her gender identity gradually, fearful that her family would learn about her experiences and desires.

At the age of six, she began repeatedly leaving home. During these periods, she lived on the streets, often at bus stops, and relied on food given to her by others. The Juvenile Police frequently returned her to her family home, and on three occasions she was placed in children’s homes. At the age of 12, she began her transition outside her family home and left several schools because of conflicts arising from her gender identity and her decision to defend her rights.

At 13, she began doing sex work in Parque Independencia in Rosario, an activity that became her main source of income for many years. During her adolescence, she was arrested together with other companions; because she was a minor, the police would generally contact her parents to pick her up, although on some occasions she was taken to Juvenile Police facilities. After reaching adulthood, these arrests were accompanied by various forms of physical and psychological violence perpetrated by police forces. Sex work also enabled her to contribute financially to her family, which was living in poverty. At 16, she began taking hormones.

Alongside sex work, she held various other jobs, including pastry-making, handicraft workshops, elder care, domestic work, and employment at a slaughterhouse in Pérez Millán, Buenos Aires Province. In 1993, she became politically active in the Peronist movement in Rosario, becoming involved with a local Unidad Básica and participating in community activities, including soup kitchens and organizing celebrations for Children’s Day.

At the age of 30, she met Dante, with whom she lived for ten years. They later separated. From a young age, she was also introduced to Afro-Brazilian religion through friends and, since 2018, has been Pronta en Santos in its three lines: Exú, Caboclo, and Nación.

Around 2014, she began participating in spaces focused on the rights of trans women. She currently takes part in the Mesa de Reparación Histórica and the Autoconvocadas group in Rosario. Since 2024, she has worked at the Archivo de la Memoria Trans, where she carries out tasks in digitization and preservation.

Pamela Poletti

  • PP01
  • Personne
  • 1964 - presente

Pamela Poletti, también conocida como “La Pole”, “Luci”, “Rut” y “Negri”, nació el 14 de octubre de 1964 en Chivilcoy, provincia de Buenos Aires. Creció junto a sus padres, Elvio Poletti y Aurora Lucía Griguela. Desde temprana edad expresó una identidad femenina que no coincidía con las expectativas sociales de la época. Durante su infancia jugaba con muñecas, se dejaba crecer el cabello y desarrollaba distintas formas de expresión vinculadas con lo femenino. Ante estas manifestaciones, su familia recurrió a consultas médicas en busca de explicaciones, en un contexto histórico atravesado por la patologización y la falta de reconocimiento de las identidades diversas.

Su trayectoria educativa se limitó a la escuela primaria. A los 13 años comenzó a trabajar en una tienda, en un contexto de presiones familiares para abandonar aquellas expresiones consideradas inapropiadas respecto de su identidad. A los 17 años fue despedida y posteriormente inició su formación en peluquería femenina, oficio que le permitió adquirir herramientas laborales vinculadas al cuidado y la estética.

Durante su juventud comenzó un proceso de transformación corporal mediante la automedicación hormonal. Entre los 20 y los 25 años recurrió también a prácticas de modificación corporal realizadas por otras mujeres trans de su generación, entre ellas la aplicación de silicona líquida. En esos años estableció vínculos con referentes históricas del movimiento travesti-trans argentino, como Charo Latessa, Claudia Pía Baudracco, Julia Lagomarsino, María Belén Correa y Liza de Capital. Estas redes formaron parte de los espacios de encuentro y pertenencia de una comunidad que durante décadas enfrentó la exclusión de los sistemas de salud y el acceso limitado a procedimientos seguros de afirmación de género.

A diferencia de muchas mujeres trans de su generación, Pamela no atravesó detenciones policiales. Durante la década de 1990 participó de espacios de sociabilidad travesti y gay, especialmente en el boliche Adrenalina, donde compartió experiencias con compañeras de distintas localidades. En ese período realizó trabajo sexual de manera ocasional durante los fines de semana, en espacios que también funcionaron como ámbitos de encuentro, afecto y construcción comunitaria.

A lo largo de su vida mantuvo distintas relaciones afectivas. Su vínculo más prolongado fue con Ricardo, con quien contrajo matrimonio y compartió catorce años y medio hasta su fallecimiento.

Actualmente reside en Chivilcoy y sostiene su vida cotidiana con una pensión y la jubilación de su esposo. Realiza tratamientos médicos vinculados a distintas condiciones de salud y continúa vinculada a la memoria de su generación. Su trayectoria forma parte de las historias de vida preservadas por el Archivo de la Memoria Trans, donde su experiencia contribuye al registro colectivo de las trayectorias travestis y trans en Argentina.

Pamela Poletti, also known as “La Pole,” “Luci,” “Rut,” and “Negri,” was born on October 14, 1964, in Chivilcoy, Buenos Aires Province. She grew up with her parents, Elvio Poletti and Aurora Lucía Griguela. From an early age, she expressed a feminine identity that did not conform to the social expectations of the time. During childhood, she played with dolls, grew her hair long, and developed different forms of expression associated with femininity. In response to these expressions, her family sought medical consultations in an attempt to find explanations, within a historical context shaped by the pathologization and lack of recognition of diverse gender identities.

Her education was limited to primary school. At the age of 13, she began working at a store, amid family pressure to abandon forms of self-expression that were considered inappropriate in relation to her identity. At 17, she was dismissed from the job and subsequently began training in women’s hairstyling, an occupation that provided her with vocational skills related to personal care and aesthetics.

During her youth, she began a process of bodily transformation through self-administered hormone use. Between the ages of 20 and 25, she also underwent body modification practices performed by other trans women of her generation, including the injection of liquid silicone. During these years, she formed relationships with historic figures in Argentina’s travesti and trans movement, including Charo Latessa, Claudia Pía Baudracco, Julia Lagomarsino, María Belén Correa, and Liza de Capital. These networks were part of the spaces of connection and belonging within a community that, for decades, faced exclusion from healthcare systems and limited access to safe gender-affirming procedures.

Unlike many trans women of her generation, Pamela was never subjected to police detention. During the 1990s, she participated in travesti and gay social spaces, particularly at the Adrenalina nightclub, where she shared experiences with compañeras from different towns and cities. During this period, she engaged in sex work occasionally on weekends. These spaces also served as places for social connection, affection, and community building.

Throughout her life, she had several romantic relationships. Her longest relationship was with Ricardo, whom she married and with whom she shared fourteen and a half years until his death.

Pamela currently lives in Chivilcoy, supporting herself through a pension and her late husband’s retirement benefits. She receives medical treatment for various health conditions and remains connected to the memory of her generation. Her life story is preserved in the Archivo de la Memoria Trans as part of the collective record of travesti and trans lives and histories in Argentina.

Pamela Rodriguez

  • PR02
  • Personne
  • 1969 - presente

Pamela nació el 25 de julio de 1969 en la ciudad de Pergamino, provincia de Buenos Aires. A los 14 años fue expulsada de su hogar luego de negarse a cumplir con una práctica social de la época, según la cual se esperaba que los varones fueran llevados a prostíbulos para iniciarse sexualmente. Al manifestarle a su padre que no sentía atracción por las mujeres, fue echada de su casa y quedó tempranamente expuesta a condiciones de exclusión y desprotección.

Tras su expulsión comenzó a ejercer el trabajo sexual siendo muy joven. Su recorrido la llevó por la ciudad de Rosario, la zona de la Panamericana durante la época conocida como la del “caza mariposas”, la ciudad de Buenos Aires y posteriormente Neuquén. Durante esos años atravesó situaciones de consumo problemático de drogas y alcohol, junto con experiencias de abandono y abuso estatal que también afectaron a muchas de sus compañeras. La persecución, la falta de aceptación social, las agresiones y las situaciones de calle formaron parte de las condiciones en las que desarrolló su vida durante su juventud. En este contexto, fue construyendo y profundizando su identidad como mujer trans.

Tras el fallecimiento de su padre en 2005, regresó a su ciudad natal. Allí continuó realizando trabajo sexual hasta 2010, cuando logró incorporarse laboralmente al municipio y dejar esa actividad.

Actualmente vive junto a su familia y seres queridos. Su trayectoria da cuenta de los recorridos de muchas mujeres trans de su generación, atravesados por la expulsión familiar, la exclusión social, la persecución y la falta de acceso a derechos, pero también por procesos de construcción identitaria y búsqueda de alternativas laborales y de vida. Su incorporación al trabajo municipal significó un cambio en su trayectoria laboral, luego de décadas en las que el trabajo sexual constituyó una de las principales alternativas disponibles para las mujeres trans de su generación.

Pamela was born on July 25, 1969, in the city of Pergamino, Buenos Aires Province. At the age of 14, she was expelled from her home after refusing to comply with a social practice of the time in which boys were expected to be taken to brothels to initiate their sexual lives. After telling her father that she was not attracted to women, she was forced to leave home and was consequently exposed at an early age to conditions of exclusion and lack of protection.

Following her expulsion from home, she began engaging in sex work at a very young age. Her trajectory took her to the city of Rosario, the Pan-American Highway area during the period known as the “butterfly hunt,” the city of Buenos Aires, and later Neuquén. During these years, she experienced periods of drug use and alcoholism, as well as situations of abandonment and state abuse that also affected many of her compañeras. Social rejection, persecution, physical attacks, and periods of homelessness were part of the conditions in which she lived during her youth. Within this context, she developed and further affirmed her identity as a trans woman.

Following her father’s death in 2005, she returned to her hometown. There, she continued doing sex work until 2010, when she was able to obtain employment with the municipal government and leave sex work.

She currently lives with her family and loved ones. Her trajectory reflects the experiences of many trans women of her generation, whose lives were shaped by family rejection, social exclusion, persecution, and limited access to rights, as well as by processes of identity formation and the search for alternative forms of work and ways of life. Her entry into municipal employment represented a change in her working trajectory, following decades in which sex work was one of the principal forms of employment available to trans women of her generation.

Wendy Helena Janaína Zalazar

  • WZ01
  • Personne
  • 1969 - Presente

Wendy Helena Janaína Zalazar nació el 20 de abril de 1969 como Vicente Zalazar. Creció en la provincia de Buenos Aires en un contexto histórico atravesado por la discriminación y la persecución hacia las personas travestis y trans. Desde temprana edad reconoció una identidad de género diferente a las expectativas sociales asignadas y comenzó a expresarla durante la adolescencia. A los 17 años se incorporó a los espacios de encuentro y sociabilidad de travestis y mujeres trans del Área Metropolitana de Buenos Aires, donde construyó redes de amistad, cuidado y acompañamiento comunitario.

Durante esos años adoptó el nombre Wendy, elegido a partir del vínculo con una compañera que comenzó a llamarla de esa manera en referencia al personaje de Peter Pan. Posteriormente incorporó los nombres Helena Janaína, con los que actualmente se identifica. En su recorrido comunitario tuvo como referente fundamental a La Perica, a quien reconoce como una figura de acompañamiento y como una madre trans. Junto a ella convivió en Tigre con otras compañeras, entre ellas Ivonne y Veroniquita, compartiendo experiencias de vida y estrategias colectivas de cuidado.

A lo largo de su trayectoria ejerció el trabajo sexual en distintos puntos de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, entre ellos Panamericana, General Paz, Camino Negro, Camino de Cintura, Riccheri, Ruta 6, Juan B. Justo y el centro porteño. Como muchas mujeres trans de su generación, atravesó la criminalización de las identidades trans mediante los edictos policiales, sufriendo detenciones arbitrarias y situaciones de violencia institucional en dependencias como las comisarías de Munro, Benavídez y la División Moralidad de la Policía Federal.

Durante su juventud realizó modificaciones corporales mediante prácticas informales, habituales entre muchas personas trans de la época debido a la falta de acceso a tratamientos médicos seguros. Con el tiempo enfrentó las consecuencias físicas derivadas de esas intervenciones. Paralelamente participó en carnavales y murgas de San Miguel y otras localidades bonaerenses, espacios donde desarrolló vínculos afectivos y comunitarios, entre ellos una amistad de más de tres décadas con Marcela Navarro.
Wendy atravesó los cambios sociales y legislativos que transformaron las condiciones de vida de la comunidad trans en Argentina, entre ellos la derogación de los edictos policiales y la sanción de la Ley de Identidad de Género en 2012. A partir de esta normativa realizó la rectificación registral de su documentación y obtuvo el reconocimiento legal de su identidad.

Durante la pandemia impulsó un comedor comunitario desde su hogar y participó en redes solidarias destinadas al acompañamiento de familias y mujeres trans. También integró espacios sociales y políticos vinculados a la diversidad. El 20 de abril contrajo matrimonio con su pareja, oriunda de Mar del Plata, consolidando un proyecto afectivo compartido. Actualmente continúa participando en iniciativas vinculadas a la memoria colectiva, el reconocimiento y la preservación de las experiencias de las personas trans mayores.

Wendy Helena Janaína Zalazar was born on April 20, 1969, and was registered at birth as Vicente Zalazar. She grew up in the province of Buenos Aires in a historical context marked by discrimination and persecution against travestis and trans people. From an early age, she recognized a gender identity that differed from the social expectations assigned to her and began expressing it during adolescence. At the age of 17, she became involved in social and community spaces where travestis and trans women from the Greater Buenos Aires Metropolitan Area gathered, building networks of friendship, care, and mutual support.

During those years, she adopted the name Wendy, chosen after a friend began calling her by that name in reference to the character from Peter Pan. She later incorporated the names Helena Janaína, which are the names she identifies with today. Throughout her community life, La Perica became a fundamental figure in her trajectory, whom Wendy recognizes as a source of support and as a trans mother. She lived with her and other companions in Tigre, including Ivonne and Veroniquita, sharing life experiences and collective strategies of care.

Throughout her life, Wendy engaged in sex work in different areas of the City of Buenos Aires and Greater Buenos Aires, including the Panamericana, General Paz, Camino Negro, Camino de Cintura, Riccheri, Route 6, Juan B. Justo, and downtown Buenos Aires. Like many trans women of her generation, she experienced the criminalization of trans identities through police edicts, facing arbitrary arrests and institutional violence in police facilities such as the precincts in Munro and Benavídez and the Morality Division of the Federal Police.

During her youth, she underwent body modifications through informal practices that were common among many trans people at the time due to the lack of access to safe medical treatments. Over time, she experienced physical consequences resulting from these procedures. At the same time, she participated in carnival celebrations and murga groups in San Miguel and other towns in the province of Buenos Aires, spaces where she developed affective and community ties, including a friendship of more than three decades with Marcela Navarro.

Wendy lived through the social and legislative changes that transformed the living conditions of Argentina's trans community, including the repeal of the police edicts and the enactment of the Gender Identity Law in 2012. Following the passage of the law, she amended the gender marker and personal information on her official documents, obtaining legal recognition of her identity.

During the COVID-19 pandemic, she established a community soup kitchen from her home and participated in solidarity networks that supported families and trans women. She also became involved in social and political spaces connected to diversity. On April 20, she married her partner, who is originally from Mar del Plata, consolidating a shared life project.

Today, Wendy continues to participate in initiatives focused on collective memory, recognition, and the preservation of the experiences and histories of older trans people.

Andrea María Herrera

  • AH01
  • Personne
  • 1973 - presente

Andrea María Herrera nació en Quilmes, provincia de Buenos Aires, alrededor de 1973. Fue criada en Quilmes Oeste y San Francisco Solano por su tío y su esposa, quienes la adoptaron cuando era bebé debido a los problemas de alcoholismo que atravesaba su madre biológica. Creció junto a sus hermanos adoptivos en una infancia que recuerda como feliz y afectuosa, aunque desde muy pequeña comenzó a percibir que su identidad y sus deseos no coincidían con las expectativas masculinas que le imponía su entorno. Desde los siete u ocho años prefería los juegos, la ropa y las actividades asociadas a lo femenino, y ya entonces imaginaba para sí una vida como mujer.
Durante la adolescencia vivió una profunda tensión entre su identidad y la necesidad de aparentar una masculinidad que no sentía propia. A los 16 o 17 años comenzó a tomar anticonceptivos como forma de feminizar su cuerpo, guiada por otras mujeres trans y travestis de su barrio. La cercanía de la Ruta Camino General Belgrano, donde conoció a figuras fundamentales como Daniela “La Sirena”, le permitió entrar en contacto con una comunidad que le ofreció referencias, contención y herramientas para comprender quién era. Tras la muerte de su madre adoptiva, cuando tenía alrededor de veinte años, inició abiertamente su transición y poco después fue expulsada de su hogar por sus hermanos debido a su identidad de género. Durante varios años vivió en casas prestadas y compartidas mientras comenzaba a trabajar en la Ruta Camino General Belgrano, donde sería conocida durante mucho tiempo por el nombre de Brisa.
Durante más de una década trabajó en la calle y atravesó algunas de las experiencias más duras que marcaron la vida de muchas travestis y mujeres trans de su generación. Fue detenida en innumerables oportunidades bajo figuras contravencionales que criminalizaban la expresión de género, pasó por numerosas comisarías del sur del conurbano bonaerense y sufrió violencia policial, persecuciones, razzias y condiciones de detención extremadamente precarias. También enfrentó agresiones de clientes, situaciones de pobreza, consumo problemático de alcohol y otras sustancias, y conflictos dentro de la propia comunidad travesti vinculados a la disputa por los espacios de trabajo. Paralelamente, comenzó a realizar intervenciones corporales con silicona líquida industrial en rostro, pechos, caderas, glúteos y piernas, prácticas muy extendidas en aquellos años debido a la falta de acceso a tratamientos médicos seguros.
A lo largo de su juventud también trabajó durante aproximadamente dos años y medio en Mar del Plata, especialmente en la zona de la avenida Luro, experiencia que recuerda como una etapa de aprendizaje y crecimiento personal. Participó además en corsos y comparsas de localidades como José Mármol y Burzaco, espacios que recuerda como momentos excepcionales de libertad y expresión en una época marcada por la persecución policial.
Con el paso de los años decidió alejarse progresivamente de la calle. Terminó sus estudios secundarios, se formó como acompañante terapéutica y cuidadora domiciliaria, y comenzó a trabajar en geriatría. Paralelamente inició una búsqueda de reconciliación con su familia biológica. Impulsada por amigas cercanas, viajó a Alejandro Roca, provincia de Córdoba, donde conoció personalmente a su madre biológica y a sus hermanos. Aunque el reencuentro fue inicialmente difícil, con el tiempo logró construir vínculos afectivos duraderos y ser reconocida por su madre como hija.
La sanción de la Ley de Identidad de Género en 2012 representó un momento fundamental en su vida. Fue entonces cuando dejó atrás el nombre de Brisa y adoptó legalmente el nombre de Andrea María Herrera: Andrea como adaptación de su nombre de nacimiento y María en homenaje a su madre adoptiva. Además de su trayectoria personal, participó activamente en espacios de militancia junto a organizaciones como ATTA y referentes históricas como Marcela Romero y Silvana Sosa, acompañando reclamos por los derechos de las personas travestis y trans, incluida la lucha por la Ley de Identidad de Género y otras conquistas del colectivo.
En 2017 inició una relación con Gabriel, su actual compañero de vida, a quien conoció a través de redes sociales y amistades en común. Desde entonces construyen una vida compartida atravesada por el afecto y la resistencia frente a las distintas formas de discriminación que ambos experimentaron. Andrea también ocupa un lugar importante dentro de su familia ampliada: es madrina de su sobrina Milagros, un vínculo que considera uno de los recuerdos más felices y significativos de su vida.
En el presente vive en San Francisco Solano junto a sus cinco perros, alejada de la calle y dedicada al cuidado de otras personas. Se define como una mujer generosa, comprometida con su comunidad y siempre dispuesta a acompañar a las nuevas generaciones. Su historia reúne muchas de las experiencias que atravesaron las mujeres travestis y trans argentinas de su generación: la expulsión familiar, la vida en la calle, la persecución policial, la construcción de redes afectivas, la militancia por los derechos humanos y la búsqueda persistente de una vida digna y reconocida en sus propios términos.

Andrea María Herrera

Andrea María Herrera was born in Quilmes, in the province of Buenos Aires, around 1973. She was raised in Quilmes Oeste and San Francisco Solano by her uncle and his wife, who adopted her as a baby due to the alcoholism affecting her biological mother. She grew up alongside her adoptive siblings in a childhood she remembers as happy and affectionate, although from a very young age she began to perceive that her identity and desires did not align with the masculine expectations imposed upon her by her surroundings. From the age of seven or eight, she preferred games, clothing, and activities associated with femininity, and even then imagined herself living a life as a woman.

During adolescence, she experienced a profound tension between her identity and the need to present a masculinity that did not feel like her own. At the age of 16 or 17, she began taking birth control pills as a way of feminizing her body, guided by other trans women and travestis from her neighborhood. The proximity of Camino General Belgrano Road, where she met key figures such as Daniela “La Sirena,” brought her into contact with a community that provided her with references, support, and tools to understand who she was. Following the death of her adoptive mother, when she was around twenty years old, she openly began her transition and was soon expelled from her home by her siblings because of her gender identity. For several years, she lived in borrowed and shared homes while beginning to work along Camino General Belgrano Road, where she would be known for many years by the name Brisa.

For more than a decade, she worked on the streets and experienced some of the most difficult circumstances that marked the lives of many travestis and trans women of her generation. She was arrested countless times under offenses that criminalized gender expression, was taken to numerous police stations throughout the southern areas of Greater Buenos Aires, and experienced police violence, persecution, raids, and extremely precarious detention conditions. She also faced assaults by clients, poverty, problematic alcohol and substance use, and conflicts within the travesti community itself related to disputes over working areas. At the same time, she began undergoing body modifications using industrial liquid silicone in her face, breasts, hips, buttocks, and legs—practices that were widespread at the time due to the lack of access to safe medical treatments.

Throughout her youth, she also worked for approximately two and a half years in Mar del Plata, particularly in the area around Avenida Luro, an experience she remembers as a period of learning and personal growth. She also participated in corsos and comparsas in towns such as José Mármol and Burzaco, spaces she remembers as exceptional moments of freedom and self-expression during a period marked by police persecution.

Over the years, she gradually decided to distance herself from street-based sex work. She completed her secondary education, trained as a therapeutic companion and home caregiver, and began working in geriatric care. At the same time, she embarked on a process of reconciliation with her biological family. Encouraged by close friends, she traveled to Alejandro Roca, in the province of Córdoba, where she met her biological mother and siblings in person. Although the reunion was initially difficult, over time she was able to build lasting emotional bonds and be recognized by her mother as her daughter.

The enactment of the Gender Identity Law in 2012 represented a fundamental moment in her life. It was then that she left behind the name Brisa and legally adopted the name Andrea María Herrera: Andrea as an adaptation of her birth name, and María as a tribute to her adoptive mother. In addition to her personal trajectory, she actively participated in advocacy spaces alongside organizations such as ATTTA and historical figures including Marcela Romero and Silvana Sosa, supporting demands for the rights of travesti and trans people, including the struggle for the Gender Identity Law and other achievements of the community.

In 2017, she began a relationship with Gabriel, her current life partner, whom she met through social media and mutual friends. Since then, they have built a life together shaped by affection and resilience in the face of the different forms of discrimination they have both experienced. Andrea also holds an important place within her extended family: she is the godmother of her niece Milagros, a bond she considers one of the happiest and most meaningful memories of her life.

Today, she lives in San Francisco Solano with her five dogs, away from street-based sex work and dedicated to caring for others. She describes herself as a generous woman, committed to her community and always willing to support younger generations. Her story brings together many of the experiences shared by Argentine travestis and trans women of her generation: family rejection, life on the streets, police persecution, the building of networks of affection and mutual support, activism for human rights, and the persistent pursuit of a dignified life lived and recognized on her own terms.

Daniela Díaz

  • DD01
  • Personne
  • 1967 - presente

Daniela Catalina Díaz, conocida popularmente como “La Sirena de Quilmes”, nació alrededor de 1967 en Las Breñas, provincia del Chaco, y llegó a la provincia de Buenos Aires siendo bebé, cuando su madre Catalina se radicó en la ciudad de Quilmes. Fue la mayor de ocho hermanos y creció en un hogar humilde en la zona de La Colonia, donde su madre ocupó un lugar central como sostén afectivo y económico de la familia.
Desde temprana edad manifestó una identidad femenina y una identificación con elementos asociados al universo de las mujeres, como el cabello largo y la figura de las sirenas, que posteriormente daría origen a su nombre popular. Durante la escuela primaria conoció a Erika, otra niña trans con quien compartió experiencias y conversaciones vinculadas a sus identidades. A comienzos de la década de 1980, durante los corsos de Quilmes, tomó contacto con mujeres trans visibles de la zona sur del conurbano bonaerense, entre ellas Vanesa Meza, Débora, Marisa y Tatiana. Estos encuentros fueron significativos en su proceso de reconocimiento personal y en la construcción de redes con otras mujeres trans. Entre los 14 y 15 años inició tratamientos hormonales y comenzó a expresar públicamente su identidad femenina en un contexto atravesado por la persecución policial, la discriminación y las restricciones para el acceso al trabajo formal.
Durante su juventud participó en carnavales y corsos populares de Quilmes y Berazategui, especialmente junto a la comparsa Las Bacantes, espacios de encuentro comunitario y expresión artística. Como muchas mujeres trans de su generación, atravesó situaciones de hostigamiento y violencia institucional, al tiempo que desarrolló estrategias laborales y redes de apoyo para sostener su vida cotidiana.
A lo largo de su trayectoria realizó diversas actividades comerciales vinculadas a la venta de ropa, calzado y accesorios, estableciendo vínculos con otras personas trans dentro y fuera de Argentina. En la década de 1990 adquirió un terreno en Quilmes e inició la construcción de su vivienda, proyecto que continuó desarrollando durante los años siguientes.
En 2004 migró a Europa, donde residió en distintas ciudades de Italia y Suiza. Durante ese período trabajó, construyó redes con comunidades latinoamericanas, especialmente con compañeras peruanas y brasileñas, y reunió recursos para finalizar su casa en Argentina. También atravesó dificultades vinculadas a su situación migratoria y permaneció detenida en relación con la falta de documentación regular. Regresó a Quilmes entre 2006 y 2007, donde continuó su vida comunitaria y atravesó posteriormente tratamientos médicos vinculados a intervenciones corporales realizadas durante su juventud.
Luego de la sanción de la Ley de Identidad de Género en 2012, realizó la rectificación registral de su identidad. Para ello viajó a Las Breñas, recuperó su partida de nacimiento y eligió el nombre Daniela Catalina Díaz, incorporando el nombre de su madre como reconocimiento al vínculo que acompañó gran parte de su trayectoria.
Actualmente continúa viviendo en Quilmes, participando en espacios comunitarios y acompañando a nuevas generaciones de mujeres trans. Como “La Sirena de Quilmes”, su recorrido forma parte de la memoria colectiva trans de la zona sur bonaerense, integrando experiencias de trabajo, migración, vínculos afectivos y construcción comunitaria.

Daniela Catalina Díaz, popularly known as “La Sirena de Quilmes,” was born around 1967 in Las Breñas, in the province of Chaco, and moved to Buenos Aires Province as an infant when her mother, Catalina, settled in the city of Quilmes. She was the eldest of eight siblings and grew up in a working-class household in the La Colonia area, where her mother played a central role as the family’s emotional and economic support.

From an early age, she expressed a feminine identity and identified with elements associated with women, such as long hair and the figure of the mermaid, which would later give rise to her popular nickname. During primary school, she met Erika, another trans girl with whom she shared experiences and conversations related to their identities. In the early 1980s, during the Quilmes carnival celebrations, she came into contact with visible trans women from the southern districts of Greater Buenos Aires, including Vanesa Meza, Débora, Marisa, and Tatiana. These encounters were significant in her process of self-recognition and in the development of networks with other trans women. Between the ages of 14 and 15, she began hormone treatments and started expressing her feminine identity publicly in a context marked by police persecution, discrimination, and limited access to formal employment.

During her youth, she participated in carnivals and popular corsos in Quilmes and Berazategui, particularly with the Las Bacantes comparsa, which provided spaces for community gathering and artistic expression. Like many trans women of her generation, she experienced harassment and institutional violence while developing strategies for earning a living and building support networks to sustain her everyday life.

Throughout her life, she engaged in various commercial activities involving the sale of clothing, footwear, and accessories, establishing connections with other trans people both within Argentina and abroad. During the 1990s, she acquired a plot of land in Quilmes and began building her home, a project she continued to develop over the following years.

In 2004, she migrated to Europe, where she lived in several cities in Italy and Switzerland. During this period, she worked, built networks within Latin American communities, particularly with Peruvian and Brazilian compañeras, and accumulated resources to complete her home in Argentina. She also faced difficulties related to her immigration status and was detained in connection with irregular documentation. She returned to Quilmes between 2006 and 2007, where she resumed her community life and later underwent medical treatments related to body modifications performed during her youth.

Following the enactment of Argentina’s Gender Identity Law in 2012, she legally changed the gender and name recorded in her official documents. To complete the process, she traveled to Las Breñas, retrieved her birth certificate, and chose the name Daniela Catalina Díaz, incorporating her mother’s name as a tribute to the relationship that had accompanied much of her life.

She currently continues to live in Quilmes, participating in community spaces and supporting younger generations of trans women. As “La Sirena de Quilmes,” her life trajectory forms part of the collective trans memory of southern Greater Buenos Aires, encompassing experiences of work, migration, affective relationships, and community building.

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